Todos los personajes y la historia pertenecen a Kohei Horikoshi y Masashi Kishimoto
Los 78 candidatos siguieron a Anko, hasta un bosque que estaba rodeado por verjas. En el lugar que paró, había una especie de puesto de control con cortinas y con tres chunins de brazos cruzados sentados en sillas esperando las órdenes de Anko.
—Aquí se realizará el segundo examen. —dijo Anko, con las manos metidas en su chaqueta y con una sonrisa.— Es el campo de instrucción número 44, pero lo llamamos el Bosque de la Muerte.—
—Este sitio me pone los pelos de punta. —dijo Sakura, temblando de miedo.
—Jeje. Debería. Lo llaman el Bosque de la Muerte y pronto vais a averiguar por qué. —dijo Anko.
—Payasa, deja ya de decir gilipolleces y explícanos de una vez las reglas de este examen. —dijo Bakugo, de mal humor.
—¿Así que soy una payasa?—dijo Anko con una sonrisa muy falsa.
Sin previo aviso, le lanzó un kunai tratando de rozarle la mejilla a Bakugo. Pero los reflejos inhumanos del rubio ceniza hicieron que lo pudiera evitar por los pelos. La que no lo esquivó fue una genin de la hierba de pelo oscuro y muy largo, el kunai al pasar de largo le cortó un mechón de su cabellos oscuro. El ataque de Anko no acabó ahí. Casi instantáneamente, se colocó detrás de Bakugo y le dio un chupetón en el cuello al succionar con fuerza esa parte con su boca.
Luego pasaron dos cosas a la vez, Bakugo dio un salto enorme adelante alejándose de la 'agresora' y la genin de la hierba se colocó detrás de Anko, ofreciéndole con larga lengua el kunai que había soltado previamente. ANko, se puso en guardia en caso de un ataque.
—No hace falta que te pongas a la defensiva. Solo te estaba devolviendo el cuchillo. —dijo la genin de la hierba.
—Gracias, ninja de la hierba. Pero te aconsejo que no vuelvas a acercarte así detrás de mí, si no quieres un final prematuro.—dijo en tono amenazante Anko, pero cogiendo el kunai.
—Disculpa, al cortarme mi precioso pelo ... me temo que me he emocionado un poquito. —dijo la genin de la hierba con una sonrisa perversa.
Bakugo que estaba aún en shock, finalmente reaccionó.
—¡Final prematuro será lo que te voy a dar! ¿Qué crees que estás haciendo, vieja pervertida?—dijo Bakugo, tocándose el cuello. La cara la tenía roja, en parte por la verguenza y en parte por la ira.
—No he podido evitarlo. Me chiflan los chicos tan enérgicos como tú. —dijo Anko de manera provocativa pasándose la lengua por la boca.
—Pensaba que este bosque era horripilante, pero esta gente lo es aún más. —pensó Sakura sudando frío.
—Bakugo-kun ...—pensó Hinata, triste por el chupetón que le había dado .
—Mmmmm. —pensó Gaara, analizando la situación con los brazos cruzados.
—¡Será zorra!—pensó Ino, apretando el puño.
—Cuando acabe con este examen, te mataré. Jodida vieja pervertida. —dijo Bakugo, mirando con asco la marca que le había dejado por el chupetón.
—Parece que hoy está todo el mundo irascible. —comentó Anko, divertida.—Debe haber algo en el aire. Jaja. Esto va a ser divertido.
—Aún no me has visto a mi irascible, vieja pervertida ...—susurró Bakugo, frunciendo el ceño.
Anko sacó de su chaqueta una fajo de formularios.
—Antes de empezar esta prueba, tengo que entregaros una cosa a todos vosotros. —dijo Anko señalando los formularios. —Es un formulario estándar de consentimiento. Antes de la prueba, tenéis que leerlo atentamente y firmarlo.—
—¿Para qué?—preguntó Naruto.
—Puede que algunos no volváis de esta prueba con vida, y necesito el consentimiento de que asumís ese riesgo. De lo contrario sería responsabilidad mía. Jajajaja.—rió Anko.
—Puta loca pervertida.—pensó Bakugo rodando los ojos.
—Voy a explicaros lo que vamos a hacer en esta prueba. Toma, pasad esto. —dijo Anko entregando los formularios a Kabuto. Éste los recogió y empezó a repartirlos entre los 78 participantes. —Lo primero que debéis saber es que vamos a poner a prueba vuestra capacidad para sobrevivir.—
—Sobrevivir a la prueba, menuda lata ...—pensó Shikamaru con fastidio y emitiendo un bostezo.
—Primero ... —Anko sacó de su porta-kunais un rollo con un mapa.—Os haré una descripción del terreno donde haremos la prueba. El campo de instrucción número 44 tiene 44 puertas de entradas, cerradas a cal y canto. En su interior hay un bosque con ríos. En el centro, hay una torre cerrada ubicada a 10 kilómetros de cada puerta. En este área 44, tendrá lugar vuestra prueba de supervivencia. La prueba consiste en ...—se guardó el mapa en el porta-kunais.—...una lucha en la que TODO VALE para conseguir estos rollos. —sacó de su bolsillo de detrás dos rollos, uno blanco y otro azul. —Lucharéis, usando cualquier arma y cualquier jutsu, por conseguir estos dos rollos. El blanco es el rollo del cielo y el azul es el de la tierra. Aquí hay 78 participantes, eso quiere decir 26 equipos. 13 equipos tendrán el rollo de la tierra, y los otros 13 restantes el del cielo, que serán entregados por sorteo en la cabina donde están mis kouhais.—explicó señalando a los tres chunins
—¿Y cómo aprobamos el examen?—preguntó Kiba.
—Vuestro equipo entero ha de llevar ambos rollos, el del cielo y el de la tierra, hasta la torre del centro.—explicó Anko.
—Es decir, que en el mejor de los casos la mitad suspenderá ...—comentó Sakura.—O más, si hay equipos que no pueden conseguir ambos rollos.—
—Efectivamente. —dijo Anko. —Aaaa, una cosa más. El examen tiene un tiempo limitado. Deberéis terminarlo en 120 horas, es decir, 5 días.
—¿Cinco días?—dijo Ino, preocupada.
—¿Pero qué vamos a comer?—preguntó Choji, arrepintiéndose de haber participado en el examen.
—Buscaos la vida. El bosque está lleno de cosas que comer. —respondió Anko. —Hay suficiente para todos. Pero tened cuidado con los depredadores, con los insectos venenosos y con las plantas carnívoras.—
—¡Quiero irme a casa!—se quejó Choji
—¡Cállate, Choji! Por eso mismo a esta prueba se le llama de supervivencia. —dijo Ino elevando el tono.
—Básicamente, no creo que más de 5 equipos aprueben. —dijo Anko. —Algunos de vosotros suspenderá por perder el rollo y otros por morir por las duras condiciones.—
—¿Se puede uno rendir a mitad del examen?—preguntó Shikamaru.
—Pues claro que no. —contestó Anko, sintiéndose insultada por esa sugerencia. —En mitad de una batalla no podéis abandonar.—
—Qué bien. Esto va a ser una verdadera lata. —dijo Shikamaru cruzándose de brazos.
—Ahora hablaré de las formas en las que se puede suspender. La primera ...—dijo Anko alzando el índice. —Que los tres miembros no lleguéis a la torre con ambos rollos pasados cinco días. La segunda ...—continuó, con el corazón también alzado. —Que algún equipo pierda a alguno de sus miembros o que algún miembro del equipo muera. Y la tercera ...—alzó el anular también—que el equipo mire el contenido de los rollos.—
—¿Y si se abre solo y se lee por casualidad?—preguntó Naruto.
—Es mejor que no lo sepas. —respondió Anko con una sonrisa falsa. —Habrá veces en que se le pida a un ninja que lleve documentos secretos. El objetivo de esta regla es poner a prueba vuestra integridad. —después de una breve pausa, Anko continuó. —Hemos terminado. Ahora firmad vuestros formularios de consentimiento y cambiadlos en el puesto de control por vuestros rollos. Después, cada equipo elegirá una de las 44 puertas y se os permitirá entrar. Ya que sois solo 26 equipos y hay 44 puertas, no se permitirá que dos equipos escojan la misma puerta. Y par acabar me gustaría daros un consejo... —dijo Anko suspirando.— ¡No muráis!—
—Al fin ha acabado de hablar la loca pervertida, que ganas tengo de perderla de vista. —pensó Bakugo.
Los chunin del puesto de control fueron llamando por orden de registro en el examen para chunin para cambiarles los formularios por los rollos. Una cortina oscura, impedía al resto de participantes saber que rollo les había tocado a sus rivales y que miembro de los tres lo tenía.
El equipo de Bakugo, Sakura y Sasuke fue de los últimos en ser llamados. Escogieron la puerta número 12. Cuando le dieron al chunin los tres formularios rellenados, el chunin se los intercambió por un rollo del cielo, que se lo guardó Sasuke.
—¿Ey? ¿Por qué te quedas con el rollo, Sasuke? ¡Dámelo a mí si no quieres que te patee el culo!—amenazó Bakugo.
—Me preocupa que accidentalmente lo quemes con una de tus explosiones.—dijo Sasuke.
—Mmmm. —no le convencía mucho la explicación a Bakugo de Sasuke. —¿Y por qué no se lo queda la frentona?—
—¡Ni hablar! No quiero llevar esa carga. —respondió Sakura, negando con la cabeza.
—Decidido entonces. Me lo quedaré yo. —dijo Sasuke, guardándolo en su porta-kunais.
—Tsk. —masculló Bakugo. —Bueno da igual, aunque lo pierdas si consigo un rollo del cielo y un rollo de la tierra arreglaré tu estropicio. Pero te advierto que los rollos que yo consiga no te los daré, Sasuke. —
—Lo mismo digo, Bakugo. —respondió Sasuke.
Una vez se pusieron de acuerdo, salieron del puesto de control. Pasaron cinco minutos más hasta que el último de los equipos recibió su correspondiente rollo. Veinteseis chunin de Konoha aparecieron detrás de Anko.
—¡Escuchadme todo el mundo!—ordenó Anko.—¡Ahora que todos tenéis un rollo y una puerta asignada, seguiréis a un instructor hasta la entrada de vuestra puerta! ¡El examen comenzará en 30 minutos! ¡Buena suerte!—
El instructor que les tocó al grupo de Bakugo fue una chica joven de pelo largo. Tardaron unos 15 minutos hasta llegar a la puerta número 12, así que tuvieron que esperar otros 15 minutos.
—Empieza el examen. A partir de este momento tenéis 120 horas para reunir el rollo de la tierra y el rollo del cielo y acudir a la torre. —dijo la chunin de pelo largo al trío de genins. —Podéis entrar. —abrió la puerta de la verja con una llave. —Buena suerte, chicos. La necesitaréis.—
—Ja. Te has equivocado de grupo al que desear buena suerte. La suerte es para los perdedores, nosotros no necesitamos esa mierda. —replicó Bakugo con una sonrisa. —¿Estáis listos para una aplastante victoria?—preguntó Bakugo a Sakura y Sasuke.
—No pienso dejarme pisotear por nadie. —respondió Sakura con seguridad.
—Je. Entra de una vez al bosque, parlanchín. —dijo Sasuke, con una sonrisa.
—¡Seguidme! Es hora de machacar a una panda de extras. —dijo Bakugo entrando el primero y mostrando sus dientes con arrogancia. Sasuke y Sakura le siguieron con paso firme.
Bakugo estaba muy confiado. Lo que aún no sabía el rubio ceniza es que el primer día, de los cinco que tenían para llegar a la torre, iba a suceder un acontecimiento que daría un vuelco de 180 grados en su vida.
