Todos los personajes y la historia pertenecen a Kohei Horikoshi y Masashi Kishimoto

Bakugo y Jiraiya vagaron por la ciudad todo el día buscando a Tsunade. La noche llegó y aún seguían sin dar con ella.

—¿Cómo es posible que aún no hemos encontrado a esa ludópata (N/A: que tiene enfermedad apostando), viejo pervertido?—preguntó Bakugo, molesto. —¡Llevamos todo el día pateando esta mierda de ciudad y no está por ningún sitio! ¿Estás seguro que está aquí, pervertido de mierda?—

—¡Deja ya de llamarme pervertido, mocoso!—gritó Jiraiya.—Mis fuentes de información siempre son veraces. Así que seguro que está aquí. Sólo nos falta buscarla con más empeño.—

—No pienso volver a seguirte. Mucho decir Por aquí, por allí, pero no tienes ni puta idea de donde puede estar tu compañera ludópata.—siguió enfurruñado el genin.

—...—Jiraiya se detuvo y giró la cabeza a la izquierda. Era la entrada de un bar. —De momento, vamos a cenar aquí.—

—¿Eh?—Bakugo arqueó una ceja. Se dio cuenta que era un bar donde quería cenar el sannin. —¡Esto es un jodido bar!—

—¿Y qué pasa?—cuestionó Jiraiya.

—¿Quieres que te recuerde lo que pasó en el último bar que entramos?—preguntó retóricamente el rubio. —Pues que además de ganarme un dolor de cabeza de mil demonios ¡nos gastamos más de 15.000 Ryos allí (1500 euros/dólares americanos)!—

—En primer lugar, Underworld es un prostíbulo, no un bar. En segundo lugar, aún nos queda dinero de sobra. En tercer lugar, nadie te ha dicho que bebas. Y por último, deja de quejarte de una vez. La información se consigue en sitios como este. —explicó Jiraiya entrando en el bar.

—Tsk.—masculló Bakugo, apretando con fuerza la mandíbula. —El día que menos se lo espere lo mato ...—susurró con odio. Bakugo entró seguido, y se percató que Jiraiya se había quedado en mitad del pasillo entrecerrando los ojos.

—¿Por qué estás poniendo esa cara de idiota, viejo pervertido?—Bakugo siguió la dirección donde miraban los ojos del sannin. Estaba mirando a una mesa del bar donde estaban sentadas dos mujeres, una de cabello rubio y otra de pelo oscuro.

—¡TSUNADEEEEEEEE!—gritó Jiraiya y señalando con el índice a la rubia, dándose cuenta de su identidad después de observarla durante más de 10 segundos.

—¿Eh?—bizqueó Bakugo. Ya que aunque Jiraiya le había advertido que Tsunade era capaz de cambiar su aspecto a uno más joven, le pilló por sorpresa que aparentara la mitad de años que el ermitaño. También se fijó que la mesa donde estaba sentada estaba llena de botellas de sake—Tienes que estar de coña, ludópata y alcohólica ...—susurró rodando los ojos

—¿Jiraiya?—Tsunade estaba tan ebria que no escuchó lo que dijo Bakugo.—¿Qué haces aquí?—

—¡Por fin te he encontrado! Jeje ¡Qué cansancio!—exclamó Jiraiya, que se acercó a la mesa donde estaban sentadas las dos mujeres.

—¿Y esta tipa es la mejor médico de este mundo? —pensó Bakugo, mirando con desprecio a la rubia. Pero siguió a Jiraiya y se sentó a su lado estando enfrente de las mujeres.—¿De verdad esta mujer puede curar a la ojos raros, al cejotas y a mis brazos?—

Un tenso silencio reinaba en la mesa que solo se rompió para pedir la comanda al dueño del bar. La atención del rubio ceniza pasó de Tsunade a Shizune. Ésta al sentir la mirada carmesí del genin reprimió un gritito.

—Esto ... —tartamudeó Shizune. —Ya que nadie parece decidido a hablar, empezaré yo. Jeje Supongo que ya conocéis a Tsunade-sama. Yo soy Shizune, su amiga y asistente. Y esta de aquí es ...—cogió del brazo a la cerdita que se sentaba a su derecha.—Tonton. Un placer. —una risa nerviosa se apoderó de su rostro al ver que el chico y el hombre no se presentaban. El chico estaba mirando intensamente a Tonton y el hombre estaba bebiendo chupitos de sake sin parar.—Jejeje. Bueno ... A ti creo que te conozco. Eres Jiraiya-san, uno de los legendarios sannin y antiguo compañero de Tsunade-sama, ¿verdad?—El sannin asintió con una sonrisa, feliz que lo reconocieran. —¿Pero quien eres tú, jovencito?—

—¿Por qué ese cerdo está vestido y por qué se sienta como una persona? ¿Es que en realidad es un ninja que está usando un jutsu de transformación?—preguntó Bakugo, ignorando la pregunta de Shizune.

—¿Oink?—Tonton ladeó la cabeza, asustada por el rostro de Bakugo.

—Eeeehh ... no. Es la mascota de Tsunade-sama—contestó Shizune con una gota en la nuca al sentirse ignorada.—Y Tonton, no es macho, es hembra.—

—Oink, oink.—asintió Tonton.

—Mmmmm ...—Bakugo seguía observando a Tonton, no fiándose de ella.—Pues parece que te entiende.—

—Es que es Tonton es una cerdita muy lista, ¿a qué sí, Tonton? —ésta volvió a asentir.—¿Quién es la cerdita más lista del mundo?—preguntó Shizune a Tonton.

—¡Oink, oink, oink!—exclamó Tonton orgullosa.

—¡Pues claro que tú! ¡Eres una preciosidad! ¡Ay que te como! ¡Ay que te como!—Shizune se comportaba como una madre primeriza ante su bebé. El resto de la mesa no estaban tan emocionados como ellas. Shizune dándose cuenta del ridículo que estaba haciendo, paró de inmediato.—Lo ... siento. Me dejé llevar. —tartamudeó.

—...—Bakugo se frotó los ojos. —Con vaya elementos estoy sentado. A cada cual peor. —primero miró a Jiraya.—El viejo pervertido borrachuzo ...—luego a Shizune.—la lunática que habla con los animales...—después a Tonton—... el cerdo que se cree una persona...—y por último a Tsunade.—... y la ludópata alcohólica que reniega de su edad.—

Tonto, Jiraiya y Shizune al principio se ofendieron y miraron con odio a Bakugo, pero al oír la última descripción se giraron temerosos para ver la reacción de Tsunade. Ésta destruyó la botella de sake que sostenía con la mano. Su cuerpo temblaba por la ira.

—Tsunade-sama, no se lo tengas en cuenta. Es solo un niño.—intentó calmar Shizune a su maestra.

—Shizune tiene razón. Este mocoso es un maleducado, he aprendido que lo mejor es ignorarle. Venga, sigamos bebiendo. —dijo Jiraiya, preocupado por la salud del rubio ceniza.

—...—Tsunade miró con el ceño fruncido a Bakugo. A pesar que tenía las mejillas enrojecidas por el alcohol, se le pasó la embriaguez enseguida—Pídeme perdón, criajo.—

—Pffff ...—resopló Bakugo.—Ni de coña.—

El rostro de Tsunade estaba a punto de estallar.

—Bakugo ...Jiraiya se acercó al oído de Bakugo. —Hazme caso y sigue mi consejo. Pídele perdón a Tsunade.—

—Tsk.—masculló Bakugo.—Creía que me conocías mejor, viejo pervertido. Yo no pido perdón a nadie.—

—Nunca es tarde para corregir ese defecto tuyo, Bakugo. Y, créeme, hoy es el día perfecto para hacerlo.—le aconsejó Jiraiya, con sudor en la frente.

—De todas formas, ¿por qué debería pedir perdón?—preguntó Bakugo con un bostezo. Antes de que Jiraiya le contestara se adelantó Tsunade.

—Por llamarme lu-dó-pa-ta al-co-hó-li-ca, mocoso maleducado.—dijo en un tono sombrío y amenazante, separando las sílabas del insultos y acercándose cada vez más al rubio ceniza.

—Si vas a citarme, dilo todo. Y no te acerques tanto a mí, apestas a alcohol.—le reprendió Bakugo haciendo un gesto con la mano.

—Sabía que tener tanta suerte antes era un mal augurio. No te lo volveré a repetir. Pídeme perdón.—exigió Tsunade.

—¿Por llamarte ludópata alcohólica que reniega de su edad?—preguntó Bakugo en tono burlón.—¿Acaso no es cierto?—sonrió de lado con soberbia.

—Grrrrr...—gruñó Tsunade que no aguantó más y destrozó la mesa de una patada. Bakugo se llevó la mano a la espada dispuesto a combatir. —¡Tú y yo vamos arreglar esto! ¡Vamos afuera, ahora!—

—Al fin, nos entendemos, vieja.—replicó Bakugo.

—¡A quién se supone que le estás llamando vieja, mocoso del demonio!—rugió Tsunade, su interior era como un volcán lleno de ira.

—¡No sé porque cojones eres tú la que se ofende! ¡El ofendido debería ser yo! ¡Llevo acompañando a ese capullo pervertido de mierda más de 10 días buscando a una excelente ninja médico! ¡Y cuando por fin la encuentro resulta que eres tú! —gritó Bakugo.—¡Así que la que debería pedir perdón aquí eres tú a mí!—

—...—Tsunade cerró los ojos y apretó sus puños con fuerza.—¿Cual es tu nombre, mocoso?—

—Katsuki Bakugo.—respondió el rubio ceniza. —Aunque puedes referirte a mí como aquel el que va hacerte morder el polvo.—

—¡Shizune!—gritó Tsunade, que le salían chispas por los ojos.

—¡¿Sí, Tsunade-sama?!—dijo Shizune, tragando saliva con dificultad.

—Apunta bien este día. Porque hoy es el día que Tsunade Senju le enseñará una lección a Katsuki Bakugo que jamás olvidará. —sus ojos miraban los carmesíes de Bakugo, sombríamente.

—Ja. Para ser una vieja, te lo tienes muy creído, ¿eh?—dijo Bakugo cruzándose de brazos.

—Y tú para ser un renacuajo tienes el ego muy subidito, Katsuki.—replicó Tsunade.

Un flashback de su madre le vino a la mente como una ráfaga a Bakugo. Pero no la adoptiva que consiguió en este mundo, Mikoto Uchiha, sino su verdadera madre. Mitsuki Bakugo. Hacía mucho tiempo que no pensaba en ellaSe giró para que no le viera nadie y se llevó la mano al pecho por el dolor del recuerdo. Aunque más que por el recuerdo, por haberse olvidado de ella.

—No me llames así. —dijo Bakugo, con la voz casi rota.

—Al chico no le gusta que le llamen por su nombre de pila.—explicó Jiraiya al oído de Shizune.

—No pienso llamarte por tu apellido, Katsuki. Tengo edad para ser tu madre.—dijo Tsunade, apoyando las manos en su cadera.

De nuevo otro mini flashback con su madre le dejó medio KO. Pero al seguir girado nadie notó el cambio en el rostro del rubio

—¡He dicho que no me llames así!—gritó Bakugo sin voltearse. —¡Te espero fuera, vieja ludópata!—

—Hijo de la gran ...—maldijo Tsunade. —¿Cuántos años tiene ese crío, Jiraiya?—

—Mmm... Creo que 13.—respondió Jiraiya, echándose para atrás por el susto que le estaba dando Tsunade.

—Me va a costar mucho esfuerzo no matarle ...—dijo Tsunade haciendo grietas con sus tacones mientras caminaba por la salida.

—Mi bar, mi pobre bar ...—sollozó el dueño del bar.

—¿Pero qué haces todavía aquí, Jiraiya-sama?—dijo Shizune. —¿No los seguimos para detenerlos?—

—Lo único que podemos hacer ahora mismo es ...—se arrodilló y juntó las manos. —... Es rezar a Kami-sama para que se apiade de la pobre alma de Bakugo.—

Shizune y Tonton cayeron al piso por la reacción de Jiraiya.

Fuera, Bakugo ya estaba con su Deku desenvainada.

—Vaya, que espada más curiosa que tienes, Katsuki. —dijo Tsunade, verdaderamente asombrada.

—¡Cuántas veces tengo que decirte que no me llames así para que lo entiendas! ¡Solo la vieja bruja puede llamarme así y tú eres una vieja y una bruja pero no eres ella!—rugió Bakugo apuntando a Tsunade con la punta de Deku.

—¡AAAAAHHHH!—gritó Tsunade que golpeó con fuerza el suelo haciendo un cráter de más de dos metros de diámetro.— Me lo estás poniendo muy difícil para no matarte, Katsuki.—dijo esto último a sabiendas que lo molestaba.

—¡Lo mismo digo, vieja!—exclamó Bakugo, con una sonrisa siniestra y enfermiza. —¡SHINEEEEEEEEEEE!—