Todos los personajes y la historia pertenecen a Kohei Horikoshi y Masashi Kishimoto
—Dime lo que dijo el cuatro ojos de mi. —dijo Bakugo
—Bueno ... tampoco es que fuera una cosa tan rara. Puede que fuera también el tono que usó cuando lo dijo o el contexto ... —dijo Sakura mesándose la barbilla.
—¡Ve al grano de una vez, frentona!—gritó Bakugo perdiendo la poca paciencia que tenía.
—Cuando te examinó tus heridas, Kabuto susurró que eras uno de ellos—dijo Sakura finalmente.
A Bakugo le entró de repente un dolor agudo en la cabeza al oír las palabras de las pelirrosas. El rubio hizo una mueca de dolor y se llevó la mano a la frente.
—¿Dónde ha escuchado eso antes¿ ¿Qué se me olvida?—pensó Bakugo, con dolor en la sien.
—¡Bakugo! ¿Te encuentras bien?—preguntó Sakura preocupada.
—Estoy perfectamente. —mintió Bakugo, sin saber bien lo que le había ocurrido. —¿Y qué significa que soy uno de ellos?—
—¡Y yo qué voy a saber! Creí que tú sabrías algo.—respondió Sakura, echando un ojo al estado de saludo de Bakugo. Algo no andaba bien con él.
—¡Estuve literalmente muerto a saber cuantos minutos! —replicó molesto Bakugo. —Tengo todo borroso acerca de lo ocurrido en ese bosque de mierda así que no tengo ni idea de a lo que se refiere el cuatro-ojos. Pero lo que sé es que ese cuatro-ojos no es de fiar. Se me escapa algo muy importante ... —se quedó pensativo el rubio.
—Ehhh, te recuerdo que fue Kabuto el que te salvó la vida. —dijo Sakura arqueando una ceja.
—¡Ya lo sé! —dijo Bakugo, enfadado y masajeándose las sienes. —¡No hace falta que me lo repitas!. Suficiente tengo yo estar en deuda con el bastardo ese. Además, tú misma has dicho que es un rarito. No sé porque ahora lo defiendes.—
—Bueno, una cosa es que sea un rarito y otra cosa es que sea un mal tipo que es como lo estás pintando tú. Mira a Lee, por ejemplo.—dijo Sakura observando a Lee, Bakugo la imitó.
—¡Vamos Tenten, tú puedes! ¡Enséñale quién es la mejor!—gritaba entusiasmado Lee moviendo los brazos de manera extraña. Lee al sentirse observado giró la cabeza y vio como le estaban mirando Bakugo y Sakura. —¡La flor de la juventud hará que Tenten derrote a esa de Suna! —levantó el pulgar hacia arriba y mostró sus dientes que brillaban.
—Tsk. —masculló Bakugo con una gota en la nuca. Luego rompió el contacto visual y se fue a dar un paseo por el segundo piso de la sala. —Ese cuatro-ojos esconde algo, estoy seguro. —susurró para sí mismo.
—¿A dónde vas?—preguntó Sakura a su compañero. —¿No vas a ver el combate?—
—Voy a estirar los músculos, pronto será mi combate y no puedo permitirme no estar en las mejores condiciones posibles. —respondió Bakugo metiéndose las manos en los bolsillos.
—Pero te dejas tu espada...—dijo Sakura viendo a Deku en el suelo donde antes estaba Bakugo.
—¡Que le follen a Deku! —contestó Bakugo, se sentía frustrado de ser casi incapaz de sostener su espada por el estado de salud en el que se encontraba.
La verdad es que Bakugo estiró poco y pensó mucho. Uno de ellos. Esa expresión la había escuchado anteriormente en otra ocasión y se moría de rabia por no poder recordar el donde y el cuando. Su instinto le decía que lo que le dijo Sakura era muy importante, y pocas veces su instinto le había fallado. Lo que le fallaba ahora era su memoria.
Llevaba unos minutos dandole vueltas a la cabeza pero nada le venía a la mente. Viendo la inutilidad de su esfuerzo mental, decidió centrarse en el combate de Tenten y Temari que estaba apunto de terminar.
—¡Ninpo Kamaitachi! (espirales guadaña) —gritó Temari con el abanico extendido con tres lunas moradas dibujadas en él.
Un remolino cortante salió del abanico de la rubia mandando a volar a Tenten, ésta sufrió innumerables cortes. Cuando el torbellino se disipó, Tenten cayó al vació inconsciente. Pero Temari, de forma despiadada puso su abanico plegado para que en la caída, la espalda de Tenten impactara contra el duro material del abanaico.
—Tsk.—pensó Bakugo asombrado. —Esta chica parece bastante poderosa y aún así parecía aterrada del tapón sin cejas. Me pregunto cuan fuerte será ese tapón. —desvió la vista a Gaara que observaba a su hermana con los brazos cruzados.
—No ha habido mucho combate. Menudo aburrimiento. —dijo Temari, decepcionada.
—La vencedora del segundo combate, Temari. —anunció Hayate.
Temari sonrió de manera perversa y movió un poco su abanico donde yacía inconsciente Tenten, pero esta acción no quedó desapercibida por Lee que observaba preocupado a su compañera.
—¡Un segundo!—gritó Lee que dio un salto hacia el piso de abajo. Lee, gracias a su velocidad, pudo evitar que Tenten cayera sobre las armas que había arrojado ésta previamente en su combate.
—¡Eh! ¡Qué buena pesca!—dijo Temari con ironía.
—¿Y a ti qué te pasa?—dijo Lee indignado. —¡Puede que Tenten haya perdido, pero esa no es forma de tratar a una oponente que ha dado lo mejor!—
—¡Bah, lárgate! —Temari golpeó el suelo con su abanico. —Y llévate ese saco de basura contigo.—
—¡Grrr!—gruñó Lee.
—¡No, Lee!—gritó Neji viendo las intenciones de su compañero.
—¡Konoha senpu! (ventisca de la hoja) —su técnica de patada giratoria fue fácilmente detenida por Temari. —¿Eh?—
—Ni te has acercado. ¿Sabes qué? Eres tan tonto como pareces. —dijo Temari con una sonrisa perversa.
—¿Qué has di ...?—Lee fue interrumpido por un grito del piso de arriba.
—¡EY COLETITAS! —gritó Bakugo a todo pulmón. —¡EL ÚNICO QUE SE PUEDE METER CON EL CEJUDO SOY YO! ¡Así que haznos un favor a todos y vete a tomar por culo de allí! ¡Quiero acabar con estas mierdas de preliminares cuanto antes! —
—¡Otra vez tú ...! —Temari temblaba de rabia y observaba con odio a Bakugo. —Mocoso insolente ...
—Temari, suficiente. —dijo Gaara con rostro serio pero sin alzar apenas la voz. —El combate ha terminado. Sube de una vez.—
—Gaara ...—susurró Temari asustada. A la rubia no le hacía falta que se lo dijeran dos veces. De un salto se colocó al lado de sus dos hermanos.
—¡Eso es, perra bastarda! ¡Vete con el tapón sin cejas y el otro capullo de la arena y deja de hacer el imbécil de una vez!—exclamó Bakugo. La discusión con Temari le servía de distracción para no sentirse frustrado por no recordar algo que su instinto le decía que era muy importante.
—¿Tapón sin cejas? —susurró confuso Gaara que su atención ahora estaba con Bakugo.
—¡Ese chico está completamente loco! De entre todas las personas del universo, mira que meterse con Gaara. —pensó Kankuro, horrorizado.
—¡Déjame que lo mate, Gaara! —dijo Temari con una vena en la frente de lo cabreada que estaba.
—No. —respondió Gaara cruzándose de brazos. —No sé cuantas veces os lo tengo que repetir para que entendáis que Katsuki Bakugo y Sasuke Uchiha son míos y solo míos.—
Bakugo volvió donde se encontraba Sakura que le esperaba con los puños apretados.
—¡Bakago! ¡Por qué siempre abres esa bocaza tuya en el momento menos indicado! —dijo Sakura elevando el tono.
—¿Por qué te pones de su parte, frentona? —repuso Bakugo sin entender la actitud de la pelirrosa
—¡No me pongo de parte de nadie! ¡Pero no puedes insultar a todo el mundo, Bakago!—dijo Sakura.
—Mira quien fue a hablar, tú eres la que siempre me llama Bakago. —dijo Bakugo.
—¡Porque me sacas de quicio!—se defendió Sakura
—¡Pues esos bastardos de la arena me sacan de quicio! —replicó Bakugo, mirando con atención al trío de la arena desde la distancia.
—¡Aahhh! ¡Eres incorregible! —exclamó molesta Sakura.
La discusión acabó con la aparición de Kakashi en una bola de humo.
—Kakashi-sensei ...—dijo Sakura.
—Al fin apareces, tuerto. —dijo Bakugo frunciendo el ceño.
—Hola, chicos. —saludó Kakashi con la mano alzada.
—¿Cómo que hola? ¿Es todo lo que tienes que decir?—dijo indignada Sakura. —¿Cómo se encuentra Sasuke?—
—Está bien, durmiendo profundamente en el hospital. —respondió Kakashi.
Los dos alumnos del jonin se sintieron aliviados. Lo que no les dijo Kakashi era que estaba escoltado por un escuadrón ANBU por si Orochimaru volvía a atacar a Sasuke.
—Cof, cof, cof. —tosió Hayate. —Por favor, ahora estad atentos a la pantalla.—De la pantalla salieron los nombres de Kankuro y Choji Akimichi. —Los aspirantes Kankuro y Choji Akimichi, bajad para que empiece el tercer combate.—
—¡ME CAGO EN LA PUTA! ¡ESTO ES UNA MIERDA! ¿CUÁNDO VOY A LUCHAR YO?—gritó Bakugo con ganas de matar al que estaba haciendo el sorteo.
