Todos los personajes y la historia pertenecen a Kohei Horikoshi y Masashi Kishimoto

Unos días antes de la resaca de Bakugo, en la ciudad amurallada de Los Cuarteles de Tanzaku, se encontraban dos mujeres en la entrada de una posada que estaba rodeada por casas de apuestas.

Una de ellas era rubia, con los ojos castaños, con una marca de un rombo violeta y que aparentaba tener unos 25 años de edad. Su pelo era largo hasta la cintura, con flequillo hasta los hombros enmarcando ambos lados de la cara. Tenía una notable y esbelta figura curvilínea con un busto voluptuoso. Vestía con una chaqueta de color verde con el kanji de "apuesta" escrito dentro de un círculo rojo en la parte posterior. Debajo, llevaba una camisa gris de estilo kimono sin mangas, que se ciñe a su cuerpo gracias a una faja azulada que hace juego con sus pantalones. Su camisa dejaba a la vista un pronunciado escote, dejando visibles parte de sus pechos. De su cuello, colgaba un collar de un cristal verde. Calzaba con unas sandalias con tacones altos y tenía las uñas de las manos y los pies de color rojo. Además, cargaba con un maletín de color rojo.

La otra era una mujer que aparentaba ser más joven, con un cabello corto y lacio de color oscuro. Tenía los ojos del mismo color de su cabello y la piel blanca. Vestía con un kimono negro azulado con bordes blancos y un par de sandalias. Además, cargaba en brazos con un cerdo de pequeño tamaño que vestía con un chaleco rojo y un collar de perlas alrededor del cuello.

—Bien. Aquí nos quedamos.—anunció la mujer rubia a su compañera.

—¿Qué?—dijo la morena, asustada por pensar en la posibilidad que todo su dinero volviera a esfumarse por culpa del mal hábito de apostadora de su amiga. —¡Pero esta ciudad está llena de casas de apuestas, Tsunade-sama!—

—Precisamente por eso nos quedamos, Shizune.—dijo Tsunade con una sonrisa, haciendo que la preocupación de Shizune aumentara.

—Oink, oink. —sudó frío la cerdita.

—Tú tranquila, Tonton. Aunque Tsunade-sama vuelva a perder todo nuestro dinero, no dejaré que coja la parte que te corresponde para tu alimentación. —le aseguró Shizune acariciándole.

—¡Te estoy oyendo!—gritó Tsunade, molesta y con la vena de la frente hinchada.

—¡Aaaaa!—chilló Shizune, asustada por la reacción de Tsunade.

—Deja de ser ya tan asustadiza, mujer. Bueno entremos. —dijo Tsunade entrando en la casa de apuestas que se hallaba a la izquierda de la posada.

—Pero ... eso no es la posada ...—tartamudeó Shizune. Pero la rubia la ignoró y entró igual. Shizune la siguió. Dentro estaban casi una decena de hombres de apariencia peligrosa jugando a los dados. Tsunade no se acobardó y se colocó en medio de todos dejando el maletín en el suelo quitando el cerrojo que lo mantenía cerrado. —Lo va a hacer ...—volvió a tartamudear la morena mordiéndose las uñas.

—¿Me podríais cambiar todo este dinero por fichas?—dijo Tsunade, abriendo el maletín que contenía como mínimo 30.000 Ryos, repartidos en multitud de billetes de 100.

—Todo nuestro dinero ...—susurró Shizune a Tonton con lágrimas en los ojos.

—Oink, oink. —la cerdita también lloriqueaba.

Los hombres de la casa de apuestas no daban crédito. Uno de ellos susurró algo al que parecía el líder de ellos.

—¿Pero, pero ... quién es esta mujer?—

—No lo sabes ... esta mujer es legendaria—el líder sudó por haberla visto por primera vez. La conocía de oídas de otros compañeros líderes de otras casas de apuestas. —Su apodo es ...—de pronto sonrió mostrando todos los dientes. No fue el único, el resto de hombres se pusieron muy contentos al verla. —La legendaria perdedora.—

Ya en el presente, Bakugo y Jiraiya finalmente consiguieron llegar a los cuarteles de Tanzaku donde le habían informado al sanin previamente que allí encontraría a su antigua compañera. Desde que salieron de la posada, Bakugo y Jiraiya no se habían dirigido la palabra. El primero porque seguía muy enfadado por todo el asunto de la borrachera y la resaca posterior. El segundo porque su cerebro estaba poniendo su mayor esfuerzo para borrar de su memoria el asunto del prostituto/a de Underworld.

Cuando pusieron un pie dentro de los muros de la ciudad, Bakugo decidió hablar.

—¿Y cómo es esa tal Tsunade? —preguntó el rubio.

—¿Eh? Así que me vuelves a hablar ¿eh?—el rubio masculló como respuesta. —¿Tan interesado estás?—

—¡Por supuesto que estoy interesado!—respondió Bakugo, irritado. —¡Cuanto antes la encontremos antes separaremos nuestros caminos! ¡Y no tengo ni puta idea de como es! Solo sé que es médico y que es una sannin al igual que tú y la serpiente bastarda.—

—¿Minato no te ha contado nada más?—cuestionó Jiraiya.

—Ese bastardo de Namikaze solo me ha dicho eso y que yo soy el único que puede convencerla para que regrese a Konoha. —respondió Bakugo.

—Ja. Eso es imposible. Tu bocota solo la hará enfurecerla así que mejor mantente callado y deja que yo me ocupe.—replicó Jiraiya.

—¿Quién ha dicho que vaya a convencerla con mi labia, viejo pervertido?—sonrió como un villano Bakugo mientras hacía miniexplosiones con sus manos.

—Ni se te ocurra pelear contra ella, Bakugo. Acabarías como comida para los peces. Esa mujer puede dar mucho miedo ...—un escalofrío recorrió el cuerpo de Jiraiya haciéndole temblar.

—No soy un mierdas como tú. Yo no le tengo miedo a nada, viejo pervertido.—contraatacó Bakugo, frunciendo el ceño.

—Eso habrá que verse ...—susurró Jiraiya para sí mismo.

—¿Eh? ¿Has dicho algo, viejo pervertido?—preguntó Bakugo, que no había oído al sannin.

—Nada. Pero contestando a tu primera pregunta, Tsunade es antipática. Además, le encantan las apuestas y es conocida en varios países. —dijo Jiraiya, mesándose su mentón.

—Pero eso ya lo sabía, es una de las legendarias sannin. Como tú. Aunque he de decir que a ti nadie te reconocía en Konoha, viejo. La hija de la cocinera se pensaba que eras un pervertido sin más. Bueno, no se equivocaba, pero no supo que eras famoso —reflexionó en voz alta Bakugo.

—Por si no te habías dado cuenta ya, soy un excelente espía que se gana la vida recolectando información. —dijo con un tono indignado.—Es normal que la gente común y corriente no sepa quien soy. Pero ella es mucho más famosa que yo. Y no porque sea una sannin. Sino porque es la Legendaria Perdedora. —explicó Jiraiya.

—¿La Legendaria Perdedora?—Bakugo arqueó una ceja, confundido.

—Toda casa de apuesta que se precie la conoce. Ha dilapidado más dinero apostando que cualquier otra persona en el mundo.—respondió Jiraiya. —Como nieta y heredera de Hashirama Senju su fortuna era casi infinta. Pero lo ha tirado todo por la borda y el dinero que tiene es por los préstamos que le dan por ser la nieta del difunto Shodaime.—

—...—Bakugo se quedó callado esperando que Jiraiya continuara. Pero al darse cuenta que se quedó callado abrió la boca.—¿Y no me vas a decir nada más?—

—¿Eh? ¿Cómo qué?—

—No sé. Estaría bien saber su aspecto para empezar. —dijo sarcásticamente Bakugo. —Aún no poseo la habilidad de diferenciar a un ludópata (N/A: ludópata significa que tiene una enfermedad con el juego) a simple vista.—

—Hace mucho que no la veo. Así que aunque te la describa es muy probable que ahora esté totalmente cambiada. No le gusta envejecer, y puede que haya cambiado su apariencia con un jutsu especial.—dijo Jiraiya. —No me extrañaría que ahora mismo aparentase tener 20 años. Además, he oído que dependiendo de la situación, se transforma en una quinceañera, en una treintañera o en una cuarentona para escapar de los prestamistas. A Tsunade desde siempre le ha gustado más el juego que ninguna otra cosa. Sin embargo, su suerte y su habilidad son de lo peor. Aunque su habilidad para huir con el dinero prestado también es algo legendario—

—Puffff, vaya joyita está hecha.—suspiró Bakugo.— Aunque no sé de que me extraño, habiéndote conocido a ti y a la serpiente bastarda, lo difícil es que hubiera sido una persona decente.—

—...—Jiraiya se paró y miró con dureza a Bakugo. —¿Sabes que te digo, Bakugo? Voy a dejar que convenzas a Tsunade para que vuelva. Minato tenía razón. Sólo tú puedes conseguir que vuelva. —una sonrisa malvada se le escapó al sanin.

—Tsk.—masculló Bakugo que no se había percatado de la sonrisilla del ermitaño sapo. —De todas formas no iba a pedirte permiso para hacerlo, viejo pervertido.—

En una de las casas de apuestas, Tsunade estaba jugando con la máquina tragaperras. Ya habían salido dos 7 de ella, si salía un tercero conseguiría 5.000 Ryos (500 euros o dólares estadounidenses).

—7,7,7,7 —rezó en voz alta Shizune. Sus plegarias dieron resultado ya que, efectivamente, salió dicho número. —¡Biennnnn!—exclamó super contenta dando vueltas con Tonton.

—¡Enhorabuena, estimado cliente!—un altavoz del local se encendió para felicitar a Tsunade.— ¡El número 44 está en racha! ¡Continúe jugando y mucha suerte!—Una parte de los clientes felicitaban la suerte de Tsunade, la otra la miraban recelosos y envidiosos por haber tenido tanta buena racha.

—A veces también ocurren cosas poco habituales y excepcionales, Tsunade-sama. —dijo Shizune sonriente, al igual que lo estaba Tonton.

La que no sonreía era Tsunade. Tenía el semblante muy serio.

¿Me han salido los tres 7 otra vez?—pensó Tsunade con el ceño fruncido.—No me puedo creer que esté ganando tanto. Tengo un mal presentimiento.—