Todos los personajes y la historia pertenecen a Kohei Horikoshi y Masashi Kishimoto

—Hagamos un trato, yo te enseño un jutsu alucinante y tú a cambio me das 1.000 Ryos (equivalente a 100 €).—sugirió Jiraiya

—Mmmmm...—Bakugo se cruzó de brazos, pensativo. —Está bien, pero sólo si de verdad es alucinante.—

—Jejeje. —sonrió Jiraiya. —Por fin parece que nos ponemos de acuerdo en algo. —el sannin empezó a hacer sellos. —Jabalí, perro, gallo, mono, oveja ...¡KUCHIYOSE NO JUTSU! (técnica de invocación)—

Una nube de humo blanco apareció entre ambos ninjas, y cuando se despejó apareció un sapo de un tamaño aún superior del que el sannin estuvo montado cuando el rubio y el canoso se conocieron. El sapo extendió la lengua y le entregó un rollo gigantesco a Jiraiya. Después, el sapo desapareció en una pantalla de humo.

—Lo que acabas de presenciar ha sido la Kuchiyose no Jutsu. Es un ninjutsu de espacio-tiempo . Es una técnica que permite al usuario invocar desde largas distancia a animales u objetos para utilizarlos en combate o pedirle ayuda para llevar a cabo una tarea. La ventaja es que puedes llamarlos cuando quieras, siempre que tengas suficiente chakra, claro está—desplegó el rollo que le había dado el gran sapo en el suelo. —Pero para poder realizar la técnica necesitas firmar un contrato de sangre con un ser vivo. Ese rollo que ves en el suelo contiene el contrato de invocación con los sapos Gama. Escribe tu nombre con sangre y luego con tus huellas dactilares firma debajo. Después, liberas el chakra y coloca la mano con que firmaste donde quieras invocarlo. Los sellos son los que me has visto antes. Jabalí, perro, gallo, mono y oveja.—

—Sí, sí. Lo que tu digas. Pero no pienso firmar ese contrato. —dijo Bakugo, decepcionado con el jutsu de Jiraiya.

—¿Cómoooo? ¿Por qué? —preguntó Jiraiya, perplejo.

—¡Pues porque aún me queda algo de orgullo y no pienso invocar a una puta rana!—respondió Bakugo. —¡Así que si quieres que te de 1.000 Ryos será mejor que saques de tu viejo culo un contrato para invocar dragones!—

—¡En primer lugar, son sapos, no ranas! ¡Y en segundo lugar, los dragones no existen, imbécil!—replicó Jiraiya, ofendido por la falta de respeto.

—¡YO QUIERO UN DRAGÓN!—insistió Bakugo, haciendo pucheros como un niño pequeño.—¡QUIERO UN DRAGÓN DE COLOR ROJO Y QUE SEA GIGANTESCO!—

—¡Que no existen, pesado! —dijo Jiraiya alzando la voz.

—Grrrr...—gruñó Bakugo. —Pues al menos un águila, un tigre o un león. Incluso aceptaría un oso.—

—¿Que te crees, que soy amigo de todas las especies del mundo? —dijo Jiraiya en tono sarcástico. —No te imaginas lo difícil que resulta tener este grado de afinidad con una especie animal. Tuve que pasar mucho tiempo en el monte ...—

—¡Que no me cuentes tu vida! Va a invocar a esas ranas tu puta madre, así que vete haciendo a la idea que no te voy a dar dinero para que te lo gastes en prostitutas y en alcohol.—dijo Bakugo cruzándose de brazos.

—¡Firma el puta contrato de una puta vez, Bakugo!—gritó Jiraiya perdiendo los nervios. Al darse cuenta del lenguaje empleado se avergonzó—¿Ves lo que has conseguido? Has conseguido que alguien tan culto como yo hable de forma tan vulgar como tú.—

—¡Vete a tomar por culo, viejo pervertido!—dijo Bakugo.

—¡Que firmes el contrato!—ordenó Jiraiya a punto de estrangular al rubio ceniza.

—¡Ni de puta coña! Solo los penosos como tú aceptarían invocar a animales tan penosos como tus estúpidas ranas.—exclamó el rubio ceniza.

—Grrrr ...—Jiraiya apretó los puños. Empezó a inspirar y a expirar para calmarse. —A ver, ¿se puede saber que te han hecho los sapos para que les tengas tanta manía?—

—Mmmm. ¡Ya te lo he dicho! ¡Es para penosos! ¡Y te lo voy a demostrar! —contestó Bakugo.— ¿Nunca has jugado de niño a imaginarte en qué animal te gustaría ser si pudieras? Las respuestas son variadas: un león, un tigre, un delfín, un toro ... ¡Pero nadie en su sano juicio elegiría una jodida rana como el animal que le gustaría ser! ¡Y tampoco nadie querría tener a una puta rana de mascota! Además, las ranas me recuerdan a una chica que se parece a ellas que era muy molesta y me sacaba de quicio.—

—¿Qué se le pasó por la cabeza a Minato para pensar que era una buena idea traer a este niño para convencer a Tsunade? ¡Si a mi me está costando horrores no estrangularle! ¡Tsunade lo matará sin pensárselo dos veces a la menor provocación! —pensó Jiraiya, analizando la falta de cordura de su ex-discípulo.

—Lo único más penoso que una rana sería un gusano o una babosa.—concluyó Bakugo.

—Definitivamente, Tsunade lo va a matar. —pensó Jiraiya, con una gota de sudor en la nuca.

—Te daré un consejo, Bakugo. Antes de decir las cosas, reflexiónalas bien en tu cabeza. Porque en este mundo hay personas no tan bondadosas y pacientes como yo que se podrían tomar a mal tus palabras y podrías acabar, en el mejor de los caso, herido.—le sugirió Jiraiya.

—Y yo te daré otro. Si no quieres acabar teniendo una enfermedad venérea o hepatitis, deja de acostarte con prostitutas y de beber tanto alcohol. Así que agradéceme que no te vaya a dar dinero para tus vicios.—contraatacó Bakugo con una sonrisa arrogante.

—¿¡Cuántas veces tengo que decirte que el dinero es para la investigación del paradero de Orochimaru y Tsunade!?

—Las veces necesarias hasta que aprendas a mentir mejor o a decir la verdad. —Bakugo miró el cielo. Estaba a punto de anochecer.— Mmmm. Hemos perdido mucho tiempo con esta tontería. Sigamos.—

—...—Jiraiya miró abatido como el portador del dinero se alejaba. El sannin no le hacía mucha gracia seguir caminando para luego dormir en la intemperie.—¡Un momento!—

—Pufff ¿Qué quieres ahora, viejo pervertido?—preguntó Bakugo, emitiendo un suspiro.

—Quizás invocar sapos no te ha parecido lo suficientemente atractivo. ¿Pero qué me dirías si te digo que te puedo enseñar a caminar, incluso a correr, por el agua?—dijo Jiraiya, esperanzado que no lo hubiera aprendido aún con Kakashi.

—...—Bakugo frunció el ceño, escéptico. —Eso es imposible.—

—¡Bingo!—pensó Jiraiya, sonriendo y mostrando los dientes por la alegría.

—¿Así que imposible? ¿eh?—dijo Jiraiya, sonriendo de lado. El sannin se colocó en la orilla del río. Con un sello acumuló chakra en la planta de los pies y después pegó un gran salto hacia el río, pero cuando aterrizó no se sumergió en él, sino que, milagrosamente estaba encima del agua como si de suelo se tratara. Bakugo abrió los ojos como platos, impresionado—Pues parece que no era imposible. —Jiraya caminó por el agua hasta volver a la orilla donde se encontraba el rubio ceniza.

—¿Cómo lo has hecho, viejo pervertido?—preguntó Bakugo con un brillo en los ojos.

—Antes que nada. ¿Tenemos trato?.—dijo Jiraiya haciendo un gesto con la mano característico para hacer referencia al dinero.

—Tsk.—masculló Bakugo. —Tú ganas. Dime como has hecho eso y te daré 1.000 Ryos para que te lo gastes en putas y alcohol.—

Jiraiya alzó el puño al cielo e hizo el signo de la victoria.

—Ejem. —carraspeó Jiraiya.—En primer lugar, ¿Kakashi te ha enseñado a trepar a un árbol sin usar las manos?—

—Sí—contestó Bakugo, recordando lo mucho que le costó en comparación a Sakura (N/A: capítulo 28).

—Bien. Así te resultará más sencillo. Caminar sobre el agua es una variación de aquello. Para trepar a los árboles, tuviste que acumular el chakra en los puntos de contacto, es decir, la planta de tus pies, y luego mantener ese chakra en una proporción constante de descarga. Como los árboles son inmóviles, por lo que la proporción de descarga permanece constante. Por eso es un ejercicio ideal para desarrollar un control básico del chakra.—explicó Jiraiya.—Ahora bien, para andar sobre el agua no solo debes acumular el chakra en los puntos de contacto sino que también debes ajustar de forma constante la proporción de descarga para mantener el equilibrio sobre esa superficie en movimiento. Esto es, obviamente, más difícil que mantener un flujo continuo de chakra. Pero en eso consiste el control de chakra, en poder descargarlo de forma constante o variable. ¿Lo has comprendido?—

—¡Deja de tratarme como a un retrasado!—dijo Bakugo, ofendido. —¡Pues claro que lo he entendido!—

—Si Minato estaba en lo cierto acerca de tus habilidades, no debería costarte más de una semana para conseguirlo. —dijo Jiraiya, frunciendo el ceño. —Aunque ... Sinceramente, lo poco que he visto de ti no me ha impresionado en absoluto. No me eches la culpa si no lo logras en estas tres semanas hasta que volvamos a Konoha.—

—¡No me menosprecies! ¡Lo conseguiré en un día, viejo pervertido!—gritó Bakugo, seguro de sí mismo.

—Bueno, te haré otra demostración y luego me darás los 1.000 Ryos que me prometiste. —volvió a hacer un sello con las manos.—Primero, acumulo el chakra en la planta de los pies. Luego, con cuidado ...—empezó a andar hacia el río.—Calibras la cantidad que descargas en cada pie para mantener el equilibrio. —anduvo hasta unos metros en el interior del río. —¿Lo ves? Así se hace.—

—¡Voy a probarlo yo ahora!—Bakugo hizo el sello concentrando el chakra en sus pies. —Ya he acumulado el chakra ...—susurró para él mismo. —Ahora, debo calibrar la cantidad de descarga ...—al dar el primer paso en el río se sumergió en el agua como una piedra.

—Lo sabía. Es un completo inútil. —suspiró Jiraiya, resignado.