Todos los personajes y la historia pertenecen a Kohei Horikoshi y Masashi Kishimoto

—¡Au! ¡Eso ha dolido!—dijo Zaku, limpiándose la sangre con la mano que le había salido de la nariz. Se agachó un momento para coger el kunai que había lanzado Bakugo y se acercó a Bakugo con una sonrisa siniestra. —Pero prefiero una nariz rota a esto. —

Por primera vez desde el ataque de Orochimaru, Bakugo sintió dolor en un lugar diferente a su hombro derecho. Se trataba de su estómago que había sido perforado por su propio kunai empuñado por Zaku.

—Uggg. —las venas del cuello de Bakugo se hincharon por el esfuerzo que estaba realizando para no mostrar el dolor que sentía y parecer débil.

—Ya no hablas tanto, tipo duro. —dijo Zaku, girando el kunai haciendo peor la tortura que estaba soportando el rubio.

El rostro de Bakugo estaba completamente rojo por el esfuerzo de aguantar el dolor, que hacía que toda la sangre se le subiera a la cabeza. Pero no hacía falta ser un genio para saber que lo que había hecho Zaku le estaba haciendo mella. Los ojos los tenía cerrados y apretaba los labios con fuerza para concentrarse en ello, en lugar de su estómago.

—¡Aléjate de él, monstruo! —sollozó Ino.

—¡He dicho antes que te callaras! —gritó Kin, dándole con el reverso del kunai en la frente de la rubia

La rubia cayó al suelo, y Kin le pateó el estómago repetidamente. Bakugo, a pesar del dolor, sintió una ira tremenda al ver eso y agarró a Zaku con ambas manos del cuello asfixiándole.

—¡Dile a esa perra que se detenga, o se cancela tu jodido trato!—gritó Bakugo, fuera de sí.

—Kin, ya basta. —dijo Dosu, sorprendido por ver que Bakugo aún conservara tantas fuerzas.

—Está bien. ¡Levanta mocosa! —dijo Kin agarrándola del cabello y levantándola a la fuerza.

Bakugo soltó a Zaku a desgana y éste se puso las manos en el cuello para coger aire.

—Coff, coff. —tosió Zaku. —Jodido niñato ...—dijo Zaku con un hilo de voz. Cuando estaba apunto de volver a apuñalarlo, Dosu lo detuvo con su voz.

—¡Deja de comportarte como un idiota, Zaku! ¡Necesitamos que nos diga la posición de Sasuke! ¡Muerto no nos sirve de nada!—gritó Dosu.

—Tsk. —masculló Zaku. —Ya has oído al jefe, ¿donde está tu compañero?

—Que te follen, pelopincho. —dijo Bakugo tratando de parar la hemorragia del estómago con su mano.

—Respuesta incorrecta. —dijo Zaku. Luego, le dio un puñetazo con todas su fuerzas que le tiró al suelo con una brecha en la ceja.

Entre la fiebre, la sangre que había perdido y el golpe, Bakugo se sentía terriblemente mareado. Pero era en ese preciso momento, cuando se encontraba tan mal, que su cerebro funcionaba a mil por hora. Estaba convencido que Shikamaru no andaría lejos de allí de su mejor amigo Choji. Lo poco que conocía de él era que se trataba de un vago y un muy inteligente genin, capaz de ganarle en el ajedrez. Pero, también sabía, o al menos esperaba, que no era un cobarde. Suponía que estaba trazando un plan para liberar a sus compañeros.

—Solo tengo que ganar el tiempo suficiente para que mister bostezos haga su aparición. Y estar preparado para actuar en ese preciso instante. —pensó Bakugo desde el suelo

Bakugo se levantó del suelo, con un ojo cerrado por la sangre que le caía de la ceja directamente al ojo.

—Probemos otra vez, ¿dónde está Sasuke?.—volvió a preguntar Zaku.

—Lo único malo de que tengas la nariz rota, es que no puedo volvértela a romper. —comentó Bakugo con una sonrisa burlona.

—Jaja. —rió Zaku.— Qué pena, yo en cambio sí que puedo rompértela.—dijo cambiando el rostro a uno muy serio.

Zaku cumplió con lo que dijo y esta vez su puñetazo fue directo a por su nariz. Bakugo no hizo ademán de esquivarlo y volvió a caer al suelo, pero esta vez con la nariz rota.

—Espero que se dé prisa ese vago bastardo. —pensó Bakugo, empezando a perder la fe en su última esperanza.

—¡Me vas a decir de una jodida vez donde está tu compañero! ¡O si no te juro que lo que sientes en el estómago va a ser una caricia comparado con lo que tengo pensado!—amenazó Zaku.

Lo cierto es que solo sintió mucho dolor en la tripa en el momento en que Zaku lo atravesó y giró con el kunai. Ahora su foco de dolor volvía a ser su hombro derecho. Que le dolía a mares.

—Está bien, te lo diré. —susurró Bakugo desde el suelo y costándole horrores levantarse de nuevo. —Estoy muy débil, acércate para que puedas oírme.—

Finalmente, Bakugo consiguió levantarse aunque sus piernas temblaban por el esfuerzo.

—¿Dónde?—preguntó Zaku acercándose. Bakugo se sorbió la nariz y le lanzó un escupitajo con parte de sangre, parte de mucosa y parte de saliva que fue directo a parar a la mejilla de Zaku.

El ninja del sonido se limpió la mejilla y apretó los puños con fuerza. Soltó un puñetazo a su mandíbula que volvió a tirarlo al suelo. Zaku se posó sobre él y le lanzó una serie de puñetazos consecutivos en el rostro.

—¿DÓNDE ESTÁ?—gritó Zaku, sin detener sus puñetazos.

—¡LO VA A MATAR! —sollozó Ino, incapaz de quedarse callada a pesar de las amenazas de Kin.

—¡ZAKU!—gritó Dosu, cabreado por la actitud de su compañero.

El grito de Dosu hizo que se detuviera. Bakugo estaba irreconocible por la sangre y la hinchazón de su cara por los golpes de Zaku. Debido a ello, sus ojos estaban obligatoriamente cerrados. Parecía un luchador de boxeo completamente aniquilado por su oponente. Y a pesar de todo eso, Bakugo seguía sonriendo y seguía sintiendo únicamente dolor en el hombro derecho.

—Les he mandado con tu puta madre para que le hagan compañía. Debe sentirse muy desgraciada y muy sola por tener a una mierda de hijo como tú. —dijo Bakugo desde el suelo, sin saber donde estaba Zaku, ya que tenía los ojos cerrados.

—Probemos con otra cosa. —Zaku lo levantó del suelo, ya que Bakugo se sentía incapaz de levantarse por sí mismo. Pero con tanta mala suerte que le agarró de su lastimado hombro derecho.

—Arg. —Al sentir el agarre, Bakugo no pudo disimular más el dolor que había estado sintiendo todo el día e hizo una mueca que no pasó desapercibido por Zaku.

—Vaya, vaya. —rió Zaku. Apretó de nuevo con su mano el hombro de Bakugo, y el rubio ceniza volvió a emitir un gemido de dolor. —¿Te duele si hago esto?—Zaku repitió la acción pero con más fuerza.

—AAAAHHHH. —gritó Bakugo de dolor a punto de caerle las lágrimas.

—Ya decía yo que me parecía raro que un ninja porte su cinta en un sitio tan raro como el hombro. —comentó Zaku, observando la bandana de la hoja que cubría la herida que le había inflingido Orochimaru. —Veamos que escondes ...—

Zaku quitó la cinta sin tacto alguno, cosa que provocó que Bakugo volviera a sentir una punzada de dolor. La herida había empeorado bastante por tanto movimiento durante la pelea con el trío del sonido. Se le había enrojecido gran parte de la piel de alrededor del agujero que había formado la Kusanagi de Orochimaru. La infección había hecho que se formara tejido muerto y el pus había empezado a secretar provocando un horrible olor.

—Bufffff. Qué puto asco. Esa herida tiene muy mala pinta, mocoso —dijo Zaku, tapándose la nariz. —Aunque es admirable que hayas estado todo este tiempo aguantando sin quejarte. —

—Ja. Ya dije antes que se trataba de un gran actor. Nos ha hecho creer que se encontraba en perfectas condiciones y que no le importaba la vida de esta niñata y del gordito.—dijo riéndose Kin.

—Es hora de dejar de fingir, campeón. Mi compañera Kin tiene conocimientos avanzados de jutsus médicos. Dinos donde está Sasuke y le diré que te ayude. Tienes mi palabra. —dijo Dosu, alzando un brazo. —¿Dónde está?—

—...—Bakugo le quiso dedicar una de sus miradas asesinas, pero tenía la cara tan inflamada por los golpes de Zaku que le era imposible ver nada.

—Mi compañero te ha hecho una pregunta, tipo duro. —dijo Zaku, y acto seguido metió su dedo en el agujero infectado del hombro derecho de Bakugo.

—¡AAAAAHHHHH!—gritó Bakugo, con mezcla de dolor y odio.

Cuando Bakugo pensaba que ya había alcanzado el máximo umbral del dolor, Zaku consiguió demostrarle que se equivocaba. Además, fue el primer momento en la vida de Bakugo en el que deseó realmente la muerte de alguien. La muerte de Zaku Abumi.

—¡Bastaaaaaaa!—gritó Ino.

—¡Cuántas veces tengo que decirte que te calles!—dijo Kin, molesta. Cuando iba a golpearla nuevamente, Dosu la detuvo cogiéndole el brazo.

—Déjala que grite. Si el crío no nos quiere decir donde están, haremos que ellos acudan a nosotros. Cuando la del pelo rosa oiga los gritos de la rubia y de Bakugo, estoy seguro que vendrá a intentar salvarlos. Todos los estúpidos de Konoha quieren jugar a ser héroes. —comentó Dosu.

—Grita para mí, tipo duro. —dijo Zaku con una sonrisa malvada. Esta vez metió la punta del kunai en el agujero raspando pus y tejido muerto.

—¡AAAAAAAHHHHHH!—gritó de nuevo Bakugo, sin poder contener más las lágrimas. Finalmente el dolor había superado a su orgullo.

—Eso, eso. ¡Grita, llora, llama a la zorra de tu amiga! —dijo Zaku ensañándose y retorciendo el kunai.

—¡AAAAAAHHHH!—gritó Bakugo. Cuando se acostumbró a tal tortura, recobró lo que le quedaba de orgullo y le dedicó unas palabras a su torturador. —Te juro que voy a matarte ..., lamentarás el día en que hiciste cabrear a Katsuki Bakugo.—

—¡Mira como tiemblo! —dijo Zaku sarcásticamente y fingiendo que temblaba de miedo. —Jajaja. Se me olvidaba que con ese careto que te he dejado no ves una mierda.—

—¡Por favor, que alguien venga a ayudarnos!—gritó con todas sus fuerzas Ino.

—¡AYUDAAA!—gritó Choji

—Eso, eso. Gritad —dijo Dosu con una sonrisa. Luego acercó su cara a la de su compañera— Kin, quiero que ...—abrió los ojos como platos al sentir que estaba totalmente paralizado. —¿Qué demonios?—

—¿Qué te pasa, Do...?—un cabezazo en la nariz, por parte de Ino, hizo que se callara.

A pesar que Bakugo no veía nada, comprendió por lo que oyó que por fin Shikamaru o alguien había entrado en acción. Debía actuar de inmediato. Zaku se giró y el rubio ceniza, con una fuerza de voluntad sobrehumana, consiguió sobreponerse al dolor y le hizo una llave de jiujutsu de su mundo. La llamada técnica del MataLeón en la que, desde la espalda de Zaku, Bakugo utilizó la doblez del brazo para oprimir su cuello y someterle.

Zaku intentaba escaparse de la llave, pero Bakugo aplicó aún más presión hasta restringir toda la sangre que le llegaba a la cabeza. Después de unos segundos, Zaku perdió la consciencia. El rubio ceniza estuvo tentado de seguir apretando hasta matarlo, pero paró al recordar a All Might y a sus compañeros de clase de la academia U.A. Después tiró el cuerpo inconsciente de Zaku a la tierra.

A Bakugo se le pasó el efecto de la adrenalina, y sintió su propio cuerpo muy pesado. Sus piernas no pudieron aguantar más y cayó de bruces a la tierra. Justo antes de perder la consciencia, solo le venía una cosa a la cabeza.

—¡Debí haber matado a ese hijo de la gran puta! —pensó Bakugo cayendo a los brazos de morfeo.