Todos los personajes y la historia pertenecen a Kohei Horikoshi y Masashi Kishimoto
—¡HAZME CASO, KATSUKI BAKUGO! ¡NO VAYAS!—
—¡SAL DE MI PUTA CABEZA!—gritó Bakugo cegado de ira, golpeando su frente en la tierra para ver si así la voz desaparecía desaparecía.
Bakugo jadeó tratando de calmar su respiración acelerada. Un hilillo de sangre salía del centro de su frente fruto del terrible golpe que se había infringido así mismo contra la tierra. La locura de golpearse la frente surtió efecto ya que no volvió a escuchar la voz en el minuto que estuvo parado esperando por si reaparecía. La fiebre, el mareo y la debilidad también se esfumaron por arte de magia.
—Mucho mejor.—pensó en voz alta Bakugo.—Espérame solo un poco más, Uraraka. Voy a por ti.—
A pesar de la lluvia torrencial, Bakugo corrió y corrió en dirección al bosque rodeado por un círculo en el mapa de Jiraiya. El rubio ceniza tardó cerca de una hora en llegar hasta allí. Y estuvo otra media hora dando vueltas por el bosque hasta dar con la cantera abandonada. Y hubiera tardado mucho más en descubrir la ubicación de la mina, por la pésima visibilidad que había por la climatología, de no ser por una extraña y débil luz que divisó. Cuando se acercó a esa extraña luz, descubrió que su origen era el de una hoguera en la entrada de una cueva con raíles en el suelo.
Había hallado la cueva abandonada. Aunque no estaba abandonada. Dos hombres estaban cerca de la hoguera para protegerse del frío de la noche lluviosa. Estaban sentados y armados hasta los dientes. No estaban muy por la labor de vigilar que aparecieran intrusos ya que su atención estaba en el fuego de la hoguera. Ambos hombres la miraban en trance mientras se frotaban las manos.
—Vaya tiempo de mierda ...—comentó uno de ellos.—Que mala suerte tenemos. Justo nos toca hacer guardia cuando llueve más. ¿Recuerdas alguna noche más lluviosa que ésta, Zink?—
—Deja de quejarte tanto, Shou.—replicó Zink, ignorando la pregunta de su compañero.— Que nos pagan un pastizal por no hacer nada.—
—Siendo la alegría de la huerta como siempre ...—dijo sarcásticamente Shou.—Solo de pensar que aún me quedan 3 horas de guardia contigo. Me dan ganas de cortarme las venas.—
—Nadie te lo impide.—dijo Zink, con una mueca.
Bakugo, viendo que la conversación entre esos dos hombres terminaba, se debatió internamente entre interrogar a esos dos hombres o internarse sigilosamente al interior de la cantera.
El corazón le decía que debía sacarle a golpes a esos dos todo lo que supieran de Orochimaru y sus experimentos. Pero la cabeza le decía que sería más prudente no llamar la atención aún. No sabía cuanta gente habría dentro. Y tampoco sabía la fuerza de esos dos guardias.
Se decantó por comportarse como un ninja y entrar sigilosamente a la cantera. En caso de que no hubiera nadie dentro, siempre podía tener una conversación con sus puños con esos guardias más tarde.
Por primera vez, puso en práctica lo aprendido en las clases de sigilo que recibió en la academia de ninjas un par de años atrás. Como un araña se movió por las paredes de la mina hasta trepar al techo. Los guardias ni se olieron que acababa de entrar un intruso encima de sus cabezas. Eso hizo pensar a Bakugo que lo más probable es que ese par no eran muy fuertes. Bakugo estuvo unos metros caminando por el techo hasta que, al voltear la cabeza y darse cuenta que Zink y Shou estaban fuera de su vista, decidió aterrizar en el suelo de la cueva.
La cueva era mucho más profunda y angosta de lo que había creído en un principio. Sino hubieran antorchas de tanto en tanto, le hubiera sido imposible ver nada desde hacía ya un tiempo. Había ya recorrido cerca de medio kilómetro cuando se detuvo al ver que la cantera se bifurcaba en tres direcciones. Fue al sendero de más a su izquierda y lo recorrió hasta el final en el que se topó con una cámara en la que había multitud de conservas, ropas, mantas y utensilios de todo tipo. Era una especie de almacén.
Volvió sobre sus pasos y esta vez fue por el camino del centro. En esta ocasión, en la cámara que daba fin ese sendero había dos hombres viendo la tele y comiendo arroz. Bakugo se escondió rápidamente. Esos hombres, al igual que los guardias de la entrada, tampoco se percataron de la presencia de Bakugo. Escondido, y con el rabillo del ojo, vio un par de camas rudimentarias. Una de ellas estaba ocupada por un joven corpulento que roncaba. Supuso que se trataría de la zona de descanso del lugar. Anotó mentalmente volver aquí e interrogarlos más tarde en caso de que en el último camino no encontrara nada de utilidad.
Otra vez, dio marcha atrás hasta regresar a la zona donde se bifurcaba la mina. Solo le quedaba el camino de su derecha. No sabía que diferencia había con los otros dos caminos, pero su cuerpo presentía que era diferente ya que se iba poniendo más y más nervioso por cada paso que hacía. Además, por alguna extraña razón, esta zona de la cueva tenía mucha más iluminación que el resto. El camino terminaba con una puerta cerrada.
—Es tu última oportunidad, Katsuki Bakugo. Da media vuelta.—
A Bakugo casi le da un infarto al creer que había sido descubierto. Pero al darse cuenta que era la extraña voz, se recompuso y la ignoró. Antes de abrir la puerta para ver lo que había al otro lado, pegó la oreja en la puerta para tratar de escuchar. Lo que escuchó lo dejó más intranquilo de lo que ya estaba. Unas fuertes risas y unos débiles sollozos se entremezclaban.
Con el corazón a mil por hora, Bakugo puso su mano en el pomo de la puerta y giró muy lentamente hacia la izquierda para abrirla.
—Cuando volvamos a vernos, no podrás reprocharme que no te lo advertí, Katsuki Bakugo.—
Eso fue lo último que escucharía Bakugo de aquella extraña voz en su cabeza.
El rubio ceniza suspiró un par de veces para calmar sus nervios antes de abrir definitivamente la puerta. Cuando la abrió, el tiempo se paró para Bakugo con sus ojos abiertos como platos.
La cámara era un lugar que había anteriormente usado anteriormente como laboratorio. Numerosas probetas, jeringuillas y sustancias químicas abarrotaban la sala.
Pero eso no fue lo que petrificó a nuestro protagonista, fue la barbarie que se estaba produciendo ante sus ojos. Una mujer completamente desnuda estaba siendo brutalmente violada con la postura del perrito en una camilla oxidada por un grandullón con la cabeza rapada. La tenía agarrada con fuerza por los antebrazos para evitar que se escapara mientras ésta sollozaba incontrolablemente en cada embestida que le propinaba el violador.
Se sintió con ganas de vomitar. Y más asqueado se sintió al ver que había otros cinco hombres en la sala riendo y dando ánimos al violador. Pero, por muy deleznable que fuera, se sintió aliviado al no reconocer a la mujer. La mujer debía tener unos 25 años y era solo huesos y piel. Parecía un esqueleto viviente. No debía pesar ni 30 kilos a pesar de medir más de 1,60 metros. Su piel estaba repleta de hematomas y de marcas producto de pinchazos hechos con jeringuillas. Su rostro estaba ensangrentado e hinchado por heridas recientes que supuso que había cometido el violador.
No recordaba con exactitud la apariencia de Uraraka ya que había pasado 7 años desde la última vez que la vio. Pero esa pobre mujer tenía la cara con forma angulada y Bakugo recordaba con claridad la redondez de Uraraka, de ahí su mote. Esa mujer era unos 10 centímetros más alta que Uraraka. El cabello de aquella mujer era largo y el de Uraraka le llegaba solo hasta los hombros. Y tampoco tenía las mejillas sonrojadas como su compañera. Era imposible que fuera Uraraka.
Bakugo se llevó la mano a su espada para intervenir, pero cuando estuvo por desenvainar la mujer le miró (con el único ojo que tenía abierto, ya que el otro estaba cerrado por la hinchazón de los golpes en su rostro) a los ojos y volvió a petrificarse. Esa mirada ... Ya la había visto anteriormente.
Era cierto que esa mujer tenía el rostro más angulado, una estatura superior, un cabello más largo y unas mejillas menos sonrojadas que Uraraka. Pero habían pasado 7 años.
Si Uraraka hubiera estado mal alimentada como esa mujer, perfectamente podría perder la redondez de su cara.
Su compañera medía poco más de metro y medio, pero podría haber seguido creciendo unos años más. Al fin y al cabo aún no se había desarrollado del todo y solo tenía 16 años.
El cabello de la mujer violada era mucho más largo que el que recuerda Bakugo de Uraraka. Pero, juraría que era del mismo color o muy similar al de la heroína. Castaño. En 7 años perfectamente podía haber crecido tanto su pelo.
Había pensado que sus mejillas no eran sonrojadas como las de Uraraka. Pero no estaba completamente seguro, ya que tenía el rostro tan hinchado que no sabía bien si era cierta su primera impresión.
¿Y si esa mujer se trataba realmente de Uraraka? Un escalofrío le recorrió cuando la mujer bajó la mirada y gimió débilmente una palabra.
Bakugo, con los sentidos adormilados por la presión que estaba sintiendo en su corazón se acercó unos pasos para escucharla mejor.
—De ... ku...—sollozó.
Aunque habían pasado 7 años, al instante reconoció aquella voz. Era Ochaco Uraraka. Una parte del brillo en los ojos de Bakugo se apagó para siempre. Tal y como había predicho la voz, el dolor fue tan grande y repentino que hizo que su alma se quebrara.
Mientras esos cambios se producían en el interior de Bakugo, los hombres seguían sin percatarse de que el rubio ceniza estaba allí.
—¡Jajajaja!—rió uno de ellos. —¡Te sigue llamando inútil a pesar de la paliza que le has dado! ¿Es que tan mal follas? Déjame sustituirte, inútil. —se mofó.—Jajajaaja—
—¡Cállate, bastardo! ¡Tú ya te has corrido dentro de ella antes! ¡Ahora es mi tur...!—el grandullón se detuvo al percatarse por primera vez de la presencia del rubio ceniza, su rostro ensombrecido no mostraba emoción. El pene del grandullón se puso flácido por la impresión.—¡Qué demonios! ¡¿Quién eres tú, mocoso?!—El violador se separó de Uraraka y recogió un arma del suelo.
Uraraka, estando liberada del agarre del violador se apartó de la camilla donde estaba siendo violada instantes antes, se agachó para coger un osito de peluche sucio y mugroso del suelo y se retiró a un rincón de la sala.
—¿Eh?—dijeron los otros cinco hombres a la vez. Al igual que el grandullón se apresuraron para recoger sus armas y apuntar con ellas a Bakugo.
Bakugo ignoró su presencia, su atención estaba únicamente en Uraraka. Ésta seguían en el rincón, abrazando al osito con fuerza y susurrando la palabra Deku repetidamente.
El hombre que se había reído anteriormente y parecía el líder del grupo se fijó en la bandana de Konoha que colgaba en el cuello de Bakugo. Se puso nervioso al ver que Bakugo era un ninja de Konoha.
—¡Bajad las armas, muchachos!—ordenó el hombre a los otros cinco.—Es un ninja de Konoha. Debe ser uno de los nuevos compañeros de Kabuto.—éstos dudaron unos segundos, pero obedecieron a su líder. El líder se percató que Bakugo seguía mirando a Uraraka. Estaba como en una especie de trance. La tensión en el líder bajó al interpretar mal la extraña actitud de Bakugo y una sonrisa se le dibujó en su rostro. —¿Te interesa esa puta, niño?—preguntó con una mueca burlona. —Apuesto a qué debes ser virgen y te ha impactado lo que has visto. Hagamos un trato, chaval.—se acercó lentamente a Bakugo.—Si tú no le cuentas nada a Kabuto de lo que has visto esta noche, nosotros dejaremos que hoy te conviertas en un hombre. Se suponía que no debíamos lastimarla. Pero podrás entender, como espía, lo solos que nos podemos sentir los hombres. Los hombres tenemos unas necesidades y solo teníamos a esa puta para que las satisficiera. La puedes tener toda para ti esta noche para que haga lo mismo por ti. Puedes rellenarle cualquiera de sus tres agujeros con tu polla. Aunque te aconsejo que no se la metas en su boca. La muy perra muerde. ¿A qué sí, Denton?—
—Casi me deja la polla como un colador.—asintió el hombre llamado Denton.
—Bueno, ¿qué me dices?—el líder se acercó más a Bakugo hasta colocar la palma de su mano en el hombro. Fue la primera vez que Bakugo reparó en la presencia del hombre. Le miró la mano y luego le miró a los ojos. Su expresión seguía sin expresar emoción alguna—Tú no dices nada y nosotros te dejamos intimidad para que hagas lo que quieras con ella. Es un buen trato, ¿no te ...?—el líder se detuvo al ver que el niño alzaba su mano izquierda. Se fijó en que sudaba enormemente.—¿Por qué sudas tanto, chaval? No tienes que ponerte nervioso.—Bakugo presionó su palma sudorosa en el rostro del líder.—¡APARTA ESO DE MI ...!—
Su protesta fue interrumpida para siempre ya que su cabeza estalló en mil pedazos con una fuerte explosión realizada por Bakugo y concentrada en el rostro del líder. Sesos, sangre, piel y huesos se esparcieron por toda la cámara. La mayoría de los restos de la cabeza del líder pararon a manchar la piel o la camiseta de Bakugo
No hubo ningún Shineee. Es más, no hubo ningún gesto que hiciera indicar que Bakugo acababa de matar a un hombre a sangre fría. Un absoluto silencio reinó en la habitación. Hasta que unos segundos después, el grandullón que había violado a Uraraka reaccionó y alzó su hacha de combate.
—¡ESTÁS MUERTO, MOCOSO!—rugió el grandullón impactando el hacha contra el suelo ya que Bakugo lo esquivó sin ningún esfuerzo. Bakugo se llevó la mano a su espalda y desenvainó a Deku.—¡HIJO DE ...!—antes de que pudiera hacer otro ataque, el brazo con el que sostenía su hacha fue rebanado y separado de su cuerpo.—¡AAAAAAHHHH MI BRAZOOOO!—pero su brazo no fue lo único que dejó de estar unido a su cuerpo. El grandullón que seguía desnudo de cintura para abajo, recibió un tajo mutilándole el pene y los testículos. Sangre salía a borbotones de esa zona. —¡CABRÓNN!—la voz ahora era aguda por haber sido castrado, pero no dijo más con su nueva voz ya que lo siguiente que se desprendió de su cuerpo fue su cabeza.
Los cuatro hombres que seguían vivos miraron muertos de terror al niño completamente inexpresivo y manchado de sangre. Parecía la viva imagen de la muerte.
Bakugo echó un rápido vistazo a Uraraka. Ésta también estaba muy asustada, desvió la mirada, y luego cerró los ojos con fuerzas.
—Deku, Deku, Deku, Deku ...—susurró abrazándose a sí misma y al peluche. Intentaba empequeñecerse para que nadie la prestara atención
La atención del rubio ceniza volvió a centrarse en los hombres que quedaban vivos.
—¿Quié ... eres? ¿Por qué ... haces esto?—tartamudeó uno de ellos, aterrado.
Bakugo no contestó y se acercó al que había preguntado. Los siguientes minutos, fueron una sucesión de gritos, extremidades amputadas y súplicas no atendidas por Bakugo.
Bakugo siguió sin expresar ninguna emoción. Era un robot con una misión. Matar a aquellos hombres de la forma más brutal posible. Excrementos, meados, partes de intestinos y sesos quedaron esparcidos por el suelo. La macabra escena seguía sin alterar al rubio ceniza lo más mínimo. Lo único a lo que reaccionaba era a la sangre que le entraba en los ojos, que entonces se paraba un momento a limpiarse. Pero a nada más.
La masacre se alargó ya que durante ese tiempo se acercaron los que veían la tele en la sala de descanso y los guardias de la entrada. Bakugo tampoco tuvo piedad de ellos. Solo quedaba uno de ellos con vida. Y hasta ese momento Bakugo solo le había amputado una mano.
—¡Por favor, ten piedad ...!—suplicó el hombre, sollozando y con la voz temblorosa. Se trataba de Zink, uno de los guardias de entrada. Bakugo envainó a Deku y se montó a horcajadas de él—¡Tengo mujer e hijos!—Bakugo con su mano izquierda agarró la mano sana del hombre y con la mano derecha la apretó en un puño y empezó a golpear a Zink en el rostro.—¡Por ...!—un golpe.—¡..fav...!—otro.—¡...orrr..!—y otro y otro y otro. Hasta que Zink no pudo articular palabra.
Pero los puñetazos de Bakugo no terminaron cuando Zink dejó de hablar. Ni siquiera terminaron cuando Zink murió. Bakugo siguió golpeando una y otra vez el rostro sin vida de Zink durante varios minutos más. Cuando terminó, su puño lo tenía a carne viva y no había manera posible de identificar algún rasgo la masa de carne por encima del cuello de Zink.
Bakugo respiró entrecortadamente para recuperar las fuerzas de todos los espadazos y puñetazos que había realizado. Por fin se despertó del trance y le entraron al instante náuseas. Si no vomitó, fue porque al ver a Uraraka temblorosa y acuclillada no se permitió mostrar debilidad.
Avanzó con lentitud hacia la temblorosa Uraraka y se arrodilló para colocarse a su altura.
—Cara redonda, ya no tienes nada que temer.—dijo Bakugo, escondiendo en lo más profundo de su corazón el dolor que sentía al ver a su antigua compañera y rival tan asustada. Esa Uraraka, era una sombra de la Uraraka que recordaba Bakugo. Ochaco se tapó la cara con sus finos brazos evitando que la viera —Uraraka, mírame. Soy Bakugo. Katsuki Bakugo. He venido a sacarte de aquí.—
—Deku, Deku ...—susurró Uraraka, temblando de miedo.
