Todos los personajes y la historia pertenecen a Kohei Horikoshi y Masashi Kishimoto
—Pero ...¿no has oído lo que te acabo de decir?—dijo Shizune, indignada con el rubio.—¡La apuesta es inútil! ¡Vuelve a Konoha, Bakugo-kun!—
—Antes de tu historia me importaba una mierda ese feo collar. Solo lo quería para venderlo. Pero ahora lo quiero.—dijo Bakugo
—Pero... ¿y la maldición?—dijo Shizune, asustada.
—No creo en el destino, en maldiciones o mierdas del estilo. Creo en mi fuerza. Y creo en la fuerza de los que me la demuestran. Hay un bastardo astuto que ocupa el puesto de Hokage que está convencido que esa vieja bruja es la única esperanza del cejotas, de la ojos raros y de mis brazos. El muy cabrón me ha mentido en ocasiones, pero estoy convencido que en esta ocasión decía la verdad. Confío en él, y por tanto tu maestra nos curará. Le patearé el culo y me aseguraré de que lo haga. —dijo Bakugo con fiereza en la mirada, dando un portazo.
A Bakugo no le costó mucho esfuerzo encontrar a Jiraiya, fue a los bares más cercanos de la posada y al tercero al que se dirigió lo halló hablando amistosamente con un par de señores mientras bebía. Se acercó hasta la mesa donde se encontraban los tres hombres y la golpeó con fuerza para llamar la atención del sannin.
—¡Viejo pervertido! ¡Deja de beber y sigamos con el entrenamiento!—ordenó Bakugo, que estaba más malhumorado de lo costumbre después de oír a Shizune la trágica historia de Tsunade.
—¡Bakugoooo!—exclamó Jiraiya con una sonrisa de ebriedad.—¡Ven a sentarte con nosotros!—
—Nunca estoy de humor para tus tonterías, pero hoy menos. —dijo con el rostro muy serio Bakugo.
Jiraiya se percató que Bakugo estaba más serio de lo costumbre y asintió, despidiéndose previamente de los señores que le acompañaron en su jornada de borrachera. Cuando salieron del bar, Jiraiya miró con preocupación a Bakugo.
—Bakugo, ¿te ha pasado algo hoy?—preguntó Jiraya, arqueando una ceja.
—Nada.—mintió Bakugo, no queriendo darle más vueltas al asunto de la maldición de Tsunade.
—Lo digo porque cuando me has despertado para enseñarme que sabías partir la hoja estabas muy contento y ahora ...—
—¡He dicho que no me ha pasado nada, joder!—lo interrumpió Bakugo, con brusquedad.—Dime que debo hacer para continuar con el entrenamiento del viento y puedes volver a ahogarte con todo el alcohol que quieras hasta que te de un coma etílico.—
—Para tu información, yo tengo una constitución increíble que me hace inmune a ...—Jiraiya se detuvo al ver la mirada sombría de Bakugo que le estaba haciendo.—Vale, vale, continuemos con el entrenamiento. Con vaya humor de perros te has despertado ...—añadió en un susurro.
Bakugo siguió a Jiraiya hasta las afueras de la ciudad, cerca de la entrada a un bosque profundo. Jiraiya se aproximó a un árbol muerto que no tenía ramas pero aún conservaba un tronco muy grueso de más de metro y y medio de diámetro.
—Éste servirá.—pensó Jiraiya.
—Bakugo, intenta cortar este tronco con tu espada.—dijo Jiraiya.
—¿Eh? ¿Para qué?—dijo Bakugo, sin entender.
—Tú solo hazlo.—ordenó Jiraiya.
—Tsk.—masculló Bakugo. Desenvainó a Deku y se aproximó al árbol muerto.—¡SHINEEEEE!—realizó un potente tajo lateral , pero aún así apenas hizo un pequeño corte debido a la dureza y al grosor del tronco, quedándose clavada la espada en el proceso. Costándole esfuerzo retirarla.—¿Y ahora qué?—
—¿Eso es todo lo que puedes hacer?—le retó Jiraiya, con una mueca burlona.
El rostro de Bakugo se contrajo y miró a Jiraiya rabioso. Volvió a prepararse para atacar al árbol con Deku, pero esta vez con todas sus fuerzas. A pesar de emplear toda su fuerza bruta, no hubo apenas diferencia con el corte que había hecho previamente.
—Jajaja.—rió Jiraiya.
—¡¿De qué te ríes, bastardo?! ¿Es qué acaso crees que lo puedes hacer mejor que yo?!—dijo Bakugo, irritado.
—Por supuesto. —respondió Jiraiya.—Te lo demostraré. Préstame tu espada un momento.—
—Grrr...—gruñó Bakugo, molesto por la chulería del sannin. Pero le tendió su arma al ermitaño sapo. Éste, que no se esperaba que fuera tan pesada, le costó un momento sostenerla en el aire.—Ja.—rió Bakugo, por la cara de esfuerzo que ponía Jiraiya.
—Vaya, sí que pesa esta cosa.—dijo Jiraiya, sorprendido.—No me explico como puedes cargar con esto a todas partes. —Bakugo sonrió, orgulloso por el comentario de Jiraiya. Pero la sonrisa se le borró de inmediato al ver que el sanin daba espadazos al aire con una mano y sin aparente esfuerzo.—Mucho mejor.—
—¡¿Cómo demonios puedes manejarla sin dificultad en apenas segundos?! ¡A mí me costó semanas hacer algo así!—exclamó Bakugo anonadado, recordando su tiempo en el país de las olas después de derrotar a Haku y Zabuza hasta que Tazuna acabó con el puente.
—Ayer te dije que esta espada perteneció a Zabuza Momochi. Uno de los Siete Espadachines Ninja de Kirigakure (villa oculta de la niebla). Y que cada espadachín tiene una espada única de un metal especial que les hace capaces de ser impregnadas en chakra. Pues eso es lo que he hecho, la he impregnado en chakra para facilitarme la tarea de sostener su peso. —explicó Jiraiya. Bakugo se fijo que chakra azulado rodeaba a Deku y la mano de Jiraiya.—Pero no solo eso se puede conseguir imbuyendo chakra.—Jiraiya se concentró y de la punta de la espada empezaba a agrandarse el chakra que le había conferido previamente.—¡Kya!—gritó imitando el tajo lateral que había hecho Bakugo anteriormente, pero esta vez la cuchilla partió el tronco como si fuera papel.
N/A: imaginad algo parecido a lo que hace Asuma con sus cuchillas
—Wow...—los ojos de Bakugo se abrieron como platos, por la incredulidad.—Eso ha sido impresionante ...—reconoció el rubio ceniza.—¿Y esto es solo la segunda fase del entrenamiento para dominar el elemento viento?—
—Segunda y última. —dijo Jiraiya.—A decir verdad, hay varias etapas intermedias. Pero el tiempo corre y creo que no podrías completarlas a tiempo si vamos de una en una. Así que nos la jugaremos a todo o nada. Si consigues hacer lo mismo que acabo de hacer, habrás conseguido dominar el elemento viento y tendrás alguna posibilidad contra Tsunade. Prueba tú, ahora. Después de tu entrenamiento para caminar sobre el agua y de partir la hoja, al menos podrás conferirle tu chakra a la espada para que te resulte más ligera.—añadió devolviéndole a Deku.
Bakugo cogió a Deku y probó hacer lo que le había pedido Jiraiya. Era muy inestable y mucho más fino que el que había hecho el sannin, pero un espesor azul rodeaba la espada.
—¡Sí que la noto más ligera! ¡Esto es increíble!—sonrió Bakugo, dando mandobles al aire
—Pero cuidado, aunque te sea más ligera te está suponiendo más esfuerzo que si la sostuvieras como normalmente hacías.—le advirtió Jiraiya.— Al fin y al cabo, ahora estás usando tu chakra, es decir, estás usando tu energía vital para hacerla más liviana. Te agotarás antes, pero serás más rápido en ese tiempo, tanto en tus movimientos corporales como los movimientos que hagas con la espada. En un futuro, antes de que vuelvas a usar el chakra en Deku, controla el tiempo que puedes aguantar usando tu chakra. Lo idóneo sería que eso lo hicieras el día previo al último día de combate contra Tsunade, pero como no es una batalla real, tampoco pasa nada si acabas inconsciente sin darte cuenta.—
—¡Bah! ¡Esa vieja bruja no tiene nada que hacer contra mí!—Bakugo se dirigió al tronco que había sido partido por Jiraya e intentó nuevamente partirlo, pero el resultado volvió a ser muy parecido a sus dos primeras intentonas.—¿Eh? ¿Por qué yo no puedo hacer lo mismo que tú? ¿Y por qué mi chakra no se ve como el tuyo?—
—Porque estás haciendo la parte fácil. La de manipular tu chakra para imbuirlo en la espada. Con eso consigues que Deku sea más ligera. Pero la parte difícil es que agregues tu chakra elemental. En este caso, el viento.—explicó Jiraiya, cruzándose de brazos.—Para hacerlo, imagina tu chakra dividiéndose en dos partes y frotándose una contra la otra. Después de afilarse una parte a la otra en piezas delgadas y finas, las juntas como una cuchilla. Con una forma tan filosa, pronunciada y delgada como sea posible. —
—...—Bakugo intentó imaginar su chakra de la forma que le había pedido Jiraiya. Pero no hubo ninguna diferencia.—Mierda ...—
—No te desanimes. Esto no lo aprenderás en 1 día ni en 2. El chakra con naturaleza de viento es el mejor tipo para combate de corto y medio alcance. Y no hay muchas personas con naturaleza de viento capaces de dominarlo. —Jiraiya se acercó a Bakugo y se agachó para mirarle directamente a los ojos.—Esta noche tendrás tu primer enfrentamiento contra Tsunade. Quiero que no luches en serio. Y, por descontado, que ni se te ocurra mostrarle tus avances durante la pelea de tu chakra elemental.—
—¿Eh? ¿Por qué? ¿Es qué acaso quieres verme perder, viejo pervertido?—dijo Bakugo, indignado.
—Por supuesto que no. No olvides que ahora voy a tener que correr con los gastos de nuestro alojamiento con mis ahorros personales. Que no te quepa la menor duda, que si ganas me cobraré la deuda con intereses cuando Tsunade te devuelva tu billetera. Y, por eso mismo, quiero aumentar tus posibilidades de ganar. Y para eso, solo podrás pelear en serio dentro de una semana. Es decir, en tu séptimo y último combate.—dijo Jiraiya.
—No entiendo como aumentan mis posibilidades de ganar el desperdiciar 6 posibilidades de vencer a la vieja bruja.—replicó Bakugo con una mueca, nada convencido.
—Por dos razones. La primera es que cuanto más afondo te emplees en los combates, menos energía tendrás para entrenar y, por tanto, menos posibilidades tendrás de dominar el viento. —explicó Jiraiya alzando el dedo índice. Luego alzó el dedo corazón.—Y la segunda es por el elemento sorpresa. Si ve que eres un inútil sin tus explosiones, se confiará. Tendrás más oportunidades de pillarle desprevenida y golpearle en el rostro cuando baje la guardia. Como ninja, hay que utilizar el engaño como arma.—
—Tsk.—masculló Bakugo, haciendo una mueca.—Está bien. ¡Pero si veo una oportunidad la aprovecharé sin dudar!—
—Perfecto.—dijo Jiraiya dando una palmada.—Pues yo ya no te puedo enseñar más sobre el viento, Bakugo. Debes aprender por ti mismo lo que te falta, ayudándote de mis consejos y con lo que has aprendido de tu entrenamiento de caminar sobre el agua y de cortar la hoja. Te veré dentro de una semana en la última pelea.—
—¿Eh?—arqueó una ceja, confundido.—¿Solo vas a verme ese día? ¿Qué vas a hacer durante este tiempo?—
—Ahora que hemos encontrado el paradero de Tsunade y te he entrenado lo suficiente como para que Minato no me regañe por dejarte abandonado, puedo centrar toda mi energía y mi dedicación en recolectar información.—contestó Jiraiya, sacando de su portakunais dos billetes de 500 Ryos.—Con 1.000 Ryos (100 euros/dólares) tendrás suficiente para pasar esta semana por tu cuenta.
—Vamos, que te vas a ir de putas y de borracheras durante esta semana.—concluyó Bakugo, mirando con desaprobación al sannin.
—¡Qué no voy a hacer eso! ¡Voy a recolectar información! Cerca de esta ciudad, tengo algunas fuentes que pueden señalarme alguno de los escondites de Orochumaru.—le explicó Jiraiya. Bakugo, se tensó ante ese nombre pero no se creyó ni por un instante la excusa del sannin.
—Bah. Haz lo que te salga de los huevos. Si no puedes enseñarme nada más, no me eres de ninguna utilidad—dijo Bakugo, pero la verdad es que hubiera deseado que el sannin le supervisara el entrenamiento. El rubio ceniza cogió los dos billetes de 500 y se los guardó en el bolsillo.
—Hasta la semana que viene, Bakugo. Buena suerte con el entrenamiento.—se despidió Jiraiya desapareciendo en una pantalla de humo.
—Ese bastardo seguro que muere antes por una enfermedad venérea o por una infección del hígado de tanto beber que por pelear.—pensó en voz alta Bakugo.
Esa tarde decidió no seguir con el entrenamiento. Se sentía terriblemente cansado por las secuelas de la píldora del soldado. Pero, a pesar de su estado físico deplorable, se presentó al lugar de la primera pelea contra Tsunade al anochecer en el lugar acordado, fuera de la ciudad. En esa pelea no tendría ni que fingir que peleaba mal.
Bakugo estuvo un par de minutos intentando golpearla a duras penas con Deku, pero Tsunade lo esquivaba fácilmente y contraatacó golpeándole la frente con su dedo índice, dejándolo inconsciente.
Los siguientes días, ya recuperado de las secuelas de la píldora del soldado, se los pasó entrenando por la mañana-tarde y perdiendo contra Tsunade al anochecer.
Al tercer día ya era capaz de dominar la transferencia de chakra a Deku, pero seguía sin poder inferir el elemento viento eficaz. Sin embargo, Bakugo avanzaba a paso agigantados en la tarea difícil. Su habilidad de inventiva para darle forma a sus explosiones para crear nuevos ataques (flash, láser, disparos, tornados explosivos ...) le resultaba muy útil para imaginarse su chakra dividiéndose en dos partes y frotándose una contra la otra formando un filo de chakra.
A la mañana siguiente de su quinta derrota, consiguió dominar lo que le había enseñado Jiraiya. Fue a un árbol con un tronco de grosor similar al que había cortado Jiraiya para comprobar si de verdad lo había conseguido. Y lo consiguió. Rebanó el tronco como si fuera mantequilla. Una sonrisa de absoluta soberbia se dibujó en el rostro del rubio ceniza.
—Ojalá estuviera aquí el viejo pervertido para demostrarle lo asombroso que soy.—exclamó Bakugo con altanería. Luego partió otro árbol más con la misma facilidad—Je. Decir que soy un genio es quedarse corto—
Recordó las palabras de Jiraiya: El chakra con naturaleza de viento es el mejor tipo para combate de corto y medio alcance. Y se le ocurrió una idea. ¿Y si conseguía ir un paso más allá y hacer que le fuera útil también a largo alcance? Esa tarde perfeccionó su idea y observó con satisfacción como podía ejecutarla en la práctica. El alumno había superado al maestro, al menos en lo que respecta al elemento viento.
Nuevamente, el rubio ceniza se presentó al anochecer al lugar acordado a las afueras de la ciudad para combatir. Solo le quedaban dos oportunidades más. La de esta noche y la de mañana por la noche.
Y, como en las veces pasadas, los únicos testigos de la pelea eran Shizune y Tonton. Ni rastro de Jiraiya. Antes de empezar a combatir, Tsunade bostezó sonoramente.
—Katsuki, tengo que reconocer que me arrepiento de haber hecho esta apuesta. Estas peleas están siendo una pérdida de tiempo. Creí que me lo pondrías más difícil. La verdad. Estas noches están siendo muy aburridas—dijo Tsunade, emitiendo otro bostezo.
Una vena en la frente casi le estalla al rubio ceniza de la rabia que sentía por sentirse tan infravalorado. Esta noche no seguiría el consejo de Jiraiya. Iría a por todas. Si perdía, aún le quedaba otra bala mañana y usaría su último recurso de utilizar la píldora de soldado que aún guardaba.
—Esta noche va a ser diferente, vieja bruja.—dijo Bakugo, con rostro serio desenvainando a Deku.
Iba a ser una noche diferente. Muy diferente. Pero no por el motivo que creía Bakugo. Por otro muy distinto.
Más de 8.000 noches había pasado Bakugo entre este mundo y su mundo original. Pero ninguna como ésta. La noche más larga de su vida. La noche que siempre recordaría y le atormentaría hasta el día de su muerte.
