Todos los personajes y la historia pertenecen a Kohei Horikoshi y Masashi Kishimoto
Un joven Katsuki Bakugo de 10 años, aunque en realidad ha vivido más de 20, camina por el bosque para relajarse. Llevaba más de un mes de duro entrenamiento , después de ver a Rock Lee, sin descanso alguno y su cuerpo le pedía un día de no hacer nada. Ni siquiera realizaría su hobby de escalar, estaba muerto de cansancio.
En un campo de flores, el rubio ceniza vio a las niñas de su clase prestando atención a su profesora.
—Que extraño ... Juraría que hoy no había clase ... Además, solo hay chicas. —pensó Bakugo con el ceño fruncido.
Bakugo se acercó a las kunoichis con las manos en sus bolsillos, quería saber de que trataba ese asunto. El niño daba la nota con respecto a las demás, y no solo por ser un varón. A diferencia de la elegancia de las niñas con vestidos de la época feudal de Japón, Bakugo vestía una camiseta negra con una calavera en el centro.
—Las kunoichi tienen que desempeñar un rol especial. No solo deben aprender Jutsus ocultos, sino también otros conocimientos y refinamientos como mujeres. Si no conseguís mezclaros en el territorio enemigo adoptando las costumbres de sus mujeres, nunca conseguiréis tener éxito como espías. —explicó una kunoichi con gafas con una bandana con el símbolo de la hoja. —En todo caso, la clase de hoy es de arreglos florales. También conocido como Ikebana. Ahora todas salid al campo y recoged flores que sean peculiares.—
—Sí, sensei. —dijeron todas las niñas a la vez.
—Pfffff. Vaya bobada más grande. —comentó Bakugo a lo lejos apoyado en un tronco.
—¿Quién eres tú? —preguntó la profesora.
—No le haga caso, sensei. Se llama Bakugo. Es un bobo de nuestra clase. Es tan torpe que ni siquiera sabe hacer Ninjutsus o Genjutsus. —explicó una niña rubia llamada Ino Yamanaka.
El resto de niñas rieron por el comentario de Ino, salvo Hinata que miraba con compasión al chico. Bakugo rodó los ojos y soltó un resoplido, pero se calmó al tocar su colgante que le recordaba a Mikoto.
—¿Que haces aquí, jovencito? —interrogó la sensei a Bakugo con un dedo acusador. —¡Esta clase es para futuras kunoichis, no para shinobis! Aunque por lo que ha comentado Ino, no creo que vayas a convertirte en uno.—
—Tsk. —masculló Bakugo reprimiendo las ganas de insultarla. —Esto es un país libre, estoy en mi día libre y hago lo que quiero, vieja. —
—¿Vieja? ¿Acaso tus padres no te han enseñado modales? —preguntó la sensei.
—No tiene padres. Es huérfano. —volvió a explicar a Ino. —No es de extrañar, con esas pintas que lleva. —
—¡Perra rubia, te estás pasando! ¡No creas que porque seas una chica no te voy a dar la paliza que te mereces!—amenazó Bakugo con el puño en alto.
—¡No le hables así a mi amiga, baka (idiota)! —gritó una niña con el pelo de color rosa llamada Sakura Haruno.
—¿Qué cojones significa baka, frentona? ¡Al final cobrarás tú también! —Bakugo había perdido la paciencia y se dirigió con paso decidido a la multitud de niñas.
Ino se puso delante de Sakura para protegerla de Bakugo, pero fue la maestra la que se interpuso colocándose enfrente del rubio ceniza
—Más te vale irte de aquí, si no quieres que avise al Hokage. —amenazó la sensei.
Bakugo la miró entrecerrando los ojos con odio. No le apetecía ver a Minato, que era una de las personas a las que más odiaba en el mundo, ya que aún tenía fresco el recuerdo de que ocultaba algo sobre la matanza de Itachi. Así que se contuvo de decir lo que quería decir y se dio la vuelta. No muy lejos de allí, divisó un árbol ideal para apoyar la espalda y echarse una siesta.
Su sueñecito fue interrumpido por los lloros de una niña. Abrió perezosamente un ojo y vio a Sakura que estaba en el suelo acuclillada y sollozando.
—Grrr. —Bakugo gruñó molesto e intentó seguir durmiendo. Pero el llanto se hizo más grande que antes. —Joder...
Se acercó a Sakura dispuesto a chillarle por haberle fastidiado su rato de descanso, pero al verla tan triste sintió algo de empatía y relajó su tono.
—Deja de llorar, frentona. —dijo Bakugo en un tono que parecía una orden. Sakura le miró de reojo, pero eso solo consiguió que llorara con más fuerza. —¿Es que no me has oído, frentona?—esta vez Sakura le hizo caso y dejó de llorar y se incorporó.
—¡Esto es por tu culpa, baka! ¡Pídeme perdón, Bakago! —gritó Sakura, haciendo un juego de palabras con Baka y Bakugo, apuntándole con su dedo.
—¿Quieres decirme de una vez que mierdas significa baka? —preguntó Bakugo ignorando lo del perdón.
—¡Idiota! ¡Significa idiota! ¡Porque eso es lo que eres! ¡Un idiota! ¡Eres un Bakago! —chilló Sakura volviendo a llorar desconsoladamente.
—Voy a dejarlo pasar esta vez porque eres una llorica ... —murmuró Bakugo apretando los dientes para contener la ira. —¿Y por qué es mi culpa, frentona? Que yo recuerde, no te he hecho nada.
—¡Por tu culpa y por tu estúpido mote, ahora mis amigas amigas se burlan de mí llamándome frentona o macrofrente! —se quejó Sakura limpiándose las lágrimas.
—Jajajajajajajajaaj. —se rió a carcajada limpia Bakugo.
—¿Y ahora por qué te ríes, baka? —preguntó molesta. Bakugo se limpió las lágrimas de los ojos por la risa
— Porque no sabía que fueras tan estúpida de dejar que te importen lo que opinen unos extras. Me río porque eres una estúpida y los estúpidos me hacen gracia. —explicó Bakugo.
—¡No son unos extras! ¡Son mis amigas! —replicó Sakura.
—Pues quizás no sean tus amigas, frentona. —dijo Bakugo distraído, ya que su mente estaba concentrada en la tres niñas que se acercaban a Sakura y a él.
—¿Eres tan patética que has venido a que te consuele el bobo huerfanito, frentona? —preguntó con sorna una niña de pelo azul y largo. Las tres se rieron por el comentario.
—¡No es eso! —intentó explicarse Sakura, nerviosa.
—Tsk. —masculló Bakugo.— Vosotras habéis sido las causante de joderme la siesta. Dejad de molestar a la frentona, panda de extras. —
—Ja. ¿Y si no qué, bobo huerfanito?—preguntó con tono de burla la niña peliazul—¡Más te vale a ti dejar de molestar si no quieres que te demos una paliza!—. Bakugo se arrodilló y apoyó sus manos en el suelo. —¡Este es aún más patético que Sakura! ¡Nos tiene tanto miedo que se está arrodillando para pedirnos perdón!—
—JAJAJAJA— rieron las tres de forma maniática. Sakura sonreía tímidamente, estaba muy tensa por la situación.
—Si fuera a pedir perdón sería por esto. —dijo Bakugo alzando la mirada mostrando sus dientes. Cogió un puñado de tierra desde el suelo y las lanzó a los ojos de las tres matonas. —¡ANDA Y QUE OS FOLLEN, PERRAS!—
—¡AAAAAAA! —gritaron las tres niñas a la vez, cegadas por la tierra. —¡Esto no quedará así, huerfanito! ¡Me chivaré a mi papá! —
—¡Iros a tomar por culo de una vez, extras! —dijo Bakugo dando un empujón a la líder que se tropezó y cayó al suelo.
Las tres, asustadas por estar momentáneamente ciegas por la tierra, se alejaron corriendo con dificultad por la tierra de sus ojos.
—¿Por qué has hecho eso? —se indignó Sakura. —¡Ahora lo van a pagar conmigo!—
—¿Y a mi qué? Son unas perras y se lo merecían. —explicó Bakugo.
Sakura se quedó muda, no sabiendo si agradecérselo o no. No tuvo mucho tiempo de pensar ya que Ino se acercó.
—¡Sakura! ¿Qué estás haciendo? Se acaba el tiempo y aún no le has dado ninguna flor a la sensei.—dijo Ino, mirando con curiosidad a Bakugo.
—¡Oh no! —se asustó Sakura por fallar en el trabajo. Y se alejó de allí rápidamente.
—¡Ey frentona! —la llamó Bakugo, cuando ya estaba al lado de Ino a unos 50 metros. Sakura se giró para ver lo que quería el niño. —¡Ten! —le lanzó a modo de shuriken una flor que había recogido. Ésta la cogió con dificultad.
—Esto es una sakura (flor de cerezo en japonés) — pensó asombrada Ino.
—Es una flor muy común en mi país. La flor del cerezo. —explicó Bakugo acostándose nuevamente en el tronco para seguir durmiendo. —¡
—Gracias, Bakugo. —dijo Sakura con una sonrisa. —Quizás no seas tan baka como pensé. —
—Tsk. —masculló el rubio ceniza. — ¡Largaos si no queréis que la cuatro ojos os regañe!—
—¿Nos vamos Ino?—preguntó Sakura a su amiga.
—Ve tú. Yo ya le he dado el arreglo floral. —explicó Ino manteniendo la vista concentrada en Bakugo.
—¡Nos vemos luego! ¡Adió Bakago!—se despidió Sakura
—¡NO ME LLAMES ASÍ, PERRA PELIROSA! —gritó Bakugo. Pero Sakura ya estaba fuera de su vista, la única que estaba era Ino, que se acercaba al niño. —¿Y ahora qué quieres tú, mocosa?—
—He visto lo que ha pasado con Sakura. —dijo Ino sentándose a su lado.
—¿Has venido a defender el honor de esas perras? —preguntó en tono burlón Bakugo mostrando sus dientes.
—No, claro que no. ¿Por qué lo has hecho?—preguntó Ino con curiosidad.
—Ya se lo dije a tu amiga, esas perras se lo merecían, rubita. —contestó Bakugo.
—No me refiero a eso. Me refiero a por qué has intentado animar a Sakura antes. Podrías haber ignorado su llanto y pasar del tema. Y luego no se porqué le has ayudado dándole una sakura —explicó Ino.
—¿Y a ti que más te da el por qué, perra rubia? —inquirió Bakugo. Ino se levantó de su lado cabreada.
—¡Es que estaba sorprendida, eso es todo! ¡Pero eres un maleducado, gritón, torpe, inútil e idiota! ¡Solo quería agradecerte lo que has hecho por mi amiga, pero ahora ya no quiero hacerlo! —gritó Ino alejándose del rubio.
—¡Ey! —gritó Bakugo haciendo que se detuviera la rubia. —Ahora el sorprendido soy yo. Eres menos perra de lo que pensaba.—
—¿Y eso se supone que es un cumplido, idiota?—dijo indignada Ino.
—Tómatelo como quieras, rubita. —dijo Bakugo cerrando los ojos.
—¡Idiota! —gritó Ino, volviendo definitivamente al lugar donde estaba la maestra y su amiga.
Lo que no sabía Bakugo es que Ino no fue la única que vio todo. Escondida detrás de un árbol se encontraba Hinata Hyuga, que miraba con admiración al rubio.
—Eres sorprendente, Bakugo. —susurró Hinata para sí misma.
