Todos los personajes y la historia pertenecen a Kohei Horikoshi y Masashi Kishimoto

El rubio ceniza no sabía como ni cuando había pasado, pero se encontraba en una situación peliaguda. Las ramas de los árboles, como si de un cuento se tratara, habían cobrado vida y sujetaban cada extremidad de Bakugo con fuerza impidiendo que se pudiera mover. Veía aterrorizado como Orochimaru se aproximaba a él blandiendo su Kusanagi.

—¿Por qué estás tan asustado, Bakugo-kun?—preguntó con un tono de voz horripilante que causó escalofríos al rubio ceniza. —No tienes por qué estarlo. Tus amiguitos ya no me sirven como experimentos. Pronto te harán compañía. ¡MUERE!—Orochimaru extendió su brazo a punto de rebanar la cabeza al rubio ceniza.

—¡QUÉ TE JODAN! —se despertó Bakugo de la pesadilla con un grito. Estuvo un instante extrañado al no ver a Ororchimaru, pero no pudo pensar mucho en ello ya que un dolor agudo en el hombro le devolvió a la realidad. —¡AAAAAAAH!—gritó Bakugo girando su rostro al origen del dolor. Tenía un agujero con un diámetro de tamaño de una gran canica en el hombro derecho. La carne de alrededor del agujero se le había infectado y muestra de ello era el pus que estaba brotando de allí —Joder, esto no tiene muy buena pinta.—

Bakugo no era un experto en medicina, pero sabía que para las infecciones lo mejor es aplicarse agua limpia y alcohol en la herida. Descartó la posibilidad del alcohol ante la imposibilidad de encontrarlo en mitad del bosque de la muerte. Con su brazo izquierdo y moviéndose lo menos posible para evitar sentir dolo en su hombro derecho, buscó y encontró la cantimplora que tenía en su porta-kunais. Apenas le quedaba menos de un cuarto de la capacidad máxima que tenía la

—Tsk. —masculló molesto Bakugo. Al ver la cantimplora su cerebro le recordó que estaba sediento. Tenía un dilema, o aplicar el agua en su herida o beberse el contenido. Optó por lo segundo. —Prefiero que se me pudra el brazo a morirme de sed. —pensó en voz alta el rubio.

Sin embargo, aún creía que tenía solución lo de su brazo. Debía aguantar lo suficiente hasta que se terminara el examen y los médicos le pudieran tratar la herida. Así que se puso como primera tarea, de su lista mental, la de encontrar un río o con suerte algún pequeño lago, la segunda sería encontrar a Ororchimaru y la tercera volver con sus compañeros.

Al levantarse del suelo reprimió un quejido por el dolor agudo que volvió a sentir en su zona lastimada. No solo tenía que procurar mantener inmóvil el brazo derecho, sino que también debía control el clima para no sentir dolor. Cada brisca de viento era como una aguja que le perforaba el hombro. Y encima de todo las tripas de Bakugo empezaron a rugir por el hambre. Bakugo no sabía cuanto había estado durmiendo, pero mínimo más de doce horas, ya que cuando se enfrentó a Ororchimaru estaba atardeciendo y ahora el sol estaba justo en su punto más alto.

—Esto es un puta mierda. —resumió su situación Bakugo acertadamente.

El orden de tareas de su lista mental cambió con este nuevo acontecimiento. Ahora lo primero que tenía que hacer era encontrar comida, ya que por desgracia no llevaba nada consigo. Vio a su espada, Kubikiribōchō, en el fango a unos metros de su ubicación. Bakugo pensó que se le debió soltar en la pelea contra Orochimaru, pero no recordaba muy bien como pasó. A decir verdad no recordaba casi nada de la pelea. Su mente solo conservaba con nitidez las palabras que pronunció Ororchimaru.

¿No me digas que eres uno de ellos, Bakugo-kun? Uno de los que ha venido de otro mundo.

Tú no me interesas. Ya tengo a bastantes como tú de experimentos. Alguno que otro incluso más interesante que tú.

La próxima vez que nos veamos te pondré junto a mis preciados experimentos y así no te sentirás tan solito. Hasta la vista, Bakugo-kun.

—Jodido bicho raro. —dijo Bakugo con odio. —Haré que esa serpiente bastarda me diga todo lo que sabe.—

Por ahora, decidió no darle más vueltas a la cabeza. Su urgencia era la de conseguir comida. Después de un momento de duda, decidió recoger a la Kubikiribōchō del fango. A pesar del peso que le supondría, le vendría bien para cortar la carne de su futura presa.

—¡Puta inútil! —exclamó con furia Bakugo mientras la recogía y así además conseguía evitar pensar en el dolor que sentía en el hombro. —Aún no te he puesto nombre. ¡Debería llamarte como el inútil de Deku! ¡Solo eres un estorbo y un peso muerto, Deku!—

Después de hacer malabares para atarla a la espalda con una sola mano, caminó hacia el norte que como mínimo le llevaría al río que se encontraba en el medio del bosque, como recordó del mapa que les mostró Anko. No tuvo que caminar tanto, no llevaba ni 10 minuto cuando vio un oso que dormía debajo de una gran roca. Por un instante, pensó en degollarlo sigilosamente. Pero el sigilo no era su estilo, algo irónico teniendo en cuenta que quería convertirse en un gran ninja. Además en su opinión el oso merecía una oportunidad de vivir, aunque fuera muy remota.

—¡Ey oso bastardo! —gritó Bakugo con la intención de despertar al oso.

El oso se desperezó y se posó sobre sus patas traseras. Era como un oso pardo de su mundo, pero éste que tenía en frente era bastante más grande. Más de 3 metros calculó Bakugo que sería su tamaño.

Bakugo blandió su espada con la mano izquierda. Se dio cuenta que le iba a ser imposible mantener el brazo derecho quieto y que esta pelea le iba a resultar muy dolorosa. Rugió con fuerza el oso y trató de dar un zarpazo a Bakugo, éste lo esquivó con un giro y clavó con fuerza la espada en el abdomen del animal. A pesar de que fue el oso el que había sido de muerte, fue Bakugo el que cayó al suelo sujetándose el hombro tratando de aliviar el dolor que sentía. El oso aún con la espada en su interior, dio unos pasos atrás hasta que se derrumbó en el suelo, muriendo unos segundos después. Bakugo se incorporó del suelo y dio unos pasos hacia el oso.

—Ojalá hubieras sido una jodida serpiente. —dijo Bakugo al cadáver del oso, con algo de tristeza. Luego sacó a la Kubikiribōchō de su abdomen. —Si te sirve de consuelo, mi día también está siendo una mierda.—

Bakugo pudo reponer calorías después de unos minutos haciendo virguerías con su brazo sano para conseguir leña, trocear al oso y encender una pequeña hoguera con una mini explosión. Ahora la siguiente tarea de su lista era encontrar un el río o un lago. Siguió caminado hacia el norte ya que antes o después se toparía con él. Efectivamente, lo divisó y lo primero que hizo fue limpiarse el agujero de su hombro. Sabía que era una solución temporal y que eso no acabaría con la infección, pero al menos la retrasaría algo y también le servía para sentir algo menos de dolor. Por fin tuvo un tiempo para poder reflexionar después de cubrir sus necesidades más apremiantes.

—¿El bastardo del hombre de negro habrá enviado a Icy-Hot aquí y lo tiene el bicho raro? —pensó Bakugo, frunciendo el ceño. —Aunque por las palabras de la serpiente bastarda tiene capturados a más de uno. Quizás también a All Might que estaba con nosotros ese día. Mmmm...o puede que el estúpido de Deku que le encanta entrometerse en todo. ¿Y si fueron Kirishima y Pikachu? Son tan estúpidos que no me extrañaría que se dejaran atrapar... Aunque lo más probable es que el bicho raro haya capturado a gente que no conozco. ¿A algún otro villano que discutió con el hombre de negro?—

Nota Autor: recordad que el hombre de negro es el villano del prólogo que envió a Bakugo a este mundo.

—Me estoy calentando la cabeza. Es inútil que lo averigüe si no tengo más pistas. Pero el único que sé que tiene las respuestas es la serpiente bastarda. Y a saber donde está. Parece que le tiene miedo al viejo (Nota Autor: a Minato) —siguió rumiando Bakugo. —Un momento ... Ese jodido bicho raro dijo que la momia bastarda, el pelopincho y la perra del pelo castaño eran sus estudiantes. Quizá sepan decirme el escondite del bicho raro.—

Después de esa reflexión, se fue corriendo a la torre previendo que ya habían superado el examen porque parecían fuerte. Pero otra vez su hombro le originó un dolor inaguantable.

—Antes debo inmovilizarme el brazo si no quiero desmayarme por el dolor. —susurró Bakugo. Cortó el tejido de su pantalón que tenía por debajo de la rodilla y también parte de su camiseta sin mangas. Luego se hizo un aparatoso y rudimentario vendaje para inmovilizarse el brazo (Nota de Autor: parecido al que tiene Zaku en los combates individuales contra Shino después de que Sasuke le fracturara el brazo), y cubrió con lo que sobraba del tejido el hueco de su hombro para evitar el dolor por el viento—Esto servirá.—

Pero después se le vino a la mente otras palabras de Orochimaru que había olvidado por su deseo de encontrarse con otros de su mundo.

Tu amigo Sasuke-kun me ha impresionado, así que le he dado un regalito de despedida. Impresióname como tu amiguito Sasuke-kun hizo antes.

Es una pena, te tenía como plan B en caso de que Sasuke-kun no lograra sobrevivir al sello. Ahora todo mi plan depende de que tu compañero sobreviva.

—Sasuke ...—dijo en voz alta Bakugo . —Esos bastardos del sonido pueden esperar, tengo que asegurarme que la serpiente bastarda no ha matado a la frentona ni a Sasuke.—

Si seguían vivos debían de estar muy malheridos, así que Bakugo pensó que no podrían estar muy lejos del lugar donde se separaron por la inesperada ventisca, que Bakugo ahora estaba seguro que había sido obra de Orochimaru. Así que dio media vuelta y deshizo el camino andado para llegar al río. Mientras caminaba se dio cuenta que tenía algo de fiebre, la infección avanzaba más rápido de lo que él había previsto. Sin antibióticos y unas curas apropiadas no duraría mucho más.

—Me cago en la puta serpiente bastarda, en la puta pervertida examinadora y en la puta madre del que ideó este puto examen..—pensó Bakugo, algo mareado y apretando los dientes. — Más me vale terminar rápidamente este jodido examen. No me gustaría acabar muerto de una manera tan penosa. —