Todos los personajes y la historia pertenecen a Kohei Horikoshi y Masashi Kishimoto

—Eres la vergüenza de nuestra villa. —dijo con un tono monótono el niño.

—Emm, esto ... Gaara ... —dijo muy nervioso Kankuro. Temari también se sentía muy incómoda.

—La momia bastarda y la perra del abanico están asustados del sin cejas. Eso significa que ese tapón debe ser el jefe. —pensó Bakugo, analizando los gestos de Gaara.

—¿Has olvidado el motivo por el que hemos venido aquí?—dijo Gaara sin cambiar su monótona voz.

—Ya lo sé. Pero escucha Gaara, ellos empezaron . Te diré lo que pasó...—dijo Kankuro con voz temblorosa.

—Cállate. —ordenó Gaara, a lo cual Kankuro obedeció sin rechistar. —O te arrepentirás. —dijo esto último entrecerrando los ojos.

—De acuerdo. He estado fuera de lugar. Lo siento, Gaara ... —se disculpó Kankuro, sudando copiosamente.

—Siento los problemas que ha causado mi hermano. —dijo Gaara, sin sentirlo realmente.

—¡Tapón sin cejas! —gritó Bakugo señalándole. —¡No finjas! ¡Lo que dices no coincide con tu cara!—

—¡DEJA DE COMPORTARTE COMO UN IMBÉCIL, BAKAGO! —gritó Sakura, estrangulando a Bakugo. Éste trataba de escapar de su agarre sin éxito, ya que, por alguna extraña razón, Sakura adquiría una fuerza sobrehumana cuando atacaba a su compañero rubio ceniza. —¡Pídeles perdón!—

Gaara miró curioso la escena, pero decidió que era mejor no actuar ya que podía poner en riesgo su misión.

—Vámonos. —dijo Gaara, teletransportándose al suelo con un rastro de arena. —No hemos venido hasta aquí para jugar.

—Sí claro. —contestó apresudaramente y muy nervioso Kankuro.

—¡Un momento!—exclamó Sasuke, que apareció en el árbol en el que hace un instante se encontraba Gaara.

—¡Sasuke-kun! —exclamó Sakura con una cara sonriente, soltando a Bakugo por la alegría que sentía.

—Maldita perra frentona ... —susurró Bakugo, recuperando el aliento del estrangulamiento.

—Por vuestra cinta, deduzco que sois de la villa de la arena. —continuó diciendo Sasuke. —¿Me equivoco?—

—¿Y a ti que te importa, mocoso entrometido?—dijo Kankuro girándose.

—Qué mono es este chico. —pensó Temari, sonriendo y mirando a Sasuke. —No tiene nada que ver con el estúpido rubito. —

—Ningún ninja puede entrar en otra villa sin permiso. ¿Qué hacéis aquí?—preguntó Sasuke, poniendo toda su atención en Gaara.

—Es cierto que somos genins de la villa oculta de la arena. —respondió Temari. —Pero, sí que tenemos permiso, guapito. —mostró un carnet sellado por el cuarto Maestro Hokage.

—¡SHANNAROOOOO! ¿QUIÉN SE CREE QUE ES ESTA RUBIA DE BOTE PARA LLAMAR GUAPITO A MI SASUKE?—gritó la yo interna de Sakura.

—Ja. Estaba claro que los genins de la villa oculta de la hoja iban a ser unos ignorantes. —dijo Kankuro, con una sonrisa.—Venimos del País del Viento y estamos aquí a hacer los exámenes para chunin.—Los tres genin de la hoja pusieron una cara de asombro ante esta revelación.

—Un estúpido pájaro le entregó un pergamino al tuerto. —pensó Bakugo, recordando lo que había pasado hace unos minutos. —¿Tendrá algo que ver con lo que dice la perra rubia?—

Los ninjas de la arena, liderados por Gaara, se dieron la vuelta y caminaron en busca de su instructor.

—Tú, identifícate. —ordenó Sasuke, bajándose del árbol.

—¿Te refieres a mí?—preguntó Temari, poniéndose colorada.

—No. El de la calabaza. —contestó Sasuke.

—Soy Gaara del desierto. ¿Y tú quien eres?—preguntó Gaara, con un rostro que reflejaba algo de curiosidad.

—Soy Sasuke Uchiha. —respondió Sasuke, con una sonrisa arrogante.

—¡Tapón sin cejas! ¡Él único nombre que deberías recordar es el que te hará morder en el polvo en ese estúpido examen! ¡Así que recuerda el nombre de Katsuki Bakugo! —exclamó Bakugo, señalándose y con una sonrisa de superioridad.

—¡Loco insensato!—dijo Kankuro, apretando el puño enfadado. —¡Si sigues molestando a la gente que no debes acabarás muerto!—

De nuevo, Gaara no se tomó a mal el mote del rubio ceniza. La curiosidad por Bakugo aumentaba en su interior.

—Lo recordaré, Katsuki Bakugo. —dijo Gaara.

Después de esas palabras, los tres genins de Suna se marcharon sin decir nada más.

—Esto se está poniendo interesante. —pensaron al mismo tiempo Bakugo y Sasuke.

A la mañana siguiente, los tres genin estaban esperando impaciente a su sensei. Dos horas más tarde de la hora acordada apareció Kakashi.

—Perdonad mi retraso. Temo haber perdido la noción del tiempo. —se disculpó Kakashi, rascándose la nuca.

—¡Mentiroso!—gritó Sakura, enfadada.

—Más te vale decirnos algo sobre el examen para chunin, tuerto. —dijo Bakugo, irritado y haciendo mini explosiones con las manos.

—¿Ya os habéis enterado?—preguntó Kakashi.

—Unos bastardos de la arena vinieron ayer, nada más marcharte tú. —respondió Bakugo.

—Genial, eso me ahorra parte de la explicación. Os he nominado para hacer el examen a chunin que comienza mañana por la tarde. —dijo Kakashi, poniéndose serio.

—Je. Por esta vez te perdono tu retraso, tuerto. —dijo Bakugo apretando el puño por la emoción.

—¿A qué te refieres con lo de nominado, sensei?—preguntó Sakura.

—A que no os puedo obligar a que hagáis el examen. Es voluntario, así que depende de vosotros. —Kakashi sacó tres papeles de su bolsillo. —Estos son los formularios a rellenar. Si no os sentís preparados, podéis esperar hasta el año que viene.

—¡Y un carajo me voy a esperar al año que viene! —dijo Bakugo, cogiendo su formulario con rabia. —¡Cuando apruebe este estúpido examen, estaré más cerca de ser Hokage!—

—Y con eso descubrir de una vez por todas la verdad. Lo que esconde la villa de la masacre Uchiha. Se lo debo a Mikoto.—pensó Bakugo, estrujando el papel .

—El que quiera hacer los exámenes, que firme el formulario y vaya mañana a la clase 301 de la escuela a las diez de la mañana. —dijo Kakashi. —Hoy no habrá ninguna misión. Podéis pasar el día reflexionando si os veis capaces de enfrentaros a las pruebas que os deparará el examen. Eso es todo. —de un salto, desapareció de la vista de los genin.

Sakura era la única que no las tenía todas consigo.

—Ey frentona. —dijo Bakugo, viendo la cara de preocupación de Sakura. —El tuerto es un bastardo inmaduro e impuntual, pero no es estúpido. Si te ha nominado para este examen es que estás preparada para hacerlo.

—Bakugo ... —dijo Sakura.

—Así que deja de darle vueltas en esa enorme cabeza que tienes—finalizó Bakugo, bostezando.

—¡ERES UN GROSERO, BAKAGO! —gritó Sakura, dándole un capón al rubio ceniza. Parecía enfadada, pero lo cierto era que se sentía agradecida por las palabras de Bakugo.

Los tres genin decidieron quedar al día siguiente en la entrada de la academia a las nueve de la mañana, para asegurarse no llegar tarde. A pesar de que llegaban una hora con antelación, las afueras de la academia estaba repleto de ninjas de distintas villas ocultas.

—Buenos días. —saludó Sakura, que fue la última en llegar.

—¡Habíamos quedado hace cinco minutos, frentona! —exclamó Bakugo, que se entretenía haciendo espadazos al aire con su Kubikiribōchō.

—Lo siento .. —dijo apenada Sakura, aún seguía sin estar del todo segura de hacer el examen.

—Mmmm. —Bakugo se extrañó que se comportara tan docilmente, así que no prolongó la discusión. Se colocó la espada en su espalda, atándola con el cinturón que le cosió Tsunami en el país de las Olas—Es igual, ahora entraremos y acabaremos con todos los extras que se interpongan en mi camino. —dijo, liderando el grupo 7.

En el pasillo del tercer piso, habían numerosos genins queriendo entrar en la habitación 301 pero siendo bloqueados por un par de matones. En el suelo, con la boca ensangrentada se encontraba Rock Lee.

A pesar que hacía más de tres años que no le veía, Bakugo lo reconoció en seguida. Aunque puso una cara de asco al ver la nueva pinta de Lee con su pelo cortado a lo tazón y sus mallas verdes.

—¿El cejotas va a hacer el examen también?—pensó Bakugo, dudando de si intervenir o no.

—¿Te presentas al examen de chunin y ni siquiera puedes superarnos?—dijo uno de los matones con tiritas en la cara a Lee

—¿Por qué no lo dejas antes que te hagas daño?—dijo el otro matón.

—Sí, solo eres un niño que necesita a su mamá. —dijo el matón con tiritas.

—Por favor, dejadnos pasar. Tenemos que entrar. —imploró una chica de ojos marrones y de cabello castaño recogido en dos moños que ayudaba a Lee. Vestía con una blusa rosa sin mangas y pantalones azules oscuros.

La chica se levantó y dio un paso al frente, pero el matón de las tiritas le pegó un fuerte puñetazo en el rostro tirándola al suelo. Bakugo desabrochó el cinturón que sostenía a Kubikiribōchō y apuntó con la punta de la espada al cuello del matón. Ahora tenía la fuerza suficiente para sostenerla con una mano, aunque eso hacía que se cansara más de la cuenta.

—Ya has oído a la chica de los moños, bastardo. No hagas que me ponga violento. —amenazó Bakugo, entrecerrando los ojos.

El matón sonrió al ver la actitud de Bakugo.

—Bakugo ...—pensó Lee, con los ojos como platos al ver de nuevo al que consideraba como su primer amigo.