Todos los personajes y la historia pertenecen a Kohei Horikoshi y Masashi Kishimoto

—Después de hacerte otra demostración de como caminar por el agua, me darás los 1.000 Ryos que me prometiste. —Jiraiya dijo mientras hacía un sello con las manos.—Primero, acumulo el chakra en la planta de los pies. Luego, con cuidado ...—empezó a andar hacia el río.—Calibras la cantidad que descargas en cada pie para mantener el equilibrio. —anduvo hasta unos metros en el interior del río. —¿Lo ves? Así se hace.—

—¡Voy a probarlo yo ahora!—Bakugo hizo el sello concentrando el chakra en sus pies. —Ya he acumulado el chakra ...—susurró para él mismo. —Ahora, debo calibrar la cantidad de descarga ...—al dar el primer paso en el río se sumergió en el agua como una piedra.

—Lo sabía. Es un completo inútil. —suspiró Jiraiya, resignado.

—¡AAAHHHH!—gritó Bakugo sacando la cabeza del agua. —¡JODER, ESTÁ HELADA!—

—Se me olvidaba comentarte que por esta zona hace poco hubo una nevada y el agua está muy fría. Además, que está a punto de anochecer. —comentó Jiraiya con una sonrisa engreída y cruzándose de brazos. —Más te vale no caer mucho, a no ser que quieras que te de una hipotermia.—Bakugo salió del agua con cara de pocas amigos, pero al instante Jiraiya se percató de un detalle que hizo que fuera él el que gritara. —¡AAAAHHHHHH! —corrió Jiraiya en dirección a Bakugo. —¡MI DINEROOOO!—

Y es que el sannin temía que el dinero que Minato le había dado a Bakugo se hubiera echado a perder por el remojón de Bakugo.

—¡Dime que tenías el dinero bien guardado y sellado!—dijo Jiraiya, muy preocupado. Bakugo sacó su billetera empapada del bolsillo, pero por suerte, estaba bien cerrada y cuando la abrió su interior estaba seco. —¡Uffff! ¡Menos mal! —suspiró aliviado el sannin llevándose una mano en el pecho.

—Yo también estoy bien. Gracias por preguntar, bastardo de mierda. —dijo Bakugo con sarcasmo.

—Bueno, ahora si no te importa ...—cuando Jiraiya estaba por coger la cartera del rubio, éste le dio un manotazo. —¡Ay!—

—¡Ni se te ocurra tocar mi cartera, viejo pervertido!—le asvirtió Bakugo. El genin cogió de la billetera dos billetes de 500 Ryos y se los entregó a Jiraiya. —Más te vale que tu viejo culo esté aquí al amanecer. Como me hagas buscarte, te arrepentirás.—

—No te preocupes, Bakugo. Mi investigación solo me tomará un par de horas. Tres, como mucho. —dijo esto último mostrando sus dedos índice, corazón y anular.

—Mmmmm ...—Bakugo le miró con poco convencimiento. —Lo que tú digas. Ahora piérdete de mi vista.—

—Un placer hacer negocios contigo. —dijo Jiraiya besando los billetes y con una sonrisa de idiota. Dicho esto, el sannin desapareció en una nube de humo blanca.

—Que asco le tengo a ese viejo. —murmuró Bakugo chasqueando la lengua.

Para evitar, en la medida de lo posible, la hipotermia, Bakugo se quitó la ropa quedándose en bóxers que eran de color negro. Las cicatrices de su hombro y su estómago (N/A: las que le hicieron Orochimaru atravesándole el hombro y Zaku clavándole el kunai en el estómago) lucían un color blanco por el paso del tiempo. Antes de volver a intentar caminar por el agua, recogió ramas e hizo una hoguera con ayuda de su quirk. Allí dejó secando sus ropas y a Deku.

—Bueno, ahora que no está el viejo distrayéndome con sus idioteces lo lograré en un santiamén.—dijo Bakugo, seguro de sí mismo.

Se ó toda la noche intentándolo y no había manera de que el rubio ceniza consiguiera mantenerse en pie en el agua. 10, 20, 50, 100 ... Bakugo dejó de contar los intentos después de la centena. El que no estuviera desmayado y tiritando de frío solo se podía explicar por la condición singular de Bakugo que tenía una temperatura interna muy superior a la media debido a su quirk.

Se podría pensar que por cada intento más cerca estaba de lograrlo, debido a la experiencia que le proporcionaban los errores. Pero no era así. Bakugo estaba metido en un círculo vicioso. Cada vez que lo intentaba y fracasaba, más cansado y enfurecido estaba. Así que perdía la paciencia y no se concentraba para equilibrar el flujo de chakra. Además, llevaba todo el día sin dormir, pero el orgullo le impedía hacerle caso a su sentido común que le decía que debía descansar para tener mejores resultados. Y más irritado estaba cuando pasaban las horas y Jiraiya seguía sin aparecer. Solo el pensar que él tendría que buscarle entre prostitutas y borrachos para encontrarlo le enfurecía hasta límites insospechados. Y encima si le buscaba ahora, Jiraiya se reiría de él por no haber aún tenido ningún progreso.

Ya había amanecido hacía unas horas cuando Bakugo estuvo a punto de abandonar. Tenía unas ojeras de caballo fruto de llevar más de 24 horas despierto y haber consumido casi todo su chakra intentando caminar sobre el agua.

—¡Joder! ¡Joder! ¡Joderrrrr! —maldijo Bakugo pateando una piedra con todas sus fuerzas. — ¡No puedo ser tan jodidamente inútil!. —se llevó las manos a la cabeza, la frustración era tan grande que le estaba dando jaquecas. —DIossss, me va areventar la cabeza. ¿Qué es lo que me dijo la frentona para trepar el árbol?—

—La mejor forma de controlar tu chakra es estando relajado. El chakra requiere energía espiritual, así que si estás ansioso e inquieto, no te servirá. Tienes que relajarte y centrarte completamente en el árbol. Así conseguirás un flujo constante de chakra en la planta del pie.—

—Necesito calmarme ... Es más fácil decirlo que hacerlo. ¡Tengo ganas de explotar el puto río de los cojones! —sacudió la cabeza con fuerza. —¡Deja de pensar en gilipolleces y céntrate de una puta vez, Bakugo. —se dio un tortazo con todas sus fuerzas en la mejilla. —¡Así! ¡Mucho mejor! A ver. Cálmate de una puta vez. —empezó a inspirar y respirar profundamente. —La otra vez me salió bien actuando como el bastardo Icy-Hot. Mmmmm, veamos. —cerró los ojos y se puso a imitar a Todoroki. — Soy Icy-Hot, mi familia da asco, todo me resbala, me gusta cabrear a Bakugo comportándome como un robot y soy tan expresivo como una acelga. —aún con los ojos concentró el chakra en las plantas de los pies. —Soy uno con el agua.—empezó a caminar y levantó un párpado temeroso. Lo que vio le llenó de orgullo y satisfacción. Estaba parado sobre el agua, con solo unos centímetros de sus pies sumergidos. —¡LO HE CONSEG ...!—la momentánea distracción hizo que perdiera el equilibrio y volviera a caer al agua.

Cuando volvió a salir del agua, Bakugo fue la primera vez que, a pesar del frío, mantenía una sonrisa dibujada en su rostro. A partir de ese momento, Bakugo progresaba a pasos agigantados por cada intento. Cuando el sol indicaba que ya era mediodía, Bakugo ya era capaz de correr por el río como si fuera tierra firme.

—¡JAJAJAJA!—rió Bakugo en mitad del río con los brazos en jarras. —¡A la primera! ¡Soy un genio!—para satisfacer su ego, su cerebro había decidido que lo mejor era dejar en un rincón olvidado de su mente las cientos de veces que había caído aparatosamente en el agua. Un ruido proveniente de su estómago le devolvió a la realidad. La adrenalina se esfumó y el cansancio y el hambre acumulado le golpearon con fuerza—Mmmmm. Me muero de hambre. Debo de llevar más de 15 horas sin probar bocado. —dijo con los ojos medio cerrados a punto de dormirse en cualquier momento.

Estuvo tentado de intentar atrapar un pez, pero no se sentía con la fuerza y atención necesaria de poder hacerlo con las pocas energías que le quedaban. Le tendría que pedir a Jiraiya que le trajera algo para comer. Si es que volvía algún día. Bakugo se dio cuenta de una figura en el lugar donde había dejado sus cosas.

—Tsk. Al fin regresa ese desgraciado. —masculló Bakugo, pero con una sonrisa ya que vería cuan equivocado estaba de no creer que lograría caminar sobre el agua ni durante las tres semanas de viaje. A pesar que Bakugo estaba terriblemente cansado y que sus cosas estaban a más de 100 metros de donde estaba él, se dio cuenta que la figura era demasiado pequeña para ser el sannin. La sonrisa se evaporó al instante al ver que intentaba recoger a Deku del suelo. —¡Ey! ¡Alto ahí, bastardo!—un chute de adrenalina le recorrió el cuerpo al ver posible que ese extraño sujeto robara sus cosas, gracias a ello se quitó el adormilamiento que tenía y se movió con agilidad hacia el ladrón propulsándose con mini explosiones.

El ladrón, al oír el grito, dejó de intentar de cargar a Deku y cogió el resto de cosas del rubio incluida su billetera con 49.000 Ryos (los 50.000 que recibió Minato menos los 1.000 que le dio a Jiraiya. Equivale a 4.900 euros.)

—¡He dicho que te detengas, bastardo!—gritó Bakugo, con una expresión de loco en el rostro. No tardó ni diez segundos en dar caza al ladrón y lo estampó contra un árbol deteniéndole. Lo tenía cogido del cuello de la camisa con los pies en el aire. El ladrón era aún más pequeño que Bakugo, éste rondaba el metro sesenta, en cambio aquel apenas debía alcanzar el metro y medio. Sus ropas estaban muy sucias y desgastadas y llevaba una máscara medio rota y vieja. —¡Tienes cojones para intentar robarme siendo un enano! —le quitó la máscara con la mano libre que no sujetaba al ladrón y al ver su rostro dio un pequeño paso atrás. El ladrón no debía tener más de 11 o 12 años —¿Qué demonios? ¡Pero si eres un crío!—exclamó indignado.

—¡Mira quien fue hablar! —replicó el ladrón. —¡Debes tener mi edad! ¡Y soy una chica!—

Era obvio el equívoco de Bakugo, ya que la chica aún no se había desarrollado nada y lucía un cabello muy corto, casi rapado, mucho más propio de los chicos que las chicas.

—¿¡Es qué tus padres no te han enseñado que robar está mal, mocosa!?—cuestionó Bakugo. Recuperó las cosas que le había robado e hizo más fuerza en el agarre.

—¡Soy una bandida y lo único que sé es que hay que sobrevivir a cualquier precio! ¡Ahora suéltame de una vez, rubito!—exclamó la niña-ladrona dando pataditas inútilmente.

—Ja. Ni lo sueñes. Aún tengo que pensar lo que haré contigo. En primer lugar, ¿dónde vives, mocosa?—preguntó el rubio ceniza.

La niña se quedó callada tratando de intimidar a Bakugo con una fiera mirada, éste tuvo ganas de reírse, pero oyó como se movía un arbusto y unas pisadas a lo lejos y volteó la cabeza instintivamente. Lo primero que se le pasó por la cabeza es que la niña venía acompañada por más bandidos. La niña ladrona aprovechó que Bakugo no la miraba para coger un kunai que tenía en su pernera. Se lo clavó con fuerza en el costado del rubio ceniza.

—Joderr...—Bakugo reprimió un grito de dolor y miró a la zona afectada.

La atención del rubio volvió a centrarse en la niña y ésta sonreía con maldad. El rubio irritado y fuera de sí por la falta de sueño, el hambre y el dolor en el costado se quitó el kunai de su costado con la intención de clavárselo en la pierna de la niña y así evitar que escapara mientras buscaba al compañero o compañeros de la ladrona.

Una decisión de la que se arrepentiría el resto de su vida. Mientras se quitaba el kunai del costado, el agarre del rubio a la niña se aflojó por el momentáneo y agudo dolor y ésta aprovechó para escabullirse agachándose. Nuestro protagonista, muy cansado mentalmente, no estaba preparado para este escape de la niña y el kunai en lugar de clavárselo en la pierna acabó en el cuello de la niña. Ambos abrieron los ojos como platos, el rubio por darse cuenta del error que acababa de cometer y la niña por la dificultad que tenía de repente para respirar. Bakugo retiró el kunai de su cuello y lo tiró a la tierra.

—Brgrfhcejekck ...—la niña tumbada en el suelo trataba de hablar, pero no podía. Miraba suplicante a Bakugo con los ojos llorosos. Se estaba atragantando con su propia sangre. Esputos de sangre salían de su boca. Intentaba taparse la herida del cuello para taponar la hemorragia, pero no podía moverse voluntariamente, solo se movía mediante espasmos musculares.

—¡Ey! ¡ey! No hables. No hagas ningún esfuerzo. —dijo Bakugo con la voz temblorosa y tapando él la herida del cuello. —Te pondrás bien. Aguanta. Te pondrás bien. Todo irá bien. —Bakugo, viendo que la niña empezaba a cerrar los ojos, sintió más frío en ese instante que toda la noche anterior sumergido en el helado río . —¡No te duermas! ¡Joder! ¡Abre los ojos! ¡Te estoy tapando la herida! ¡Te vas a poner bien pero tienes que estar despierta! ¡AYUDAAAAAA!—gritó esperando que sus compañeros bandidos vinieran. Una persona apareció, pero no era un bandido, era alguien que conocía muy bien.

—Por fin te encuentro, te he estado ... —Jiraiya se quedó callado al ver la escena que tenía delante de él.

—¡Viejo pervertido, tienes que ayudarla! ¡Rápido, mueve tu feo culo y haz algo!—gritó Bakugo, furioso y con el dolor de cabeza más grande que tuvo en su vida.

—...—Jiraiya se acercó y tomó el pulso a la niña. El sannin negó con la cabeza. —Bakugo, ya puedes alejarte de ella.—

—¿Qué? —dijo Bakugo, respirando con dificultad. Pero luego se recuperó momentaneámente—¡Tus putas bromas no le hacen gracia a nadie! ¡No puedo alejarme de ella, no ves que le estoy tapando la herida! ¡Si me alejo, morirá— dijo señalando con sus ojos su acción.

—Bakugo, ya está muerta. —dijo Jiraiya, sintiendo compasión por su compañero de viaje.

Bakugo se tocó el pecho, le estaba dando un ataque de ansiedad.

—No, no, no ...—la examinó de cerca y vio que la niña no respiraba.

Se alejó de ella, asustado y se abrazó a sí mismo. El cansancio acumulado, la falta de chakra, la tensión, el hambre y la herida profunda fue el cóctel perfecto para que Bakugo hiciera lo último que quería hacer en ese momento. Dormirse.