Todos los personajes y la historia pertenecen a Kohei Horikoshi y Masashi Kishimoto
—Bakugo, ¿podemos hablar fuera un momento?—dijo Jiraiya, y sin esperar respuesta del rubio, abrió la puerta del alojamiento de Tsunade y Shizune y salió afuera.
Bakugo lo siguió hasta el bar más cercano a una decena de metros de allí. Pidió una botella de sake y ambos se sentaron en unos taburetes de la barra.
—¿De qué querías hablar, viejo pervertido?—preguntó Bakugo, pero intuía de qué podía ser.
—De tu pasado. Del por qué Orochimaru ha mostrado tanto interés en tu amiguita. No conozco a nadie de 13 años que hable o actúe como tú. ¿Quién eres realmente?—preguntó Jiraiya, con el rostro serio.
—...—Bakugo se quedó en silencio unos segundos. Su intuición volvía a dar en el blanco. Arrebató la botella de sake a Jiraiya y su vasito. Echó el licor hasta el tope del vasito y se lo bebió de un trago. Jiraiya aún estaba más confundido con la actitud del rubio ceniza —De tal palo, tal astilla.—volvió a rellenar el vasito, pero esta vez lo se lo bebió lentamente.
—¿Qué clase de respuesta es esa? Y lo más importante, ¿qué haces bebiendo por tu propia voluntad?—cuestionó Jiraiya arqueando una ceja.
—Bueno, es que como el bastardo de tu aprendiz, tú también me diste la impresión de ser más tonto que una piedra. Pero Namikaze y tú de tontos no tenéis un pelo. Y sobre lo de beber ... Supongo que has oído lo último que le he dicho a la vieja ludópata. Anoche maté a más de diez hombres. Concretamente a 11. De las formas más brutales y despiadadas posibles. Algunos me enfrentaron, otros me suplicaron, otros simplemente se quedaron quietos ... Pero me los cargué a todos. No hice distinción. —se rellenó de nuevo el vaso de sake.— Algo de mí se rompió cuando vi a Uraraka en ese estado. Solo quería infringir el máximo daño posible en el espacio más breve posible. Y ahora lo que quiero olvidar las preguntas que rondan mi cabeza. ¿Podría haber evitado ese destino a Uraraka si hubiera puesto más empeño en regresar a mi casa en lugar de esperar a que vinieran a buscarme? ¿Se merecían todos morir? ¿Es justicia o venganza el acto que cometí? ¿Lo hice por Uraraka o por mí? En fin ...—
—Bakugo ...—murmuró Jiraiya, sin saber como consolarle.
—Tú mismo lo dijiste. El alcohol no es la respuesta, pero te hace olvidar la pregunta. A pesar de la resaca del día posterior a lo de Underworld, el alcohol me ayudó a no pensar en las miles de formas diferentes en las que podría haber actuado para no acabar con la vida de esa niña bandida. Al menos durante algunos días ... Esta vez me conformo en que me ayude a no pensar en nada de eso durante este día.—dijo Bakugo mirando el vaso vacío de contenido con una sonrisa triste.
—Por lo que has contado, Orochimaru puso al menos a 11 guardias vigilando a Uraraka. A una chica que apenas puede moverse por su cuenta. No tiene sentido. Aún no me has contestado a mi pregunta. ¿Por qué tiene tanto interés en ella?—insistió Jiraiya.—Minato me dijo por carta que procedes de una isla muy lejana llamada Japón y que no sabes donde está porque te secuestraron. También me dijo que de ahí procede tu kekkei genkai explosivo y que tenéis la cualidad genética de no afectaros el sello maldito de Orochimaru. Pero algo no encaja.—
—...—Bakugo se limitó a servirse otro vaso de sake, dejando que Jiraiya acabara con su deducción.
—Soy muy observador y me he fijado en las palmas de las manos de tu amiga. No tiene ninguna cicatriz. Ni grandes ni pequeñas. Ni antiguas ni recientes. Ninguna.—Jiraiya cogió la mano izquierda de Bakugo y la puso boca arriba. —Tu palma, en cambio, está repleta de diminutas y viejas cicatrices como consecuencia de las explosiones que haces. Eso significa que tu amiga no es como tú. Ella no puede hacer explosiones. No tiene tu kekkei genkai. Así que ... ¿por qué Orochimaru pondría tanta vigilancia durante tanto tiempo en una chica que no tiene kekkei genkai? ¿Sólo porque es inmune a su sello maldito? No me lo creo. Hay algo que ocultas y que no le dijiste a Minato. ¿Pero el qué? ¿Y por qué?—
—...—Bakugo miró al techo del bar y emitió un largo suspiro. —Por qué si lo dijera se me trataría como a un puto loco. Incluso a mí hay días que me cuesta creer lo que me ha pasado. Todo esto es una jodida locura.—
—Pues si tú supieras todo lo que he vivido y lo que me han contado... Vivimos en un mundo en el que es posible invocar a gigantescos animales desde el otro rincón del planeta. Créeme que cuentes lo que me cuentes no me parecerá una locura. —dijo Jiraiya, pidiendo al dueño del bar otra botella de sake, ya que Bakugo casi se había acabado la que había pedido anteriormente.
—Supongo que tienes razón ... —dijo Bakugo, en parte intranquilo por la posible reacción de Jiraiya y en parte aliviado por quitarse un peso de encima. Se le vino a la mente la figura de Minato. —Te lo contaré. Pero antes debo contárselo a Namikaze. He sido muy injusto con él. Él ha sido la persona que más se ha preocupado por mí desde que vine aquí y yo no he hecho nada más que mentirle. —
—Bueno, nos lo puedes contar a la vez a los dos cuando regresemos a Konoha.—dijo Jiraiya, entendiendo la postura de Bakugo.
—En cuanto a eso ... Necesito pedirte un favor, Jiraiya.—dijo Bakugo mirando con intensidad al sannin.
—¿Eh? —dijo Jiraiya, confundido porque usara su nombre y no un apodo.—Me estás asustando ...—
—Quiero que te quedes aquí y cuides a Uraraka.—le explicó Bakugo. —No fui muy cuidadoso y no borré mi rastro cuando fui a la guarida de Orochimaru. Es muy improbable, pero existe la probabilidad que algún esbirro de Orochimaru o la misma serpiente bastarda vayan en la búsqueda de Uraraka. Me quedaría más tranquilo sabiendo que estás aquí para protegerla mientras no esté yo. Además, tus payasadas parece que le hacen gracia. Aunque no entiendo el por qué.—
—¡No son payasadas!—Jiraiya se ofendido por el último comentario de Bakugo. Luego se quedó unos segundos callados. —A decir verdad, yo estaba teniendo los mismos temores que tú. Tsunade es muy fuerte, pero sigue sin estar muy bien emocionalmente para tener que matar después de lo que pasó con su hermano y su novio... ¿Pero sabrás volver a Konoha tú solo?—
—¿Por quién cojones me tomas, viejo pervertido?—dijo Bakugo, indignado. —Tengo un sentido de la orientación excelente.—
Ambos se quedaron unos minutos más en el bar, bebiendo en silencio.
—Así que al final ganaste la apuesta, ¿eh?—rompió el hielo Jiraiya señalando el collar del Shodaime que colgaba en el cuello. —Me equivoqué contigo, chaval.—
—Sí. Aunque reconozco que ataqué a la vieja ludópata la traición.—contestó Bakugo, terminándose la botella de sake bebiéndosela a morro.
—No lo digas con ese tono derrotista. Una victoria es una victoria, Bakugo.—dijo Jiraiya con un leve rubor en las mejillas, el alcohol empezaba a hacerle efecto.
—...—Bakugo se levantó y dejó en la mesa tres billetes de 100 Ryos para pagar las botellas. Se levantó de la mesa. —Aaaa. Yo también me equivoqué contigo. Pensaba que eras escoria y resulta que no eres mal tipo. Un jodido pervertido, pero no un mal tipo. —
—Gracias ... supongo ...—dijo Jiraiya ante ese curioso halago de Bakugo.
—Despídete de la vieja ludópata y de su esbirro por mí. Si en dos semanas no estáis en Konoha, regresaré y os patearé los culos a los tres por hacerme preocupar. En especial el tuyo. Díselo a la bruja de mi parte.—dijo Bakugo despidiéndose con la mano.
Bakugo regresó corriendo a Konoha. Se sentía bastante mareado por el alcohol, pero durante el viaje no pensó en esas preguntas en las que no tenía respuesta. Mereció la pena. Después de dos días sin apenas descanso llegó a la entrada de la aldea. La mañana siguiente se celebraría el torneo para el ascenso a chunin.
Otro día que sería inolvidable para Bakugo...
Pero no solo para él.
