Todos los personajes y la historia pertenecen a Kohei Horikoshi y Masashi Kishimoto
Bakugo avanzó con lentitud hacia la temblorosa Uraraka y se arrodilló para colocarse a su altura.
—Cara redonda, ya no tienes nada que temer.—dijo Bakugo, escondiendo en lo más profundo de su corazón el dolor que sentía al ver a su antigua compañera y rival tan asustada. Esa Uraraka, era una sombra de la Uraraka que recordaba Bakugo. Ochaco se tapó la cara con sus finos brazos evitando que la viera —Uraraka, mírame. Soy Bakugo. Katsuki Bakugo. He venido a sacarte de aquí.—
—Deku, Deku ...—susurró Uraraka, temblando de miedo.
—¿Deku está aquí?—preguntó Bakugo acercándose . Uraraka se pegó más al rincón al oír la voz de Bakugo aproximándose y apretó con más fuerza al osito de peluche.—He recorrido toda la cueva y no he visto a nadie más de nuestro mundo. ¿Sabes donde está?.—Bakugo esperó unos segundos la respuesta de Uraraka, pero ésta seguía ignorándole acurrucada como una pelota. Bakugo suspiró armándose de paciencia con su compañera por lo que había pasado.—Bueno, ya hablaremos de eso más tarde. Ahora tenemos que irnos de aquí. Es probable que vengan más secuaces de esa puta serpiente. Ven.—Bakugo le tendió la mano a Uraraka, pero ésta le volvió a ignorar.—¿Uraraka, has escuchado lo que te he dicho?—
—Deku ... Deku ...—volvió a susurrar Uraraka, con mayor miedo en el cuerpo que antes.
—¡Luego hablaremos de Deku! ¡Ahora tenemos que largarnos de aquí!—exclamó con un tono más autoritario el rubio ceniza.
—Deku ... Deku ... Deku ...—Uraraka balanceaba la cabeza mientras repetía su mantra. Bakugo se impacientó y agarró del brazo a la castaña.—¡AAAAAHHHHHH!—chilló con voz aguda al sentir el tacto de Bakugo.
Bakugo se quedó perplejo, y aún más confundido estuvo cuando vio como Uraraka le estaba tratando de dar patadas para que se alejara.
—¡Joder! ¿Qué demonios te pasa Urarka? ¡No voy a hacerte daño! —Bakugo alzó los brazos y los extendió para demostrar que decía la verdad.—¡Te he dicho que soy Bakugo! ¿Es qué no me reconoces? Tengo el aspecto de un preadolescente por el quirk de una perra pelirroja, pero soy yo. ¡Cara redonda, déjame ayudarte!—Bakugo volvió a tenderle la mano, pero Uraraka seguía en el rincón hecha un ovillo.—¡Por Dios, reacciona de una jodida vez, Uraraka!—con furia se acercó a ella y le arrebató el osito de peluche. Urarak abrió los ojos com platos al no sentir el tacto del peluche. Por primera vez miró a Bakugo.—¡Por fin dejas de ignorarme!—
—Dekuuuuuuu ...—susurró Uraraka mirando con odio a Bakugo. Se levantó a pesar de la extrema fragilidad y debilidad de sus esqueléticas piernas.
—No soy médico, pero no creo que sea buena idea que te camines tú sola durante un tiempo.—dijo Bakugo, asombrado con la fuerza de voluntad de Uraraka. Tan asombrado estaba que le costó reaccionar cuando Uraraka se acercó a él y empezó a golpearle el pecho con los puños cerrados.—¿Pero qué ...?
—¡DEKU! ¡DEKU! ¡DEKU!—gritó Uraraka, tratando de recuperar su osito de peluche.
—¿Es qué te has vuelto loca, Urarka? ¡Deja de golpearme de un jodida vez!—exclamó Bakugo, deteniendo los débiles puñetazos de Uraraka con la mayor delicadeza posible.—¡Ya te he dicho que iremos a por él cuando salgamos de aquí!—Bakugo se dio cuenta que lo que Uraraka quería era el peluche.—¡No me jodas, Uraraka! ¡Olvídate del puto peluche! ¡Está asqueroso y sucio! ¡A saber las bacterias que tiene! —lo tiró con violencia al otro rincón de la sala.
—¿Dekuuuu?—Uraraja dejó de golpear a Bakugo, su atención estaba en la otra punta de sala donde yacía el peluche. Uraka dio dos pasos hacia allí, pero se cayó. Su piernas no podían soportar más el peso de su cuerpo. Así que decidió reptar para llegar hasta el peluche.—Deku ... Deku ...
—¡Joder, Uraraka! ¡Ya sabía que no era buena idea que caminaras por tu cuenta!—Bakugo la recogió del suelo y la agarró de la cintura.—¡Te tengo! ¡Ahora vámonos de aquí!—
Pero Uraraka tenía otras intenciones y empezó a lanzar patadas y puñetazos a todos lados para hacer que Bakugo la soltara.
—¡DEKU! ¡DEKU! ¡DEKUUUUUUU!—gritó, como si estuviera poseída.
—¡¿Cuántas veces te tengo que decir que luego iremos a por él?!—dijo Bakugo, exasperado.
Su irritación se esfumó y se transformó en confusión cuando sintió como Uraraka le mordía el brazo. Comprendió que Uraraka estaba peor de lo que había imaginado. El dolor agudo volvió en él y tuvo que reprimir el impulso de llevarse la mano al pecho para reducir el ataque de ansiedad que estaba sintiendo. Recordó la última parte de la historia de Kabuto.
—Día tras día, el hombre y la serpiente le inyectaban drogas para tratar que la joven recordara algo más. Pero lo único que conseguían era que la joven dijera incoherencias. Pasaron los años, y la serpiente se cansó de no conseguir nada, así que volvió al bosque para ayudar a otras personas . Pero el hombre siguió con la joven, ya que era más paciente que la serpiente. Finalmente, el hombre también se cansó, quedándole en el recuerdo una palabra que la joven repetía sin descanso. Y la pobre joven se quedó allí, sola, sin poder regresar a casa, drogada y diciendo tonterías.—
—No es que sepas dónde está Deku o quieras hablar de él. Es que has perdido la capacidad de comunicarte y tu cerebro solo ha retenido esa palabra. —pensó en voz alta Bakugo, con infinito dolor y tristeza. —Je ¿No has entendido una palabra de lo que te he dicho, verdad?—Bakugo sonrió con dulzura a Uraraka a pesar que los dientes de ésta seguían clavados en su piel. Le apartó con delicadeza varios mechones largos que cubrían su rostro—Te juro que haré todo lo que esté en mi mano para que vuelvas a ser la misma de antes. La Uraraka que recuerdo. —
—Grrrr ...—Uraraka mordió aún con más fuerza el antebrazo de Bakugo, pero el agarre de Bakugo no se aflojó en ningún momento.
—Te dije que no te lastimaría, pero en tu estado actual solo conseguirás lastimarte a ti misma. Y aún tenemos un largo camino hasta donde está la vieja bruja y su secuaz. Así que ...—con un rápido movimiento con el dorso de su mano, golpeó el cuello de Uraraka dejándola inconsciente. Bakugo besó con dulzura la coronilla de la castaña. Un par de lágrimas se resbalaron del rostro de Bakugo mojando las mejillas de Uraraka.
La agarró en brazos y al sostenerla lo primero que le vino a la cabeza fue lo frágil y liviana que se sentía en ese estado. Recordó la conversación con Kaminari después de vencerla en el festival deportivo
—No puedo creer que peleaste con todas tus fuerzas con una chica frágil.—
—¿Qué parte de ella era frágil?—
—Volverás a ser la misma testaruda que me puso las cosas tan complicadas en el festival deportivo. La misma insoportable que me sacaba de quicio cuando intentabas que Deku y yo dejáramos de pelear. La misma metomentodo que me ayudó en mi nombre de héroe. Te lo juro, Uraraka.—susurró Bakugo con convicción, a la mujer inconsciente.
Bakugo se marchó de la sala cargando a Uraraka. Antes de abandonar la cantera, fue a la cámara donde había visto que almacenaban conservas, ropas, mantas y utensilios de todo tipo. Cogió un par de mantas, y envolvió el cuerpo desnuda de Uraraka con ellas.
Cuando salió de la cueva, había dejado de llover. Así que pudo correr de vuelta a los Cuarteles Tanzaku más rápido que lo que había hecho en la ida a pesar de llevar cargada consigo a su compañera.
—Te pondrás bien. Te pondrás bien. Te pondrás bien ...—repitió Bakugo durante todo el camino, no estando seguro si se lo decía a ella o a sí mismo.
