Todos los personajes y la historia pertenecen a Kohei Horikoshi y Masashi Kishimoto
Bakugo iba a dirigirse a entrenar, pero recordó que a partir de ahora tenía un nuevo hogar. En este mundo, a diferencia del suyo, los admitidos en la academia de ninjas se consideraban emancipados y podían vivir por su cuenta a pesar de que solo contara con 8 años. Recibía una pensión por orfandad para comprar alimentos, materiales, ropa y demás cosas que necesitara para vivir. Para él era mejor, ya que así no debía seguir compartiendo cuarto con los extras del orfanato. Además, como él en realidad tenía cerca de 18 años, era perfectamente capaz de vivir solo.
Su nuevo hogar era un piso pequeño que estaba en las afueras de la aldea, pero, al no ser muy grande la aldea en comparación con Tokyo o Musutafu, tampoco estaba lejos de la Academia Ninja. Bakugo entró e hizo una mueca desagradable al ver toda la suciedad y polvo del piso. Estaba convencido que hacía por lo menos 5 años que nadie vivía allí.
El rubio ceniza, con el dinero de pensión de orfandad, se fue a la calle a ir a comprar productos de limpieza e higiene básicos, como cepillos de dientes, jabón, escoba o recogedor. No le quedaba dinero para comida, pero a Bakugo no le preocupaba, era un buen escalador y podía coger los frutos de los árboles sin problemas. Después de comprar se fue al piso e hizo limpieza de arriba abajo hasta dejarlo como nuevo, no parecía el mismo piso de lo limpio que lo había dejado. Para esas cosas, Bakugo era muy maniático. Nada más acabar de limpiar, el rubio oyó como tocaban a la puerta. El rubio fue a abrir, quejándose internamente porque le molestaran tan pronto, y al otro lado de la puerta se encontraba Ayame, la hija del dueño del Ichiraku, con una radiante sonrisa.
—Bakugo, soy yo, Ayame. —dijo Ayame saludándolo con la mano izquierda, ya que la derecha sostenía una bolsa pesada. Bakugo la miró con el ceño fruncido. —¿No me digas que te has olvidado de mí, Bakugo?—
—¡No soy estúpido! ¡Claro que me acuerdo de una mocosa insolente como tú! —respondió Bakugo elevando la voz, pero lo cierto es que sí que se había olvidado de su nombre.
—Jajaja. —rió Ayame tapándose la boca con la mano. —Tan gruñón como siempre, Bakugo. Me alegro que no hayas cambiado nada en estos dos años y medio.—
—¿Qué haces aquí, mocosa? —preguntó Bakugo deseando acabar rápidamente con la conversación.
—¿Mocosa? ¡Pero si ya tengo 12 años!—se quejó Ayame.
—¿Qué quieres que te llame? ¿Vieja? —preguntó irónicamente Bakugo
—¡Eres de lo que no hay! —Ayame dio un largo suspiro. —Bueno, ¿me vas a dejar pasar o no?—
—No. —Bakugo estaba por cerrar la puerta, pero Ayame fue más rápida y consiguió entrar al piso del rubio ceniza. —¡Maldita mocosa! ¿Para qué preguntas si vas a entrar igual?—
—Wow, me lo esperaba más pequeño. —dijo Ayame ignorando las quejas del rubio.
—Bueno, ya has visto el piso. Ahora lárgate. —
—No seas así, Bakugo. —le reprendió Ayame. —Oí al Hokage que le decía a mi padre que a partir de hoy ibas a vivir solo en este piso vacío. Como buena amiga tuya, he venido a ayudarte trayéndote comida del restaurante. —
—¿Desde cuando somos amigos, mocosa? —inquirió Bakugo.
—Todo el mundo necesita amigos. Con tu carácter me imagino que a ti no te sobran, así que te aguantas. Eres mi amigo y chitón a eso. —dijo Ayame dejando la comida en la encimera. —Papá le ha agregado un extra de picante.—
—Tsk. —masculló Bakugo. —Ahora lárgate y déjate de molestar.—
—Si no quieres que te moleste, más te vale venir de vez en cuando al restaurante de papá. ¡Ahora trabajo de camarera! —dijo entusiasmada Ayame.
—¿Ein? ¡Pero sí eres una cría! —
—¡Ya te he dicho que no soy una cría! ¡Soy una dama de 12 años! —respondió Ayame sacándole la lengua.— Uff se me ha pasado el descanso. ¡Tengo que ir a trabajar! ¡Nos vemos, Bakugo! —se despidió Ayame.
—¿Aquí no hay explotación infantil? Aunque no sé de que me sorprendo, aquí dejan a críos de 12 años luchar en las guerras ninja. —pensó Bakugo.
El resto del día se lo pasó en su nueva casa haciendo series de flexiones y abdominales. Al día siguiente, en la escuela, Iruka-sensei pidió a sus alumnos silencio que tenía que decir algo muy importante.
—Salvo en el caso de Bakugo, este es vuestro tercer año. Creo que con lo que os he enseñado estáis de sobra preparados para realizar esta técnica. ¡Henge No Jutsu!—exclamó Iruka juntando las manos. De pronto una pantalla de humo apareció en el lugar de Iruka. Cuando se desvaneció el humo, Iruka seguía estando allí pero transformado en Minato Namikaze. —Quiero que os transforméis, como he hecho yo, en el Yondaime Hokage. Esto no es un examen, así que no os pongáis nerviosos. ¿Algún voluntario?—
—¡Yo, yo, Iruka-sensei! —levantó la mano con ansia Naruto.
—Adelante, Naruto. Demuéstranos lo que es capaz de hacer el hijo del Yondaime. —dijo Iruka con una sonrisa.
—¡Henge no Jutsu! —Naruto imitó a Iruka, y realizó la técnica a la perfección.
—Wow...—murmuraron varios niños. —¡Se nota que es el hijo del Yondaime!—
Los restantes niños se pusieron en fila y realizaron sucesivamente la técnica. Los únicos que la realizaron perfecto fueron Naruto, Sasuke y Sakura. Los que lo hicieron casi perfecto fueron Hinata, Kiba, Shikamaru e Ino. El resto de niños y Choji no hubieran aprobado si se tratara de un examen.
—Me habéis sorprendido gratamente. —dijo Iruka con una sonrisa. —Ahora seguiremos con ...
—¡Iruka-sensei! —exclamó Kiba. —¡Te has saltado al nuevo!—
—Es el segundo día de clase de Bakugo. Más adelante
—¡Pero nosotros queremos saber de lo que es capaz el nuevo! ¿A que sí chicos?—preguntó a la clase Kiba.
—¡Síiiii! —contestaron casi todos a la vez. Algunos se quedaron callados, como Hinata y Sasuke.
—En fin ... —suspiró Iruka. —¿Quieres probar, Bakugo?—preguntó el sensei.
—¿Qué tengo que hacer?—preguntó Bakugo.
—Concéntrate y mantén una imagen nítida del Yondaime. Una vez hecho eso, concentra el chakra en las manos y realiza este sello. —explicó Iruka mostrándole el sello. —Luego expulsas el chakra de golpe y te habrás transformado en el cuarto maestro Hokage.
—¿No hay otra forma de hacerlo?—preguntó Bakugo.
—Mmm no que yo sepa—dijo dubitativo Iruka . —¿Pasa algo, Bakugo?—
—No se concentrar el chakra. Ni utilizarlo, ni moldearlo, ni nada de esas mierdas. —respondió Bakugo no dándole importancia.
—Qué no saber utilizar chakra ...—repitió Iruka en shock ya que el Hokage le había dicho que era un niño asombroso.
No fue el único que estaba en shock, todos los alumnos, salvo Sasuke que ya lo sabía, se quedaron petrificados. El primero en reaccionar fue Kiba.
—¡JAJAJAJAJAJAJAJA! —rió Kiba a carcajada limpia y tirándose al suelo. —¿Lo habéis oído? ¡Ha dicho que no sabe usar el chakra! ¡El mismo tipo que dice que va ser el quinto Maestro Hokage no sabe utilizar chakra! ¡JAJAJAJAJAJ!
Todos en la clase se rieron. Bueno todos no, Hinata, Sasuke y Naruto se mantuvieron callados. Sasuke porque ya sabía lo de Bakugo y además no era de lo que se reía, Hinata por empatía y Naruto porque aún seguía en shock. Su padre estaba impresionado con Bakugo, pero eso no encajaba con lo que acababa de decir el rubio ceniza.
Bakugo se mantuvo sospechosamente callado y calmado. Su mente vagaba en sus recuerdos. Era una escena muy similar a cuando era niño en su otro mundo. Él y el resto de niños se burlaban de Deku por querer ir a UA aún sin poseer un quirk. La calma se le pasó rápido y miró amenazantemente a Kiba.
—No necesito transformarme en el estúpido del viejo para patearte el trasero, cara de perro. —dijo Bakugo, entrecerrando sus ojos carmesíes y mostrando sus dientes.
La clase dejó de reír. Por mucho que pareciera un inútil, no se sentían cómodos riéndose de alguien que daba tanto miedo. Kiba retrocedió un paso asustado, pero viendo que le observaban todos recobró la compostura.
—JA. Eres solo palabrería, niño nuevo. —dijo Kiba no muy seguro de sí mismo.
—Vamos niños, dejad de pelear. Es hora de la clase de Genjutsu. —dijo Iruka, tratando de calmar la tensión en el ambiente.
Al igual que con el Henge No Jutsu, Bakugo era incapaz de realizar el más débil de los Genjutus posibles. Y por tanto, tampoco era capaz de crear defensas para los Genjutsus de la clase. El miedo a Bakugo en la clase, desapareció conforme se daban cuenta de la inutilidad del rubio ceniza. Este solo podía gruñir de la impotencia. Sabía que el camino iba a ser duro, pero no suponía que iba a ser tan duro de primeras.
