Todos los personajes y la historia pertenecen a Kohei Horikoshi y Masashi Kishimoto

Bakugo se levantó casi 15 horas más tarde con náuseas, resaca, con la boca seca y con la ropa y su piel pringosa. Había vomitado varias veces durante su sueño sin darse cuenta. Bakugo no olvidaría en la vida su primera resaca. Eso sí. De lo que ocurrió durante la noche era otra historia. Se entremezclaban algunas imágenes y muchas lagunas en su memoria. Gigantes y flamencos revoloteaban en su mente.

—Ese viejo pervertido de mierda me ha envenenado ...—murmuró Bakugo con odio, y solo escuchar el murmullo de su voz le retumbaba la cabeza. Se miró su ropa y le entraron arcadas. Corrió hasta el lavabo lo más rápido posible con sus temblorosas piernas, que aún no tenían la fuerza para sostenerle con seguridad. —¡BOGGGG!—un líquido amarillento salió de su boca disparado. La mezcla de bilis y alcohol le daba ese tono de color. —Está muerto ... Ese bastardo está muerto ...—Bakugo agarró la taza de váter con la misma fuerza que la noche anterior con la botella de sake.

El penetrante dolor de cabeza que sentía le parecía como un martillo golpeando su cabeza sin parar. Se separó del inodoro y se levantó desorientado. Bakugo se llevó una mano a la frente con un tremendo esfuerzo percatándose que cada parte de su cuerpo le dolía como si le hubieran dado una paliza.

Definitivamente, se sentía enfermo. Con el estómago revuelto y un dolor de cabeza infernal, masculló maldiciones para todos los parientes vivos o muertos de Jiraiya. Un fuerte olor proveniente de su camisa manchada de vómitos le llegó a su nariz. Se quitó la camisa asqueado y lo tiró al suelo. Se duchó para desprenderse de ese hedor, a pesar que el ruido de las gotas cayendo le atormentaban.

Aunque creyó que le habían envenenado. Supo que lo que tenía era resaca. Nunca había tomado una gota de alcohol antes, pero su madre de vez en cuando se quejaba cuando volvía de una fiesta con su padre y presentaba los mismos síntomas que los que tenía ahora mismo él.

—Esa vieja bruja pasó por esta mierda varias veces ...¿Es que no tuvo suficiente con solo una vez? Además de bruja, idiota. —pensó Bakugo con melancolía y dolor, añorando su anterior vida. Bakugo aprendió por las malas que uno no sabe lo que tienes hasta que lo pierde. —Joder ...—golpeó la pared lateral del baño.

Gotas caían de su rostro, siendo imposible identificar cuales procedían de la ducha y cuales de sus ojos acuosos.

Se puso una toalla en su cintura y salió de la ducha con el mundo dándole vueltas. Tuvo que apoyarse en las paredes de las habitaciones para no caer al suelo por la falta de equilibrio. Además de enfermo, se sentía terriblemente cansado a pesar de haber dormido más de 15 horas. Pero tenía miedo que si se tumbaba, la sensación de mareo se intensificaría y con ello las náuseas. Dudaba que tuviera algo en su estómago para vomitar.

La puerta de la habitación del hotel se abrió y por ella entró Jiraiya que traía consigo unas bolsas blancas.

—¡Por fin despiertas, chico!—exclamó Jiraiya con una sonrisa.

—¡Dios!—Bakugo se llevó las manos a la cabeza, de nuevo sintiendo como un taladro le perforaba el cráneo. —¡Habla más bajo, joder!—

—Suponía que te despertarías con resaca .—dijo Jiraiya con el mismo timbre de voz, ignorando la petición del rubio.

De estar mínimamente Bakugo en condiciones para entablar combate, ahora mismo la habitación del hotel estaría totalmente destruída por las explosiones que crearía el rubio.

Jiraiya dejó las bolsas encima de la mesa de la habitación y las abrió. Su interior estaba repleto de alimentos frescos, como plátanos, verduras, aguacates y huevos cocidos.

—Pero no te preocupes, chaval. Tu sensei ha pensado en todo y aquí tienes todo lo que necesitas para combatirla. Ah. Y no te olvides de beber muchísima agua aunque no tengas sed. —

—No eres mi sensei ...—susurró Bakugo, pero se sentó en la mesa y se echó agua en un vaso. —¿Y por qué tú estás en perfecto estado y yo estoy hecho una mierda?—

—Jajaja. La experiencia es un grado, mi querido alumno. En tu siguiente borrachera te afectará menos. Y así sucesivamente hasta que llegue un punto en que seas inmune a las resacas. Solo disfrutarás de las ventajas del alcohol. Cuando aprendas a beber, no te sentirás tan mal—apuntó con cierto aire burlón el sannin.

—¿Cuando aprenda a beber? No pienso volver a probar el alcohol en mi vida.—aseguró el genin con su voz rebotando sobre la madera de la mesa.

—Eso es lo que dije yo después de mis primeras borracheras. Forma parte del ritual de la resaca. —dijo Jiraiya.

—¿Ritual?—Bakugo alzó la cabeza de la mesa.

—En efecto. Hay fases. Primero te despiertas como si te hubieran dado una paliza. Luego te pones a responsabilizar a otros. —empezó a explicar Jiraiya. Bakugo frunció el ceño, ya que lo primero que pensó es que le habían envenenado y después que la culpa había sido exclusivamente del sannin.—Después empiezas a recordar y haces el recuento de daños.—

—¿Recuento de daños?—

—Las cosas que hiciste durante la borrachera y que te averguenzas de ellas. —su cara adquirió un tono sombrío parecido al de un zombie. —Algunas de ellas puede que te persigan toda tu vida y que tengas pesadillas con ellas todas las noches hasta que mueras.—

Bakugo arqueó una ceja. No entendiendo porque decía lo último.

—Pues yo no recuerdo una mierda de anoche. —

—Qué suerte tienes ...—susurró Jiraiya mirando al suelo, abatido.

—¿Como que qué suerte tengo? —dijo Bakugo, enfadado. —¡Siento un dolor terrible en la cabeza, tengo el estómago revuelto, todo me da vueltas y me he vomitado encima! Dios, hoy estás más raro de lo habitual.—

—Pero mira el lado positivo, ya no piensas en esa chica bandida que mataste. —dijo Jiraiya, el rubio le miró con el ceño frunciendo.

—Pues muchas gracias por recordármelo, bastardo. —replicó Bakugo con sarcasmo. Empezando a comer un aguacate y una par de patatas.

A decir verdad, se empezaba a sentir algo mejor, tanto física como mentalmente. Pero el rubio no le reconocería el mérito al sannin. Su orgullo se lo impedía.

—De nada, mi querido alumno.—dijo Jiraiya.

—¡Que no soy tú alumno, joder!—dijo Bakugo con la vena de la frente hinchada.

—¿En serio? Qué raro ... Juraría que anoche decías que era el mejor sensei del mundo. Jejejeje.—sonrió con orgullo el sannin.

El rostro de Bakugo enrojeció, ya que aunque no recordaba gran cosa de lo sucedido, intuía que el sannin estaba diciendo la verdad.

—Tsk.—masculló Bakugo, comiendo con rabia el resto de alimentos. Luego se bebió otro vaso de agua. —Pues ya que parece que tú sí que recuerdas lo que pasó anoche.—el recuerdo borroso de un gigante con el pelo rubio y con gafas de sol. —Había un hombre ...—Jiraiya se levantó como un resorte y golpeó la mesa con fuerza.

—¡NO ERA UN HOMBRE! ¡ERA UNA MUJER!—chilló Jiraiya, con sudor frío recorriéndole la cara.

—¿Eh?—dijo Bakugo, arqueando una ceja, confundido.

—¿Eh?—repitió Jiraiya, tragando con dificulltad.

—¿Qué ...?—volvió a insistir Bakugo.

—¿Qué?—Jiraiya se puso muy pálido.

—¿De qué demonios estás hablando?—

—¿De qué estás hablando tú?—

—Te he preguntado yo antes.

—Y yo después.

—¿ES QUE ME ESTÁS TOMANDO EL PELO O QUÉ?—gritó Bakugo también levantándose de la mesa. Y a pesar que el gritar le aumentaba su dolor de cabeza, se sentía demasiado irritado para contenerse.

—No grites ...—recomendó Jiraiya, tratando de desviar el tema

—¡TÚ ERES EL QUE HA GRITADO ANTES, VIEJO PERVERTIDO!—aumentó aún más la voz. Estaba a punto de estallar.

—Y tú eres el que está gritando ahora.—el cabreo de Bakugo se elevó tanto que explotó la mesa sin darse cuenta. —Olvídate de la fianza de la habitación.—

—Grrrrr ...—Bakugo apretó con fuerza los puños y empezó a inspirar y espira lentamente. —Bueno, como iba diciendo, anoche después de que te fuiste con esa prostituta —a Jiraiya casi le da un infarto al oír a Bakugo. —¿Viste ...?—

—No vi nada —dijo Jiraiya interrumpiendo a Bakugo.

—¡PERO SI AÚN NO TE HE PREGUNTADO NADA!—gritó de nuevo Bakugo, volviendo a perder los nervios. —¿Recuerdas si te pareció extraño ...?—

—No recuerdo nada de lo que sucedió anoche.—mintió Jiraiya volviendo a interrumpir al rubio ceniza.

Jiraiya estaba malinterpretando las palabras del rubio ceniza. Quería dejar el tema del prostituto/a cerrado con llave en un baúl donde nadie lo encontrara jamás. Pero eso a Bakugo ni siquiera se le había pasado por la cabeza. Quería saber si la figura gigante de su mente era real o producto de su imaginación.

—¡BASTARDO DE MIERDA! ¡ME ESTÁS EMPEZANDO A TOCAR LOS COJONES!—

—¡Yo no he tocado los cojones a nadie!—se defendió Jiraiya.

La cara de Bakugo era un poema.

—¡¿PERO TÚ ERES TONTO O TE LO HACES!?

—Tonto es el que dice tonterías.—Jiraiya volvió a intentar desviar el tema.

—Hoy estás más imbécil de lo habitual y eso que habías puesto el listón muy alto. No he conocido a mayor imbécil en toda mi vida. Ni siquiera Deku me sacaba tanto de mis casillas como lo consigues tú. Y ahora no me mientas, porque sé que recuerdas lo que pasó anoche. ¿Viste ...?—

—¿Quién es Deku? Creía que era la forma en que llamabas a tu espada.—

—¡Vete a tomar por el culo, viejo bastardo de mierda! —exclamó Bakugo, con odio al ser interrumpido de nuevo. Pensó en volver a intentar preguntarle, pero desistió. —Bah. Olvídalo ¡Qué ganas tengo por perderte de vista! ¡Por Dios! —se terminó los restantes alimentos en un santiamén y recogió las pocas pertenencias que tenía. —¡Larguémonos de una puta vez! ¡Qué cuanto antes encontremos a la médico antes podré deshacerme de ti, viejo pervertido!—abrió la puerta y la cerró con un portazo dejando a Jiraiya dentro de la habitación, solo.

—Victoria ...—susurró Jiraiya, cerrando el puño y con lágrimas en los ojos. —Ahora solo me falta confiar en que el alcohol acabe borrando ese recuerdo y el mundo volverá a ser maravilloso.—

Lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas. Aunque en este caso sería que lo que pasa en Underworld se queda en Underworld.

O tal vez no.