Todos los personajes y la historia pertenecen a Kohei Horikoshi y Masashi Kishimoto

—¿Y como se llama ese esclavo-gladiador que tanto te ha impresionado, Monet?—quiso saber Doflamingo.

—No sé su verdadero nombre. —contestó Monet. —Pero se hace llamar Red Riot.

Mientras tanto, en un punto de la frontera entre el país del Colmillo y el país de las Casacadas, Eijiro Kirishima se preparaba para combatir por 136ª vez en el Coliseo Mortal. Ya no era el adolescente de 16 años risueño y alegre de antaño. Ahora era todo un hombre de 23 años con músculos de acero y una gran carga bajo sus hombros. Una carga producto de su promesa a Mitsuki Bakugo de regresar a su hijo y su mejor amigo y que aún no había podido cumplir. Una carga que pesaba más con cada muerte que había ocasionado para sobrevivir. Cientos de mujeres y hombres habían encontrado la muerte después de enfrentarse a él y caer derrotados. A Kirisihima le costaba admitir que empezaba a sentirse agotado, tanto física como mentalmente. Su determinación por encontrar a Bakugo empezaba a flaquear. Pero recobraba fuerzas al pensar de todo lo que había tenido que sacrificar para llegar hasta allí. En cada nuevo combate, su mente le decía que solo tenía que aguantar un poco más. Que estaba apunto de conseguir su objetivo.

Solo un combate más. Solo uno más.—se repetía mentalmente como una mantra Kirisihima. —Solo uno más.—

—¡Damas y caballeros! ¡Niños y niñas!—exclamó a viva voz el presentador oficial de los combates del Coliseo Mortal al graderío. Gente de todas las edades abarrotaban las gradas. Incluso se oía el llanto de un bebé que se calló cuando su madre le alimentó amamantándolo. Y es que a pesar de la sangre y de las muertes del coliseo, los esclavos eran considerados inferiores a las mascotas de la gente libre. Así que era un espectáculo para todos los públicos.—¡Y bebés! ¡Jajaja! —rió y con él se le unieron en risas la mayoría del público, incluyendo a la madre que le estaba dando el pecho a su hijo. —¡Hoy vais a disfrutar de un combate a muerte que recordaréis el resto de vuestras vidas! ¡Muchos sois espectadores habituales del Coliseo y sabéis que lo que digo es cierto! ¡ Y para los nuevos, que sepáis que El Coliseo Mortal es sinónimo de entretenimiento y de espectáculo! ¡Un espectáculo que no olvidaréis nunca!—

Durante un tiempo, Kirishima había odiado con toda su alma a ese hombre que se dedicaba a anunciar sus combates. Solo escuchar su voz le daba arcadas. Pero había llegado un momento, que ya le daba igual. Su cerebro desconectaba cada vez que hablaba por el bien de su salud mental. Su mente despertaba solo cuando lo anunciaba con su antiguo nombre de héroe que había reutilizado como gladiador por si alguien de su mundo oía las noticias del Coliseo. Porque no sabía cuantas personas apellidadas Kirishima habrían en ese mundo de ninjas, pero estaba seguro que no habría nadie con el nombre o alias de Red Riot.

Hasta hora, su estrategia no había dado frutos. Pero seguía repitiéndose lo mismo para recibir un chute de energía.

Solo un combate más. Solo uno más.—

—¡Estáis de celebración! ¡En el fondo de la izquierda ...!—el presentador señaló con la mano a un grupo de mujeres, equipadas con yelmos y armaduras de bronce y armadas con lanzas algunas y espadas cortas otras, que se acercaba al centro de la arena. —¡Hacen acto de presencia por primera en la historia del Coliseo Mortal! ¡LAS VALKIRIAS! —En total habían 20 mujeres de edades comprendidas entre los 15 y los 40 años. Las veinte rugieron al unísono con un grito de guerra con su idioma natal. —¡Hemos traído del lejano País de las Nieves a un escuadrón de estas temibles guerreras! ¡Cada una de ellas ha matado a más de una docena de guerreros en la guerra civil que azotó el País de las Nieves el año pasado! ¡A pesar de su fuerza las valkirias sucumbieron contra el ejército del señor feudal del País de las Nieves! ¡Pero gracias a ello, el gran Kakuzu-sama ha podido comprar a 20 de ellas para vuestro disfrute! ¡Podéis mirar, pero no tocar! ¡A no ser que queráis acabar a dos metros bajo tierra como los cientos de hombres que sucumbieron ante ellas! ¡Jajajajaja! —de nuevo, gran parte del público se rieron con su broma.

—¿Pero quién osará a enfrentarse a tan temibles guerreras?—cu el presentador gesticulando ignorancia.

—¡RED RIOT! —gritó una niña del público levantándose de su asiento.

—¿Quién?—preguntó el presentador, fingiendo que no la había escuchado, posando su mano sobre su oreja.

—¡RED RIOOOOOTTTT! —gritaron unos pocos más.

—¡No os oigo!—dijo el presentador volviendo a tocarse la oreja.

—¡REEEEEDDDDD RIOTTTTTTTTT! —rugieron todos los espectadores del Coliseo al unísono.

—¡Eso está mucho mejor! ¡En el fondo derecha tenemos ...—señaló con su brazo la zona por donde iba a salir Kirishima. Éste, a pesar de no haber escuchado ni una palabra del presentador, supo que era su momento de salir. Se colocó un pequeño protector negro que le cubría parte de la cara y anduvo hasta colocarse en frente de las 20 mujeres con las que lucharía. —¡El increíble, el inigualable, el único, el irrepetible, el campeón invicto en sus 135 combates, el Héroe del Coliseo Mortal ...!¡ Reeeeeedddddd Rioooootttttt!

—¡Red Riot! ¡Red Riot! ¡Red Riot...! —el público animaba y coreaba el nombre de su ídolo.

Kirishima ignoró el ruido y se concentró en quien sería su oponente. Hizo una mueca de desagrado. No porque fuera un combate difícil. O porque tendría que enfrentarse a mujeres. Sino porque esta vez tendría que matar a 20 personas para sobrevivir. Nunca había tenido que matar a tantas personas en un único día. Lo único que le alivió es no ver a niñas entre ellas. Los niños eran los peores. Eran los causantes de la mayoría de sus pesadillas.

Solo un combate más. Solo uno más.—

De vuelta al burdel Underworld, Doflamingo le daba vueltas a la cabeza al alias del esclavo-gladiador que acababa de escuchar de su oficial.

Red Riot ... Juraría haber escuchado ese nombre antes...—pensó Doflamingo, molesto consigo mismo por no recordar donde, cuando y de quien había oído esas dos palabras con anterioridad.

—Hay otra cosa que quiero comentarle, joven amo.—dijo Monet, esperando que Doflamingo le diera permiso para hablar ya que le veía concentrado.

—¿Qué cosa?—preguntó Doflamingo, dejando aparcado momentáneamente el asunto de Red Riot.

—Antes me has preguntado que país podríamos conquistar y que estuviera en una posición parecida al País de la Lluvia pero que tuviera mar para poder navegar. —comenzó Monet. Doflamingo le dio permiso para que continuara. —Sé el país perfecto que cumple esas condiciones. O mejor dicho, que las cumplirá. —a Monet se le dibujó una sonrisa malvada que no tenía nada que envidiar a las que hacía su jefe. —El País del Sonido.—

—¿El País del Sonido? —dijo Doflamingo. Monet asintió con la cabeza.—¿El País de ese bastardo de Orochimaru que nos secuestró y que nos torturó durante años? —Monet volvió a asentir. —Por mucho que me gustaría vengarme ahora mismo de ese malnacido, aún no estamos preparados. Y por lo que sé, Orochimaru gobierna con mano de hierro. No he oído de ninguna guerra civil en su territorio.—

—No he dicho que estuviera en plena guerra civil. Lo que he dicho es que estará en una posición de debilidad que podremos aprovechar, joven amo. —le corrigió Monet.

—Explícate, Monet. —le exigió Doflamingo.

—Dentro de poco más de dos semanas se celebrará la última fase del examen a chunin en Konoha. Sé a ciencia cierta que Sunagakure y Otogakure (las aldeas ocultas de la arena y del sonido) invadirán ese día Konoha en pleno examen aprovechando que se reúnen todos los señores feudales para ver el espectáculo.—explicó Monet agrandando su sonrisa.

—¿Cómo sabes eso?—cuestionó Doflamingo.

—Tú mismo lo has dicho antes, joven amo. Soy tu mejor espía. —se acercó a Doflamingo de manera seductora. —Nadie se resiste a mis encantos.—

—Fufufufufu. —rió Doflamingo, abrazando por la cintura a su oficial. —Sí que es verdad que puedes llegar a ser muy persuasiva cuando te lo propones. Así que durante el examen de ninjas el poder militar de Oto y Suna estarán en Konoha, ¿eh?—

—Quedando el país del Sonido indefenso para que lo conquistes, joven amo. —Monet acercó su rostro al de su jefe y acercó sus labios a los del rubio hasta que fueron unidos con un beso.

—Para que lo conquistemos, Monet. —le corrigió Doflamingo volviendo a besarla, pero esta vez con más violencia.

De pronto, Doflamingo se separó de Monet abruptamente al darse cuenta de algo.

—¿Pasa algo, joven amo?—preguntó Monet, preocupada por el cambio.

—¡Llama a Corazón!—ordenó Doflamingo, a su oficial.

—¿A esa perra? ¿Para qué, joven amo?—quiso saber Monet, poniéndose celosa.

—Ya sabes que no me gusta que insultes a Corazón, Monet.—regañó Doflamingo cruzándose de brazos.

—¡No la insulto! ¡Solo digo la verdad! ¡Es una perra psicópata y sádica!—dijo Monet elevando la voz.

—Fufufufufufu. —Doflamingo rió, sabiendo de la enemistad manifiesta de sus dos oficiales de mayor rango. —Pues esa perra psicópata y sádica sabe quien es ese tal Red Riot. Así que por eso quiero la llames.—

—¿Esa perra conoce a Red Riot?—dijo Monet asqueada. —Ya no me parece tan buena idea que sustituya a Diamante...—murmuró dando la espalda

—Fufufufufu. —Doflamingo cogió a su oficial nuevamente por la cintura apoyando su cabeza en el hombro de la mujer. —¿No me digas que estás celosa, Monet?—dijo con tono divertido.

—¿Yo? ¿Celosa de esa loca? ¡Jamás!—dijo Monet, aunque en parte lo estaba por las atenciones que le daba su jefe a la otra oficial.

—Vamos, vamos. Si Corazón te ama más a ti que a mí.—razonó Doflamingo.

—Sí, pero también me quiere matar. Es una desquiciada mental. No sé por qué la aceptaste como oficial.—

—Porque es fuerte y es como nosotros. —contestó Doflamingo. —Y también porque me parece muy divertida. Me hace reír. Fufufufufuf.—

—Eso no tiene ningún mérito. Tú te ríes por cualquier cosa, joven amo.—replicó Monet rodando los ojos.

—Fufufufuf. Nuevamente tienes razón. —Doflamingo le dio un beso en la mejilla y se separó de ella.—Ahora sé una buena chica y llámala. Creo que sigue fuera jugando con una parejita que se encontró tratando de robarnos.—

—Está bien. Pero esta noche merezco una recompensa después de tener que aguantarla. —dijo Monet emitiendo un suspiro.

Monet salió de Underworld y examinó los alrededores. En un callejón oscuro encontró a su compañera oficial y archienemiga, Corazón.

Era una mujer de unos 25 años relativamente de pequeña estatura (1,57 metros), de piel clara con los iris de color amarillo brillante y las pupilas delgadas. Su cabello era de rubio ceniza pálido y estaba peinado en dos moños desordenados con numerosos mechones que sobresalen de su flequillo recto y de dos flecos.

Aunque lo que más se fijaría uno sería en su cara (especialmente la parte de boca) manchada de sangre fresca. La mujer se limpió parte de su boca con uno de sus pulgares y se lo llevó a la boca.

—Mmmm... Deliciosa...—dijo Corazón, con el rostro enrojecido por la excitación. Vestía como una colegiala a pesar de estar más cerca de la treintena que de la adolescencia.

—¡Corazón! ¡¿Que demonios estás haciendo?!—exigió saber Monet viendo los dos cadáveres a sus pies, el de un hombre y una mujer.

—¡Monet-chan!—sonrió Corazón enseñando sus afilados caninos. —¡Me he enamorado de nuevo!—dijo señalando a los dos cadáveres.

—¿Eh? ¿Y por qué los has matado entonces?—preguntó Monet resoplando.

—¡Han muerto de amor por mí! ¡No he tenido más remedio que beberme su sangre!—dijo Corazón con tono inocente, lo que le daba un aspecto mucho más sádico. —¡Dame un besito, Monet-chan!—corrió a por la otra oficial intentando besarla pero esta se escapó tomando su forma de arpía y permaneciendo en el aire a varios metros sobre el suelo gracias a sus alas.—¡Aaaaaa!—gritó emocionada. —¡Te amo incluso más en tu forma de pájaro! ¡Déjame beber tu sangre, Monet-chan!—

—Ni lo sueñes. El joven amo solicita tu presencia.—dijo Monet, asqueada.

—¿Joker-sama quiere verme?—dijo Corazón llevándose las manos a la cara.—¿Querrá que me beba su sangre?—

Monet aterrizó de golpe y la agarró por el cuello con una de sus patas.

—Eso no lo digas ni en broma, Corazón. —amenazó Monet, furiosa.

—A..prie...ta más fuer...te Monet-chan...—dijo Corazón, excitándose. Monet en cambio la soltó y escupió al suelo por la repulsión que le causaba la rubia. —¡No es justo, Monet-chan! ¡Nunca haces lo que te pido! ¡Ni siquiera cuando te pido que me llames Himiko-chan! ¡Aunque eso es lo que me gusta de ti. Jijijijiji.—

N/A: Bueno, para los pocos despistados que aún no lo hayan averiguado, Corazón es Himiko Toga.

Toga entró dando saltitos al local.

—¡Joker-sama! ¿Por qué querías verme?—dijo Toga apoyándose en el regazo del hombre. —¿Me echabas de menos?—preguntó acurrucándose como un perrito junto a su amo.

—¿Por qué tienes la boca manchada de sangre, Corazón?—cuestionó Doflamingo dando un sorbo a una botella de vino. Ignorando —Pensándolo mejor, no me contestes a eso. Alguna vez mencionaste el nombre de Red Riot. ¿De qué lo conocías?—

—¿Eijiro-chan? ¡Claro que lo conozco! ¡Denki-chan, Eijiro-chan y yo somos muy amigos! ¡Trabajamos juntos muchas veces en la Liga de los Villanos después que a Eijiro-chan le retiraran su licencia de héroe!—explicó Toga incorporándose.

—¿Y es fuerte ese tal Eijiro?—preguntó Doflamingo acabándose la botella de vino de varios tragos más.

—¡Sí! ¡Eijiro-chan es capaz de endurecerse con su quirk! ¡Puede hacer su piel igual de dura que el diamante! Aunque eso tenía el inconveniente que no le podía demostrarle mi amor clavándole mis colmillos. —dijo Toga abriendo la boca y mostrando sus afilados dientes caninos. —¡Una vez lo intenté y me hice mucho daño!—

—Así que puede endurecer su piel como el diamante. Fufufufufuf. —rió Doflamingo. —Monet no andaba desencaminaba cuando decía que podía sustituir a Diamante.—

—¿Por qué me preguntas tantas cosas de Eijiro-chan, Joker-sama?—preguntó Toga.

—Resulta que tu amiguito también está en este mundo.—respondió Doflamingo.

—¿Eijiro-chan está aquí? ¿Ha venido porqué está enamorado de mí? —dijo Toga emocionada.—¡Pero yo no puedo enamorarme de alguien a quien no le puedo chupar la sangre! Además, yo ya tengo a Izuku-kun, Ochaco-chan, Monet-chan y Joker-sama. No necesito a nadie más. Mmmm. Echo mucho de menos a Ochaco-chan y a Izuku-kun ... ¿Me echarán de menos ellos también a mí?—

—Corazón. Me dijiste que naciste y viviste en Musutafu, ¿verdad? —Toga asintió. —Hace poco ha estado un chico rubio de unos 13 años con muy mal genio y con un lenguaje muy soez. ¿Te resulta familiar?—

—Mmmm. No me suena nadie así. Aunque yo no tengo muchos amigos y Musutafu es muy grande.—dijo Toga.—Quizás Eijiro-chan lo conozca.—

—Quizás...—dijo Doflamingo algo decepcionado por la respuesta de su oficial. Su instinto le decía que esos dos se conocían. Y pocas veces su instinto le fallaba. —Monet, sé que estás espiándonos. Muéstrate tengo algo que contarte. —luego se volteó para ver a Toga. —A las dos.—

Monet apareció en su forma humana y se colocó al lado de Doflamingo.

—Como mis oficiales supremas, es justo que seáis las primeras en enterarós de mis próximos pasos. Monet ya sabe prácticamente todo, ya que la idea la he sacado de ella. Pero tú tienes que prestar atención, Corazón.—dijo Doflamingo.

—Lo siento, Joker-sama. Estaba pensando en mis cosas.—dijo Toga con inocencia.

—Estúpida ...—murmuró Monet cruzándose de brazos.

Se despojó del mapa que tenía guardado en su abrigo de plumas y lo tiró al suelo.

—Al amanecer, partiremos al país de las Cascadas e iremos al Coliseo Mortal liberando a todos los esclavos-gladiadores que podamos. Si ese tal Kakuzu se interpone, acabaremos con él. Después, con nuestro ejército y los gladiadores liberados conquistaremos el país del Sonido. Y yo me erigiré como su nuevo Rey.—explicó Doflamingo.

—Joker-sama, rompedor de cadenas.—dijo Toga.

—¿Rompedor de cadenas? Me gusta el nombre, Corazón. —Toga enrojeció rascándose la nuca.

—Bah, tampoco es para tanto. —dijo Monet, cruzándose de brazos y haciéndole malas caras a Corazón.

—Y aunque me guste, el nombre es inexacto. Romperé las cadenas a unos pocos, pero someteré a un país entero. Los liberaré de combatir, pero los obligaré a cultivar drogas y fabricar armas. Y los que se opongan a mí ... —el rostro de Doflamingo se oscureció de repente.—El infierno les espera. ¡FUFUFUFUFUFUFUFUFUFUF!—

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Fin del capítulo especial del Coliseo

Otra ronda de apuestas. Los cuatro palos de la baraja de póker son Trébol, Pica, Corazón y Diamante. El Joker o comodín es Doflamingo. Corazón es Toga. Diamante parece ser que será Kirishima. ¿Pero qué pasa con Trébol y Pica? ¿Lo ocupará Sasuke? ¿Itachi? ¿Naruto? ¿Tal vez otra persona de BNHA? ¿O quizás el mismísimo Bakugo se una a Doflamingo? ¡Hagan sus apuestas! (Monet tiene el rango de espía y por tanto no es ninguna de las líderes de los cuatro palos del Joker)