Todos los personajes y la historia pertenecen a Kohei Horikoshi y Masashi Kishimoto
Bakugo salió del despacho del Hokage y, aunque ya era de noche, no fue directo a su casa. Fue de nuevo al hospital.
Cuando llegó a la recepción, Bakugo preguntó a la recepcionista por la habitación de Lee. Le indicaron que estaba en el segundo piso. Mientras subía por las escaleras, recordó que Hinata estaba en el primer piso y decidió echarle un pequeño vistazo por si había mejorado algo.
Ahí estaba Hinata que seguía dormida, y también Kurenai que no se había despegado de su alumna. La jonin volteó la cabeza al oír los pasos del rubio ceniza.
—¿Has venido a gritarme de nuevo? Porque si es eso, ya puedes marcharte. Mañana puedes desahogarte conmigo lo que quieras, pero estamos en un hospital y no voy a permitir que arruines el descanso de Hinata.—
—Tsk.—masculló Bakugo con las manos en los bolsillos. —¿Tan mala impresión tienes de mí, mujer? —Bakugo siguió hablando no dejando contestar a Kurenai. —No hace falta que que respondas. Supongo que fui algo duro contigo.—
—¿Cómo dices?—dijo Kurenai, alzando las cejas. —¿Quién eres y qué has hecho con Bakugo?—
—...—Bakugo no le respondió y se sentó en una silla libre de la habitación. El rubio hizo una mueca de dolor al comprobar que Hinata se removía y aparecía gran cantidad de sudor en su frente. —¿La ojos raros ha mejorado algo desde que me fui, mujer?—
—No.—contestó Kurenai con un suspiro, secando el sudor de Hinata con un paño húmedo. —Las heridas internas que tiene son muy graves. Los médicos no esperan una pronta recuperación.—
—La última vez que nos vimos, dijiste que confiabas en lo que te dijo Namikaze que traería a una ninja médica que la sanaría. ¿Tan buena es esa kunoichi?—cuestionó Bakugo, ni siquiera estaba seguro que Recovery Girl pudiera sanar a Hinata al 100%.
—No la conozco. Pero conozco al Yondaime, no es de las personas que da falsas esperanzas. Si dice que está seguro que con su ayuda se recuperará, eso significa que se recuperará.—dijo Kurenai convencida. Ambos ninjas se quedaron callados unos minutos, finalmente Kurenai rompió el silencio. —Tenías razón.—
—¿Eh?—Bakugo arqueó una ceja no sabiendo por donde iba Kurenai.
—Yo tengo la culpa de que esté así. Yo ... Debí haber parado el combate. —dijo Kurenai con la voz quebrada y apunto de romper a llorar.
—La secretaria del Yondaime me mostró el combate de tu alumna y del bastardo de su primo. La que tenías razón eras tú. La ojos raros nunca te lo hubiera perdonado y la hubieras causado un mayor mal. Fue un gran combate.—
—Si viste el combate también viste que Hinata no está muerta por la intervención de Kakashi y Guy. —dijo Kurenai, con dificultad para expresarse. —Yo me quedé parada sin hacer nada. Soy la peor sensei del mundo. No merezco tenerla de discípula.—
—Mmmm. —Bakugo se rascó la nuca, incómodo. No se le daban bien estas situaciones. — Al menos no eres impuntual como el capullo de mi sensei. Además, si ese bastardo retorcido de Namikaze ha confiado su hijo a tu cuidado, es que ha visto algo especial en ti. La Hinata que conocí en la academia no se parece en nada a la que he visto pelear contra ese bastardo ruin. Ese cambio es en parte por ti, tan mala sensei no puedes ser.—
—Bakugo ...—Kurenai abrió los ojos como platos, la última persona que esperaba que la animara era Katsuki Bakugo. —Yo ... no sé que decir.—
—Yo sí. Me marcho que aún tengo mierdas que hacer —Bakugo se levantó y abrió la puerta de la habitación. Antes de marcharse, volteó la cabeza. —Ah, una última cosa. No importa si la culpa de que la ojos raros esté tan mal es tuya, de Neji, mía, del examinador o de su puta familia de mierda. Lo importante es que voy a arreglar esta mierda. Traeré a esa médico milagrosa. —
—Bakugo ...—finalmente Kurenai no pudo más y lloró. —Gracias.—
—Yo no hago nada gratis. Me han dicho que eres experta en genjutsus. Ya me cobraré el favor cuando regrese. —Bakugo se marchó sin decir nada más y fue directo al segundo piso donde se encontraba Lee.
La puerta estaba abierta y se fijó en una sombra de una figura sentada en el suelo. Lee al igual que Hinata estaba acompañado, supuso que también sería su sensei, Might Guy, que fue a acudir al hospital después de la discusión con el Yondaime. Cuando entró vio a Lee que dormía placidamente en su cama, pero lo que le sorprendió fue que el acompañante no era Guy, sino su compañera, Sakura.
Se había quedado dormida sentada en una silla y se le caía un poco la baba. La pelirrosa estaba temblando por el frío y se cubría con sus propias manos.
—Je. —sonrió Bakugo con ternura. —Parece mentira que con la frente tan grande que tienes, seas tan idiota.—
Fue al armario en busca de algo para abrigar a su compañera y por suerte encontró unas mantas. Cuando fue a arropar a su compañera, ésta hablaba en sueños.
—Sasuke-kun ...Lee-kun ... Os protegeré ...—murmuró Sakura, dejando de temblar al sentir la calidez de las mantas.
—Lo hiciste frentona.—susurró Bakugo, divertido por ver que su compañera hablara mientras dormía. Le apartó un mechón rosa que le caía en el ojo. —Los protegiste.—
Bakugo que había estado calmado viendo a Lee y a Sakura, se tensó de inmediato al sentir en su espalda una presencia que reconocía muy bien. Se llevó una mano en la empuñadura de su espada.
—¿Has venido a rematar el trabajo, tapón sin cejas?—preguntó Bakugo, apretando los dientes y preparado para pelear ahí mismo en el hospital para impedir que Gaara matara a Lee.
—Katsuki Bakugo ... No deberías estar aquí.—replicó Gaara con los ojos inyectados en sangre.
