Todos los personajes y la historia pertenecen a Kohei Horikoshi y Masashi Kishimoto

Bakugo estaba en puesto de Ichiraku comiendo un bol de ramen picante. Habían pasado dos semanas desde que se había convertido oficialmente en un genin al pasar la prueba de Kakashi. Llevaba la bandana del símbolo de la hoja en la frente, como su compañero Sasuke. Si antes pensaba que ser ninja era para perdedores, ahora estaba convencido de ello. Las misiones, si se podían llamar misiones a lo que hacían, era muy rutinarias que cualquier persona podría hacer. Cortar el césped, encontrar un gato, cuidar de unos perros ... No era el trabajo más entretenido del mundo.

—¡BAKUGOOO! —gritó Ayame abalanzándose sobre el rubio, abrazándolo con fuerza.

—Tsk, siempre tan molesta. —masculló Bakugo. —¿No ves que estoy comiendo?—

—¡Es que hace casi un mes que no te veo! Hubiera sido un detalle que te hubiera pasado a saludar y decirme que te has convertido en un genin. —se quejó haciendo pucheros.

—Bah, no es ningún logro. —le restó importancia Bakugo, resoplando.

—¿Por qué traes esa mala cara? —preguntó Ayame. —Bueno, siempre tienes mala cara. Me refiero a por qué traes peor cara de lo habitual.—

—Es mi cara, si no te gusta te aguantas, cocinera. —dijo Bakugo de malos modos.

—Vamos, pequeño gruñón, ya sabes que me gusta hacerte rabiar. Ahora en serio, ¿qué te pasa?—preguntó Ayame preocupada por su amigo.

—Esto de ser un ninja es una mierda. Cualquier inútil puede hacer lo que estamos haciendo. —se quejó Bakugo.

—¡Anímate! Es normal que al principio las misiones sean fáciles. ¡Verás como dentro de nada la cosa cambia! —trató de consolarle Ayame. —Te queda muy chula la bandana. Y pensar que hace nada eras casi un bebé ... —

—Y tú una niñita asustada que necesitaba que la cogieran de la mano. —dijo Bakugo de manera distraída, jugando con los palillos de madera.

Ayame, avergonzada, se ruborizó por el comentario del rubio pero se le pasó rápido.

—Eso es agua pasada. Ahora soy una bella joven de 17 años. —dijo Ayame con orgullo. Orgullo que pasó a irritación al ver que Bakugo la ignoraba y que seguía distraído con los palillos de madera. —¡Bakugo! ¡No puedes tratar así a las damas! —le regañó quitándole con brusquedad los utensilios de madera.

—¿De qué demonios estás hablando? —dijo Bakugo saliendo de su trance.

—Es igual. —suspiró resignada Ayame.— Cambiando de tema. ¿No me notas diferente? —le preguntó al rubio.

—¿Diferente?—arqueó una ceja confundido el rubio.

—Desde el mes pasado, ¿no notas que he cambiado? —volvió a insistir dando una vuelta sobre sí misma para que apreciara que se había cortado el cabello.

—Mmm... —la miró de arriba a abajo tratando de encontrar la respuesta a su pregunta. —No sé. Puede que hayas engordado unos kilos. —contestó Bakugo con un bostezo.

¡PLAFFF!

Otro bofetón recibió Bakugo en la misma mejilla que le había dado anteriormente su compañera pelirrosa. Al igual que con Sakura, Bakugo se quedó como una estatua en estado de shock.

—¡ERES UN IDIOTA, BAKUGO! —gritó Ayame al borde de las lágrimas y se marchó del restaurante a toda prisa.

—¿Qué cojones acaba de pasar? —preguntó Bakugo al aire, con un tic nervioso en el ojo. —¿Y por qué cojones es ella la que acaba enfadada si yo soy el que ha recibido el guantazo?—

De entre las cortinas se asomó Teuchi, el padre de Ayame, con una sonrisa.

—Bakugo, no puedes decirle eso a una mujer. Podrás ser un ninja, pero aún te queda aún mucho por aprender. JAJAJAJAJA—rió Teuchi.

—¡Nadie ha pedido tu opinión! ¡Así que a callar, viejo!—exclamó Bakugo saliendo del local con mal humor.

Fue a la oficina del Hokage donde le esperaban el resto de su equipo. Allí también se encontraban el cuarto maestro Hokage e Iruka. Cuando lo vieron entrar, se extrañaron por la marca roja de una mano que tenía en su mejilla.

—Bakugo, ¿qué te ha pasado en la cara? —preguntó Sakura.

—No es de tu incumbencia, macrofrente. —respondió Bakugo con las manos en los bolsillos.

—¡SHANAROOOO! ¡COMO ODIO A ESTE CRÍO! —maldijo su yo interno.

—Para la siguiente misión del equipo siete hay varias tareas disponibles. Hacer de canguro del hijo de tres años del gobernador ...Ayudar a la esposa del señor feudal a hacer la compra ...Recoger boniatos en... —leyó en voz alta Minato la hoja donde estaban los detalles de las misiones de clase D. Pero no pudo leer más ya que Bakugo le arrebató la hoja de manera brusca.

—¡MUEREEEEEE! —gritó Bakugo a la hoja y la destrozó en mil pedazos con una mini explosión. —Si crees que voy a hacer otra de estas estúpidas misiones es que no me conoces bien, viejo. Así que busca algo que sea un reto de verdad.—

—Tiene en parte razón. —pensó Sasuke.

—¡Qué insoportable es!—pensó Sakura con una gota en la nuca.

—Sabía que pasaría esto. —pensó Kakashi emitiendo un suspiro. —Pero esperaba que fuera más tarde. —

—¿Cómo te atreves?—se exaltó Iruka que se sentaba al lado de Minato. —¡No eres más que un genin sin experiencia! ¡Tienes que empezar como todos! ¡Con misiones sencillas!—

—¡Y una mierda! ¡Lo que hacemos no son misiones! ¡Lo que hacemos son los trabajos de mierda que nadie quiere hacer porque son una puta mierda! —respondió Bakugo elevando el tono.

—¡Bakugo! ¡No le hables así a Iruka-sensei! —le reprendió Sakura.

—¿Quieres callarte, hombre? —dijo Kakashi atando de nuevo a su estudiante con el hilo de chakra, pero esta vez también le amordazó con él.

—BFFFFFFFFFF—trató de gritar Bakugo al jonin, pero la mordaza le impedía hacerlo.

—Bakugo, tienes que entender que todos los días llegan a la villa misiones procedente de todos los rincones. Desde hacer de canguro a asesinar a alguien ... —explicó Minato —Estos encargos se registran y analizan detalladamente y se clasifican como S, A, B, C o D según su nivel de dificultad. Como tú eres un genin que acaba de empezar se te asignan misiones de nivel D. Incluso mi hijo está empezando también con esa clase de misiones.—

Bakugo logró romper el hilo que le retenía reuniendo toda su fuerza física, era una fuerza impropia para un cuerpo de 12 años y medio. Kakashi y Minato eran los más sorprendidos, pues eran los que mejor conocían las cualidades del resistente hilo de chakra. Luego, Bakugo se quitó el hilo que le cubría la boca.

—¡NO ME CUENTES TU VIDA, VIEJO! ¡TE DIGO QUE NO VOY A HACER ESA MIERDA! ¡ME CUENTES LO QUE ME CUENTES! —gritó Bakugo señalándole con el dedo índice.

—¡Silencio!—gritó Iruka.

—Veo que Kakashi no ha logrado cambiar tu terquedad. —dijo con una sonrisa Minato. —Je. Está bien. Ya que quieres un reto, os daré una misión de rango C. Seréis los guardaespaldas en un viaje.

—¿Y a quién vamos a proteger, viejo? —preguntó Bakugo con curiosidad.

—Le haré pasar ahora. —dijo Minato. —Que pase el cliente.—

La puerta de la oficina se abrió, los cuatro miembros del grupo 7 se voltearon y vieron la imagen de un hombre de unos 50 años que portaba un sombrero y una botella de licor.

—¿Pero qué ...? ¿Un montón de pequeños mocosos? —dijo molesto el cliente. Luego se puso a beber gran cantidad de licor.

—¿Este borrachuzo es a quien tenemos que proteger? —preguntó Bakugo a Minato. Minato simplemente asintió con una gota en la nuca, incómodo por la situación.

—¿De verdad ese niño rubito tan escandaloso es un ninja? ¿No se supone que los ninjas han de ser sigilosos?—dijo el cliente, sin creérselo.

—¡Ni hablar! —dijo Bakugo cabreado a Minatao. —¡No pienso proteger a ese borracho! —

—Te aguantas, Bakugo. Tú querías un reto y aquí tienes tu reto. —dijo Minato.

—Tsk. —masculló Bakugo. —El reto va a ser conseguir que no muera por la ingesta de alcohol ... —susurró en voz baja, mirando con una mueca de desagrado a su cliente.

—Soy Tazuna. Maestro constructor de puentes y debo volver a mi país. Voy a construir un puente allí que cambiará nuestro mundo. —explicó Tazuna. —Espero que me brindéis super protección hasta llegar a mi país y hasta que termine el puente.—

—¿Este es un maestro contructor de puentes? En lo único que parece experto es en beber licor. —pensó Bakugo con los ojos entrecerrados analizando a Tazuna.

Los cinco salieron de la aldea portando grandes mochilas en las que llevaban ropas de repuesto y armas para todo el largo viaje. Después de estar medio día caminando en silencio, Bakugo preguntó lo que le estaba rondando durante ese tiempo.

—¿A cuánto está tu villa, borrachuzo?—preguntó Bakugo.

—¿Así le hablas a tu cliente, niñato? —luego se giró en dirección a Kakashi. —¿Estás seguro que es conveniente que este crío esté aquí?—

—Jejejeje. —dijo Kakashi con una sonrisa nerviosa sobándose la cabeza.

—No le hables en ese tono al que se convertirá en el quinto maestro Hokage, borracho. —dijo Bakugo rodando los ojos.

—El día que seas Hokage me saldrán alas y podré volar. —dijo Tazuna bebiendo otro sorbo de su licor.

—¡Serás ...!—exclamó Bakugo con una vena en la frente y apretando los dientes.

—¡Deja ya de discutir con el cliente, Bakugo! —le reprendió Sakura

Dos horas más tarde la que rompió el hielo fue Sakura.

—Kakashi-sensei, ¿tendremos que luchar contra los ninjas del país de la ola? —preguntó asustada Sakura.

—No te preocupes, Sakura. El país de la ola es una país muy pequeño que no cuenta con ninjas. Además, en las misiones de rango C no se combate contra ninjas. Eso se da para las de rango B y superiores. Como mucho nos encontraremos con bandidos o animales salvajes. —dijo Kakashi.

—Ufff, menos mal. —suspiró aliviada Sakura.

—Pues vaya mierda ...—se quejó Bakugo.

Sasuke fue el único que se percató de la intranquilidad que sentí Tazuna en ese momento.

Media hora después, a Kakashi le llamó la atención un charco bastante grande en un día tan caluroso. Del charco salieron dos ninjas con la cara tapada con una máscara de gas. Rápidamente, rodearon a Kakashi con una larga cadena formada por shurikens. Empujando cada uno a un lado opuesto, despedazaron el cuerpo de Kakashi.

—¡KAKASHI SENSEI! —gritó Sakura aterrada.

Sasuke y Bakugo avanzaron unos metros para enfrentarse a los ninjas dejando a Sakura atrás para proteger a Tazuna.

—¡Al fin algo de acción! —exclamó Bakugo sin preocuparse por su sensei, ya que estaba seguro que había realizado la técnica del cambiazo al igual que hizo en la prueba.

Los shinobis misteriosos parecían estar apunto de chocar contra los dos genin, pero en el último momento cambiaron de objetivo y fueron a por Tazuna y Sakura moviéndose en zig-zag.

—Mierda...—maldijo Bakugo, viendo que había dejado desprotegidos a Sakura y a Tazuna.

—¡Señor, ponte detrás mío!—ordenó Sakura, kunai en mano.

Los shinobis estaban apunto de asesinar a Sakura, Sasuke trató de impedirlo lanzando dos kunais, uno a cada ninja. Uno fue alcanzado en la pierna, deteniendo su ataque. Pero el otro consiguió esquivarlo y siguió avanzando hasta lanzar un mortal ataque con su arma en forma de garra. Sakura cerró los ojos esperando lo peor.

La sangre mojaba la garra del shinobi misterioso, sin embargo no era la de la pelirrosa. Al no sentir dolor, abrió los ojos para saber que había sucedido. Bakugo se había interpuesto entre los dos y había detenido el ataque con su brazo desnudo que tenía clavado las garras del arma del shinobi. El shinobi enmascarado, miró con estupefacción al rubio. No entendía cómo había sido tan rápido. Lo había conseguido gracias a la velocidad que le otorgaba su quirk para desplazarse.

—¡Eso no es un juguete, bastardo! —exclamó Bakugo, se quitó las garras que perforaban su piel del brazo. —Aunque no lo demuestre, duele casi tanto como un dolor de muelas. —luego mostró su sonrisa más aterradora que hizo sudar al chunin por el miedo que le infudía. —¡MUEREEEEEEEE! —Con el brazo sano, Bakugo usó su quirk en la cara del tipo. No con la suficiente fuerza para matarlo pero sí para dejarlo inconsciente y con heridas permanentes en su cara.

—Nunca dejas de sorprenderme, Bakugo. —dijo Kakashi con una sonrisa bajo la máscara, portando en su hombro al otro chunin que también estaba inconsciente.