Todos los personajes y la historia pertenecen a Kohei Horikoshi y Masashi Kishimoto
Bakugo, viendo que Uraraka se mostraba feliz y calmada con Shizune y Tsunade y, en cambio, con él asustada y recelosa, se derrumbó sentándose apoyado en la pared.
—¿Por qué solo me odia a mí? ¿Por qué la aterro?—preguntó con lágrimas en los ojos Bakugo.
No escuchó la respuesta de Tsunade ya que estaba moralmente y físicamente destrozado de esa noche. Cerró los ojos, terminando la peor noche en la vida de Katsuki Bakugo.
Bakugo se despertó y lo primero que notó es que tenía la boca muy seca y las tripas le rugían. Y por ello, el rubio ceniza supuso que debió dormir en torno a las 12-13 horas. Tenía un fuerte dolor de cabeza así que se llevó instintintivamente la mano a la sien. Le vinieron flashbacks de los terribles acontecimientos de la noche anterior y, por un instante, dudó si lo sucedido había sido una pesadilla o había pasado en realidad. Para su desgracia, cuando vio la manga del horroroso albornoz rosa, que le había prestado Shizune, cubriéndole el brazo comprendió que nada de aquello había sido un mal sueño.
Se incorporó del futón donde estaba en aquel momento y se dio cuenta que Shizune o Tsunade le habían movido del suelo de la sala de estar sin que él se despertara. A un lado del futón, se hallaban una de sus camisetas negras, unos pantalones piratas, unos boxers y unas botas negras. No podían ser las que se puso el día anterior, ya que sus prendas estaban destrozadas y éstas, en cambio, estaban como nuevas. Así que también alguna de las dos mujeres se había tomado la molestia de ir al hostal donde se hospedaban Jiraiya y él y recoger del armario toda esa ropa. Quería despedirse para siempre del albornoz rosa y se cambió enseguida.
Cuando se cambió, abrió la puerta de la habitación y recorrió el pasillo hasta el comedor. Estaban sentadas en la mesa principal Shizune, Tsunade y Uraraka. La primera de ellas le daba de comer a la última una especie de sopa.
—Venga, una cucharada más, Uraraka. —dijo Shizune con un tono maternal hacia Uraraka, a pesar que solo había una diferencia de edad entre ellas de 5 años (N/A: 28 de Shizune frente a los 23 de Uraraka).—Di aaaaaa ...—Uraraka abrió la boca y Shizune aprovechó para introducir la cuchara. Uraraka engulló el contenido de la cucharada. —¡Esa es mi chica! ¡Qué obediente y buena eres!—le acarició el cabello de Uraraka con ternura.
Uraraka asintió orgullosa con una sonrisa. Bakugo, al verla feliz no pudo evitar que su cara también se le dibujara una tímida sonrisa. La primera de las tres mujeres en darse cuenta de la presencia de Bakugo fue Tsunade.
—Katsuki, por fin despiertas. Tengo que decir que el rosa te queda mejor.—bromeó Tsunade.
Uraraka y Shizune voltearon el rostro en dirección al de Bakugo. La sonrisa de Uraraka se evaporó y con ello, también la de Bakugo. La castaña se colocó detrás de Shizune a modo de escudo mirando con dureza a Bakugo.
—¡Uraraka-chan, aún no has acabado de comerte la sopa! ¡Vuelve a tu sitio y sé buena!—le riñó Shizune, pero Uraraka la ignoró seguía detrás de ella protegiéndose de la presencia del rubio ceniza.—¡Uraraka-san!—dijo con más dureza.
—No la tomes con ella. Es mi culpa.—explicó Bakugo con dolor.— Me teme. Voy a dar una vuelta y os dejo comer tranqui...—
—Quédate. —le interrumpió Tsunade. —Uraraka ya ha comido bastante por hoy. —
—No sientas lástima por mí, vieja ludópata.—replicó Bakugo.—Aún le queda más de medio cuenco de sopa.—añadió señalando el plato.— Sin mí, podrá comer tranquila y así recuperar su peso.—y es que su compañera de U.A. estaba esquelética.
—No siento lástima por ti, Katsuki.—respondió Tsunade.— Tu amiga debe llevar numerosos meses mal alimentada. Su estómago se ha reducido para sobrevivir. Si de repente come como una persona normal, su cuerpo no lo tolerará y acabará vomitando todo, expulsando todos los nutrientes. Por tanto, la que tiene que dar una vuelta es ella para que sus piernas empiecen a ganar masa muscular.—
—¿Quieres que Uraraka dé una vuelta conmigo?—preguntó Bakugo, confundido.—¡Ya has visto como me mira! ¡Se quedaría quieta muerta del miedo!—
—Contigo no, con Shizune. Además, tú y yo tenemos que hablar.—contestó Tsunade, mientras abría una botella de sake y se echaba un chupito.
Hubo unos segundos de incómodo silencio que rompió Shizune.
—Vamos, Uraraka-chan.—dijo Shizune cogiendo a Uraraka de la mano.
—¡Y llévate a Tonton a ver si adelgaza algo!—gritó Tsunade cuando estaba por salir su ayudante.
—¡Oink, Oink!—protestó Tonton con un bufido.
—¡Tsunade-sama, no digas esas cosas!—le reprendió Shizune.—¡Ya sabes que Tonton es muy sensible!—Tsunade rodó los ojos y se bebió el sake, vertiendo más en el vaso diminuto de cristal cuando estuvo vacío de líquido.—Di adiós a Tsunade-sama y a Bakugo-san, Uraraka-chan.—dijo haciendo el gesto con la mano. Pero lo único que hizo Uraraka fue dedicarle una mirada de desconfianza al rubio e irse sin despedirse.—Dale tiempo, Bakugo-san. Uraraka-chan ha pasado por mucho.—Bakugo no dijo nada y miró la salida esperando por si su compañera se asomaba.—Aaahhh, por cierto ¿cual es el nombre de pila de Uraraka-chan?—
—Ochaco. Se llama Ochaco Uraraka—respondió Bakugo como un robot.
—Ochaco ...—repitió Shizune, como ayuda para memorizar el nombre. Luego volteó la cabeza y se dio cuenta que Uraraka estaba en la calle a decenas de metros de ella.—¡Ochaco-chan, no vayas tan rápido!—gritó Shizune corriendo tras ella.—¡Espéranos a Tonton y a mí!—
—¡Oink, oink!—Tonton también corría para seguir el ritmo de las dos mujeres.
Bakugo cerró la puerta quedado a solas con la sannin.
—Debes tener hambre, puedes comerte lo que queda de sopa, Katsuki. O puedes esperar a que vuelva a Shizune a que te prepare algo. Cocinar no es mi punto fuerte que digamos.—dijo Tsunade.
Bakugo se sentó donde antes había estado Uraraka. Atrajo el cuenco de sopa y lo miró asqueado. Por un lado, entre unas cosas y otras llevaba cerca de 20 horas sin probar bocado. Eso en situaciones normales haría que devorara todo lo que se le pasara por delante. Pero, por el otro lado, la mezcla de emociones que sentía, culpa, tristeza, ira, estrés ... , le hacía imposible que le entrara el apetito. Así que jugueteó con la cuchara revolviendo el contenido de la sopa.
—¿Qué te pasa, Katsuki? ¿No me digas que eres de los escrupulosos que son incapaces de comer si alguien ha tocado el mismo plato antes?—dijo Tsunade intentando animar el ambiente, porque sabía exactamente lo que le pasaba por la mente al rubio. Ella había pasado por algo similar. Bakugo pareció no escucharla ya que estaba concentrado en el cuenco.—No te odia.—
—¿Eh?—ante la última frase de Tsunade, Bakugo dejó de mirar el cuenco para mirarla directamente a los ojos.—¿De qué mierdas estás hablando?—
—Anoche, justo antes de que cayeras rendido, me preguntaste porque solo te odiaba a ti. No pude responderte entonces así que lo hago ahora. —se explicó Tsunade, bebiéndose otro chupito.—Bueno, la respuesta más correcta es que no solo te odia a ti. Horas después de que te durmieras, ya de día, mandé a Shizune a tu hostal para que trajera tu ropa. Cuando regresó aquí, no vino sola. Jiraiya, con una resaca como hacía mucho tiempo que no le veía, vino con ella preocupado por ti. Tu amiga se comportó del mismo modo con él que contigo.—
—¿Y eso qué quiere decir?—preguntó Bakugo.
—Después de que me dieras ese puñetazo, reaccioné y empecé a examinar a tu amiga. Tres costillas rotas, labio inflamado, rotura parcial de una muela y de un incisivo, múltiples contusiones, desgarros en la zona vaginal y en la zona rectal además de una extrema delgadez por la falta continuada de alimentos. —resumió Tsunade. Por cada palabra que decía, más hundido se sentía.—Salvo por la extrema delgadez que requerirá un tiempo que recupere su peso óptimo, las demás heridas las sané sin complicaciones. El problema son las heridas que ha sufrido en su mente.—
Bakugo se llevó las manos a la cabeza, reprimiendo las ganas que tenía de explotar algo.
—Al examinar la zona vaginal de tu amiga, además de los desgarros que sané me encontré con heridas que ya habían cicatrizado. Por tanto, ha sido víctima de una violación durante mucho tiempo y repetidamente. Sé que solo tienes 13 años, pero pareces muy maduro para tu edad y quiero que entiendas la situación en la que se encuentra tu amiga.—dijo Tsunade.— Una violación es un ataque directo al sentimiento de seguridad de una persona, es una de las peores experiencia que se pueden sufrir en la vida y que hacen que todo cambie. Donde se ve atacada una de las esferas más íntimas de la persona, la sexualidad, independientemente del grado de violencia. Y en el caso de tu amiga, ha sido con un fuerte grado de violencia. La violación genera muchísimo terror y miedo por sufrir un grave daño físico o incluso la muerte. Además, produce sensaciones de desesperanza, impotencia e indefensión en cuanto a la incapacidad para escaparse o evitar la agresión. La situación emocional que vive una víctima de violación es de tanta vulnerabilidad que las capacidades psicológicas que normalmente se tienen para afrontar situaciones difíciles quedan totalmente incapacitadas.—
—Por favor, basta ...—dijo Bakugo con un nudo en la garganta.
—Sé que es duro, pero tienes que escuchar lo que te estoy diciendo, Katsuki. El estrés postraumático que ha sufrido Ochaco es el mayor que he visto en mi vida en todos mis años como médico. Todo lo que ha vivido los últimos meses, le ha provocado un trauma severo que la ha hecho retroceder a un estado infantil y de amnesia. Aunque es capaz de una forma primitiva de empatía, no puede procesar verdaderamente los sentimientos de las personas más allá de situaciones inmediatas. Sin embargo, a pesar de su situación mental infantil, muestra un afecto maternal hacia ese peluche que le trajiste al que llama Deku. Además, parece que desconfía de todo varón independientemente de su edad, como se ha visto en Jiraiya y contigo.—dijo Tsunade.
—¡¿Por qué me cuentas esto?!—gritó Bakugo golpeando la mesa del comedor con el puño.—¡Ya sé que está jodida! ¡No hace falta que me lo recuerdes con todo lujo de detalles!—se levantó y tiró la mesa con violencia a la pared, destrozándola y manchando la pared de sopa. Tsunade estaba por abroncar a Bakugo, pero al verle las lágrimas en sus ojos se detuvo.—¡¿Y sabes de quién es la culpa que esté así de jodida?!—elevó la voz con más lágrimas resbalándole de las mejillas.—¡MÍA! ¡ES MI PUTA CULPA!—se agarró el pecho con fuerza y continuó a pesar que la voz se le quebraba.—¡VINO AQUÍ PARA RESCATARME Y SE ENCONTRÓ CON TU PUTO PSICÓPATA QUE TENÍAS DE COMPAÑERO Y CON SU ESBIRRO CUATRO-OJOS! —cayó de rodillas. Su voz se rebajó un par de tonos, en cambio los sollozos se intensificaron—Te daré todo el dinero que quieras, seré tu puto esclavo, pero por favor ... Ayúdala a hacer que vuelva a ser la de antes...¡Eres la única que puede hacerlo! Nadie más puede ... Yo ... ¡YO NO PUEDO AYUDARLA!—golpeó con fuerza el suelo con sus puños haciéndose sangre en los nudillos en el proceso.—¡Aaaaaaa!—siguió gimoteando arrodillado en el suelo unos minutos.—¡Por favor, te lo suplicoooooo!—
Tsunade se acercó a Bakugo y lo levantó del suelo. Bakugo se limpió las lágrimas y abrió los ojos como platos al sentir como Tsunade le colocaba su colgante en su cuello y le besaba con ternura la frente.
—Haré todo lo que esté en mi mano para ayudarla, Katsuki. Pero no olvides esto, tú eres la persona a quien Ochaco necesita más. Serás la que le haga recuperar sus recuerdos. Estoy segura de ello. —dijo Tsunade con una sonrisa, limpiándole el resto de sus lágrimas con sus dedos como una madre haría.—Al fin y al cabo me has ayudado a mí. Había un muro en mi cabeza que has conseguido derribar.—
Bakugo se quedó petrificado ante las palabras de Tsunade. Volvió a romper a llorar y ambos se fundieron en un terapéutico abrazo.
