Todos los personajes y la historia pertenecen a Kohei Horikoshi y Masashi Kishimoto

De vuelta al bar, Bakugo tuvo que pagar a regañadientes 1500 Ryos (150 euros/dólares) por los destrozos ocasionados al dueño, ya que aunque fue culpa de Tsunade, ésta se hizo la tonta. Pero de tonta no tenía un pelo y vio con ojos codiciosos la billetera de Bakugo cuando vio la cantidad de dinero que guardaba en ella. Pero Tsunade fingió no prestarle atención.

Después de que el dueño recibiera el pago, volvió a atender a la mesa liderada por los dos sannin con amabilidad. Bakugo se negó en rotundo a beber a pesar de la insistencia de los sannin. Les amenazó con no pafar la cuenta si seguían insistiendo. La amenaza fue increíblemente efectiva ya que tanto Jiraiya como Tsunade no volvieron a tocar el tema.

Jiraiya explicó a Tsunade la situación entre tragos de sake y cerveza. Cuando terminó de contar el motivo del por qué estaban allí, la mesa estaba llena de botellines vacíos de todo tipo de licores. De nuevo, Bakugo tuvo que aflojar el bolsillo y usar otros 950 Ryos de su billetera para pagar la cuenta. Tsunade jugaba con un botellín dándole vueltas con una mano.

—A ver si lo he entendido bien, Jiraiya ...—comenzó diciendo Tsunade, con el rostro ruborizado por el alcohol. —Minato te ha mandado a pedirme que vuelva a Konoha y que ocupe el puesto de jefa de los servicios médicos de la aldea.—Jiraiya asintió, terminándose el último chupito de sake que quedaba en la mesa. —Y tú, Katsuki ...—

—Bakugo—la interrumpió Bakugo, cruzándose de brazos.

—Y tú, Katsuki ...—volvió a decir Tsunade ignorando la interrupción del rubio ceniza. El genin gruñó, pero empezaba a darse por vencido con la sannin.—Has venido para tratar de convencerme ya que un par de amigos tuyos están muy malheridos por el examen de acceso a chunin de hace unas semanas, y porque quieres que te cure tus brazos. ¿Me olvido de algo?—

—Un muy buen resumen, Tsunade-chan. Jejeje.—sonrió Jiraiya mirando los pechos de su excompañera, por la valentía y la insensatez que le otorgaba el alcohol en su cuerpo. Tsunade, que también estaba ebria no se dio cuenta de este hecho, sino el ermitaño sapo tendría que haber acudido al hospital más cercano.

—Hay algunas imprecisiones. —protestó Bakugo. —Pero bueno ... más o menos es lo que has dicho ...—

—¿Imprecisiones?—arqueó una ceja Tsunade.

—El cejotas y la ojos raros no son mis amigos. Simplemente son gente en la que estoy interesado en pelear contra ellos y derrotarlos cuando estén sanos. —explicó Bakugo.

—Eso en el idioma de Bakugo quiere decir que son sus amigos. Jajajaja. —rió Jiraiya dándole una palmada en la espalda

—Grrr ...—gruñó Bakugo mirando a su sensei temporal con dagas en los ojos.—¡Qué yo no tengo amigos! —

—Bueno, eso da igual. Y quieres que te cure los brazos para poder luchar en el último examen de acceso a chunin y después ir a buscar a Orochimaru y matarlo porque tiene a una compañera tuya secuestrada.—continuó Tsunade, mirando a Bakugo con la mayor intensidad desde que lo vio por primera vez.

—...—Bakugo le devolvió la mirada intensa.—De nuevo, estás siendo imprecisa. Que me cures los brazos es un añadido, pero conseguiré una aplastante victoria en el examen a chunin y mataré a ese reptil y su esbirro con tu ayuda o sin ella.—

—Pues buena suerte sin ella, Katsuki. Porque me niego a regresar a la villa y a curarte los brazos.—dijo Tsunade, rompiendo el contacto visual y mirando al techo del bar. La mandíbula del rubio ceniza se tensó y apretó los puños con fuerza.—Vámonos, Shizune.—Tsunade se levantó de la mesa.

—Pero, Tsunade-sama ...—Shizune miraba preocupada como Bakugo estaba a punto de volver a estallar y temía que volvieran a pelear.

—¡UN MOMENTO!—Bakugo también se levantó, pero éste estaba completamente furioso y se interpuso en el camino de la sannin.—¿Puedes volver a repetir lo que acabas de decir, viejas arpía ludópata?—preguntó con un tic nervioso en el rostro que le daba una apariencia de asesino en serie.

—¿Es qué además de maleducado estás sordo, Katsuki?—preguntó sarcásticamente Tsunade acercando su cara a escasos centímetros del rubio. La tensión se podía cortar con un cuchillo.—He dicho que me niego.—Antes que Bakugo pudiera contestarle, se adelantó Jiraiya.

—Recuerdo esa frase perfectamente ...—dijo Jiraiya emitiendo un suspiro. —Hace tiempo te pedí que salieras conmigo y me rechazaste usando esas mismas 5 palabras.—

—¿A QUIÉN COJONES LE IMPORTA TUS FRACASOS AMOROSOS, VIEJO PERVERTIDO?—gritó Bakugo fuera de sí. —¡Esta hija de perra ha hecho perder mi tiempo y mi dinero!—

—Querrás decir nuestro. —le reprendió Jiraiya, agarrando a Bakugo del brazo y obligándole a sentarse de nuevo.—Un genin como tú no debe abrir el pico en esta clase de asuntos. —añadió para evitar una nueva guerra entre los dos rubios.

—Grrrr ...—Bakugo se mordió la lengua. La única esperanza que tenían Lee y Hinata era Tsunade, se callaría dañando su orgullo en el proceso si con eso la sannin volvía a la villa. —Pufff.—

—Jiraiya, definitivamente este crío es muy diferente del otro aprendiz. Habla mucho, no piensa y además no es muy guapo.—dijo Tsunade con una sonrisa perversa, vengándose por los insultos del rubio antes.

—¡¿CÓMOOOOO?!—gritó Bakugo, olvidándose por completo de su razonamiento de hace unos segundos. Se calló al sentir una presión en el hombro por parte de Jiraiya.—¡Ay! ¡Pero qué haces, viejo pervertido!—

—Puede que no se parezcan.—dijo Jiraiya, ignorando las quejas del rubio. —Pero tanto Minato como yo vemos en él su potencial para superarle.—

—¿Eh?—dijo Bakugo, no esperando el halago de su sensei temporal.

—Incluso tú has debido apreciar en el combate que has tenido lo fuerte que puede llegar a ser.—continuó Jiraiya.

—Nunca le superará si se comporta como un idiota destrozándose los brazos en el camino.—dijo Tsunade a punto de marcharse del bar.

—Y es ahí donde entras tú. La villa y él te necesitan.—trató de convencerla Jiraiya.

—Mejor que acabe lisiado a que acabe muerto. Así se le quitarán sus suicidas ideas de querer ir contra Orochimaru.—Tsunade salió a la calle seguida de Shizune y Tonton que echaron la vista hacia atrás, preocupadas y temerosas de la reacción del rubio ceniza.

—Esto va a ser más difícil de lo que pensaba.—suspiró Jiraiya.

—¡A LA MIERDA!—gritó Bakugo, levantándose de la mesa y encaminándose a la salida.

—¿A dónde crees que vas, Bakugo?—cuestionó Jiraiya.

—Lo hemos intentado a tu manera y ha sido un fracaso estrepitoso. Ahora lo haremos a mi manera.—dijo Bakugo con gran determinación en los ojos que hizo que Jiraiya se estremeciera durante un instante.

Bakugo abandonó el local dejando a Jiraiya pensativo.

—Ahora entiendo porque querías que este niño me acompañara, Minato.—pensó Jiraiya.

—¡DETENTE, VIEJA LUDÓPATA!—rugió Bakugo persiguiendo a las dos mujeres a paso firme. Ambas mujeres y Tonton se frenaron. —¡VAS A VOLVER A LA VILLA!—ordenó Bakugo.

—Así no se piden los favores, Katsuki. —comentó Tsunade, volteándose y poniendo las manos en jarra.

—¡Pero es que no te estoy pidiendo ningún favor! ¡Te lo estoy ordenando!—replicó Bakugo

—Lo creas o no. Te estoy haciendo un favor, Katsuki. Si te curo los brazos, acabarás muerto.—exclamó Tsunade.

—¿EH? ¿Quién ha dicho que quiero que vuelvas para curarme, vieja ludópata? —la reprendió Bakugo. —Me da igual eso ahora mismo. Ya me las apañaré como siempre hago. Pero la ojos raros y el cejotas te necesitan y no voy a permitir que te escaqueés.—

—Creí que esos dos no eran tus amigos, Katsuki. Y no me extraña que ellos no quieran serlo llamándolos así. —

—¡Y no lo son! ¡Pero prometí que resolvería esta mierda! ¿Qué clase de hombre sería si no puedo cumplir mis promesas?—dijo Bakugo mirando con ferocidad a Tsunade.

Flashbacks de su difunto amado y de su difunto hermano se le clavaron en el corazón haciendo que se girara para que no se diera cuenta del dolor que estaba sintiendo.

—Un hombre cumple con sus promesas.—

—¡Mírame a la cara cuando te estoy hablando, vieja ludópata!—exigió Bakugo acercándose más a su posición.

Tsunade se recompuso y se volteó nuevamente.

—Lo siento, es que me ha dado un ataque de risa. —mintió Tsunade fingiendo una sonrisa.—No prometas lo que no puedas cumplir, Katsuki.

—Y no lo hago. Volverás a la villa y sanarás a esos dos estúpidos.—replicó Bakugo llevando su mano a la empuñadura de su espada.

—Tienes razón cuando dices que son dos estúpidos. Si siendo tan jóvenes están al borde de la muerte, si los ayudo no tardarán mucho en hacerlo del todo. No lo puedes entender porque eres aún un crío. Pero este mundo es muy cruel. Si tan mal están como ha dicho Jiraiya, no volverán a ser ninjas. Es el mejor regalo que han podido obtener.—

—¡Y tú eres muy vieja y muy despreciable para entenderlo! ¡Quién te crees que eres para creerte en el derecho de decidir lo que les conviene! ¡No los conoces de nada! ¡El sueño de la ojos raros y del cejotas es convertirse en grandes ninjas! ¡Y juro que lo harán, te guste o no!—sacó a Deku de su espalda y apuntó con ella a Tsunade.

Shizune y Tonton se apartaron, temerosas de acabar heridas en el fuego cruzado

—¿Es que ya te has olvidado de como acabaste antes? ¿Es que acaso tienes un fetiche con mujeres mayores que te dan una paliza?—

—La historia no se repetirá. No fui en serio, porque me dabas lástima. Pero ahora solo siento desprecio por ti. Volverás a la villa y harás lo que te ha pedido Namikaze. Pero no te preocupes, dentro de poco seré Hokage y te remplazaré por alguien más capaz, vieja bastarda. —dijo Bakugo con una sonrisa soberbia.

Tsunade se paralizó de nuevo al volver a recordar a su hermano Nawaki y a su hermano Dan. Lágrimas resbalaban de su rostro

—¡Voy a ser el nuevo Maestro Hokage!—

Bakugo frunció el ceño y miró a Tsunade confundido.

—¿Qué demonios te pasa ahora? ¿Por qué estás llorando?—preguntó Bakugo.

—JAJAJAJAJAJAJA.—fingió reír Tsunade mientras seguía llorando, pero no de la risa precisamente.—¡Hacía tiempo que alguien no conseguía hacerme reír tanto! ¡Me duelen las costillas de tanto reírme!—

—¡No he dicho nada gracioso! ¡Así que deja de comportarte como una loca idiota! ¡Que ya tienes una edad!—dijo Bakugo, enfurecido.

—Jajajaja. ¡El único loco aquí eres tú! ¡Ni en un millón de años podrás convertirte en Hokage!—exclamó Tsunade

—¡Lo seré!—

—¡Qué no!—

—¡Qué sí!—

—...—Tsunade estudió el rostro de Bakugo.—¿Y por qué quieres ser Hokage? No te imaginaba con ese deseo ...—

—Porque es un título necesario para estar en paz con una persona que fue muy especial para mí y a la que no pude ayudar. —contestó Bakugo, recordando a Mikoto siendo asesinada por Itachi. —Se lo debo. Así que me prometí a mí mismo que me convertiría en Hokage. Por ella.—

—... —Tsunade estaba a punto de derrumbarse por las palabras del rubio ceniza. Pero aguantó con entereza.—Un hombre cumple con sus promesas.—

—Y cumpliré con todas ellas. —dijo Bakugo, seguro de sí mismo.—Ayudaré al cejotas y a la ojos raros. Barreré el piso con el tapón sin cejas y con cualquiera que se enfrente a mí en el examen. Después, salvaré a mi compañera e iré en búsqueda del reptil y su esbirro para hacerles pagar lo que han hecho. Me convertiré en Hokage y buscaré respuestas que necesito. Y volveré a mi tierra con mi compañera.—

—¿De verdad crees que puedes hacer todo eso? ¿Qué te crees una especie de elegido?— cuestionó Tsunade, tragando saliva con dificultad.

—The chosen one ...—susurró Bakugo, mirando al cielo, recordando lo que le dijo a Deku en su último combate. Luego volvió a centrar la mirada en Tsunade —No necesito ser el elegido para eso. Soy Katsuki Bakugo y sé que lo lograré.—