Todos los personajes y la historia pertenecen a Kohei Horikoshi y Masashi Kishimoto

—Ale, a entrenar, espero que cuando despierte hayas conseguido partir la hoja por la mitad al igual que yo. Buena suerte, Bakugo.—se despidió Jiraiya emitiendo un bostezo.

Bakugo puso una mirada asesina a la hoja que le había dado Jiraiya y concentró su chakra. De nuevo la hoja ni se inmutó.

—Estupendo.—pensó sarcásticamente Bakugo. —Menuda noche de mierda me espera.—

Y, efectivamente, Bakugo no pasó la mejor de las noches. Después de más de 4 horas intentándolo cientos de veces, sólo había conseguido rajar la hoja un poquito. Aún le quedaba mucho para partirla por la mitad, pero era un comienzo y empezaba a pillarle el truco a emitir su chakra elemental. Por desgracia, apenas le quedaba chakra ya y estaba completamente agotado.

—Ah, ah, ah. —jadeó Bakugo, que se tumbó en la hojarasca producto del cansancio. —Ya no puedo mover un músculo. Mierda ...—Impotente y abatido, se maldijo a sí mismo por su debilidad. Apenas quedaban un par de horas para el amanecer. Odiaba la idea de que Jiraiya le menospreciaría cuando descubriera que no había conseguido completar esa parte del entrenamiento. Pero una idea radical le vino a la mente—A no ser ...—

Aún tumbado, rebuscó en su porta-kunais y cogió dos bolitas negras. Eran píldoras del soldado. Alzó el brazo y las miró, debatiéndose mentalmente lo que debía hacer.

En el enfrentamiento contra Kiba y Akamaru, le impresionó el aumento en la capacidad de chakra que les confirió al miembro del clan Inuzuka y a su mascota. Así que la mañana en la que partió de Konoha y conoció a Jiraiya, fue a la tienda de armas de la aldea y compró un par de píldoras del soldado. Al ser un genin, el tendero no le puso pegas, pero le advirtió de los efectos secundarios de las píldoras. Las pastillas actuaban como estimulante, pero cuando acaban los efectos acabas terriblemente cansado. Y si te tomabas más de lo aconsejado, se te reducía tu esperanza de vida por los daños internos. Una a la semana. Ese era el límite que le advirtió el tendero.

Eran como una mezcla de metanfetaminas y las sustancias de dopaje de su mundo. O lo que es lo mismo, hacer trampas. Y Katsuki Bakugo odiaba hacer trampas. Así que se juró a sí mismo solo usarlas en situaciones de extrema necesidad. En su cabeza, tenía pensado solo usarlas en su venganza contra Itachi, Orochimau y/o Kabuto.

Pero ahora se encontraba en otra clase de emergencia. No era la venganza o la supervivencia lo que le impulsaba ahora mismo a tomarlas, era su deseo de ayudar a Lee y Hinata. Había prometido que los salvaría. Es más, eran la razón por la que había postergado la búsqueda del paradero de Orochimaru y por ende de Uraraka. Ahora que había encontrado a la médico que los podía ayudar (y de paso, también a sus brazos) no se podía permitir tirarlo todo por la borda por su orgullo. Bakugo no era la clase de personas de los que opinaban que el fin justifica los medios, la victoria pírrica en el festival deportivo era una clara muestra de ello. Pero, como todo en la vida, hay excepciones. Y esta era una excepción.

Haría trampas para asegurarse que Tsunade volvía a la aldea y los curara. Ya las había hecho antes cuando se copió en el examen para no sacar un 0 y hacer reprobar a sus compañeros (N/A: episodio 39). Volvió a recordar las palabras de Kakashi cuando superaron la prueba para ser genins. Los que incumplen las reglas y los códigos del ninja son considerados basura. Pero quien abandona a un compañero es peor que la basura.

Y técnicamente, ni siquiera estaba incumpliendo las reglas, ya que en este mundo doparse con esas sustancias era legal. No le dio más vueltas a la cabeza y se tragó una de las dos píldoras. La otra se la guardó con la intención de reservarla en su último enfrentamiento contra Tsunade el último día si no había conseguido derrotarla antes.

Al cabo de unos segundos, la píldora empezó a tener efectos haciendo que los músculos se acentuaran y que varias venas alrededor del cuerpo de Bakugo se hicieran visibles. Poco a poco, su chakra se iba recuperando mágicamente y salía sin descontrol de su cuerpo.

—No tengo tiempo que perder.—cogió otra hoja del suelo y se levantó del suelo.— Vas a quedar partida en dos, hojita de los cojones.—susurró Bakugo, mirando a la hoja con odio.—Lo quieras o no.—

Media hora antes del amanecer, y a punto de volver a quedar agotado de chakra, Bakugo consiguió su objetivo.

—Je. —sonrió con arrogancia, mirando la hoja que estaba perfectamente partida por la mitad.—¡SOY UN PUTO GENIO!—gritó al cielo.—¡SHINEEEEE!—la hojita que tanto sufrimiento y dolor de cabeza le dio, quedó reducida a cenizas.

Bakugo fue a la posada para descansar, pero antes se llevó otra hojita para demostrar a Jiraiya que lo había logrado. Desde la puerta, escuchaba los ronquidos de Jiraiya. El rubio abrió la puerta con brusquedad haciendo despertar al sannin.

—¿Eh?—dijo Jiraiya, limpiándose la babilla de la boca.—¿Qué hora es?—añadió, aún somnoliento.

—La hora en que me dices cual es la segunda parte del entrenamiento, viejo pervertido.—respondió Bakugo, sonriendo de lado.

—¿Eh?—Jiraiya le costó un par de segundos comprender a Bakugo. Cuando lo entendió, le miró con desconfianza.—¿No me digas que ...?—

—Efectivamente.—Bakugo le enseñó la hoja que había cogido para hacerle la demostración, y la partió en dos con su chakra.—Ha sido pan comido.—mintió.

—Je.—sonrió Jiraiya, satisfecho.—Parece que no eres un caso perdido, después de todo. Pero no te enseñaré nada hasta que duermas un poco. Pareces un cadáver viviente.—

Bakugo quiso protestar, pero se moría de sueño y no se sentía con fuerzas de seguir entrenando. Así que lo mejor sería hacerle caso para recuperarse. No le costó apenas esfuerzo conciliar el sueño. Se despertó por los golpes de alguien en la puerta.

Molesto, miró el reloj creyendo que no serían ni las 8:00 de la mañana, pero para su sorpresa eran casi las dos de la tarde. Aún así se sentía terriblemente cansado, sospechaba que si le hubieran dejado dormir habría dormido también toda la tarde e incluso la noche, perdiéndose el primer combate contra Tsunade. Los efectos secundarios de la píldora del soldado estaban haciéndole estragos en su vitalidad.

—La puta bella durmiente ...—susurró Bakugo, levantándose con dolor en los músculos. Los golpes en la puerta se hicieron más fuertes.—¡YA VOY, JODER!—gritó, malhumorado. Abrió la puerta y al otro lado se encontraba Shizune portando un bol de arroz y un plato con pulpo teriyaki.—¿Eh? ¿La lunática que habla con los animales? —dijo, confundido. —¿Qué haces aquí?—

—Disculpa, Bakugo-kun.—dijo Shizune, con el rostro serio.—¿Puedo pasar?—

—No.—respondió secamente Bakugo. Cuando estaba por cerrar la puerta, Shizune puso un pie impidiendo que se cerrara.—¿Qué demonios haces? ¿Es que además de lunática estás sorda?—

—Traigo comida.—dijo Shizune, enseñando más de cerca el bol de arroz y el plato de pulpo. —Tsunade-sama os dejó sin dinero así que supuse que tendrías hambre.—

—Mmmm...—Bakugo la miró desconfiado. Pero cogió tanto el bol de arroz como el pulpo. Se moría de hambre—¿Qué quieres a cambio?—

—Solo hablar.—respondió Shizune, con sinceridad.

—Tsk.—masculló Bakugo. —Como quieras.—Bakugo se separó de la puerta y se fue a la mesa para comer.—¿Y cómo es que sabes donde estaba hospedado, loca de los animales?—

—Me llamo Shizune, Bakugo-kun ...—dijo Shizune con una gota en la nuca.—Me encontré esta mañana con Jiraiya-sama y le pregunté como os la ibais a apañar sin dinero. Me dijo que habíais pagado ya el alojamiento de esta noche en esta posada, pero que luego estabais arruinados. Así que me ofrecí para prepararos, tanto a él como a ti, la comida. Era lo mínimo que podía hacer.—

—Pues ese bastardo te ha mentido. —dijo Bakugo, empezando a comer el bol de arroz.—Ese pervertido de mierda tiene ahorrado bastante dinero. Pero el muy tacaño te ha mentido para ahorrarse tener que pagar por la comida.—

—Ah.—dijo Shizune, algo molesta por haberse dejado engañar por Jiraiya. Pero luego sacudió la cabeza—Bueno, no importa. Sigo sintiéndome mal por lo que pasó con Tsunade-sama.—

—Bueno, pues ya has hecho tu buena obra del día.—dijo Bakugo con sarcasmo.—Así que...—le indicó con el dedo la puerta para que se marchara.

—Pero aún tengo que hablar contigo, Bakugo-kun.—dijo Shizune

—Necesito descansar para el combate de esta noche contra tu maestra.—replicó Bakugo, molesto.

—Lo siento. Es sólo que no quiero que malentiendas a Tsunade-sama. También sobre ese collar ...—dijo Shizune, nerviosa.

—Como si me importara la actitud de esa vieja ludópata.—bufó Bakugo.

—¡Tsunade-sama no es como tú piensas! ¡No digas cosas así cuando no sabes nada!—dijo Shizune, elevando el tono. Bakugo arqueó una ceja, sorprendido porque la tímida castaña alzara la voz.—Perdona ...alcé mi voz ...—añadió mirando al suelo. —Ella no siempre fue así. Era una mujer de gran corazón, que amaba su villa. Pero ... algo cambió ... tras ese día.—

Bakugo se interesó por primera en lo que le tenía que decir su interlocutora. Pero Shizune se quedó callada, dudando si debía continuar o no.

—¿Ese día?—le apresuró Bakugo.

—El día que su amor, esperanzas y sueños le fueron arrebatados.—Bakugo parpadeó un par de veces, no esperando esa respuesta.—Todo lo que le queda de ese día, es ese collar. Para Tsunade-sama es tan importante como su propia vida. No es algo que simplemente pueda perder apostando.—

—¿Por qué debería importarme?—cuestionó Bakugo.—Fue ella quien hizo la apuesta. Yo solo quiero que vuelva a la villa para que cure a la ojos raros y al cejudo. Pero me he dado cuenta que el dinero es bastante útil para conseguir información. Así que no me voy a negar a que me de ese collar y lo venda para conseguir mis futuros objetivos.—

—¡Ese collar no debería venderse ni ser usado por nadie! ¡No es un collar normal!—exclamó Shizune, seria.—Tsunade-sama es la única persona a la que acepta. Si cualquier otro usa el collar del Hokage... ellos pronto ...¡Mueren!—

Shizune le explicó como el hermano de Tsunade, Nawaki quería ser Hokage. Así que se puso muy contento cuando la sannin le regaló el collar del Shodaime por su duodécimo cumpleaños. Al día siguiente murió en batalla, pudiendo haberse salvado si hubiera habido un ninja en su escuadrón especializado en jutsus médicos.

Después le explicó como Tsunade entró en depresión, pero recuperó la esperanza cuando conoció al tío de la castaña, Dan Kato. Él también compartía el sueño de Nawaki de ser Hokage y estaba de acuerdo con el objetivo de Tsunade de hacer que todos los escuadrones tuvieran un miembro capaz de hacer jutsus médicos para evitar que la tragedia que vivió su hermano se repitiera. Empezaron a salir y le dio el collar como regalo de aniversario para ayudarle en su deseo de convertirse en Hokage. Pero, al igual que Nawaki, murió en batalla poco tiempo después de recibir el collar. Sin embargo, esta vez a Tsunade le afectó más por haber estado presente y no haber podido hacer nada, desarrollando hemofobia (miedo a la sangre).

—Tsunade-sama y yo abandonamos Konoha el día siguiente de que muriera mi tío.—terminó de explicar Shizune.—Entiendes que esta apuesta es inútil, ¿no? Aunque ganes y Tsunade-sama vuelva a Konoha no está capacitada para ayudar a tus amigos o a tus brazos. Una gota de sangre es lo único que hace falta para derrumbarla. Y ya te he explicado que el collar está maldito. Salvo ella, todo aquel que lo tiene muere.—

Bakugo se acabó el bol de arroz y el pulpo en silencio. Se levantó y se dirigió a la puerta.

—¿A donde vas, Bakugo-kun?—preguntó Shizune.

—A buscar al viejo pervertido para seguir con mi entrenamiento. Necesito entrenar para mi combate de esta noche contra la vieja bruja.—respondió Bakugo, abriendo la puerta.

—Pero ...¿no has oído lo que te acabo de decir?—dijo Shizune, indignada con el rubio.—¡La apuesta es inútil! ¡Vuelve a Konoha, Bakugo-kun!—

—Antes de tu historia me importaba una mierda ese feo collar. Solo lo quería para venderlo. Pero ahora lo quiero.—dijo Bakugo

—Pero... ¿y la maldición?—dijo Shizune, asustada.

—No creo en el destino, en maldiciones o mierdas del estilo. Creo en mi fuerza. Y creo en la fuerza de los que me la demuestran. Hay un bastardo astuto que ocupa el puesto de Hokage que está convencido que esa vieja bruja es la única esperanza del cejotas, de la ojos raros y de mis brazos. El muy cabrón me ha mentido en ocasiones, pero estoy convencido que en esta ocasión decía la verdad. Confío en él, y por tanto tu maestra nos curará. Le patearé el culo y me aseguraré de que lo haga. —dijo Bakugo con fiereza en la mirada, dando un portazo.