Tal y como dije en la parte de ACLARACIONES, traduciré la conversación entre Bakugo y Jiraiya y entre Bakugo y Doflamingo. Será un recopilatorio sumando la parte traducida en negrita.
Este es el único episodio que no es de vital importancia leer si entendistéis bien el dialecto de los borrachos XD. Aunque podéis echarle un ojo para saber si estabais en lo cierto en vuestra labor de traductor. Además, en el final escribo como pasó la resaca Bakugo.
Todos los personajes y la historia pertenecen a Kohei Horikoshi y Masashi Kishimoto
Jiraiya y Bakugo llevaban más de una hora en Underworld bebiendo sin parar. Bin birus, cocteles, sake ... Ambos llevaban una caraja encima ni medio normal. Los efectos del alcohol hicieron mella en ambos, aunque mucho más en el genin que apenas podía mantenerse en equilibrio.
—¿Y ... y ... y dabez que meeeeee hiifooooo? —dijo Jiraiya arrastrando las sílabas, totalmente ebrio. Bakugo asintió con los ojos como plato y con la boca medio abierta como un anormal rostro —¡Me godpeooooooo! ¡Y zodo pod llamadta goda!—
—¿Y ... y ... y sabes que me dijo? —dijo Jiraiya arrastrando las sílabas, totalmente ebrio. Bakugo asintió con los ojos como plato y con la boca medio abierta como un anormal rostro. —¡Me golpeó! ¡Y solo por llamarla gorda!—
—¡Yo ... yooo .yooooo! —Bakugo levantó la mano como si estuviera en clase. —¡Pfffffff! —la cabeza le daba vueltas. —¡A míiiiiiiiii. ...—se señaló con los pulgares para darla mayor énfasis.— un todtazo me die... me diedon pod decid que había engodado! ¿Te lo puededdddd creeedddd?—
—¡Yo ... yooo .yooooo! —Bakugo levantó la mano como si estuviera en clase. —¡Pfffffff! —la cabeza le daba vueltas. —¡A míiiiiiiiii. ...—se señaló con los pulgares para darla mayor énfasis.— un tortazo me die ... me dieron por decir que había engordado! ¿Te lo puedes creer?—
—¡Zomoz almaz gemelazzzzz!—lloró Jiraiya abrazando a Bakugo. —¡No hay quiennnnn entenda a dad mujededdddddd!—cada vez arrastraba más las sílabas.
—¡Somos almas gemelas!—lloró Jiraiya abrazando a Bakugo. —¡No hay quien entienda a las mujeres!—cada vez arrastraba más las sílabas.
—¡La peodddd edddd la vieda budaaa! —dijo Bakugo, recordando a su madre Mitsuki. Luego empezó a llorar. —¡La exoooooo de menozzzzzzzzzzzz! ¡Viedaaaaa budaaaaaa! ¡De diedooooooo!—
—¡La peor es la vieja bruja! —dijo Bakugo, recordando a su madre Mitsuki. Luego empezó a llorar. —¡La echo de menos! ¡Vieja bruja! ¡Te quiero!—
—¡De dedemozzzzzzzz vieja budaaa!—confirmó Jiraiya.
—¡Te queremos vieja bruja!—confirmó Jiraiya.
Una señorita de compañía de unos 25 años de pelo castaño se colocó al lado de Jiraiya.
—¿Quieres pasarlo bien, guapetón?—le dijo a Jiraiya.
—¿Me ezaz habando a mi?— dijo Jiraiya con los ojos semi cerrados. La prostituta asintió con una sonrisa. Jiraiya volteó la cabeza con una sonrisa. —¡Bakudoooooo he tiundao! ¡Dame un poco de dinedoooooo!—
—¿Me estás hablando a mí?— dijo Jiraiya con los ojos semi cerrados. La prostituta asintió con una sonrisa. Jiraiya volteó la cabeza con una sonrisa. —¡Bakugo, he triunfado! ¡Dame un poco de dinero!—
—¡Shhhh!—se puso un dedo en la boca Bakugo. —¡Te ezta ezcuchandooooo! ¡Habla madddd bajoooo!—
—¡Shhhh!—se puso un dedo en la boca Bakugo. —¡Te está escuchando! ¡Habla más bajo!—
—¡Lo zientooooo! —dijo haciendo una reverencia casi dándole un cabezazo a la mujer. Bakugo, con mucha dificultad le dio dos billetes de 500. —¡Ededddd ed mejozzzz!—
—¡Lo siento! —dijo haciendo una reverencia casi dándole un cabezazo a la mujer. Bakugo, con mucha dificultad le dio dos billetes de 500. —¡Eres el mejor!—
—¡Y tú erezzz ed mejoddddd zenzei del mundo!—
—¡Y tú eres el mejor sensei del mundo!—
—Puedes traerte a tu amiguito contigo. —añadió la señorita de compañía guiñándole un ojo a Bakugo.
—¿Eh?—dijo Bakugo no entendiendo.
—No, mejoddd no.—negó fuertemente Jiraiya.— No quiedo zer una mala influeeeeeencia. —
—No, mejor no.—negó fuertemente Jiraiya.— No quiero ser una mala influencia. —
La mujer se encogió de hombros y cogió a Jiraiya de la mano hasta una de las habitaciones. Bakugo, ya solo, se terminó el chupito de sake que se había dejado allí.
—¡Ufff! —se llevó las manos a la cabeza. —¡Poz qué me duele tadto la cabezaaa!—
—¡Ufff! —se llevó las manos a la cabeza. —¡Por qué me duele tanto la cabeza!—
—Deberías dejar de beber. —sugirió el barman que estaba limpiando unas copas.
—¡NO EDEZ MI ZENZEI AZI QUE CALLATEEEEE!—gritó Bakugo, volviéndose agresivo de repente y rompiendo la copa contra la barra de bar. —Upzzz. Do zientoooo. Mmmmm, ponme mazzz zakeeeee.—
—¡NO ERES MI SENSEI ASÍ QUE CÁLLATE!—gritó Bakugo, volviéndose agresivo de repente y rompiendo la copa contra la barra de bar. —Ups. Lo siento. Mmmmm, ponme más sake.—
El barman chasqueó los dedos haciendo llamar a los de seguridad. Dos hombres bajaron del piso de arriba que estaba super protegido y se acercaron a la barra de bar.
—Echad a este niño a la calle. —dijo el barman a los hombres trajeados.
—Vamos, chico. —uno de los de seguridad le cogió de la muñeca, pero Bakugo se revolvió.
—¡NO ME TOQUEDDDDD!—gritó Bakugo levantándose del taburete.
—¡NO ME TOQUES!—gritó Bakugo levantándose del taburete.
—No me gusta pegar a niños, así que cálmate. —dijo el segurata con una vena hinchada.
—¡NOOOOO! ¡QUIEDOOO MAZZZZ ZAKEEE!—gritó Bakugo tambaleándose por el mareo.
—¡NOOOOO! ¡QUIERO MÁS SAKE!—gritó Bakugo tambaleándose por el mareo.
—Tú lo has querido, chaval. —
El guardia iba a golpearlo en el estómago para desmayarlo, pero Bakugo, aún con un casi coma etílico, mantenía sus instintos felinos y lo esquivó con facilidad. El otro guardia lo agarró por la espalda. Pero Bakugo se zafó dándole un cabezazo con la coronilla en su barbilla. El primer guardia se arremangó y lanzó un puñetazo, pero Bakugo lo lanzó al suelo haciéndole una llave de judo. El guardia que había sido golpeado en la barbilla trató de sacar un kunai, pero Bakugo le retorció la muñeca haciéndole soltar el arma. Luego estampó su cabeza contra la barra de bar, destrozando copas y botellas en el proceso y quedando inconsciente.
El segurata que había recibido la llave de judo se levantó y sacó una katana. Bakugo estaba de espaldas tocándose la frente. El mareo se había incrementado considerablemente
—¡Bastardoooo!—gritó el guardia.
—¡ZHINEEEEEEEEEE!—hizo una explosión en el pecho del hombre que lo mandó a volar hasta la zona de los strippers.
—¡SHINEEEEEE!—hizo una explosión en el pecho del hombre que lo mandó a volar hasta la zona de los strippers.
Los clientes y trabajadores veían el espectáculo temerosos del niño. Bakugo ignoró a todo el mundo y se centró en el barman.
—Maz zakeeee, pod favodddddd. —suplicó Bakugo, con la cabeza balanceándose por el sueño. Agarró al otro guardia que estaba inconsciente allí y lo lanzó hacia atrás sin mirar donde lo había tirado.
—Más sake, por favor. —suplicó Bakugo, con la cabeza balanceándose por el sueño. Agarró al otro guardia que estaba inconsciente allí y lo lanzó hacia atrás sin mirar donde lo había tirado.
El barman estaba asustado así que le sirvió otra copa. Pero Bakugo tuvo que arrebatársela de la mano ya que el barman se había quedado petrificado. Lo que le aterrorizó y le petrificó al barman fue vislumbrar la figura que bajaba del segundo piso. La misteriosa figura se sentó encima de la barra y miró con curiosidad a Bakugo.
—¿No eres muy pequeño para estar aquí?—preguntó la figura.
Bakugo alzó la vista, y tuvo que alzarla mucho para observar el rostro de la extraña figura. Al igual que los guardias, llevaba gafas de sol, pero éstas eran de color rojo. Pero eso no era lo más llamativo, ni tampoco que tuviera el pelo rubio o que su piel fuera muy bronceada. Lo más llamativo es que era GIGANTESCO. Parecía un gigante.
—¿Y tú no edez muy grande pada eztad aquí?—contraatacó Bakugo, dejándolo de observar para poner su atención en la copa que le había arrebatado al barman.
—¿Y tú no eres muy grande para estar aquí?—contraatacó Bakugo, dejándolo de observar para poner su atención en la copa que le había arrebatado al barman.
—Kukukukuku. —rio el extraño, con una sombría y maliciosa risa.—Sírveme lo mismo, barman.—
Si Bakugo hubiera estado más sobrio, se habría podido dar cuenta de lo inusual que era su compañero de copas. Incluso podría haber asociado su figura a la descripción que le dijo Dosu antes de morir en el bosque de la muerte.
El barman le entregó otra botella a toda prisa, por miedo a las represalias de su jefe por servirle un segundo tarde. Doflamingo imitó al niño rubio y empezó a beber de la misma botella.
—¿Cómo te llamas, mocoso?—preguntó Doflamingo con un interés real en saber quien era ese adolescente que había tumbado a dos de sus hombres casi completamente ebrio.
—¡No zoy un mocozooooo!—contestó Bakugo. —¡Tengo mmmmm. ...! —empezó a contar con los dedos de una mano y luego con los de la otra. —¡Tengo muxozzzzz añozzzzzz!—dijo arrastrando más y más sílabas. —¡Me llamooo ...! Mmm ... ¿Cómo me llamo? ¡Ezpera adquí y le pedundo a mi zenzei! —se levantó del taburete, pero casi se cae del mareo que tenía encima. —¡Upssss! ¡Cazi me caigo! Jiji —luego volvió a sentarse. —Mejod no de pedundo ...—se acercó a Doflamingo y gesticuló como si fuera un secreto. —Ze eztá follando a una zeñoddddita allí—susurró señalando un cubículo al fondo de la sala. —Aunque cdeo que ez una pdoztituta.—
—¡No soy un mocoso!—contestó Bakugo. —¡Tengo mmmmm. ...! —empezó a contar con los dedos de una mano y luego con los de la otra. —¡Tengo muchos años!—dijo arrastrando más y más sílabas. —¡Me llamo ...! Mmm ... ¿Cómo me llamo? ¡Espera aquí y le pregunto a mi sensei! —se levantó del taburete, pero casi se cae del mareo que tenía encima. —¡Upssss! ¡Casi me caigo! Jiji —luego volvió a sentarse. —Mejor no le pregunto ...—se acercó a Doflamingo y gesticuló como si fuera un secreto. —Se está follando a una señorita allí—susurró señalando un cubículo al fondo de la sala. —Aunque creo que es una prostituta.—
—¿Tú sensei se está follando a una de mis putas y te ha dejado aquí solo?—preguntó Doflamingo, frunciendo el ceño.
—Zzhhhhh—el joven abrió los ojos como platos, creyendo que su interlocutor le estaba leyendo la mente. —¿Cómo lo haz zabido? ¡Eda un zecdeto!—luego se le encendió una bombilla. —¡Ya deduedo como me llamba! ¡Kazz ...! Kazzzzz Mieda, no me zale la palabrita. ¡Bueno, da iguad! ¡Me puedez llamad el azezino de nidaz!—
—Sshhhhh—el joven abrió los ojos como platos, creyendo que su interlocutor le estaba leyendo la mente. —¿Cómo lo has sabido? ¡Era un secreto!—luego se le encendió una bombilla. —¡Ya recuerdo como me llamaba! ¡Katt ...! Kattttt... Mierda, no me sale la palabrita. ¡Bueno, da igual! ¡Me puedes llamad el asesino de niñas!—
—¿El asesino de niñas?—preguntó Doflamingo cada vez más intrigado.
—¡Eze zoy yo!—respondió Bakugo dándole otro trago a la botella de sake.
—¡Ese soy yo!—respondió Bakugo dándole otro trago a la botella de sake.
—¿Y eso?—dijo Doflamingo.
—Ez una hiztodia mu ladga y trizte. Nadie debedia ezcuchadda. —dijo Bakugo con la mirada perdida.
—Es una historia muy larga y triste. Nadie debería escucharla. —dijo Bakugo con la mirada perdida.
—Fufufufu. Pero yo me río por todo, así que a mi sí que me la puede contar. —insistió Doflamingo mostrando los dientes.
—En fin ...—resopló Bakugo.— Pod dode empiezo...—Bakugo le dio un trago grande a la botella de sake.—Yo dazí ed Muff ... Mmm Muzuz, Duzzzzz Muzududu ...—a Bakugo le resultaba imposible decir la palabra Musutafu.— Joded. Do dendo ed da pudda de da dendua. Pufffff. —se tocó la frente.— Mi cabezaaa. ¿Pod qué me duede tadto da cabeza?—
—En fin ...—resopló Bakugo.— Por donde empiezo...—Bakugo le dio un trago grande a la botella de sake.—Yo nací en Muss ... Mmm Musus, Duzzzzz Muzududu ...—a Bakugo le resultaba imposible decir la palabra Musutafu.— Joder. Lo tengo en la punta de la lengua. Pufffff. —se tocó la frente.— Mi cabeza. ¿Por qué me duele tanto da cabeza?—
—Fufufuf. Quizás deberías dejar de beber ...—sugirió Doflamingo acerca su mano a la botella.
—¡Nooo! ¡Atdazzzz! —replicó Bakugo abrazando la botella. —¡Ez mía! Mi tezodooo ... ¡Zi da tocad! ¡Te matadéeee!—
—¡Nooo! ¡Atrás! —replicó Bakugo abrazando la botella. —¡Es mía! Mi tesorooo ... ¡Si la tocas! ¡Te mataré!—
—Fufufufu. —volvió a reír, pero con más intensidad. —Me recuerdas a alguien que conocí hace mucho tiempo.—
—¿En zedio? ¿A quied?—preguntó Bakugo, aún abrazando a la botella como si fuera su hija.
—¿En serio? ¿A quién?—preguntó Bakugo, aún abrazando a la botella como si fuera su hija.
—Cuando lo conocí era aún más pequeño que tú. Tenía el mismo mal genio que tú. Trafalgar Law.—respondió Doflamingo con nostalgia.
—¿Ed taddien ez un azezido codo yo?—preguntó Bakugo, con el sueño avanzando en su cuerpo poco a poco.
—¿Él también es un asesino como yo?—preguntó Bakugo, con el sueño avanzando en su cuerpo poco a poco.
—No. Pero intentó matar en numerosas ocasiones a mi hermano pequeño.—dijo Doflamingo, dándole él también un trago a su botella.
—¡Bahh! ¡Edtodcez do ze padeze dada a mí! Mi zenzei me dijo que zi bebía me odvidadía de da pdegunta que me atodmedta. Pedo do conzigo odvidadme.—dijo Bakugo mirando la botella de sake en una especie de trance.
—¡Bahh! ¡Entonces no se parece nada a mí! Mi sensei me dijo que si bebía me olvidaría de la pregunta que me atormenta. Pero no consigo olvidarme.—dijo Bakugo mirando la botella de sake en una especie de trance.
—¿Y qué pregunta te atormenta?—preguntó Doflamingo apoyando su cara en su mano libre.
—¿Pod qué da maté? ¿Pod qué no da detuve de otda fodma? —unas lágrimas resbalaron del rostro de Bakugo. —Miz paddez me edzedadon a zer mejod pedzona. Lez he decepciodado.—
—¿Por qué la maté? ¿Por qué no la detuve de otra forma? —unas lágrimas resbalaron del rostro de Bakugo. —Mis padres me enseñaron a ser mejor persona. Les he decepcionado.—
—¿Estás llorando, jovencito?—preguntó Doflamingo cada vez más interesado en el chico.
—¿Eh?—Bakugo se limpió las lágrimas con rabias. —¡No eztoy llodaddo! ¡Erez tú ed que edtá llodaddo!—
—¿Eh?—Bakugo se limpió las lágrimas con rabias. —¡No estoy llorando! ¡Eres tú el que está llorando!—
—¡FUFUFUFUFUFUFUFU!—rió llorando a lágrima viva. Se limpió con un dedo las lágrimas de la risa que le había dado—Tienes razón, chaval. Al final el que ha terminado llorando he sido yo. ¿Por qué no te unes a mi tripulación?—le propuso Doflamingo.
—¿Tdipudaciód? ¿Qué eded? ¿Un capitad de badco?—preguntó Bakugo, terminándose la botella.
—¿Tripulación? ¿Qué eres? ¿Un capitán de barco?—preguntó Bakugo, terminándose la botella.
—Fufufuf. Más o menos.—respondió Doflamingo.
—Mmmm. Mi rezpuezta ez do. ¡CAMADEDO, OTDA BOTEDA DE ZAKE!—gritó haciendo ruido con la botella vacía en la mesa.
—Mmmm. Mi respuesta es no. ¡CAMARERO, OTRA BOTELLA DE SAKE!—gritó haciendo ruido con la botella vacía en la mesa.
El barman miró a Doflamingo para saber lo que tenía que hacer. El gigante negó con la cabeza, así que el barman se dio media vuelta ignorando a Bakugo.
—¡EHHH! ¡TE HE PEDIDO OTDA BOTEDA DE ZAKE!—dijo Bakugo, indignado. Viendo que el camarero seguía ignorándole, miró al suelo cabizbajo. —Maddiciód... Y ahoda que hago...
—¡EHHH! ¡TE HE PEDIDO OTRA BOTELLA DE SAKE!—dijo Bakugo, indignado. Viendo que el camarero seguía ignorándole, miró al suelo cabizbajo. —Maldición... Y ahora que hago...
—Si te unes a mí, podrás beber todo lo que quieras. Todo lo que es mío, será tuyo. —insistió Doflamingo.
—¡Te he dicho que do!—alzó el tono, llevándose las manos a la cabeza por el dolor que sentía en la sien. —Yo quiedo zer un hédoe ...—murmuró a punto de dormirse.
—¡Te he dicho que no!—alzó el tono, llevándose las manos a la cabeza por el dolor que sentía en la sien. —Yo quiero ser un héroe ...—murmuró a punto de dormirse.
A Doflamingo se le iluminó la mente, percatándose por primera vez que su joven y ebrio interlocutor podría no ser de este mundo, como él y algunos de sus oficiales.
—¿Un héroe? —cuestionó Doflamingo. —Chico, ¿de dónde vienes?—
—¡Ya te do he dicho! De Muzu.. Muzu Mmmm...—el alcohol le impedía nuevamente decir Musutafu.
—¡Ya te lo he dicho! De Muzu.. Muzu Mmmm...—el alcohol le impedía nuevamente decir Musutafu.
—¿De Musutafu?—dijo Doflamingo, observando con mayor atención a Bakugo. Ahora estaba 100% seguro que Bakugo no era de aquí
—¡Exacto! ¡Do me zadía! ¡Zoy de Muzu...! ¡De dode had dicho! —cerró completamente los ojos, durmiéndose.
—¡Exacto! ¡No me salía! ¡Soy de Musu...! ¡De dónde has dicho! —cerró completamente los ojos, durmiéndose.
—Despierta, chaval ¿Quién eres?—dijo Doflamingo zarandeando al rubio ceniza.
—Ed azezido de didaz ... —respondió somnoliento, volviéndose a dormir.
—El asesino de niñas ... —respondió somnoliento, volviéndose a dormir.
—No. Me refiero a tu nombre real. —dijo el Joker volviendo a despertar a Bakugo.
—Mmmm. Kaaaaa ...—vio a Jiraiya que salía del cubículo donde había entrado con la prostituta con la cara blanca. —¿Zenzei?—
—Mmmm. Kaaaaa ...—vio a Jiraiya que salía del cubículo donde había entrado con la prostituta con la cara blanca. —¿Sensei?—
—¿Te llamas Kasensei?—cuestionó Doflamingo. Pero luego entendió que se estaba refiriendo a su sensei que corría hacia su posición. Era alto y con el pelo canoso. Aparentando unos 50 años. —¿Tú eres el sensei de este chico?—Los instintos de Doflamingo le decían que ese tipo canoso era muy fuerte.
—¡Chico, tedemoz que idnoz!—dijo Jiraiya cogiendo a Bakugo del brazo e ignorando a Doflamingo.
—¡Chico, tenemos que irnos!—dijo Jiraiya cogiendo a Bakugo del brazo e ignorando a Doflamingo.
—¿Pod qué?—preguntó Bakugo.
—¿Por qué?—preguntó Bakugo.
—Dezudta que da zedodita eda ed deadidad un zedodito!—le explicó Jiraiya.
—Resulta que la señorita era en realidad un señorito!—le explicó Jiraiya.
—¿Eh? Do ediedo.—dijo Bakugo, sin saber a lo que se refería su maestro.
—¿Eh? No entiendo.—dijo Bakugo, sin saber a lo que se refería su maestro.
—Mejod que do do eddiedaz. —Jiraiya cogió a Bakugo y lo cargó en su hombro.
—Mejor que no lo entiendas. —Jiraiya cogió a Bakugo y lo cargó en su hombro.
—¡Ey zuedtade viejo pedve ...Zzzzz!—Bakugo volvió a quedarse dormido emitiendo pequeños ronquidos.
—¡Ey suéltame viejo perve ...Zzzzz!—Bakugo volvió a quedarse dormido emitiendo pequeños ronquidos.
Jiraiya se marchó de Underworld cargando a Bakugo en el hombro sin mirar atrás, no reparando en la mirada furiosa y llena de odio que le estaba dedicando Doflamingo.
Bakugo se levantó casi 15 horas más tarde con náuseas, resaca, con la boca seca y con la ropa y su piel pringosa. Había vomitado varias veces durante su sueño sin darse cuenta. Bakugo no olvidaría en la vida su primera resaca. Eso sí. De lo que ocurrió durante la noche era otra historia. Se entremezclaban algunas imágenes y muchas lagunas en su memoria. Gigantes y flamencos revoloteaban
—Ese viejo pervertido de mierda me ha envenenado ...—murmuró Bakugo con odio, y solo escuchar el murmullo de su voz le retumbaba la cabeza. Se miró su ropa y le entraron arcadas. Corrió hasta el lavabo lo más rápido posible con sus temblorosas piernas, que aún no tenían la fuerza para sostenerle con seguridad. —¡BOGGGG!—un líquido amarillento salió de su boca disparado. La mezcla de bilis y alcohol le daba ese tono de color. —Está muerto ... Ese bastardo está muerto ...—Bakugo agarró la taza de váter con la misma fuerza que la noche anterior con la botella de sake.
