Todos los personajes y la historia pertenecen a Kohei Horikoshi y Masashi Kishimoto

Después de despedirse de Ino, Bakugo localizó a Jiraiya que estaba cerca de la puerta de Konoha, escribiendo en un cuaderno con una sonrisa de idiota.

—¿Qué demonios estás escribiendo, viejo pervertido?—preguntó Bakugo con dureza.

—Nada. Nada. No te preocupes Kat ...—Jiraiya se lo pensó mejor después de la amenaza de antes del rubio por llamarle por su nombre de pila.—...Bakugo. Tú sigue con lo tuyo con tu novia. No hace falta apresurarnos tanto, tú sigue con lo que estabas haciendo con tu novia. Jijiji.—Jiraiya se tapó la boca para disimular su risa, pero de forma muy poco efectiva.

Bakugo apretó la mandíbula con fuerza y estaba por replicarle, pero al ver que Jiraiya seguía escribiendo en el cuaderno y, temiéndose lo peor, decidió arrebatárselo tal y como hiciera hace muchos años con su máximo rival.

—¡Trae para acá!—exclamó Bakugo con la vena hinchada, ya con el cuaderno del sannin en su poder.

—¡Ey! ¡Devuélvemelo, Bakugo! —dijo Jiraiya, pero el rubio lo ignoró y lo abrió por la última página en la que había algo escrito.—¡Es de muy mala educación leer el diario de alguien!—

Bakugo ni se inmutó por las quejas del sannin, con una mano mantenía a raya a Jiraiya y con la otra sostenía el libro.

—La joven, apesadumbrada y dolorida por la falta de explicaciones de su pareja, golpeó en el rostro al que había sido su primer y único amor. A pesar del golpe, el dolor que sentía el joven era infinitamente menor del de su enamorada. ...—leyó mentalmente Bakugo. Por cada palabra que leía, más apretaba los dientes y más se le hinchaba la vena de su frente. — ...Por suerte, el amor siempre triunfa y los dos enamorados de cabellera rubia se fundieron en un sentido abrazo jurándose amor eterno. La dama se humedeció solo de pensar en lo que haría su pareja en el lecho con su miembro viril ...—

—¡SUFICIENTE!—gritó Bakugo, rojo de la vergüenza y de la rabia. —¡SHINEEEEEEEEEE!—el cuaderno de Jiraiya explotó en mil pedazos.

—¿¡Peró qué has hecho, animal?!—se quejó Jiraiya, llorando y arrodillado para recoger los pedazos de sus apuntes. —¡Ahí estaban apuntadas mis ideas para mi próximo libro!—

—¡Escúchame, viejo pervertido, porque no voy a repetirme!—dijo Bakugo, ignorando de nuevo los lamentos del sanin. Con su índice apretaba con fuerza la nariz de Jiraiya—Como me entere que en tu mierda de libro escribes algo de mí te mataré.

—¡No era sobre ti! Simplemente me he inspirado un poco en ti, pero era alguien completamente distinto. Y le iba a cambiar el nombre al protagonista. Se iba a llamar Natsuki Dukugo.—se defendió Jiraiya aún arrodillado

—¡Aún no me he acabado, así que no me interrumpas, bastardo! —gritó Bakugo, aún más furiosa por la excusa de Jiraiya. —Como iba diciendo, como escribas algo que haga que la gente pueda pensar que tu personaje se parece a mí, te mataré. Pero no solo te mataré, sufrirás una dolorosa y lenta muerte. Una vez muerto te cortaré en pedacitos para que ni tu madre sea capaz de reconocerte. Después te enterraré y bailaré sobre tu tumba todos los días y noches. Cuando me aburra de bailar, te desenterraré y defecaré en tus podridos huesos. Y por último, iré a una perrera y le daré tus trocitos a los perros más feos y asquerosos que haya. —añadió con tono sombrío.— ¡Te ha quedado claro, bastardo!—

Jraiya que estaba sudando frío simplemente asintió, asustado.

—¡Perfecto! Pues en marcha. —dijo Bakugo liderando la comitiva a pesar de que no sabía la dirección donde debían ir.

—...—Jiraiya que seguía en el suelo, petrificado y estupefacto por las palabras del rubio, reaccionó al cabo de un minuto, levantándose y siguiendo al rubio. —Para ser un niño de 13 años tienes un humor muy negro, Bakugo. —expresó con una gota de sudor en la nuca.

—Yo nunca bromeo. —le replicó Bakugo. Y la mirada que le dedicó al canoso hizo que éste retrocediera.

—¿Es este un niño de 13 años o el mismísimo diablo?—pensó Jiraiya, con un leve temblor en el cuerpo.—Esta jugarreta no te la perdono, Minato.—

Un silencio tenso e incómodo reinaba en el viaje. Este silencio se alargó todo el día, hasta que llegado el atardecer Jiraiya no aguantó más la tensión y habló.

—Paremos a descansar, Bakugo. —exclamó Jiraiya, sentándose en una gran roca en la proximidad de un río.

—No estoy cansado, viejo pervertido. —dijo Bakugo.

—Aunque no lo estés, en los viajes es bueno descansar de vez en cuando. Y más en uno tan largo como éste. —razonó Jiraiya.

—Tonterías. Cuanto antes lleguemos, antes te perderé de vista. Así que levántate y mueve tu culo.—ordenó Bakugo. Visto desde fuera, Bakugo parecía el sensei y Jiraiya el estudiante y no al revés.

—Pues siento comunicarte que pararemos. Cerca de aquí hay un pueblo con una taberna. Tú quédate aquí mientras voy a investigar. Necesitaré algo de dinero. —dijo Jiraiya extendiendo el brazo para que Bakugo le diera una parte de lo que había recibido de Minato.

—Así que debes investigar, ¿eh? ...—Jiraiya asintió. Los ojos de Bakugo parecían rendijas de lo cerrados que estaban. Jira—¿Te crees que soy un retrasado, viejo pervertido? —preguntó el rubio. Jiraiya arqueó una ceja, confundido. —Te lo pregunto en serio, ¿piensas que soy un retrasado?—

—Mmmmm, no. —respondió Jiraiya, nervioso.

—¿Y entonces por qué me tratas como lo haría un padre con un hijo subnormal, bastardo de mierda?—cuestionó Bakugo, apretando. —¡Tú quieres parar para irte a esa taberna a beber alcohol y a pagar a alguna desgraciada mujer para que se acueste contigo!—

—¡Eso es rotundamente falso! —se levantó Jiraiya de la roca, indignado.—Allí se hospeda una fuente mía que puede tener información acerca de Tsunade u Orochimaru. Además, las mujeres que se acuestan no son desgraciadas y menos cuando pasan conmigo la noche. Jejejeje. —rió cayéndosele la baba. —Tú ya me entiendes, ¿eh? Mmmm, o puede que no. ¿Eres virgen, Bakugo?—

—Ufffff...—Bakugo se mordió el puño para evitar cometer un asesinato. —Hacía mucho tiempo que no tenía tantas ganas de partirle la cara a alguien como las que tengo ahora mismo con respecto a ti. Yo de ti no me confiaría cuando vayas a dormir. Quien sabe, alguien te podría hacer daño aprovechando que estás durmiendo.—

—Vamos, vamos, Bakugo. En la vida hay tener sentido del humor. —dijo Jiraiya tratando de rebajar la tensión. —Hagamos un trato, yo te enseño un jutsu alucinante y tú a cambio me das 1.000 Ryos (equivalente a 100 €).—

—Mmmmm...—Bakugo se cruzó de brazos, pensativo. —Está bien, pero sólo si de verdad es alucinante.—

—Jejeje. —sonrió Jiraiya. —Por fin parece que nos ponemos de acuerdo en algo. —el sannin empezó a hacer sellos. —Jabalí, perro, gallo, oveja ...¡KUCHIYOSE NO JUTSU! (técnica de invocación)—