Todos los personajes y la historia pertenecen a Kohei Horikoshi y Masashi Kishimoto
Bakugo se encontraba en un sitio completamente oscuro.
—¿Qué demonios?—dijo Bakugo, desorientado. —¿Dónde diablos estoy? ¿Y cómo he llegado hasta aquí?—
Al fondo se iluminó una zona mágicamente, puesto no había focos o ning'ún dispositivo que permitiera tal cosa. En la zona iluminada, Bakugo vio una figura encapuchada que sostenía una jeringuilla y a otra persona tumbada y atada a una camilla.
—Érase una vez, una joven que gritaba y repetía constantemente una palabra ...—Bakugo supo de inmediato a quien pertenecía esa voz. Era Kabuto.
—¡DEKUUUUUU!—oyó gritar Bakugo reconociendo, a pesar de todos los años que habían pasado, la voz de su antigua compañera.
—¡Aguanta, Uraraka!—rugió Bakugo, yendo a por Kabuto como un misil gracias a su quirk. Cuando llegó, rajó el cuello de Kabuto sin pensárselo dos veces—Tú y tus putos cuentos de mierda os podéis ir al infierno, cuatro-ojos—
—Brjfcnsid—para horror de Bakugo, Kabuto se estaba transformando en una niña con el pelo rapado. —¡A...yu...da!—imploró inútilmente la niña cayendo al suelo.
—No, no, no, no. ¡Otra vez no! ¡Despierta! ¡Vamos, abre los ojos! ¡Vamos, joder!—pero ya era demasiado tarde. El cuerpo de la niña fue sumergido por la oscuridad. —¿Eh? ¿Dónde te has metido, mocosa?—
—¿Así pretendías salvarme, Bakugo? ¿Matando a una indefensa niña?—Uraraka se liberaba de sus ataduras y se colocaba a escasos centímetros del rubio ceniza mirándolo con dureza.
—Yo ... yo ... no quería. —tartamudeó Bakugo.
—...—Uraraka negaba con la cabeza. De nuevo, había una transformación. Uraraka se hacía cada vez más grande y sus músculos mucho más volumninosos. Por último, el rostro de la chica cambió al de su antiguo sensei y exhéroe número 1 pero con el aspecto de sus mejores días. —Creía que te había enseñado mejor, joven Bakugo. Un héroe salva vidas, no las arrebata.—
—¡Ha sido un accidente, All Might!—protestó Bakugo.
—Siempre culpando al resto de tus errores. Menos mal que el joven Midoriya será mi sucesor y no un inútil como tú.—
—No soy un inútil ...—los músculos de su cara le temblaban por la impotencia, la rabia y la tristeza.
—Sino eres un inútil, significa que eres un villano. Y a los villanos yo los hago desaparecer. El mundo no te necesita, joven Bakugo. —
—Yo ...—Bakugo no sabía que hacer así que actuó con su corazón y se arrodilló. —Lo siento ...—
—¡UNITED STATES OF SMASH!—
Antes de recibir el golpe, Bakugo se despertó y se incorporó como un resorte. . Tal acción hizo que sintiera un agudo dolor en el costado.
—Urgh—se quejó Bakugo.
Miró la zona herida y recordó todo lo que había pasado con la niña bandida. Aunque tenía una viscosa sustancia verde donde la niña le apuñaló. Miró alrededor y se dio cuenta que estaba en el mismo lugar donde se había quedado dormido.
—Has decidido despertarte al fin, ¿eh?—dijo Jiraiya que se encontraba a su espalda comiéndose un pez cocinado de forma rudimentaria con la hoguera que había hecho Bakugo el día anterior. —Ten. —el sannin le ofreció otro pez que había pescado. —Necesitas recuperar energías.—
—...—Bakugo lo aceptó sin rechistar pero no empezó a comer de inmediato a pesar del hambre que estaba padeciendo. —¿Dónde está la niña?—
—Fa enfefé afí. (N/A: ha dicho la enterré allí)—dijo Jiraiya con la boca llena señalando una zona boscosa a unos 20 metros de distancia.
—¡No!— se levantó Bakugo del suelo, reprimiendo un quejido dolor. —¡Debemos llevarla con su familia! ¡La estarán buscando!—
—Fo fefefíaf hafef fofifienfof fufof (N/A: no deberías hacer movimientos bruscos).—dijo Jiraiya masticando otro bocado del pescado.
—¿Eh?—arqueó una ceja Bakugo. —¡No te entiendo una mierda! ¡Habla como una persona normal de una puta vez!—Jiraiya tragó lo que le quedaba del pescado y se tiró un eructo. —Eres repugnante ...—susurró entrecerrando los ojos.
—Dije que no deberías hacer movimientos bruscos. Esa cosa verde que tienes en tu cadera es un ungüento proveniente de las montañas Myoboku que sirve para sanar y cicatrizar mucho más rápido. Pero no hará tanto efecto si no dejas de moverte. —cuando estaba por comerse otro pescado, Bakugo lo tiró al suelo con rabia.
—¡Ni se te ocurra comerte otro, jodido glotón! —le amenazó Bakugo. — ¡Antes tenemos que solucionar el asunto de la niña!—
—No hay nada que solucionar. —dijo Jiraiya restándole importancia. —Actuaste en defensa propia. Son cosas que pasan.—
—¿Qué son cosas que pasan?—dijo Bakugo sarcásticamente con un tic en el ojo y a punto de estallar. —Clarooooo. Es lo más normal del mundo ir matando a niñas. Mañana mataré a otra más y pasado mañana quizás mate a otras dos ...¡PERO ES QUÉ TE HAS VUELTO GILIPOLLAS DE REPENTE O ES QUE ERES UN PUTO PSICÓPATA!—
—Bueno, no es que hayas matado a un bebé. Debía tener tu edad y te atacó con un kunai. Ella estaba preparada en que en cualquier momento podía morir con la vida que llevaba.—
—Nadie está preparado para morir. Y menos una niña. Así que deja de ser condescendiente conmigo, pervertido bastardo.—dijo Bakugo malhumorado.
—No estoy siendo condescendiente. Te hablo por experiencia tanto mía como de otros ninjas. Yo tenía más o menos tu edad cuando maté por primera vez a alguien. Yo entonces era un genin, como tú, y estaba junto con mi sensei y mis compañeros en una misión protegiendo a la hija de un señor feudal en su camino hasta la villa donde debía casarse. Durante el viaje, nos emboscaron unos bandidos y acabé con uno que estaba a punto de secuestrar a la hija del señor feudal. —explicó Jiraiya.
—¿Después de tantos años y aún te acuerdas de eso?—preguntó Bakugo, extrañado e intrigado.
—¿Cuántos años me echar, mocoso?—cuestionó Jiraiya.— Pensándolo mejor, no me contestes. Aunque pasaran 100 años me acordaría. La primera vez nunca se olvida.—
Bakugo miró al suelo. El orgullo y felicidad que había sentido hace unas horas por caminar sobre el agua en tan poco tiempo había desaparecido. Las ganas de seguir con el viaje para encontrar a Tsunade y para descubrir pistas del paradero de Orochimaru habían mermado considerablemente.
—Bueno, termínate el pescado y movámonos. —dijo Jiraiya recogiendo las cosas que había dejado en tierra.
—Te he dicho que debemos llevarla con su familia. —dijo Bakugo sin dejar de mirar al suelo.
—Pfff.—suspiró Jiraiya. —¿Te dijo dónde vivía?—
—...—Bakugo apretó la mandíbula. —Ni siquiera me dijo su nombre.—
—Me lo imaginaba. No podemos quedarnos jugar a los detectives a averiguar donde vivía esa niña, Bakugo. —exclamó Jiraiya.
—...—Bakugo alzó la vista para enfrentarse a Jiraiya. —¡Pero si eres tú el que se vanagloria de tu red de contactos para recoger información! ¡Seguro que puedes averiguarlo enseguida, pervertido!—
—Podría. —dijo Jiraiya cruzándose de brazos.—Pero sería un esfuerzo seguramente inútil. Lo más probable es que sea huérfana y que no tenga hogar. Por eso se ha tenido que ganar la vida de ese modo. —
—Pero ...—protestó Bakugo
—El tiempo juega en nuestra contra, Bakugo. Tsunade nunca está en el mismo sitio mucho tiempo. ¿Estarías dispuesto a renunciar a encontrarla y con ello disminuir las posibilidades de salvar a tus amigos y tus brazos?—le preguntó Jiraiya, seriamente. —De ti depende. ¿Nos quedamos por aquí tratando de averiguar donde vivía esa niña o proseguimos nuestra misión?—
—Tsk. —masculló Bakugo con el gesto contrariado y echando un vistazo a donde estaba enterrada la niña. —Tú ganas. —añadió con el gesto sombrío y comiéndose al fin el pescado, aunque había perdido todo el apetito que tenía.
—Así es la vida ninja, Bakugo. La vida que hemos elegido. Hay que mirar siempre adelante. —dijo Jiraiya, mostrándose compasivo con el rubio ceniza.
—Yo no elegí esta vida ...—susurró Bakugo, apretando tan fuerte los puños que se hizo sangre en la palma de sus manos. Recogió sus cosas y siguió a Jiraiya.
Varios días pasaron desde ese incidente que marcó a Bakugo. En ese tiempo, Bakugo no abrió la boca y actuaba más parecido a un robot que a una persona. Con la mirada perdida normalmente en el suelo. Ni siquiera los chistes guarros de Jiraiya le ocasionaban efecto alguno. Cuatro días después, después de pagar alojamiento Jiraiya probó algo para hacer reaccionar a Bakugo.
—Katsuki, háblame de tu novia. —dijo haciéndose énfasis en el nombre Katsuki. Bakugo miraba al techo de la habitación distraído. —Mmmm. Katsuki ¿ya la has besado?—de nuevo Bakugo lo ignoró estando en su mundo de alelados.—¡KATSUKIIIIIII!—gritó perdiendo los nervios.
—¿Eh?—dijo Bakugo con un pequeño bostezo. —¿Decías algo?
—¡Se acabó! —exclamó Jiraiya.—Te prefería malhumorado y gruñón a esta versión sin vida tuya. ¡No puedes estar de bajón todo el día!. Antes me habrías intentado matar tres veces por lo que te acababa de decir. Mañana llegaremos a los Cuarteles Tanzaku que es donde está Tsunade y para llevarte así a verla prefiero traer un mueble. Tienes que pasar página y yo te voy a ayudar a hacerlo. —
—¿Cómo?—preguntó Bakugo arqueando una ceja.
—Jijiji es un secreto. —rió Jiraiya. —En 5 minutos te espero abajo. —añadió saliendo de la habitación. Al instante volvió a entrar. —¡Y tráete la billetera contigo!—salió de nuevo cerrando la puerta.
—¿Para que querrá que traiga la billetera?—dijo Bakugo con tono ausente. —No puede ser para nada bueno.—
