Todos los personajes y la historia pertenecen a Kohei Horikoshi y Masashi Kishimoto
Después de explotar la cueva donde tantas atrocidades se habían cometido, Bakugo regresó a los Cuarteles Tanzaku con el osito de peluche naranja en su poder y guardado dentro de la funda de su espada. Afuera de la cueva, la lluvia seguía siendo tan terrible que cuando llegó. Siguió usando su quirk a pesar del dolor y de que fuera bastante menos eficaz para moverse más rápido por la lluvia. Quería volver cuanto antes para ver a Uraraka. Ver como reaccionaba cuando le trajera su peluche. ¿Sonreiría? ¿Le seguiría odiando?
Al llegar al hotel Duerme-bien, extrajo el osito de peluche del interior de la funda de Deku. Cuando estaba por aporrear la puerta, ésta se abrió dejando ver a una muy cabreada Shizune.
—¿A eso le llamar tomar el aire, Bakugo? ¡Has estado fuera más de dos horas! —la expresión de la cara de Shizune se suavizó el rostro abatido del rubio.—Me tenías preocupada. Temía qué hubieras hecho alguna locura.—
—Déjame pasar, Shizune.—Bakugo dijo por primera vez el nombre de la amiga de Tsunade. No tenía ganas de discutir. Estaba terriblemente cansado, tanto física como mentalmente.
—...—Shizune se sorprendió de oír en boca del rubio su nombre. Pero al ver el aspecto de Bakugo, repleto de sangre seca y barro, negó con la cabeza.—Lo siento, no puedo. No sabes lo que me ha costado hacer que Tsunade se recobrara del shock de ver la sangre que tenías.—
—...—Bakugo miró con odio a Shizune.—No era una petición. Era una orden. Déjame pasar, ahora.—
—Aunque pueda parecer una cobardica, no me dejo intimidar por nadie que pueda poner en riesgo el estado emocional de mi maestra.—dijo Shizune, cruzándose de brazos.—Además, tu amiga no parece reconocerte y se alteró en tu presencia. Ahora está mucho más tranquila.—
—¡Me importa una mierda esa vieja! ¡Tengo que ver a Uraraka!—gritó Bakugo con un nudo en la garganta mostrándole el osito de peluche mugriento.—¡Tú no lo entiendes! ¡Todo ha sido un malentendido! ¡Estaba enfadada conmigo porque le quité su peluche! ¡Uraraka no puede odiarme!—
Pero Bakugo se calló lo que realmente sentía. Necesitaba el perdón de Uraraka para que la culpa y el odio que sentía consigo mismo menguaran.
—...—Shizune miró el rostro descompuesto de Bakugo y después el mugriento peluche. —Ese peluche está aún más sucio que tú, que ya es difícil.— Emitió un largo suspiro.—Entra.—Bakugo se extrañó ante el cambio de actitud de Shizune, pero entró al ver que le daba permiso. —. Ahora mismo Tsunade-sama está examinando a Uraraka-san en su cuarto.—señaló una puerta cerrada en el rincón opuesto. —No puedes presentarte ante Tsunade-sama y Uraraka-san con esas pintas. Ve a ducharte y quítate toda la sangre y suciedad. Mientras yo lavaré este peluche para que quede como nuevo. Y en cuanto a tu ropa ...—miró con una mueca de desaprobación las machas de sangre, barro y los agujeros. —Será mejor que te deshagas de ellas. No tengo ropa de tu talla, pero te dejaré un albornoz colgado en la puerta del baño para cuando salgas de la ducha.—
Bakugo no supo que decir. Quería protestar y abrir la puerta donde estaban Tsunade y Uraraka, pero sabía que en el fondo Shizune tenía razón, así que se calló. No quería asustar más a Urarka de lo que ya estaba. Le tendió el peluche mugriento y se dirigió al baño sin decir una palabra.
Lo primero que hizo al entrar en el baño fue el mirarse en el espejo. Se quedó mirando unos segundos su reflejo. Se enfureció. No le gustaba lo que veía. Era una sombra de su antaño yo. Chasqueó la lengua y se desvistió. Al abrir el agua de la ducha, ésta salió extremadamente fría. En lugar de regularla para templarla, se metió dentro de la bañera y aplicó el chorro directamente a escasos centímetros de su rostro. Cerró los ojos, apareciendo las imágenes de las muertes de esos hombres en cámara lenta en su mente. No supo cuanto tiempo llevaba duchándose, pero cuando se le vino a la mente el momento de la violación de Uraraka sollozando el nombre de Deku abrió los ojos de golpe y cerró el agua con rapidez.
Volvió a mirarse en el espejo, esta vez para cerciorarse que no quedara ninguna mancha de sangre en su piel. Shizune estaría complacida, no había rastro alguno que indicara que hace apenas unas horas había cometido una matanza. Pero a Bakugo seguía sin gustarle lo que veía. Un intento de héroe incapaz de hacer nada. Un asesino a sangre fría. Apretó los puños con fuerza y golpeó con fuerza el espejo con su puño, rompiéndolo en mil pedazos.
Abrió la puerta completamente desnudo teniendo enfrente a Shizune que había sacado sus kunais temiendo que alguno de los que había atacado a Uraraka había seguido a Bakugo hasta su hotel. Al ver los cristales rotos en el suelo y el rostro inexpresivo del rubio ceniza arqueó una ceja extrañada.
—¿Qué ha pasado, Bakugo?—preguntó Shizune. La tensión del momento le impidió darse cuenta que el rubio estaba completamente desnudo echando un breve vistazo a la masculinidad del joven. Se puso roja como un tomate y se dio media vuelta avergonzada tapándose la cara.
—Nada.—contestó Bakugo de forma automática. Echó un vistazo al albornoz que colgaba en la puerta. Era rosa.—¿Rosa? ¿En serio? ¿No había otro color?—
—¡No te que...jes y pon...te el al...bor...noz de u...na vez! —tartamudeó Shizune con las manos aún tapándole la cara.
Bakugo titubeó un segundo. Pero solo un segundo. No quería demorar más su reencuentro con Uraraka.
—¿Ya te lo has pues...to?—preguntó Shizune abriendo disimuladamente un ojo. Suspiró aliviada , aunque también un poco decepcionada, de ver que Bakugo ya estaba presentable. Se fue hacia la mesa de la cocina y recogió al peluche que lo había dejado allí.—¿Ves? ¡Como nuevo!—dijo con una sonrisa mostrándoselo.
Bakugo lo cogió y fue directo hacia la habitación donde estaban Tsunade y Uraraka. Cuando abrió la puerta, Shizune se dio cuenta que del puño de Bakugo goteaba sangre producto de que al romper el espejo del baño se había hecho un corte.
—Bakugo ... tu mano ...—dijo Shizune, pero no pudo detener a Bakugo que había entrado y cerrado la puerta tras él.
Bakugo se quedó estupefacto al observar a Uraraka acurrucada en los brazos de Tsunade mientras ésta le cantaba una nana. Ambas se giraron al oír la puerta cerrarse. Uraraka se abrazó más fuerte a Tsunade, temerosa del rubio ceniza. Bakugo se quedó quieto, incómodo. Se mesó el cabello pensando como entregarle el peluche a Uraraka.
—Katsuki, estás sangrando. —indicó Tsunade, acercándose al rubio ceniza.
—¿Eh?—dijo Bakugo, extrañado. Se miró el puño maldiciendo por lo bajo.— Mierda ... ahora vuelvo. Voy a ponerme una venda.—
—No es necesario. Por si no lo sabías, soy médico. Déjame curarte ese corte.—dijo Tsunade cogiendo la mano ensangrentada de Bakugo y aplicando un jutsu médico para cicatrizar la herida.
—Pero ...—arqueó una ceja Bakugo, confundido. Pero la que más sorprendida era Shizune que había abierto la puerta simuladamente para llevarse a Bakugo antes de que Tsunade le viera la sangre. —Pero tú no tenías ...—
—¿Hemofobia?—completó la frase Tsunade con una sonrisa.—Ver a tu amiga en ese estado y el puñetazo que me diste en la cara ha hecho que reflexionara. Ha sido como una terapia de shock.—
—¡DEKUUUUUU!—gritó Uraraka con los ojos como platos al observar a Bakugo y darse cuenta que sostenía en la otra mano que no estaba curando Tsunade su peluche. Las ganas de recuperar a su peluche se sobrepusieron al miedo que le inspiraba Bakugo y se acercó rápidamente, arrebatándoselo. Cuando lo recuperó se escabulló al rincón opuesto abrazando con fuera al osito —¡Deku, Deku, Deku ...!—susurró frotando su cara con el peluche.
Bakugo se separó de Tsunade y se acercó a paso lento a Uraraka.
—Uraraka ...Yo... Tsk—masculló Bakugo no sabiendo muy bien que decir. —Bueno, verás. No sabía que ese peluche era tan importante. Lo vi todo sucio y lo tiré. —Uraraka cerró los ojos y se abrazó con aún más fuerza al peluche.—Joder, que mal se me da esto... Lo que quiero decir es que no tienes que tener miedo de mí. Juro que no dejaré que nadie te vuelva a tocar un pelo. Y volveremos a casa. Juntos. —se acuclilló para ponerse a la altura de Uraraka. Ésta seguía con los ojos cerrados temblando de miedo.—Por favor, mírame Uraraka. Sé que no me recuerdas, pero quiero que entiendas que ...—tragó con fuerza.—Lo siento. Por todo —era la primera vez en muchísimo tiempo que pedía perdón a alguien. Tembló de rabia al ver que su esfuerzo había sido en vano ya que Uraraka seguía con los ojos cerrados y temblando de miedo. —¡Al menos abre los putos ojos, joder!—
—Katsuki, acompáñame fuera, por favor.—dijo Tsunade.
—¡NO VES QUE ESTOY HABLANDO CON URARAKA, VIEJA LUDÓPATA!—gritó fuera de sí Bakugo.
—¡AHORA!—rugió Tsunade con un timbre de voz incluso más alto que el de Bakugo.
Bakugo iba a empezar una discusión verbal con Tsunade, pero al oír el llanto de Uraraka se quedó petrificado.
—Deku, Deku, Deku ...—sollozó Uraraka abrazando sus rodillas.
—Yo ... —Bakugo dio un paso atrás, apunto de volverse a quebrar. —Solo quería disculparme ... Yo ... yo ...—
—Lo sé, Katsuki. —dijo Tsunade con ternura.—Hablemos fuera.—Bakugo no protestó y se dirigió hacia la salida de la habitación mirando al suelo.—¿Shizune, puedes quedarte con ella un minuto?—
—Por supuesto, Tsunade-sama—contestó Shizune con una sonrisa. Se fue a sentar al lado de done estaba Uraraka. —¡Vaya! ¡Qué osito más bonito tienes! ¿Nos lo presentas a Tonton y a mí?—
—¡Oink, oink!—asintió Tonton.
—¡Deku, Deku!—dijo Uraraka con una sonrisa mostrándoles el osito de peluche.
Esa última escena terminó de rematar a Bakugo y nada más salir de la habitación se derrumbó sentándose apoyado en la pared.
—¿Por qué solo me odia a mí? ¿Por qué la aterro?—preguntó con lágrimas en los ojos Bakugo.
No escuchó la respuesta de Tsunade ya que estaba moralmente y físicamente destrozado de esa noche. Cerró los ojos, terminando la peor noche en la vida de Katsuki Bakugo.
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N/A: Con este capítulo se termina el especial de la larga noche
