Todos los personajes y la historia pertenecen a Kohei Horikoshi y Masashi Kishimoto

Tsunade se acercó a Bakugo y lo levantó del suelo. Bakugo se limpió las lágrimas y abrió los ojos como platos al sentir como Tsunade le colocaba su colgante en su cuello y le besaba con ternura la frente.

—Haré todo lo que esté en mi mano para ayudarla, Katsuki. Pero no olvides esto, tú eres la persona a quien Ochaco necesita más. Serás la que le haga recuperar sus recuerdos. Estoy segura de ello. —dijo Tsunade con una sonrisa, limpiándole el resto de sus lágrimas con sus dedos como una madre haría.—Al fin y al cabo me has ayudado a mí. Había un muro en mi cabeza que has conseguido derribar.—

Bakugo se quedó petrificado ante las palabras de Tsunade. Volvió a romper a llorar y ambos se fundieron en un terapéutico abrazo.

Después de unos minutos, el rubio ceniza dejó de llorar. Pero seguía sin calmarse ya que aguardaba inquieto, junto a la puerta, el regreso de Uraraka. Se metió las manos en los bolsillos dándole vueltas a la cabeza cuantos minutos llevaba su compañera fuera. ¿Y si le había pasado algo malo? ¿Y si Orochimaru o alguno de sus esbirros la habían localizado y secuestrado de nuevo? Decidió salir en su busca, pero por suerte al abrir la puerta estaban en la entrada Shizune, Tonton y Uraraka, ésta última comiéndose un enorme algodón de azúcar con la cara llena de pequeñas marcas de azúcar rosáceo. Uraraka sonreía por un berrinche de Tonton, pero otra vez su alegría desaparecía en cuanto veía al rubio ceniza, escondiéndose detrás de Shizune pero sin dejar de darle pequeños bocados al algodón de azúcar.

Bakugo sintió como gran parte de la tensión que acumulaba se esfumaba al ver a Uraraka sana y salva. Suspiró profundo y se alejó de las dos mujeres sentándose en una silla en el fondo opuesto.

—¡Shizune! ¡Te dije que Uraraka ya había comido suficiente por hoy!—le regañó Tsunade acercándose a ella.

—Lo siento, Tsunade-sama. Pero si la hubieras visto en el puesto de comida ... ¡Le brillaban los ojos y babeaba! ¡No pude negarme ante esa carita!—se disculpó Shizune juntando las manos. Luego cerró la puerta. —Mientras estaba fuera se me ha ocurrido cortarle el pelo a Ochaco-chan. Lo tiene demasiado largo y le tapa parte de su preciosa carita. Había pensado que tal vez si lo tuviera parecido a como lo tenía antes del incidente le sería más fácil recordar su vida pasada al mirarse en el espejo.—

—Mmmm, no es mala idea, Shizune.—dijo Tsunade, posando una mano en el mentón, pensativa.—¿Recuerdas cómo llevaba el cabello tu amiga, Katsuki?—

—Tsk.—masculló Bakugo, haciendo memoria.—Han pasado más de 7 años, pero más o menos sí.—respondió Bakugo, balanceándose en la silla.—Le llegaba hasta casi los los hombros. Lo tenía ondulado y curvado hacia adentro en los extremos con dos mechones más largos a cada lado de su cara . Creo que también tenía un flequillo corto.—

—Bien, más o menos me hago una idea general.—dijo Shizune. Cogió de la mano a Uraraka y se la llevó al cuarto de baño.—Manos a la obra. —Uraraka se acababa de terminar el algodón de azúcar y miraba a Shizune confundida. Cuando vio que Shizune sacaba un kunai se alejó de ella inmediatamente y empezó a chillar.—¡Ochaco-chan! ¡Sé una chica obediente y ven aquí!—

—¡Deku! ¡Deku! ¡Dekuuu!—chilló Uraraka negando con la cabeza.

—¡Ochaco-chan! Si te comportas como una buena chica, te compraré lo que quieras. —Shizune se acercó a ella lentamente, pero a cada paso que la morena hacía, la castaña daba un paso atrás manteniendo la distancia.

Mientras ambas mujeres seguían como el perro y el gato, Tsunade se acercó a Bakugo para mantener una conversación seria.

—Creo que deberías empezar el camino de vuelta a Konoha, Katsuki.—dijo Tsunade, bebiéndose el último trago a la botella de sake.

—No pienso irme sin ella, vieja.—replicó Bakugo, mirando a la sannin duramente.

—Ochaco aún necesita de unos días más para estar lo suficientemente fuerte y alimentada para soportar el largo camino de aquí a Konoha. Solo quedan tres días para que comience la última fase del examen. No es tiempo suficiente para Ochaco. Si te esperas aquí, no podrás participar en el examen.—le explicó Tsunade.

—Ahora mismo ese estúpido examen me importa entre cero y nada. Así que me tendrás que aguantar unos días más viviendo aquí. —dijo Bakugo sin atisbo de duda.

El rubio ceniza desvió la mirada hacia Uraraka que era perseguida por Shizune con kunai en mano. Parecía la escena de una película cómica.

—El día en nos conocimos, me dijiste que ibas a convertirte en Hokage. ¿Cómo piensas hacerlo si ni siquiera vas a poder ser chunin?—dijo Tsunade tratando de picarle con su orgullo.

—Han pasado muchas cosas desde entonces. Mis prioridades han cambiado. —dijo Bakugo con la mirada aún fija en Uraraka —No pienso dejarla sola.—

—Y no lo estará. Ya has visto a Shizune. No ha tardado ni un día en actuar como una especie de madre adoptiva. —comentó Tsunade.—Por no mencionar que yo también estoy. ¡La mejor ninja médico del mundo!—

—¡Oink, oink!—gruñó Tonton molesta porque Tsunade la olvidara.

—Y comida no le faltará. —añadió Tsunade echando una mirada siniestra.—Tenemos a Tonton como emergencia si me quedo sin dinero. Con lo gorda que está, podríamos aguantar un invierno entero.—

—¿Oink?—un sudor frío recorrió a Tonton huyendo de allí y saltando en brazos de Shizune.

—¡Tonton! ¿Por qué estás tan asustada? ¿Te ha hecho algo Tsunade-sama?—preguntó la morena, bajando el kunai. Empezaba a agotarse de perseguir a Uraraka por la estancia del hotel. La cerdita asintió.—¡Tsunade-sama!—

—¡Vigila a Ochaco! ¡Se te va a escapar!—gritó Tsunade. La castaña ya estaba en la puerta tratando de abrir la puerta. Pero no contaba con fuerza alguna en sus esqueléticos brazos para tirar del pomo de la puerta.

—¡Ay! ¡Ochaco-chan! ¡Vuelve aquí!—dijo Shizune olvidándose del asunto de Tsunade, centrándose de nuevo en Uraraka.

La puerta de la salida se abrió, pero no gracias a Uraraka. Jiraiya hizo acto de presencia.

—¡Ey! ¡Hola de nuevo, jovencita!—saludó Jiraiya a Ochaco con una amable sonrisa. Ochaco se aterrorizó y volvió a esconderse detrás de Shizune.—Ups. Parece que aún no se ha recuperado.—

—Venga, no pasa nada Ochaco-chan.—dijo Shizune con tono maternal acariciando el cabello de Uraraka, que temblaba como una hoja del miedo—Solo es Jiraiya-sama. No tienes nada que temer, Ochaco-chan.—

—¿Ya te has recuperado de la resaca, Jiraiya?—preguntó Tsunade. —Esta mañana parecía que te ibas a morir en cualquier momento.—

—Ya me conoces, Tsunade. Solo necesito unas horas para recargar las pilas. Jajajaja.—rió Jiraiya.

—Pues vete. Ya sabes que Ochaco está aterrorizada de todos los hombres. Con Katsuki hago la excepción porque era su amigo y por eso le permito que esté cerca. —dijo Tsunade.—Así que ...—

—Aaaa, en cuanto a eso, Tsunade-sama.—le interrumpió Shizune. —Cuando hemos estado fuera dando un paseo nos hemos encontrado con hombres, mujeres y niños, pero Ochaco-chan solo se ha asustado de unos pocos hombres con pintas peligrosas. Con la mayoría de ellos ni se ha inmutado.—

Bakugo abrió los ojos como platos ante esa revelación. Entonces, ¿por qué estaba asustada de él? Es verdad que a veces podía infundir terror, pero ahora aparentaba ser un chico de 13 años. ¿Sería que ella tendría guardado en su memoria el baño de sangre que había hecho anoche?

—Pero eso no tiene sentido. Yo no tengo pinta de peligroso. —meditó Jiraiya en voz alta, sacando del trance mental de Bakugo.—Es más, soy irresistible para la mayoría de mujeres.—

—¿Sabías que las prostitutas son expertas en fingir, verdad?—dijo Tsunade mirando con reproche al sannin.

—¡No me refería a ellas! —gritó Jiraiya rojo de vergüenza.

—La vieja ludópata ha dado en el clavo, así que menos lobos, Caperucita.—añadió Bakugo.

—A veces no te entiendo cuando hablas, Bakugo.—le reprochó Jiraiya.— ¿Quién es Caperucita?—

—¡Dejad de hablar de esas cosas!—gritó Shizune, también roja por la vergüenza que tapaba los oídos a Uraraka.—¡Ochaco-chan ya está lo suficientemente traumada para que vosotros le añadáis más traumas!—

—Os voy a demostrar que tengo razón.—dijo Jiraiya.—¡Kuchiyose no Jutsu!—dos renacuajos sapos más pequeños que una mano, uno de ellos amarillo y otro anaranjado, aparecieron. Uraraka, interesada asomó la cabeza observando a los renacuajos.

—Wow. Nos hemos teletransportado, Gamakichi.—dijo el sapo amarillo con un tono de voz de bobalicón.—¿Crees que lo he hecho yo?—

—¡Idiota! ¡Como puedes ser tan idiota, Gamatatsu!—dijo Gamakichi golpeando en la nuca al sapito amarillo.—Seguro que ha sido ese viejo.—

—¡Ay! ¿Por qué me has golpeado, Onii-san?—se quejó Gamatatsu sobándose la parte golpeada.

—¡Porque eres un idiota, Gamatatsu!—respondió Gamakichi golpeándole de nuevo.

—Jijiji.—rió Uraraka acercándose a los renacuajos y sentándose en el suelo. Pero al alzar la vista y observar a Jiraiya, ésta retrocedió un poco, asustada. Pero luego arqueó una ceja, confudida al ver como Jiraiya se tapaba la cara con una mano. Cuando se quitó la mano de la cara puso una cara muy rara mostrando la lengua.—Jijiji.—la castaña no pudo evitar reírse.

—Hablando de idiotas, creo que nos ha convocado un idiota mayor que tú, Gamatatsu.—dijo Gamakichi mirando con desagrado las caras que hacía el sannin para hacer reír a Uraraka.

—¡Yo también quiero probar! —dijo Gamatatsu imitando las caras que ponía Jiraiya.

Ante esto, Uraraka lloraba a lágrima viva por la mezcla de caras del sapito y del sannin. Incluso a Tsunade y a Shizune se le escaparon algunas risitas. El único que mantenía un rostro serio era Bakugo que analizaba la situación en silencio.

—Jiraiya-sama. ¿Puedes mantenerla distraída unos minutos mientras le corto el cabello?—le pidió Shizune.

—¡Por supuesto que puedo! ¡Soy el gran Jiraiya! ¡Famoso escritor y excelente cómico!—se halagó así mismo señalándose con el dedo pulgar.

Los minutos pasaron con Jiraiya y Gamatatsu haciendo caras graciosas, con Gamakichi tapándose la cara de la vergüenza ajena que sentía, con Shizune cortando el cabello de Uraraka y con éstas partiéndose de risa.

—Está bien.—dijo Bakugo, que había llegado a una conclusión después de todo lo que había visto.—Volveré a Konoha.—

¿Eh? ¿Y este cambio de opinión tan drástico, Katsuki?—preguntó Tsunade.

—Porque tienes razón. No estará sola.—respondió Bakugo levantándose de la silla. —Os tiene a vosotros. Yo ahora mismo solo soy un estorbo para su progreso. Cuídala por mí este tiempo, Tsunade.—

—...—Tsunade se quedó callada unos segundos observando a Bakugo.—Te lo dije y te lo vuelvo a repetir, tú eres la persona a la que ella más necesita. Solo es que ahora ...—

—Ahora no es el momento adecuado. Lo sé. Cuando me ve, ve al asesino despiadado que despedazó en un instante a más de una decena de hombres, no a su antiguo compañero. Y eso no voy a poder remediarlo poniendo cara de payaso o cambiando mi forma de hablar. Ella necesita tiempo. Supongo que yo también lo necesito para acostumbrarme a su nueva personalidad.—resumió la situación Bakugo.

Jiraiya que había escuchado de refilón la conversación dejó de poner caras graciosas, dejando ese papel a Gamatatsu.

—Bakugo, ¿podemos hablar fuera un momento?—dijo Jiraiya, y sin esperar respuesta del rubio, abrió la puerta y salió afuera.

Bakugo lo siguió hasta el bar más cercano a una decena de metros de allí. Pidió una botella de sake y ambos se sentaron en unos taburetes de la barra.

—¿De qué querías hablar, viejo pervertido?—preguntó Bakugo, pero intuía de qué podía ser.

—De tu pasado. Del por qué Orochimaru ha mostrado tanto interés en tu amiguita. No conozco a nadie de 13 años que hable o actúe como tú. ¿Quién eres realmente?—preguntó Jiraiya, con el rostro serio.