Todos los personajes y la historia pertenecen a Kohei Horikoshi y Masashi Kishimoto
—Jiraiya-sama sigue en paradero desconocido, lo mejor sería que pasaras la noche con nosotras. Nos hospedamos en el hostal con la fachada amarilla de la calle de enfrente de tu posada. Y hay sitio de sobre para uno más. ¿A qué sí, Tonton?—dijo Shizune
—¡Oink, oink!—asintió Tonton.
—¡Ni hablar! —negó Bakugo, frotándose los ojos con el dorso de su mano para limpiarse las pequeñas lágrimas que se le habían escapado—¡No necesito hablar de nada con vosotras! ¡Además, ahora mismo esa vieja bruja es mi enemigo!—su mirada se detuvo en la de Tsunade.— ¡Porque tú no eres mi madre! ¡Ha sido un puto lapsus de mierda! ¡Mañana te derrotaré! ¡Aunque tenga que vendarme los ojos y taponarme los oídos para que esta mierda no vuelva a pasar! —
—¡Si cambias de parecer! ¡El hostal de la fachada amarilla se llama Duerme-bien y estamos alojadas en la habitación 2 del piso 1!—gritó Shizune, no sabiendo si Bakugo la había escuchado ya que ya se encontraba bastante lejos de ellas.
Tsunade vio impotente como Bakugo se alejaba de ellas cada vez más hasta perderlo en el horizonte. Una opresión repentina en el pecho hizo que cayera al suelo arrodillada.
—¡Tsunade-sama! ¿Te encuentras bien?—preguntó preocupada Shizune.
—¿Oink? ¿oink?—Tonton también se interesó por su estado de salud.
—No es nada ...—dijo Tsunade levantándose.—Es solo que tengo un mal presentimiento...—añadió, con la mirada perdida en la dirección que se había marchado Bakugo.—Un muy mal presentimiento.—
Bakugo regresó a la posada, malhumorado por haber desperdiciado la oportunidad de vencer la apuesta. Y más de malhumor se puso cuando en la estancia y vio a Jiraiya abrazado a la taza de wáter con la cara pálida y con rastros de vómito en su barbilla.
—¡Al fin te dignas en aparecer, viejo pervertido!—gritó Bakugo.
—Bakugo, no me chilles que me encuentro muy mal ...—suplicó Jiraiya con los ojos llorosos como si fuera un niño.
—Cuando te saqué de ese bar el último día que nos vimos, creo recordar que dijiste que tenías una constitución increíble que te hace inmune a los efectos del alcohol.—dijo Bakugo con ironía, sonriendo con malicia.
—¡Y la tengo!—se defendió Jiraiya. El sannin volvió su atención a la taza de wáter para arrojar vómito de color entre verde y amarillo—¡Burgggg!—
—Ya lo veo.—dijo sarcásticamente Bakugo, cruzándose de brazos. A Bakugo no le resultaba la escena tan graciosa como debería por los recuerdos de los efectos del día después de los sucedido en Underworld.—Esto te enseñará a no volver a beber, borracho de mierda.—le reprendió.
—¡Jamás dejaré de beber! ¡Jamás!—otra vez paró para vomitar. —Lo que pasa es que subestimé el licor con el escorpión. Sabía que me arrepentiría, pero estaba tan bueno que no podía parar de beberlo.—el sannin volvió a meter la cabeza dentró del wáter para seguir vomitando.
—Debí haber aceptado la propuesta de esas dos.—pensó Bakugo, lamentándose de rechazar no dormir con Tsunade y Shizune.—Aunque puede que esté a tiempo. La loca de los animales dijo que si cambiaba de opinión podía ir. ¿Cómo dijo que se llamaba?—después de unos segundos recordó con claridad lo que dijo—Duerme-bien. Hostal Duerme-bien. Con la fachada amarilla en la calle de enfrente a ésta. Piso 1, puerta 2.—
—Bueno, me piro a dormir con la vieja bruja y la loca de los animales. El olor a vómito está impregnado por todos lados y me está dando mucho asco. Mañana me pasaré a comprobar que no te has muerto.—dijo Bakugo abriendo la puerta para salir.
—Bakugo, un momento. Antes de que te marches necesito que me hagas un fav... .—el sannin detuvo su petición para volver a vomitar. —Un favor. Necesito que me hagas un favor.—
—¿Qué quieres qué haga, viejo alcohólico? Te advierto que no pienso limpiar esta mierda.—dijo el rubio ceniza señalando el estropicio que había en el baño.
—No es eso.—negó Jiraiya.—Necesito que vayas a la taberna Las mejores vistas y me traigas las cosas que me dejé allí. Está a 10 kilómetros de aquí en dirección Este. Justo en el cruce de caminos Shakagi-Kibo.—
—¡Y una mierda! ¡No soy tu chico de los recados! Estamos en plena noche y me muero de sueño después de luchar contra la vieja bruja. No pienso recorrer 10 kilómetros por recoger tus mierdas que has olvidado por estar totalmente ebrio. Ve tú.—dijo Bakugo, indignado con el favor que le pidió su sensei.
—¿Es que no ves en las condiciones que estoy? Necesito mínimo 8 horas de reposo para estar en condiciones de caminar sin marearme y que me den arcadas por el mareo. Si ahora incluso todo me da vueltas—explicó Jiraiya.
—¿¡Y de quién coño es la culpa que estés así!?—dijo Bakugo, regañándole. Era una escena surrealista ya que Bakugo parecía un padre gruñón y Jiraiya parecía un hijo avergonzado de haber hecho algo malo. —¡Ya te he dicho que no pienso ir así que ve tú mañana para recoger tus mierdas!—
—¡Bakugo, las cosas que me olvidé no son mierdas! ¡Son cosas muy importantes! ¡Temo que si no las recuperas de inmediato algún desalmado me las robe durante la noche!—protestó Jiraiya, unos segundos después su cara palideció y de su boca salió disparado nuevamente el líquido verde-amarillento.
—¿A qué te refieres con cosas muy importantes?—preguntó Bakugo, curioso.—Porque me temo que tú y yo tenemos conceptos diferentes de lo que significa la palabra importante.
—¡No seas cotilla! Son mis cosas privadas. Soy tu sensei así que si te digo que vayas a hacerme un favor me lo haces.—replicó Jiraiya, utilizando la carta de autoridad. Pero eso en Bakugo era ineficaz y se lo demostró a Jiraiya sacándole el dedo corazón. Sin embargo, el sannin guardaba un as bajo la manga.—¿No querrás que Las aventuras eróticas de Natsuki Dukugo caigan en malas manos, verdad?—(N/A: releed el capítulo 100 jajaja)
—...—Bakugo abrió los ojos como platos por la rostro enrojeció de inmediato por la ira y la vergüenza.—¡Imposible! ¡Destruí tu libreto de mierda en mil pedazos cuando salimos de Konoha!—
—Tengo una memoria muy buena y esta semana he tenido mucho tiempo libre. Aún es un borrador, pero si lo lees te sentirás identificado.—replicó Jiraiya con una sonrisa triunfal. La sonrisa le duró poco, porque las náuseas volvieron y abrazó aún con más fuerza a la taza de wáter.
—¡Te advertí lo que te pasaría si escribías sobre mí, bastardo de mierda!—dijo Bakugo, temblando de ira y crujiéndose los nudillos de forma amenzante.
—Nunca te prometí nada.—se defendió Jiraiya. —Pero esta vez te juro por la tumba de mis padres que si me haces este favor no volveré a plasmar por escrito mis ideas que tengo sobre Natsuki Dukugo.—
—Hijo de perra ...—susurró Bakugo. —Ésta jugarreta me las vas a pagar, viejo pervertido de mierda.—Bakugo salió y cerró de un portazo, tan fuerte que casi se carga la puerta.
Bakugo, a pesar de no estar utilizando su quirk, echaba chispas. Salió corriendo hasta abandonar los Cuarteles Tanzaku. Cuando llevaba aproximadamente 1 kilómetro lejos de la ciudad, escuchó una voz en su cabeza que no era la suya pero que juraría haberla escuchado antes.
—¡No vayas, Bakugo!—
—¿Eh?—Bakugo se detuvo y giró la cabeza por todos lados buscando quien había dicho eso. A pesar de ser de noche, la luna llena le facilitaba la tarea de poder ver pero no había nadie en ningún lado. Estaba completamente solo. Ni un alma en el horizonte.—Ya decía yo que tantos golpes monstruosos de la vieja bruja no podía ser bueno para mi cabeza. Espero no tener una jodida conmoción cerebral.—
A mitad de camino empezó a llover. Primero de forma leve, luego moderada y por último torrencialmente. Casi parecía el diluvio universal y Bakugo no tenía ninguna forma de cubrirse. Y, de nuevo, Bakugo volvió a oir la extraña voz en su cabeza.
—¡Retrocede, Katsuki Bakugo! ¡Nada bueno te espera allí donde vas!—
—Vaya noche de mierda ...—pensó Bakugo apretando los puños con fuerzas. —Primero pierdo con la vieja bruja. Luego el viejo alcohólico y pervertido me chantajea para que sea su chico de los recados. Y ahora se pone a diluviar. ¡Y para colmo me estoy volviendo majara!—
Bakugo siguió corriendo hasta alcanzar la taberna Las mejores vistas. Su ánimo se recuperó en parte por tener un techo en el que cobijarse y en parte por no volver a escuchar la extraña voz en la segunda parte del trayecto. Aunque volvió a bajar al ver la taberna repleta de hombres casi tan borrachos como su sensei y de camareras/strippers ligeras de ropa haciéndole ojitos.
El rubio ceniza rodó los ojos y apartó a varias de forma brusca. Se metió entre el gentío y se aproximó a la barra de bar.
—¡Ey!—dijo Bakugo al barman para que le prestara atención. Pero éste estaba muy ocupado sirviendo copas a un par de jóvenes de pocas más edad de la que aparentaba Bakugo. Las venas de su frente se agigantaron al sentirse ignorado—¡HE DICHO EY!—gritó golpeando con el puño la barra de bar. La atención del barman se concentró en Bakugo.
—¿Qué te pongo, jovencito?—preguntó el barman con una se sentía sorprendido porque alguien de la edad de Bakugo entrara a un bar.
—No es eso para lo que te he llamado.—negó Bakugo, alzando la voz para que se oyera entre el gentío.—Un viejo pervertido con pintas raras se ha pasado hace unas horas y se ha dejado olvidado aquí algunas cosas. He venido para recuperarlas.—al barman se le borró la sonrisa.
—¿Has dicho un viejo pervertido con pintas raras? ¿Ese viejo pervertido que dices por casualidad no será un tipo muy alto que viste con un haori rojo?—dijo el barman, poniéndose serio de repente. Bakugo asintió. —Acompáñame.—el barman salió de la barra de bar acompañado de Bakugo y fue en dirección a una mesa en la que estaban sentados un hombre trajeado y dos mujeres ligeras de ropa abrazando y besando al tipo trajeado. A los lados de la mesa, estaban dos guardaespaldas enormes de pie de brazos cruzados—Jefe. Este niño conoce al tipo extraño que se ha ido sin pagar la cuenta.—
—¿Ese bastardo de mierda se ha ido sin pagar?—pensó Bakugo arqueando una ceja.—Puto tacaño y gorrón. Cuando creo que ya no puede caer más bajo, el muy bastardo se supera a sí mismo.—
El hombre trajeado hizo un gesto con las manos y las mujeres se alejaron.
—Así que conoces a Jiraiya, ¿eh chico?—dijo el hombre encendiéndose un puro.
—Por desgracia.—dijo Bakugo, emitiendo un suspiro.
—¿Has venido a pagar su deuda por él? Qué amable por tu parte.—dijo el hombre dando una calada a su puro.
—Ja.—replicó Bakugo.—Y una mierda. Los problemas que tengas con ese bastardo los resuelves con él. —
—Pero resulta que en el instante en que has entrado, sus problemas se han convertido en tus problemas, chico.—dijo el hombre, dando otra calada. Su tono ahora era mucho más amenazante
—Mira, trajecitos.—dijo Bakugo de manera despectiva, mordiéndose la lengua para no cagarse en toda su familia.— Hoy estoy teniendo una noche de mierda y no me apetece que tú me la empeores aún más. He venido a recuperar las cosas que se dejó ese pervertido de mierda. Solo eso. Tú me las das, yo me voy. Y todos contentos.—
—Pero eso no me pone contento. A mí lo que me pone contento es que se me pague lo que se me debe, ¿verdad que sí?—dijo el hombre trajeado mirando a sus guardaespaldas. Éstos asintieron.—Y mis amigos solo se ponen contentos cuando reciben dinero por su trabajo. Y solo pueden cobrar si los clientes me pagan por los servicios que proporciona mi local. ¿Entiendes donde quiero llegar, chaval?—Bakugo bostezó como respuesta. El hombre trajeado partió por la mitad el puro por el cabreo. La insolencia de Bakugo podía llegar a ser muy irritante—¡Taiki, Yoshio!—los guardaespaldas dieron un paso enfrente.—¡Llevaos a este chico afuera y que vea lo que pasa cuando no estáis contentos!—
—En marcha, chico.—dijo uno de los guardaespaldas cogiendo del hombro a Bakugo.
El rubio ceniza miró primero a los ojos del guardaespaldas y luego a su mano.
—Solo te lo diré una vez. Suéltame.—dijo Bakugo de forma intimidante. Pero el guardaespaldas no se intimidó y apretó más el agarre, a lo que Bakugo respondió doblándole la muñeca. Y antes que pudiera gritar por el dolor le golpeó en la nuca dejándolo inconsciente.—Te lo advertí.—
Bakugo miró al otro guardaespaldas. El hombre estaba nervioso y preocupada y miraba alternativamente a su jefe y al rubio ceniza. Y se dio cuenta de la bandana de la hoja que llevaba colgada de su cuello.
—¡Jefe, es un ninja de Konoha!—tartamudeó el guardaespaldas.—¡Debe ser un jonin!—
—¡No digas tonterías, Taiki! ¡Es un crío! ¡Cómo va a ser un jonin!—replicó el jefe, pero ya no se mostraba tan arrogante y seguro de sí mismo como antes. Y menos cuando Bakugo se acercó a donde estaba sentado—¡Defiéndeme!—
—Pero ...—dudó Taiki
—¡Te pago para que me defiendas! ¡Así que haz tu puto trabajo!—le exigió su jefe.
Taiki dudó, pero temeroso de perder su empleo se abalanzó sobre Bakugo. Éste con un rápido movimiento se colocó detrás del guardaespaldas y lo noqueó del mismo modo que a su compañero. Bakugo se sentó en la mesa y se colocó enfrente del jefe del local.
—Voy a repetirte lo que te dije antes, trajecitos. Tú me devuelves las cosas de ese viejo bastardo y yo me marcho. Y todos contentos.—insistió Bakugo con una mirada escalofriante.
—...—el jefe le miró aterrado, pero su orgullo estaba en juego así que se envalentonó.—Tú me pagas lo que me debe Jiraiya y yo te devuelvo sus cosas. —Bakugo estaba por contestarle, pero el jefe siguio hablando.—Y antes de que me amenaces de alguna forma. Es algo justo lo que estoy pidiendo. Tengo que pagar a mis trabajadores y el mantenimiento de este local. Si todo el mundo actuara como tu amigo mi negocio cerraría y todos ellos ...—señaló a los camareros y cocineros que había en el local.—Se irán al paro. Creía que los ninjas de Konoha eran más honorables.—
—¡No me vengas con esas mierdas! ¡Muy honorable no creo que haya sido el amenazarme con tus dos matones!—respondió Bakugo.—Así que no seas hipócrita conmigo.—
—Es cierto que no ha sido muy honorable, pero yo no soy un ninja de Konoha.—replicó el jefe.—Tú me das lo que es mío y yo te doy lo que es tuyo. Bueno, en este caso lo de tu amigo.—
—Joder, que pesado eres. No tengo un Ryo enci ...—pero Bakugo recordó que Tsunade le había devuelto la billetera cuando casi se anula la apuesta y éste aún la conservaba. —Hoy va a ser tú día de suerte. No quiero seguir discutiendo así que si con algo de dinero puedo regresar para dormir, que así sea. ¿Cuanto te debe ese mierdas?—
—3.000 Ryos.(300 euros/dólares)—respondió el jefe del local.
—¿3.000?—
—En realidad su cuenta es de 2850 Ryos. Pero he redondeado a 3.000 por las molestias que me ha causado el no pagar cuando debía.—explicó el jefe del local.
—Hay que joderse.—dijo Bakugo con un suspiro. Rebuscó en la billetera y lo primero que se dio cuenta que dentro había menos de la mitad de los 30.000 Ryos que se llevó Tsunade. Los contó con exactitud y la suma daba 11.550 Ryos.—¡Esa vieja bruja se ha gastado casi todo sin esperar a que se terminara la apuesta!—gritó indignado.—¡Qué hija de perra y que noche de mierda! ¡Ten, trajecitos!—le dio de mala gana 6 billetes de 500 Ryos—¡Y ahora dame las cosas de ese bastardo de una puta vez!—
El jefe se fue, contento por cobrar la deuda con intereses, a pesar de la fuerza física demostrada por Bakugo. Una completa victoria para él. Cuando regresó, lo hizo con un par de libros y un conjunto de mapas.
Bakugo miró primero los dos libros. En uno de ellos, el título ponía La segunda parte de la saga Icha Icha,Baiorensu (N/A:Violencia). En el otro Las aventuras eróticas de Natsuki Dukugo.
—Hijo de perra. Al final el muy cabrón sí que estaba escribiendo ese puto libro a pesar de mi advertencia.—exclamó Bakugo, con la rojez en su rostro volviendo a aparecer.—¡SHINEEEE!—el libro fue evaporado con su quirk.
—¿Pero tú no querías recuperar esas cosas, chico?—preguntó el jefe de la taberna, asustado por el poder de Bakugo y curioso por su reacción.
Bakugo le ignoró y se centró en los mapas. Había muchos. Cada uno de ellos representaba una parte del continente. Además, había multitud de círculos rojos. El corazón empezaba a latirle con fuerza y no sabía por qué razón. Hizo un conteo rápido: diez mapas en los que había cerca de 80 círculos rojos. El mapa en el que había más círculos era el que representaba el norte del país del fuego y el país del sonido, con 20 de ellos.
—¿Sabes lo qué significan estos mapas, trajecitos?—preguntó Bakugo, sin quitar su vista de los mapa.
—Ni idea.—respondió con sinceridad el jefe.
—Yo sí que lo sé.—contestó una de las dos mujeres que habían abrazado y besuqueado al jefe antes. Bakugo la miró con el rabillo del ojo
—¿En serio?—dijo el jefe, no muy convencido.
—Sí. Jiaiya-chan y yo estuvimos hablando antes. Es un viejito muy divertido.—explicó la mujer.
—¿Qué significa?—pregunto Bakugo, aunque en su interior sabía la respuesta. Le resultaba difícil aguantar la calma de la tensión que estaba soportando.
—Dijo que estaba buscando a un antiguo amigo suyo de hace muchos años. Con los círculos señalaba lugares donde la gente le había visto con anterioridad.—explicó la mujer.
El corazón se detuvo por un instante. Recordó la última conversación que tuvo con Jiraiya después de explicarle como usar el chakra viento hace una semana.
—Ahora que hemos encontrado el paradero de Tsunade y te he entrenado lo suficiente como para que Minato no me regañe por dejarte abandonado, puedo centrar toda mi energía y mi dedicación en recolectar información.—
—Vamos, que te vas a ir de putas y de borracheras durante esta semana.—
—¡Qué no voy a hacer eso! ¡Voy a recolectar información! Cerca de esta ciudad, tengo algunas fuentes que pueden señalarme alguno de los escondites de Orochumaru.—
Bakugo miraba los mapas en trance.
—El pervertido no mentía. Ha estado buscando a la serpiente bastarda todo este tiempo.—pensó Bakugo, apretando la mandíbula.
—Chaval, ¿te encuentras bien?—cuestionó el jefe de la taberna.
—Necesito estar solo.—dijo Bakugo examinando los mapas uno a uno.
—¡Esto no es una biblioteca! ¡Vete a tu casa si quieres ponerte a leer!—dijo el jefe, indignado.
Bakugo sacó de la billetera dos billetes de 500 Ryos, se levantó y se los dio al jefe con un fuerte apretón de manos.
—Esto es por las molestias de tenerme sin consumir nada.—dijo Bakugo. —Pero te advierto una cosa.—su rostro se ensombreció asustando al jefe del local y a las dos mujeres que le acompañaban.—Si tú, tus putas o alguno de tus empleados osa molestarme el tiempo que esté aquí, destruiré tu local del mismo modo que me has visto hacer con ese libro de mierda antes. ¿Te ha quedado claro, trajecitos?—
El jefe asintió con un nudo en la garganta. Toda la valentía que había mostrado el jefe durante este tiempo, se evaporó en ese instante. Se marchó acompañado de las dos mujeres. Antes de irse despertó con unas fuertes patadas a sus dos guardaespaldas que aún yacían inconscientes. Dejando a Bakugo solo, en la mesa que estaba reservada para los clientes muy importantes. Y, a pesar, que la taberna seguía llena de gente y con ello repleto de gritos, Bakugo estaba tan absorto analizando los mapas que tenía enfrente que para él en la taberna no había un alma.
—Vete a dormir, Katsuki Bakugo.—
La voz de su cabeza volvió a aparecer en ese momento. Pero, Bakugo la ignoró tal y como había hecho antes. No iba a dormirse ahora. Por desgracia, la noche acababa de comenzar para él.
