Todos los personajes y la historia pertenecen a Kohei Horikoshi y Masashi Kishimoto

—Aún faltan unos cinco minutos para que el bastardo de las cicatrices nos proporcione la décima pregunta. —pensó Bakugo, mientras escribía velozmente las respuestas que se había memorizado del cristal de Tenten. —¿Qué clase de mierda nos tendrá preparada?—

Al inicio del examen, participaban 51 equipos de 3 siendo un total de 153 genins los aspirantes a chunin. Después del transcurso de los cuarenta y cinco minutos, justo antes de dar la décima pregunta, los centinelas descalificaron por copiar cinco veces a 18 equipos, quedando únicamente 33 equipos de tres, es decir, 99 participantes.

—Quedan 15 minutos. Ahora que ya nos hemos desecho de la mayoría de los casos perdidos, llegó la hora del principal acontecimiento. ¡Muy bien! ¡Escuchad, esta es la décima y última pregunta! —dijo Ibiki.

—El ambiente se ha enrarecido de repente. Seguro que el hijo de puta va a tramar algo. —pensó Bakugo, frunciendo el ceño.

—Pero antes de daros la última pregunta, hay otras reglas que debéis saber. Yo las llamo las reglas de la desesperación. Escuchad atentamente ... e intentad no asustaros. —anunció Ibiki con una mirara terrorífica.—En primer lugar, sois libres de no recibir la pregunta final. Es decisión vuestra.—

—¿Cómo que somos libres? Si decidimos no hacerla, ¿entonces qué pasa?—preguntó Temari.

—Si elegís no contestarla, al margen de vuestras anteriores nueve respuestas, tendréis un cero. —contestó Ibiki. —En otras palabras, suspenderéis. Y eso significa que el resto del equipo suspenderá también.—

—¡Menuda mierda de elección! ¿Qué clase de retrasado elegiría suspender?—preguntó Bakugo levantándose ydando un golpe a la mesa.

—No me has dejado terminar, mocoso. —dijo Ibiki cerrando los ojos. Bakugo se sentó maldiciéndole mentalmente. —Si aceptáis la pregunta y la respondéis de forma incorrecta, no solo suspenderéis ... ¡Se os prohibirá volver a presentaros al examen de ascenso a chunin!—

—¡Sabía que nos tenía preparado alguna mierda! Aunque no me imaginaba que de tal magnitud ...—pensó Bakugo mordiéndose el pulgar.

—¡Menuda chorrada! —dijo Kiba levantándose de su sitio. —¡Es ridículo! ¡Esta regla tiene que ser mentira! Aquí hay mucha gente, como Kabuto, que ya hizo el examen antes y no han tenido que pasar por esto.—

—Jejejeje. —rió Ibiki con una risa que daba escalofríos. —Supongo que este año habéis tenido mala suerte. —dijo sarcásticamente. —Antes yo no ponía las reglas, pero ahora sí. Por supuesto, si no queréis arriesgaros tanto, no hace falta que sigáis con el examen. Si no os sentís con confianza podéis abandonar e intentarlo otro año. Jajajajaja.—

—Muchas gracias ...—pensó con enfado Sakura. —Si alguno de nosotros decide no presentarse, entonces suspenderemos los tres. Eso no va a ocurrir. Pero por otra parte, si la fastidiamos nunca podremos volver a presentarnos. Es muy injusto. ¿Por qué no podrán ponernos un examen normal?—

—Joder, ser chunin me importa una mierda. Pero es un paso que me acercará a ser Hokage y descubrir la verdad. Si no puedo ser chunin, es imposible que me convierta en Hokage. Además, seguro que tiene truco la estúpida pregunta. ¡Puto cicatrices! —pensó Bakugo, apretando los puños con fuerza.

—Bien, explicado esto. Os diré la última pregunta. Los que no quieran hacerla, levantad la mano. Se apuntará vuestro número y seréis libre de marcharos—dijo Ibiki.

Después de unos segundos de dudas, un tipo de Konoha que se sentaba detrás de Bakugo levantó la mano.

—Me voy. Se acabó. No puedo hacerlo. Lo siento. —dijo el genin con lágrimas en los ojos.

—Número 50, suspendido. Lo que significa que los números 130 y 111 suspendéis también. —dijo un centinela.

Eso abrió la veda y hubo otras 6 manos levantadas, suspendiendo sus respectivos compañeros y abandonando la sala.

—¿Qué debería hacer?—pensó Bakugo dubitativo. Luego vio como Naruto levantaba la mano. —¿Eh? ¿El bombona de butano también renuncia?—luego vio anonadado como golpeaba con fuerza el pupitre

—¡No me subestimes! ¡Yo no renuncio ni huyo! ¡Podéis poneros como queráis! ¡No me vais a asustar! ¡No me importa nunca ser chunin! ¡Sea como sea, seré yo el que suceda a mi padre como maestro Hokage! ¡No tengo miedo a nada!—gritó Naruto

El discurso de Naruto hizo que ya no hubieran más renuncias. Sus palabras provocaron que la gente recobrara la confianza.

—Je. —pensó con una sonrisa pícara Bakugo. —Ni de coña voy a renunciar, no solo por lo que ha dicho el butanero. Es imposible que el bastardo del Hokage consienta que su hijo nunca pueda ser chunin. Aquí hay gato encerrado. —

—Esta decisión puede cambiar vuestras vidas. Última oportunidad que tenéis para renunciar.

—¡Ya has oído a butanito! ¡Aquí nadie tiene miedo de tus amenazas, cicatrices! —exclamó Bakugo, mostrando los dientes.

Ibiki echó un rápido vistazo a los 78 participantes (26 grupos de tres). La seguridad que vio en sus caras hizo que no volviera a insistir en el asunto.

—Ese mocoso ha dado agallas al resto para quedarse. Quedan 78. Más de lo que esperaba. Pero no veo a nadie dudando. Creo que ya está.—pensó Ibiki

Después de recibir asentimientos de los centinelas, Ibiki se dio por satisfecho y empezó a explicar lo que pasaría.

—Bien. Admiro vuestra determinación, aspirantes. Para todos aquellos que os habéis quedado ya solo falta deciros ... —Ibiki dio suspense y por primera vez su cara sonreía pero esta vez con amabilidad y sinceridad. —... ¡que todos habéis aprobado el primer examen!—

—Je. Sabía que había gato encerrado—pensó Bakugo, contento consigo mismo por haber decidido bien.

—¿Eh? ¿Qué hemos aprobado? ¿Pero y la décima pregunta?—preguntó Sakura.

—Jeje. —sonrió Ibiki. —Acabáis de contestar correctamente a la décima pregunta, lo que pasa es que era una pregunta que no estaba puesta por escrito. Vuestra decisión de continuar era la respuesta a la décima pregunta.—

—¡Un segundo! —se indignó Temari. —Entonces, ¿las otras 9 preguntas solo eran una pérdida de tiempo?—

—No, en absoluto. Al contrario, las primeras nueve preguntas tenían un objetivo primordial. Probar vuestra capacidad para reunir información estratégica en situaciones adversas. Las 9 preguntas eran muy difíciles, demasiado difíciles para cualquier genin. Imagino que la mayoría llegasteis a la conclusión que tendríais que copiar si queríais aprobar. El examen estaba pensado para alentaros a copiar Con ello, hemos podido eliminar a aquellos que han sido descubiertos y que por tanto no reunían las cualidades de un buen ninja. —dijo Ibiki empezando a desabrocharse la cinta de la cabeza. —Es mejor no copiar, que hacerlo torpemente. La información puede ser el arma más valiosa en una batalla. —al mostrar su calva llena de horrorosas heridas, hubo algún grito ahogado de temor en la sala. —Habrá ocasiones en las que tengáis que arriesgarlo todo para conseguirla.—

—No es ninguna broma su cabeza. Quemaduras, pinchazos ... Y encima es calvo. —pensó Bakugo.

—Y, por supuesto ... —Ibiki volvió a cubrir su cabeza con la cinta.—... siempre debéis tener en cuenta la fuente de información.— una mala información , es peor que no tener información. Pero aún con todo lo que he dicho, la décima pregunta era la más importante. Os puse en un callejón sin salida, que es el tipo de situaciones que un chunin debe afrontar todos los días. Habrá muchas misiones que os parecerán casi suicidas. Pero si sois chunins no pensaréis en ello, solo pensaréis en el objetivo y en lograrlo con coraje y disciplina. El coraje y la disciplina son las cualidades que debe tener todo chunin. Los que eligen el camino más seguro de los dos ... no podrán llamarse chunin. Al menos mientras yo esté aquí.

—Buen discurso, calvo de las cicatrices. —pensó Bakugo, ya dejando de estar cabreado por haberle obligado a copiar.

—Declaro finalizada la primera parte del examen para el ascenso a chunin. Os deseo a los 78 que habéis aprobado buena suerte para el resto del examen. —acabó diciendo Ibiki.

—¡Muy bien! ¡Genial! —gritaron varios genins de la sala, entre ellos Ino, Naruto y Sakura.

De repente, un kunai destrozó la ventana de la habitación. Por ella entró una mujer con mallas y de cabello púrpura.

—¡No es hora de celebraciones, chicos y chicas! ¡Yo seré vuestra próxima instructora! ¡Me llamo Anko Mitarashi!—anunció la nueva instructora. —¿Listos para la segunda prueba?—sin dejar contestar a la sala, continuó. —¡Pues vamos allá, seguidme!—exclamó con la mano alzada

Viendo que nadie le hacía caso, empezó a enrojecer por la vergüenza.

—Te has adelantado. —le explicó Ibiki.

—Vaya payasa que nos ha tocado de instructora. —pensó Bakugo, suspirando resignado.

—¡Ibiki! Si mis calculos no me fallan hay 78 aspirantes ...¡Eso son 26 equipos! ¿Por qué has hecho un examen tan fácil? ¡Te estás ablandando!—se quejó Anko.

—Puede ser ...—dijo Ibiki.—O puede que haya una cosecha de candidatos mucho más fuerte que otros años.

—Mmmm, no lo parecen.—dijo Anko con desprecio

—Será perra ...—pensó Bakugo, frunciendo el ceño.

—Mi prueba no la pasará ni un cuarto de los aquí presentes. —dijo Anko con convencimiento.

—¿Ni un cuarto? ¿Estará de broma?—pensó Sakura, con preocupación.

—Je. Esto va a ser divertido . —susurró Anko, divertida. —Bueno gusanos, los habéis tenido fácil hasta ahora, pero las cosas van a cambiar. Os explicaré las reglas del segundo examen cuando cambiemos de ubicación. Ahora seguidme. —

Los 78 candidatos siguieron a Anko, hasta un bosque que estaba rodeado por verjas. En el lugar que paró, había una especie de puesto de control con cortinas y con tres chunins de brazos cruzados sentados en sillas esperando las órdenes de Anko.

—Aquí se realizará el segundo examen. —dijo Anko, con las manos metidas en su chaqueta y con una sonrisa.— Es el campo de instrucción número 44, pero lo llamamos el Bosque de la Muerte.—