Todos los personajes y la historia pertenecen a Kohei Horikoshi y Masashi Kishimoto
Después de la derrota de Choji frente a Kankuro, la pantalla de la sala volvió a iluminarse para anunciar quienes iban a pelear en la cuarta pelea.
—Bakugo, presta atención que van a mostrar quienes les ha tocado luchar en el siguiente combate. —le dijo Sakura a su compañero después de separarlo de la enésima pelea verbal con Kiba.
—Tsk. —masculló Bakugo que aún miraba de reojo al grupo de Kiba, Hinata y Naruto. —Con la mierda de suerte que tengo, seguro que me toca el último. Y no solo eso, me tocará enfrentarme contra Bostezos (N/A: Shikamaru) que abandonará porque le parecerá una lata. —lo último lo dijo imitando el tono de voz de Shikamaru.
—¿Y qué tiene de malo pasar a la siguiente fase por abandono del rival? A ti te vendría bien, no te has recuperado del todo de tus heridas. Aún estás hecho un asco.—replicó Sakura.
—¡No soy yo el que se ha tenido que cortar el cabello para sobrevivir, frentona!—contestó Bakugo ofendido. —¡Estoy perfectamente bien!—mintió pero con un tono de seguridad que parecía que decía la verdad.
—Sí, claro. Perfectamente bien ...—dijo irónicamente Sakura rodando los ojos. —¿Y por qué has dejado tu espada en el suelo todo este tiempo?—le inquirió acusadoramente.
—Tsk. —volvió a mascullar el rubio incapaz de inventarse una excusa creíble. —Calla la boca, que quiero ver quien va a pelear ahora. —desvió la atención el rubio cambiando de conversación.
Sakura suspiró con resignación, pero imitó a Bakugo mirando el panel. Los nervios iban aumentando en el cuerpo de la pelirrosa. Cuando la pantalla mostró los nombres de Katsuki Bakugo y Kiba Inuzuka sintió alivio y preocupación a la vez. Alivio por no ser ella la que le tocaba luchar ahora, y preocupación por su compañero de equipo.
Ella, a diferencia del rubio, esperaba que Bakugo fuera el último en luchar para que así pudiera recuperar algo de energía. Sasuke había ganado por los pelos y casi le da un infarto. Temía que Bakugo tampoco lo iba a tener fácil y menos aún en su estado actual.
—¡Joder, por fin algo de suerte después de tanta mierda seguida que me ha tocado pasar! —gritó Bakugo con una sonrisa de oreja a oreja.
Todos en la sala oyeron los gritos de celebración de Bakugo, incluyendo su rival, Kiba Inuzuka que estaba con sus compañeros del equipo 8
—¿Suerte?—dijo Kiba también con una sonrisa.—¡Suerte la nuestra, que nos ha tocado el rival más fácil! ¿Verdad, Akamaru?—
—¡Guau!—ladró Akamaru asintiendo a las palabras de Kiba.
—¿Bakugo-kun y Kiba-kun van a pelear?—pensó Hinata con tristeza. —No sé a quien debo apoyar... Kiba-kun es mi compañero, pero Bakugo -kun ... —la genin se llevó las manos a la cara escondiendo su ardor en las mejillas.
—No te confíes, Kiba. —dijo Kurenai, seria y posando su mano en el hombro de su alumno.
—Ja. —sonrió Kiba con soberbia. —No tienes nada de que preocuparte, sensei. Incluso los niños de la academia podrían derrotar a ese fanfarrón. A Akamaru y a mí nos ha tocado la lotería.—
—¡Kiba!—le llamó la atención Naruto. —Kurenia-sensei tiene razón. Sería un error que subestimaras a Bakugo. —volteó su cabeza para analizar a Bakugo que realizaba estiramientos mientras se dirigía a las escaleras. Luego miró al Yondaime Hokage de reojo. —Mi padre habla muy bien de él.—
—¡No me explico cómo os tiene tan engañados a todos! —expresó su indignación Kiba por las alabanzas que escuchaba sobre Bakugo. —¡Pero si es un inútil! Pero este engaño ya ha llegado demasiado lejos. Demostraré que ese inútil nunca debió graduarse de la academia. —dijo con convicción en los ojos. —¡Vamos Akamaru!—
—¡Guau, guau!—el perro se posó en la cabeza de su dueño.
De un salto, aterrizó Kiba en la planta de abajo.
—¡Baja ya de una vez, rubito!—gritó Kiba desde abajo a la zona donde se encontraba Bakugo.
—Diosssss, que ganas tengo de partirle la cara a ese maldito cara-perro ...—pensó Bakugo, con una vena hinchada en la frente.
Los pensamientos del rubio ceniza fueron interrumpidos al sentir con su mano el tacto de otra persona.
—¿Eh?—Bakugo volteó la cabeza para ver quien le estaba tocando la mano. Era Ino que tenía el rostro compungido. —¿Qué quieres, friki de las flores?—
—Yo ... Esto ... Ehh.—Ino no sabía muy bien qué decirle.
—Si no vas a decir nada, al menos suéltame la mano.—dijo Bakugo, molesto desviando la mirada hacia su mano.
—¿Eh?—a Ino le pilló desconcertada. Su rostro se volvió como los ojos del rubio ceniza (rojo carmesí) al comprobar que le estaba agarrando de la mano. Inmediatamente, soltó la mano de Bakugo. —¡Ha sido un accidente!—
—Estás roja como un tomate, Ino. —dijo Sakura con aire divertido.
—¡Cállate, frentona! ¡No estaba hablando contigo!—gritó Ino a su vieja amiga.
—¡Al menos no tengo cara de cerda, Ino-cerda!—contraatacó Sakura.
La discusión entre ellas continuó con ataques verbales. Bakugo rodó los ojos y se escabulló de allí rumbo a las escaleras. Ino, al ver que Bakugo se marchaba, recordó el motivo del porque estaba allí y dejó de discutir con Sakura para acercarse al rubio ceniza.
—¡Espera, Bakugo!—le llamó la atención Ino.
—Tengo un combate ahora mismo con el cara-perro así que deja de ...—
—Solo ten cuidado, por favor. —le interrumpió Ino con mirada suplicante.
Bakugo se quedó callado unos segundos y luego mostró sus dientes en una sonrisa.
—Mejor preocúpate por el cara-perro. Hoy va a hacer una visita turística al hospital. —dijo Bakugo manteniendo su sonrisa arrogante.
Bakugo bajó por las escaleras pero se detuvo al ver a Kakashi en medio de su camino, que se había teletransportado en una pantalla de humo.
—Aparta, cíclope. —dijo Bakugo de malos modos. No le gustaba la gente impuntual y por culpa de todas estas interrupciones, era él el que se había convertido en el impuntual.
—¿Qué clase de sensei sería si no doy a mi alumno consejos antes de su combate?—dijo Kakashi.
—¿Cuántas veces tendré que decir que no necesito la ayuda de nadie?—
—Como quieras. —suspiró Kakashi al ver que el orgullo de su pupilo no había decrecido en lo más mínimo desde que lo conoció. —Entonces te daré un aviso. Si veo que las cosas se ponen mal, detendré el combate.—
—No puedes hacer eso ... —Bakugo frunció el ceño, enfadado.
—Claro que puedo hacerlo. —replicó Kakashi, serio. —Es más, solo Hayate y los senseis de los combatientes tienen esa potestad. No conozco muy bien a Hayate. Así que no sé hasta que punto permitirá que continue el combate. Pero ten por seguro que a mí no me temblará la mano para pedir que finalice la pelea.—
—...—Bakugo tenía un tic en el ojo por la furia que estaba experimentando hacia su sensei.
—Así que te recomiendo que acabes el combate cuanto antes mejor. —Kakashi sacó su Icha-Icha Paradise del bolsillo y subió por las escaleras mientras leía el libro. —Que tengas suerte, Bakugo.—dijo sin girarse.
—Puto cíclope ...—pensó Bakugo irritado. —Pero el bastardo tiene razón en algo, tengo que acabar el combate cuanto antes. —
—¡Ey, tuerto!—Bakugo le llamó la atención antes que volviera al piso de arriba. Kakashi se giró, interesado por lo que tenía que decir su alumno. —¡Ten!—el rubio ceniza le lanzó a Deku al aire y Kakashi cogió la espada al vuelo con dificultad.
—¿Por qué me das esto, Bakugo?—preguntó Kakashi, confundido.
—Acabaré antes con el cara-perro si no tengo que cargar con Deku. Ya me lo devolverás cuando acabe con él. —le explicó Bakugo.
—...—Kakashi le miró a fondo. —Debe estar peor de sus heridas de lo que imaginé. No iba en serio lo de parar el combate. Solo quería motivarle con mis palabras, pero puede que al final sí que tenga que detener la pelea.
Bakugo se colocó en la posición que le indicó Hayate y miró a Kiba que sonreía confíado.
—¡Ya era hora! Akamaru y yo nos estábamos impacientando. Creíamos que abandonarías.—dijo Kiba, a la vez que el perro se bajaba de su dueño colocándose a su derecha.
—¿Por qué clase de extra me has tomado? Yo nunca abandono. —comentó Bakugo haciendo los últimos estiramientos.
—Nunca digas nunca, Bakugo. —dijo Kiba, seguro de sí mismo.
Desde las gradas de arriba, crecía la expectación
—¡Mucha suerte, Bakugo-kun!—gritó Lee haciendo gestos desde el piso de arriba.
—¡Yo no necesito de eso! ¡La suerte es la excusa que usan los perdedores! —gritó Bakugo a las gradas, molesto.
—JA.—rió Kiba.—¿No te escuchas cuando hablas? ¡Si tú eres el máximo perdedor que hay aquí!—
—¿Y en que te convertirá a ti cuando pierdas contra este perdedor, cara-perro?—Bakugo se puso en posición de ataque esperando la señal de Hayate.
—Grrrr. —gruñó Kiba. Luego se fijó en que Bakugo no llevaba a Deku consigo. —Por cierto, ¿dónde está tu espada?—
—Se la he dejado al tuerto. Sería demasiado fácil acabar contigo con ella. —mintió Bakugo, que no podía reconocer ante su rival la flaqueza actual de sus fuerzas.
—¿Pero tú quien te has creído que eres, inútil? —Kiba estaba empezando perder la paciencia. —¡Tú no tienes derecho a subestimarme! ¡Soy yo el que está muy por encima de ti, y no al revés! ¡Y te lo demostraré! ¡Akamaru, quédate al margen! Yo me valgo para derrotar a este imbécil.—
En circunstancias normales, esto le cabrearía muchísimo a Bakugo. Odiaba ganar sin que el rival lo diera todo. Pero más odiaba perder. Y en este mundo ya había perdido más que suficiente contra Itachi, Kakashi y Orochimaru. Si volvía a perder otra vez, su mente no lo podría tolerar. Además, estaba el hecho que el rubio consideraba a Kiba un extra. Eso incrementaría la humillación de perder.
—No me vengas a llorar que no usaste al chucho cuando te mande al hospital, cara de perro. —le advirtió Bakugo a Kiba.
—Hoy haré que te arrepientas del día en que decidiste ser un ninja, Bakugo.—Kiba se puso a cuatro patas, en su pose de ataque de bestia salvaje.
—Kiba está en mi equipo ... —pensó Hinata, con los nervios a flor de piel.—Debería apoyarle a él. Pero yo a quien quiero apoyar en realidad es a Bakugo.—
—Ahora, el cuarto combate ...cof, cof, cof. —tosió Hayate. —Kiba Inuzuka y Katsuki Bakugo. ¡COMENZAD!—
