Todos los personajes y la historia pertenecen a Kohei Horikoshi y Masashi Kishimoto
Al día siguiente, Bakugo esperaba impaciente, en el Ichiraku, la llegada de Jiraiya.
—Ese cabrón llega tarde ...—maldijo Bakugo, que estaba tamborileando los dedos de su mano izquierda en la mesa producto de su impaciencia.
—¿A qué hora habías quedado con ese ninja, Bakugo?—preguntó Teuchi, mientras fregaba unas tazas.
—A ninguna. ¡Pero ya es pasado mediodía! ¡Cuánto tiempo me va a estar esperando aquí! Tsk. —masculló molesto.— Ni siquiera lo he visto y ya me cae peor que el cíclope.—
—Jaja. —rió divertido Teuchi.— Pero Bakugo mira el lado positivo, gracias a eso hemos podido charlar tranquilamente antes de que te vayas a entrenar.—
—Puff...—suspiró resignado Bakugo. —Pues vaya consuelo de mierda. A diferencia de ti, viejo. Tengo que mil cosas por hacer y no me puedo permitir estar aquí sin hacer nada.—
—Vamos, vamos. No te pongas así. Te prepararé mi nueva invención culinaria y seguro que te animas un poco.—dijo Teuchi que ya había acabado de fregar.
—Mmmm. ¿Lleva picante?—preguntó Bakugo arqueando una ceja.
—Por supuesto. —respondió Teuchi con una gran sonrisa.
—Je. —Bakugo mostró sus dientes. —Pues adelante, viejo.—
Pero cuando estaba por empezar, se detuvo al ver a su hija entrar en traje de baño y una toalla cubriéndole parte de su desnudez.
—¿Hija ...?—dijo Teuchi no sabiendo que decir.
—¡Papá no te vas a ...! —empezó a quejarse Ayame. Pero al darse cuenta de la presencia de Bakugo, se puso toda colorada y se tapó lo máximo que pudo con sus brazos. —¡KYAAAAAAAA! ¡¿QUÉ HACES AQUÍ, BAKUGO?!—
—¿Cómo qué que hago aquí? ¡¿Qué haces tú aquí vestida así?!—contraatacó Bakugo señalándola con el índice.
—¡PERO NO ME MIRES Y GÍRATE!—ordenó Ayame, a punto de explotar por la vergüenza.
—Pero ...—se quejó Bakugo.
—¡QUE TE GIRES DE UNA VEZ!—volvió a ordenar con una mirada feroz que rivalizaría con la de Bakugo.
—Vale, vale. Pufff. Hoy estás más rara de lo habitual. —dijo Bakugo volteándose y dándole la espalda a Teuchi y Ayame.
—Uff. —emitió un suspiro de alivio Ayame mientras iba a la trastienda a buscar algo para ponerse encima.
—¿Y bien? ¿Cuanto tiempo voy a tener que estar aquí parado mirando a extras caminar?—preguntó Bakugo con expresión de aburrimiento.
—¡PUES HASTA QUE ESTÉ PRESENTABLE! —gritó Ayame desde la trastienda. —¡DEJA DE QUEJARTE, BEBÉ LLORÓN!—
—Encima la culpa será mía ...—susurró Bakugo, molesto.
Un minuto después, Ayame ya estaba vestida con el uniforme del trabajo.
—Ya puedes mirar, Bakugo.—comentó Ayame, algo avergonzada por su actitud infantil de hace un rato.
Bakugo se dio la vuelta de nuevo y observó como Ayame miraba al suelo de la tienda.
—¿Y ahora qué te pasa, mujer?—preguntó Bakugo.
—Yo ... Lo siento ... No debí gritarte ...—respondió Ayame.
—Bah, olvidado. —comentó Bakugo restándole importancia. —Tus gritos comparados con los de cierta frentona pelirrosa son como un susurro. —A Ayame se le dibujó una pequeña sonrisa al ver que Bakugo no se había enfadado con ella.— Ahora que parece que estás más calmada¿Me puedes decir que hacías en ropa interior por la aldea?—
—Eso mismo quería preguntar yo.—dijo Teuchi, asintiendo con la cabeza.
—¡Iba en traje de baño! —se defendió Ayame volviendo a enrojecer. —Pues he ido esta mañana a los baños termales de mujeres a relajarme aprovechando que hoy era mi día libre. Pero en mitad de mi baño, he visto a un tipo muy extraño subido a una gran rana espiándonos. Me he asustado y he vuelto dejando en los vestuarios mi ropa.—
—Perfecto. —dijo Bakugo con una gran sonrisa.
—¿Como qué perfecto? ¿Te alegras que un extraño haya espiado a tu amiga?—dijo Ayame, muy enfadada con Bakugo.
—No. Me alegro porque por fin voy a poder desestresarme un poco. —explicó Bakugo, crujiéndose los nudillos de ambas manos. —Ayer tuve un día muy estresante. Créeme cuando te digo que no hay nada mejor que golpear a un pervertido para liberar estrés. —dijo recordando todas las veces que Mineta había sido su pequeño saco de boxeo.
—¡Bakugo, no hagas ninguna locura! —exclamó Ayame con preocupación. —¡Era un tipo muy extraño, puede que sea peligroso!—
—Ja. —rió Bakugo con una mueca. —¿A quién crees que estás viendo, Ayame?—Ésta arqueó una ceja, confundida. —¡YO, soy el peligro!—remarcó Bakugo señalándose así mismo con una sonrisa arrogante.
Bakugo salió de la tienda y fue directo a los baños termales. Allí, rápidamente pudo identificar al tipo extraño que mencionó Ayame. Sentado, encima de una rana enorme de más de 1 metro de altura estaba él. Un hombre alto, Bakugo calculó que debería rondar el metro noventa, con el pelo blanco puntiagudo que le llegaba a la cintura y se recogía en una cola de caballo, con dos flequillos hasta los hombros que enmarcaban su rostro. Había líneas rojas debajo de sus ojos que se extendían más por su rostro. Su rostro tenía algunas arrugas alrededor de las comisuras de la boca y una verruga en el lado izquierdo de la nariz.
Su atuendo consistía en un kimono de camisa corta verde y pantalones a juego. También usaba protectores de manos, un cinturón negro, sandalias de madera tradicionales japonesas y un haori rojo (chaqueta tradicional japonesa) con dos círculos amarillos a cada lado. Además llevaba un pergamino grande en la espalda y usaba un protector de frente con cuernos con el kanji de "aceite".
La expresión del tipo que tenía en su rostro le dio un escalofrío al rubio ceniza por lo similar que le parecía a la que tenía constantemente Mineta. Bakugo apretó los puños con fuerza y se acercó por su derecha con agilidad.
—¡Ey, viejo! ¡Hay una mujer corriendo desnuda! —gritó Bakugo, corriendo con el brazo derecho encogido preparado para dar un potente puñetazo.
—¡¿DÓNDE?!—gritó el tipo, que ante el comentario de Bakugo, le sangraba la nariz por la excitación sexual y tenía las mejillas enrojecidas. Volteó el rostro en dirección a Bakugo.
El pervertido estaba tan distraído y emocionado por las palabras de Bakugo, que no pudo reaccionar ante el puñetazo del rubio ceniza. El golpe fue lo suficientemente violento para tirarlo de la rana en la que estaba sentado y acabar rodando por el suelo. El impacto en su rostro hizo que su sangrado se acentuara, pero esta vez no precisamente por excitación.
—¡PERO A TI QUE BICHO TE HA PICADO!—gritó el pervertido desde el suelo, tapándose la nariz con su mano para detener el sangrado. —¡¿Y dónde está la mujer desnuda?!—
—¿Dije mujer desnuda? Qué error tan tonto por mi parte. Quise decir tipo cabreado con ganas de partirte la cara.—dijo Bakugo con una sonrisa sombría. Volvió a crujirse los nudillos mientras se acercaba al tipo canoso. —¿Últimas palabras, viejo pervertido?—
—No soy un viejo pervertido. —se defendió el tipo canoso. —¡Soy el monje del culto espiritual ...!—
El hombre detuvo su presentación al ver como Bakugo se acercaba a toda velocidad dispuesto a patearle la cara. Éste, que aún estaba en el suelo, se recompuso con un gran impulso con sus mano y contrarrestando la patada de Bakugo con su propia pierna.
El rubio ceniza hizo una mueca de dolor al golpear la pierna del canoso. Se extrañó de la dureza de aquel pervertido, pero sonrió ampliamente y sacó a Deku de su espalda.
—Así que no eres un simple viejo pervertido, ¿eh?—dijo Bakugo zarandeando a Deku por el aire.
—¡Que no soy un viejo pervertido, soy ...!—de nuevo Bakugo no dejó que se explicara ya que le atacó con Deku, pero usando la parte sin filo. El canoso paró su ataque con sus protectores de manos. —¡Eres un mocoso irrespetuoso!—
—¡No es mi culpa que no me interese tu puta vida, viejo pervertido!—realizando un tajo horizontal con su espada.
El canoso se agachó con una agilidad impropia de su edad y trató de contraatacar golpeando el mentón de nuestro protagonista, pero éste fue rápido de reflejos y dio una voltereta hacia atrás.
—Tsk.—masculló Bakugo examinando a su rival. —No eres un tipo normal, y no solo lo digo porque seas un pervertido de mierda. ¿Quién eres?—
—¿Ahora sí te interesa saber quien soy? Antes deberás pedirme perdón por tratar de matarme, mocoso. —contestó el canoso cruzándose de brazos.
—Ja. —rió despectivamente Bakugo. —Cuando a tu extraña rana le crezca pelo, te pediré perdón. El que debe implorar perdón eres tú por espiar a mujeres.—añadió apuntándole con Deku.
—¡No estaba espiando a nadie! ¡Estaba investigando para mi libro!—se defendió el canoso.
—Cuéntale tus mentiras para quien te las compre, viejo pervertido. —cuando estaba por atacar otra vez Minato apareció en medio de ellos en una pantalla de humo. Bakugo se olvidó de su enojo con el canoso y se concentró en Minato—¡Contigo quería hablar yo, Namikaze! ¡Ese puto legendario ninja de mierda llega tarde!—
—Minato. ¡Cuánto tiempo sin vernos!—saludó el tipo canoso a Minato con una sonrisa.
—¿Minato? ¿Este pervertido conoce a Namikaze? Si usa su nombre de pila debe conocerlo muy bien ...—pensó Bakugo analizando la situación.
—¿Dónde está ese asombroso niño que me va a acompañar en mi viaje, Minato?—preguntó el tipo canoso.
Bakugo abrió los ojos como platos y empezó a sudar frío.
—No, no, no, no, no, no. —susurró Bakugo sacudiendo su cabeza.
—¿Eh? Creía que os habríais presentado ya. —dijo Minato rascándose la cabeza, incómodo por las situación. —Jiraiya, este es Katsuki Bakugo. Bakugo, este es Jiraiya, uno de los legendarios sannin y mi antiguo maestro. Ambos buscaréis a Tsunade y la traeréis aquí.—
Silencio. Solo faltaba que pasara un matojo rodante para darle mayor tensión al momento.
—Bueno ...—rompió el tenso silencio el Hokage. —Jeje. Yo ...Mmmm... Me tengo que ir. —titubeó Mianto.— Esto ... Mi hijo me necesita ... Por el entrenamiento, ya sabéis. Se me hace tarde. Mmmm ... Pues eso. Suerte. —y dicho eso desapareció dejando allí a Bakugo y a Jiraiya.
Después de unos segundos que parecieron horas, analizándose mutuamente, ambos dijeron a la vez:
—¡ME NIEGO!—
