Todos los personajes y la historia pertenecen a Kohei Horikoshi y Masashi Kishimoto

—Esto ... Yo renuncio.—dijo Kabuto con una sonrisa y los ojos cerrados.

—¡Qué cojones! —pensó Bakugo. Desde el primer instante que vio a Kabuto sospechó de él, pero que le salvara la vida hizo que arrinconara sus sospechas. Ahora otra vez, le volvía la sensación que algo no cuadraba con el eterno repetidor del examen a chunin. —¿Qué escondes, maldito cuatro ojos?—

—Pero ... Kabuto ...—dijo Sakura sin comprender.

—Patético.—pensó Gaara cruzándose de brazos.

—Tú eres ... —dijo Hayate, mirando un cuaderno donde tenía la lista de todos los candidatos.—Cof, cof. Kabuto Yakushi, de Konoha, ¿verdad?—Kabuto asintió.— De acuerdo, adelante, puedes marcharte.—

—Vale.—dijo Kabuto, dándose la vuelta y dirigiéndose hacia la salida.

—Tsk. —masculló Bakugo, mirando a Kabuto con el ceño fruncido.—Ey, frentona. Sujétame a Deku un par de minutos.—

—¿Eh?—dijo Sakura sin comprender.

—Se lo pediría a Sasuke, pero está en la mierda y seguro que vuelve a tirar a Deku al suelo. —se explicó Bakugo.

Sakura la cogió del mango y abrió los ojos como platos al sentir lo pesada que era. Bakugo se fue en la dirección donde se había ido Kabuto.

—¿Cómo puede cargar esto todo el tiempo?—pensó Sakura con asombro.

—¿A dónde vas, Bakugo?—preguntó Sasuke. —No me digas que tú también vas a renunciar.—

—¡Y una mierda voy a renunciar! Necesito tener una charla con el cuatro-ojos.—contestó Bakugo.

Kabuto ya se encontraba en la puerta de la salida cuando una fuerte presión en el hombro le hizo detenerse y voltear la cabeza.

—¿A dónde te crees que vas, cuatro-ojos?—preguntó Bakugo con fiereza. —¿Qué mierdas significa que renuncias? ¿Qué está pasando aquí?—

El resto de candidatos estaban lo suficientemente lejos para no poder oír la conversación de los dos genins de Konoha, lo único que apreciaban eran los gestos de enfado del rubio ceniza.

—Bakugo, lo siento. Tengo el cuerpo demasiado machacado para seguir. El caso es que desde el ataque del trío del sonido en el examen escrito, no oigo nada por la oreja izquierda. ¿Volver a luchar inmediatamente sin un descanso? No puedo hacerlo. No quiero arriesgar mi vida ...—explicó Kabuto.

—¡Me importan tres mierdas tus excusas! —dijo enfadado Bakugo. —¿Cómo mierdas voy a devolverte el favor si ahora abandonas? ¡Quería saldar mi deuda hoy y tú me vienes con estas gilipolleces!—

—Jeje. —dijo con una sonrisa incómoda y una gota en la nuca Kabuto. —Ya te dije que no tienes que preocuparte por eso. Aunque como puede que nos nos volvamos a ver en mucho tiempo, te daré un consejo ... Renuncia al examen.—

—¡Tú también me vienes con eso!—dijo Bakugo, enfadado al recordar la actitud de Sakura hace apenas un minuto. —¡No soy un cobarde como tú!—

—Esto no tiene nada que ver con la cobardía, Bakugo. Voy a ser un ninja especializado en jutsu médicos. No podía quedarme callado sabiendo que si continuas te destruirás a ti mismo. Al menos, si te lo digo me libero de conciencia. Tu cuerpo no se ha recuperado del todo de las heridas de Orochimaru y del veneno. —razonó Kabuto. —Apenas puedes mantenerte en pie. Cualquier médico del mundo te prohibiría luchar.—

—Tsk. —masculló Bakugo. —No me subestimes, cuatro-ojos. Aún no estando al 100% puedo patear el culo a todos esos extras.—dijo señalando al resto de candidatos.

—Ya no es solo que no estés al 100%. Sientes una especie de hormigueo en los antebrazos, ¿a que sí?—preguntó Kabuto.

—¿Qué ...?—dijo Bakugo con un tic nervioso en el ojo y dando un paso atrás. —¿Cómo ...?—

Bakugo estaba confundido y preocupado porque alguien conociera que tenía una rara sensación en los brazos desde que despertó escapando de la muerte por los pelos. No se lo había dicho a nadie.

—Ufff. —dijo Kabuto emitiendo un suspiro. —Ahora el que me subestimas eres tú, Bakugo. Estoy orgulloso de mis habilidades mé obvio que me daría cuenta que tus brazos no aguantarán mucho más si sigues abusando de esas explosiones.—

—¿Qué quieres decir con eso, cuatro-ojos?—preguntó Bakugo, medio preocupado y medio asustado.

—Que si sigues usando tus jutsus explosivos, no faltará mucho para que los puntos de chakra de tus brazos revienten. Y con ello, no podrás mover tus brazos nunca más. Quedarás inválido el resto de tu vida.—le advirtió Kabuto.

—Mientes ...—dijo Bakugo en un susurro, sin poder creerse las palabras del canoso.

Aunque muy en el fondo, sabía que decía la verdad. En este mundo no contaba con sus granaderas y con un cuerpo más adulto para aguantar la presión de las explosiones. Sin embargo, su fuerza explosiva se había incluso incrementado. La suma de estos dos factores hacía que su cerebro considerara como válido lo dicho por Kabuto.

—¿Por qué iba a mentirte, Bakugo?—dijo Kabuto arqueando una ceja. —He renunciado, así que ya no somos rivales. No me beneficia de ningún modo el mentirte.

—...—Bakugo apretó los dientes, no sabiendo que contestar al genin con gafas.

—Me creas o no. Me caes bien y por eso te estoy dando este consejo. Ojalá pudiera sanarte los brazos, pero a pesar que estoy encima del promedio en cuanto a jutsus médicos, no estoy capacitado para que tus brazos vuelvan a la normalidad. —admitió Kabuto. —Bueno, a decir verdad, no creo que nadie pueda hacerlo. Así que lo mejor es que renuncies. Y una vez te recuperes que te entrenes en otro tipo de jutsus que no sean explosivos. —

Bakugo extendió los brazos y los miró con tristeza unos segundos. La tristeza de su mirada le duró pocos segundos, transformándose en una mirada resolutiva y decidida.

—Nadie ha pedido tu opinión, cuatro-ojos. —replicó Bakugo dándose la vuelta.

—¿Es que no has entendido lo que te he dicho, Bakugo?—cuestionó Kabuto, perplejo.

—Por supuesto que sí, no soy un retrasado.—dijo Bakugo.—¿Y qué que no pueda volver a usar los brazos? Prefiero eso a rendirme. Aún tengo muchas cosas que hacer y a muchos tipos a los que explotar—

—¿Antepones tu orgullo a tu salud? No seas un loco insensato, Bakugo. —dijo Kabuto.

—Me lo han quitado todo. Lo único que me queda es mi orgullo.—contestó Bakugo mirando al suelo. Luego volteó la cabeza para observar a Kabuto—No voy a renunciar a él por nada en el mundo.—

—Je.—dijo Kabuto con una sonrisa y poniendo los brazos en jarra. —En el bosque prohibido pensé que habías muerto y me equivoqué. Puede que también me equivoque en esto. Espero que nos volvamos a ver, Bakugo.—dijo despidiéndose con la mano al aire y saliendo por la puerta.

—Jodido cuatro-ojos y sus estúpidos consejos. —murmuró malhumorado Bakugo.

Bakugo regresó con el resto de candidatos con rostro serio.

—Bakugo, ¿de qué has hablado con Kabuto?—preguntó Sakura, devolviéndole a Deku.

—De nada. Solo le he recriminado lo cobarde que es.—mintió Bakugo.

—Cof, cof.—tosió Hayate. —Bien, entonces, ¿alguien más quiere renunciar?—

—Yo también renuncio. —dijo uno de los compañeros de Kabuto, el tipo que no tenía las gafas de sol.

—Ey, ese también es del equipo de Kabuto. —dijo Sakura.

—Mmmm. —Bakugo sabía que algo no cuadraba, pero ahora mismo toda su preocupación estaba en la advertencia de Kabuto. No tenía más espacio en su mente para preocuparse por otras cosas.

—Misumi.—susurró el otro compañero de equipo de Kabuto para que nadie le escuchara. —¿Qué demonios estáis haciendo Kabuto y tú? ¿Habéis olvidado las órdenes de Orochimaru?—

—Nuestra misión ha terminado. Además, aún estás tú. Así que no debería haber ningún problema, Yoroi. —le respondió Misumi.—Para alguien con tu capacidad no debería haberlo. Es la oportunidad para demostrar lo que vales, Yoroi. Después de todo, siempre has querido el puesto de Kabuto, ¿no?—

Misumi imitó a Kabuto y se fue hacia la salida de la sala. Mientras tanto, ya fuera, Kabuto tenía una sonrisa siniestra en el rostro.

—Lo siento, Bakugo, Sasuke. Ojalá pudiera quedarme para jugar un poco más, pero si lo hiciera, mi veijo yo podría revolverse.—pensó Kabuto mientras se colocaba bien sus gafas.—Bakugo ya sospecha algo de mí. Y no sería bueno que me descubrieran, perdería todo mi valor como espía. Sasuke ... Bakugo ... Estoy seguro que nos volveremos a encontrar. Aunque puede que en nuestro próximo encuentro tenga que matarlos. Sería una lástima ... una buena partida requiere de buenos jugadores—