Todos los personajes y la historia pertenecen a Kohei Horikoshi y Masashi Kishimoto

Bakugo que había estado calmado viendo a Lee y a Sakura, se tensó de inmediato al sentir en su espalda una presencia que reconocía muy bien. Se llevó una mano en la empuñadura de su espada.

—¿Has venido a rematar el trabajo, tapón sin cejas?—preguntó Bakugo, apretando los dientes y preparado para pelear ahí mismo en el hospital para impedir que Gaara matara a Lee.

—Katsuki Bakugo ... No deberías estar aquí.—replicó Gaara con los ojos inyectados en sangre.

—Eso mismo es lo que iba a decir, Gaara. —dijo Bakugo apuntándole con Deku en el cuello del genin de Suna.

—Así que recuerdas mi nombre, Katsuki Bakugo. —comentó Gaara que no se inmutó por tener el filo de Deku rozándole la piel.

—Recuerdo muchas cosas, como que ganaste el combate contra el cejudo. No pintas nada aquí, enano psicópata. —dijo Bakugo en tono amenazante.

—Ganar ... perder... Eso da igual. Voy a matarlo porque me molesta que siga vivo.—anunció Gaara.

—Me estás empezando a cabrear, tapón. Lárgate a tu puta villa de una jodida vez si no quieres que te destroce aquí mismo.—ordenó Bakugo en tono amenazante.

—Quería matarte en 3 semanas el día del examen. Pero si te entrometes, adelantaré tu ejecución, Katsuki Bakugo.—

—Te diré una cosa, aunque parezca siempre alterado, todavía no me has visto cabreado de verdad. Si no quieres que libere a la bestia que llevo en mi interior, desaparece de mi vista, enano de mierda.—dijo Bakugo con una mirada feroz que haría retroceder a casi cualquier mortal, pero Gaara seguía igual de calmado.

—Con qué bestia, ¿eh?—replicó Gaara cerrando los ojos.—Yo soy peor que una bestia, soy un monstruo.—

—¿Qué coño es esto? ¿Un concurso de haber quién la tiene más grande?—dijo retóricamente Bakugo. —Aquí nadie es un jodido monstruo, solo eres un puto niñato malcriado que lo único que te hace especial es esa mierda de arena que te rodea. Pero sigues siendo un niñato de mierda.—

—Dime Katsuki Bakugo. ¿Entonces como llamarías a alguien que arrebata la vida de su madre al nacer y que gracias a eso se convirtió en el ninja más poderoso de Suna? —preguntño Gaara.—Soy un monstruo desde que nací—

Bakugo se quedó un instante perplejo por la revelación del genin de Suna, pero se recompuso.

—Y tú, Gaara, ¿cómo llamarías a alguien que lo ha perdido todo pero que se ha jurado no perder a nadie ni a nada más?—contraatacó Bakugo. —Yo responderé por ti, un tipo al que no deberías tener de enemigo. Última advertencia, enano psicópata. Desaparece y vuelve con lo que te quede de familia—

—¿Familia? Déjame decirte que tipo de relación tengo con ellos. Solo son trozos de carne unidos por el odio e intentos de asesinato. Robé la vida de mi madre y fui creado para convertirme en la obra maestra de la villa. Y como hijo del Kazekage, mi padre me enseñó los secretos de los jutsus. Crecí después de haber sido sobreprotegido, mimado y maleducado. Pensé que eso era amor. —el tatuaje con la palabra amor de la frente de Gaara parecía agrandarse a medida que hablaba.—Hasta que ocurrió ese incidente.—

—Siento decirte que no eres el único con dramas familiares. Conozco a un tipo muy molesto al que su padre abusaba de su madre y ésta lo pagaba con él, incluso le quemó la cara. Y aunque ese bastardo es un arrogante y presuntuoso que me saca de quicio, no va matando a los tipos que le molestan como tú.—le explicó Bakugo. —¿Qué es eso tan grave que hizo que te convirtieras en un psicópata? ¿Tu papi te quitó tu osito de peluche?—dijo imitando una voz cursi.

—Je.—los ojos de Gaara volvieron a expresar su instinto asesino del principio de la conversación. —¡El día de mi sexto cumpleaños fue el primer día en el que mi padre ha intentado asesinarme! ¡Lleva 6 años intentando acabar con mi vida! —Bakugo dio un paso atrás ante la respuesta de Gaara.—Un ser que es demasiado fuerte se convierte en una encarnación del miedo. Mi padre me creó, y al darse cuenta de su error, trató de acabar conmigo sin éxito. Para mi villa, soy una reliquia del pasado de la que se quieren librar. Así que, ¿para qué existo y por qué sigo viviendo? Me lo he preguntado desde entonces, pero no pude encontrar una respuesta. Necesito una razón mientras todavía estoy vivo, o será lo mismo para mí el estar muerto. Pero legué a una conclusión matando a los asesinos que me perseguían. Fui capaz de reconocer mi razón de vivir.. Existo para matar a todos los demás seres humanos. Al fin encuentro alivio en el miedo de ser asesinado en cualquier momento. Vivo luchando solo por mí mismo y amándome solo a mí mismo. Mientras haya gente en este mundo a la que matar para hacerme experimentar el placer de vivir ... mi existencia permanecerá—

Se quedaron mirándose y analizándose varios segundos.

—Me gustabas más cuando no decías una palabra, así no tendría que escuchar tus gilipolleces de existencialismo. Si dices que te sientes vivo al matar, entonces mata a tu puto padre que parece un malnacido.—

—Aún no puedo. Me he criado como ninja de Suna, así que no puedo matar al Kazekage, no sería ético. En muy poco tiempo me proclamaré Kazekage y lo mataré, pero mientras tanto ...—extendió el brazo acercando arena a donde estaba Lee.

Bakugo no se lo pensó dos veces y realizó una explosión concentrada con su mano libre, la onda expansiva hizo que Gaara chocara contra la pared. La sangre le hervía al genin de Suna. Se relamía con los labios. Desde hacía muchísimo tiempo que el pelirrojo no deseaba algo tanto como lo que deseaba ahora el matar al rubio ceniza. A duras penas aguantaba para no abalanzarse sobre el rubio.

—Así que como no puede matar a tu padre, intentas matar a alguien inconsciente que no puede defenderse. Estás más jodido de lo que pensaba.—dijo Bakugo con desprecio.

—Él ya ha perdido su razón de vivir.—dijo Gaara que no había recibido ningún daño, y se puso en posición de combate.

—¿Y eso lo decides tú, tapón bastardo? Ja. Para ser un enano tiene el ego muy subidito.—replicó Bakugo.—Antes has dicho que ibas a acabar conmigo. ¿Cómo demonios lo ibas ahacer si ni siquiera creo que puedas derrotar a Sasuke?—

—¿Cómo dices?—cuestionó Gaara, frunciendo el ceño.

—Mientras tú estás aquí perdiendo el tiempo, Sasuke está entrenando sin descanso con el cíclope. Puede que tú seas un monstruo, pero él es un Uchiha. Me he enfrentado a uno de ellos y créeme que no eres nada en comparación de ese tipo.—respondió Bakugo. —No quiero destrozar este sitio, pero si no me queda más remedio, te destruiré tanto a ti como a este jodido hospital. Pero no les pondrás un dedo encima ni a Lee ni a Sakura.—

—...—Gaara se quedó en shock unos segundos y se llevó las mano a la cabeza, adolorida como si de una jaqueca se tratara. —Katsuki Bakugo ...¿por qué los proteges? Creía que eras como yo. Sin nadie que te importe y sin nadie al que le importes.—

—Hace mucho tiempo, quizás te hubiera dado algo la razón. Nunca fui un puto psicópata, pero me gustaba estar solo y creía que los demás eran un incordio. Incluso consideraba a mis padres unos extras. Me temían. Pero un tipo con el pelo aún más pelirrojo que el tuyo no me dejaba en paz ni por un momento. Supongo que tenerlo todo el día como una lapa hizo que se me pegara algo de su carácter. —dijo Bakugo y una sonrisa se le dibujó en el rostro. —Je, nunca había dicho eso a nadie antes. Es curioso que seas tú el primero al que digo lo que llevo guardando todos estos años. Seguro que ha sido por las cursilerías que me ha dicho antes el puto Namikaze—

—No me has contestado a mi pregunta, Katsuki Bakugo.—dijo Gaara aún con la cabeza adolorida.

—Porque son parte de mi vida y me necesitan. Y en estos momentos, también les necesito a ellos. —Bakugo, volteó la cabeza para observar los rostros dormidos de Sakura y Lee. —Básicamente, porque me importan.—

El dolor en la cabeza de Gaara se intensificó y se retiró a paso lento.

—¿Tengo que preocuparme porque se te ocurra volver, Gaara?—preguntó Bakugo, antes que se marchara el pelirrojo.

—No ... No sería correcto que ninguno de esos fueran mis próximas víctimas. —la mirada desquiciada volvió en el rostro de Gaara.—¡TÚ ! Tienes que ser tú, Katsuki Bakugo, y solo tú, mi próxima víctima. Tu sangre será la más deliciosa que haya probado. No se te ocurra perder contra mi hermana o contra ese Hyuga. Debo ser yo el que te derrote y el que te mate en la final.—

Gaara salió del campo visual de Bakugo, y éste emitió un suspiro de alivio de que se marchara el pelirrojo. Pelear en un hospital nunca ha sido una de las metas en la vida de Bakugo.

—Mmm. Sasuke deberá andarse con ojo con ese psicópata. Pero si el tuerto lo está supervisando, estoy seguro que ambos idearán una estrategia para derrotar al tapón sin cejas.—pensó Bakugo guardando a Deku en su espalda. —Un momento ... ¿ese tapón ha dicho que no pierda contra su hermana? ¿La perra del abanico y Gaara son hermanos? Eso quiere decir que el bastardo de la cara pintada seguramente también su hermano. Su madre muerta, su padre lo quiere matar, sus hermanos son unos locos ...Vaya familia, cuando vuelva a ver a Icy-Hot le diré que ha tenido mucha suerte con la suya.—

Mientras tanto, Sakura abrió los ojos somnolienta. La mini explosión y la discusión de los dos genin hizo que se despertara de su sueño. Aún no del todo consciente, se percató que se había quedado dormida en el hospital. Dio un vistazo a la ventana, era de noche.

—¡SHANAROOO! ¡Mis padres me van a matar!—pensó la yo interna de Sakura horrorizada. Luego se fijó que una manta la abrigaba del frío. —Qué extraño, no recuerdo haber cogido una manta.—

Por primera vez, Sakura se dio cuenta que en la habitación no estaban solo Lee y ella. Una figura le daba la espalda. Reconoció la espada de Bakugo al instante.

—¿Bakugo ...?—preguntó Sakura, dubitativa.

—¿Eh?—Bakugo se giró. El rostro de Sakura era un poema. —Al fin despiertas, vaya siestecita te has pegado, frentona.—

Los ojos de la pelirrosa se humedecieron y rompió a llorar.

—¡BAKUGOOOO!—gritó de alegría la pelirrosa, levantándose como un resorte de la silla y abrazando con fuerza al rubio.

Bakugo estuvo a punto de reprocharle a su compañera que fuera tan cariñosa. Pero se lo pensó mejor, ella necesitaba eso. Y aunque le costara admitirlo, no le desagradaba del todo al rubio esa muestra de afecto.