Todos los personajes y la historia pertenecen a Kohei Horikoshi y Masashi Kishimoto
Si Bakugo esperaba que cuando volviera a Konoha el Hokage le iba a empezar a dar misiones complicadas ... entonces se equivocaba completamente. Volvieron a hacer misiones de rango D, que Bakugo las llamba vulgarmente como ''trabajos de mierda''.
Lo único bueno de volver a Konoha para Bakugo, era que podía volver a comer los platos super picantes y exquisitos del Ichiraku. El inconveniente era que también tendría que ver a Ayame. La última vez que la vio recibió un fuerte tortazo en la mejilla sin motivo, en opinión del rubio ceniza. Por suerte para él, como había pasado más de un mes desde ello, Ayame ya no parecía disgustada y lo recibió con un fuerte abrazo. El asocial Katsuki Bakugo no sabía si era peor que lo recibieran con un abrazo o recibir un tortazo.
Así pasaron varios meses, haciendo el equipo 7 misiones de rango D. Pero Bakugo no perdió completamente el tiempo. A las misiones siempre portaba en la espalda la pesada Kubikiribōchō. Aunque no la blandiera, el solo hecho de cargar 30 kilos todos los días hacía que se desarrollaran sus músculos y tuviera más aguante físico.
Dos semanas después de que Sakura, la más joven del equipo, cumpliera 13 años, pasó un acontecimiento inusual. Lo inusual no era que Kakashi llegara 3 horas tarde al punto de encuentro, fue el hecho que cuando llegó el jonin recibió de un halcón un pergamino.
—¡BASTARDO, HIJO DE PUTA! —gritó Bakugo, con una vena hinchada en la frente. —Puedo tolerar que llegues siempre tarde. Incluso puedo tolerar que estemos haciendo trabajos de mierda. ¡LO QUE NO PUEDO TOLERAR ES QUE NOS CITES AQUÍ Y TE PONGAS A LEER ESE PERGAMINO QUE TE HA LANZADO ESE ESTÚPIDO PÁJARO!—
—Mierda. Bakugo es un mal hablado, pero tiene parte de razón. —pensó Sasuke, con la imagen de Haku llegándole a la mente. —Ahí fuera hay multitud de ninjas capaces de vencerme y en vez de entrenarme, estoy perdiendo el tiempo con estas misiones de pacotilla.—
—¿Eh? ¿Decías algo, Bakugo? —dijo Kakashi, después de leerse el pergamino. El intento homicida de Bakugo fue detenido por Sakura—Hoy tenéis el día libre. Yo tengo que hacer unos recados. —después de decir eso se esfumó con una pantalla de humo.
—¡LA PRÓXIMA VEZ QUE LE VEA LE MATO! —amenazó Bakugo al aire.
—¡Deja de comportarte como un crío, Bakugo!—le riñó Sakura, dándole un capón en la cabeza.
—Me voy a casa. —anunció Sasuke, con las manos en los bolsillos.
—¿Eh?—dijo Sakura —¡Espera Sasuke-kun! ¡Voy contigo! ¡Así podemos entrenar nuestro trabajo en equipo nosotros dos! —
—Eres igual de incordio que Bakugo. —dijo Sakura sin voltear a mirarla. Esto le sentó a Sakura como que le tiraran una piedra de 100 kilos. —En lugar de molestarme, ¿por qué no practicas tus jutsus para perfeccionarlos? A decir verdad, eres peor que Bakugo ... Él también es un pesado pero al menos no es tan inútil como tú.—La piedra de 100 kilos se transformó en una de una tonelada.
—¿A QUIÉN CREES QUE LE ESTÁS LLAMANDO PESADO, BASTARDO? —gritó Bakugo. Pero fue ignorado completamente por Sasuke que se fue a su casa sin decir nada más. Sakura estaba mirando el suelo, completamente hundida. —¿Y a ti qué diablos te pasa, frentona?—
—Sasuke tiene razón ... —dijo Sakura, entristecida. —Soy la que menos aporta en las misiones ... —
—Mmm... Pues quedándote con esa cara de pasa seca no va hacer que la situación cambie. Sólo te queda entrenar hasta que te duela cada puto músculo de tu jodido cuerpo. —argumentó Bakugo.
—¡Tienes razón! ¡A partir de ahora ...! —el discurso de Sakura fue interrumpido por la voz de un niño.
—¡Ey tú! —gritó un niño de unos 8 años que portaba una bufanda.
Le acompañaban un niño y una niña de su misma edad. El niño parecía resfriado, ya que le salía un moco de la nariz. La niña tenía las mejillas coloradas y el cabello recogido con dos coletas.
—¿Eh? —Bakugo volteó la cabeza, alzando una ceja extrañado por esos tres niños.
—¡Si tú, rubito! ¡Te desafío a un duelo! —dijo el niño señalándole con el dedo.
—Como odio a los críos ...—susurró Bakugo, apretando el puño.
—¿Los conoces, Bakugo?—preguntó Sakura, interesada.
—Me he cruzado a tantos extras en mi vida, que no sabría que decirte. —dijo Bakugo.
—¡No nos conocías! ¡Pero hoy nos recordarás como a aquel que te derrotó y sus dos amigos! ¡Yo soy Konohamaru! —se presentó el niño.
—¡Y yo Udon! —se presentó el niño del moco.
—¡Y yo la bella Moegi! —la niña fue la última en presentarse.
—¡Y cuando estamos todos juntos, somos el equipo ninja de Konohamaru! —dijeron los tres a la vez, haciendo una pose ridícula.
—Voy a dar una lección a estos extras. —dijo Bakugo, con la vena hinchada y haciendo mini explosiones.
—Un momento, Bakugo. —dijo Sakura, agarrando a su compañero para detenerlo. —Emmm —Sakura trató de recordar su nombre. —Konohamaru, ¿verdad?—el niño asintió.—¿Por qué quieres desafiar a Bakugo, Konohamaru?—
—Quería desafiar al Hokage para arrebatarle el título. Pero me ha dicho que solo aceptará mi desafío si logro vencer a un rubio gruñón que lleva una gran espada. —explicó Konohamaru. —¡Ese solo puedes ser tú!
—¿El padre de Naruto te ha dicho eso?—preguntó Sakura, sorprendida.
—Ese bastardo hijo de perra. —maldijo Bakugo—No sólo me manda encargos de mierda, sino que ahora me envía a mocosos impertinentes.—
—¡Prepárate para morder el polvo! —dijo Konohamaru corriendo hacia Bakugo. —¡YAAAAAAAAA! —pegó un gran salto, intentado impactar a Bakugo con una patada en el aire.
El rubio lo esquivó dando un paso hacia la izquierda. Al esquivarlo, golpeó en el estómago a un tipo de 1,65 metros con la cara pintada, que vestía con un traje negro de cuerpo entero con un círculo rojo y amarillo en la parte delantera. También llevaba una capucha de color negro con orejas de gato, un protector de la arena en la frente, guantes y un gran objeto vendado en la espalda.
La patada fue tan débil que hizo que Konohamaru rebotara y cayera al suelo.
—Eso duele mocoso. —dijo el extraño con las manos en los bolsillos.
Le acompañaba una chica de pelo rubio recogido en cuatro coletas, con los ojos verdes azulados y que medía un par de centímetros más que Bakugo y tiene los ojos de color verde azulado. Su vestimenta consistía de una camisa de rejilla, un vestido corto color lila de mangas cortas sobre ésta y una cinta roja que se anudaba en la cintura. Llevaba también medias de rejilla en la parte inferior de su pierna derecha y en la parte superior de su pierna izquierda, además de portar su protector ninja de la arena alrededor del cuello. Al igual que su compañero, portaba un gran objeto a la espalda, pero a diferencia del chico que no se podía saber con exactitud el de la chica era sin duda un gran abanico.
El tipo extraño, se quitó la mano derecha de su bolsillo y agarró a Konohamaru de la bufanda, haciendo que tuviera los pues en el aire.
—¡Eso dolió, pequeña mierdecilla!—dijo el tipo extraño.
—Ughhh. —se quejó Konohamaru, adolorido del cuello.
—Déjale, Kankuro, o sabes que pagarás por ello después. —comentó su compañera.
—Ha sido un accidente. —trató de apaciguar los ánimos Sakura.
—¿Quién será esta gente?—pensó preocupada Sakura.
—Ey, era yo el que le iba a dar una lección a este crío. Ponte a la cola, momia bastarda. —dijo Bakugo en tono amenazante.
Kankuro se fijó en el protector de la hoja de Bakugo.
—Estos son genins de Konoha. —pensó Kankuro, con una sonrisa que escondía que tramaba algo.
—¿No es una espada demasiado grande para ti, rubito? —preguntó la chica desconocida
—Mira quien fue hablar. Tu abanico no es precisamente de juguete, perra. —replicó Bakugo
—¿Es qué no entiende la gravedad de la situación? ¡Siempre hace que las cosas vayan a peor!—pensó Sakura, molesta con Bakugo.
—¿Qué me has llamado, niñato?—dijo la chica, muy enfadada y acercándose un paso a Bakugo
Ya me has oído, perra sorda. —Bakugo no se dejó achantar y dio un paso hacia ella.
A pesar de que la chica aparentaba serun par de años mayor que Bakugo, eran prácticamente de la misma estatura. La tensión en el aire podía cortarse con un cuchillo.
—Je.—Kankuro soltó a Konohamaru, lanzándolo con fuerza a una valla. —Queda un rato hasta que venga él. Metámonos un poco con estos críos, Temari. —
Está bien. Démosle una lección a esta pandilla de maleducado. —dijo Temari, poniendo su
—Sois los tipos perfectos para descargar mi ira que tengo por culpa del tuerto, bastardos. —dijo Bakugo, crujiéndose los nudillos.
—Es evidente que son forasteros. ¿Pero qué estarán haciendo aquí?—pensó Sakura, ayudando a Konohamaru a levantarse del suelo.
—Los enanos fanfarrones como tú que solo saben hablar me ponen muy furioso. —dijo Kankuro, sacándose de la espalda el extraño objeto vendado.
—Hey. —dijo Temari tocándole con el hombro. —¿No me digas que vas a usar a Karasu?—Antes de que pudiera responderle una voz siniestra hizo que se detuviera.
—Kankuro, detente. —dijo un niño de la edad de Sakura y Bakugo, que estaba boca abajo en la rama de un árbol
Era un niño de menos de metro y medio de cabello rojo corto y puntiagudo. Tenía la piel pálida y unos ojos de color turquesa claro, con párpados ennegrecidos y sin rastro de tenía cejas. Además, tenía un tatuaje del kanji "amor" en el lado izquierdo de su frente,
Al igual que sus compañeros, también llevaba algo pesado en su espalda, en su caso una enorme calabaza en la que ató su protector de la villa de la arena
—Joder, este mundo está repleto de bastardos sin cejas. —pensó Bakugo, molesto.
—Eres la vergüenza de nuestra villa. —dijo con un tono monótono el niño.
—Emm, esto ... Gaara ... —dijo muy nervioso Kankuro. Temari también se sentía muy incómoda.
—La momia bastarda y la perra del abanico están asustados del sin cejas. Eso significa que ese tapón debe ser el jefe. —pensó Bakugo, analizando los gestos de Gaara.
