Todos los personajes y la historia pertenecen a Kohei Horikoshi y Masashi Kishimoto

—Despídete de la vieja ludópata y de su esbirro por mí. Si en dos semanas no estáis en Konoha, regresaré y os patearé los culos a los tres por hacerme preocupar. En especial el tuyo. Díselo a la bruja de mi parte.—dijo Bakugo despidiéndose de Jiraiya con la mano.

Bakugo salió del bar y regresó corriendo a Konoha. Se sentía bastante mareado por el alcohol, pero durante el viaje no pensó en esas preguntas en las que no tenía respuesta. Mereció la pena. Después de dos días sin apenas descanso llegó a la entrada de la aldea. La mañana siguiente se celebraría el torneo para el ascenso a chunin.

Los dos chunin que vigilaban la entrada de Konoha saludaron a Bakugo al verlo, pero éste los ignoró y se encaminó a la torre del Hokage. Cuando entró al despacho del Yondaime, éste no estaba. La única persona presente era su secretaria, Shiori (N/A: este personaje inventado por mí, aparece en los capítulos 90, 91 y 91 de este fic.)

—¡Bakugo!—exclamó Shiori, sorprendida de su presencia.—¡Qué susto me has dado! ¿No te han enseñado que hay que tocar la puerta antes de entrar?—

—Hoy no estoy de humor, así que no me toques los cojones y dime donde está Namikaze, sirvienta molesta.—dijo Bakugo, de malos modos.

—Tú nunca estás de buen humor, Bakugo.—le corrigió Shiori rodando los ojos. Aún así contestó a su pregunta—Hokage-sama está entrenando con su hijo para el torneo de mañana.—

—Tsk.—masculló Bakugo, molesto.—Volveré en un par de horas. Si regresa antes, dile a ese bastardo que me espere aquí. Tengo que decirle algo muy importante.—

—Bakugo, por cierto ... ¿cómo ha ido tu misión? ¿Has encontrado a Tsu ...?—las preguntas que tenía Shiori se quedaron en el aire ya que Bakugo se fue sin decir nada más dando un portazo al salir.—Mocoso maleducado ...—murmuró por lo bajo, creciéndole una vena en la frente por la ira.

Ya fuera de la torre del Hokage, Bakugo pensó en ir hacia su casa para dejar sus cosas. Pero, al voltear la cabeza y ver el hospital de Konoha, cambió de idea y se dirigió allí. Subió al primer piso y entró a la habitación donde estaba Hinata hospitalizada el día anterior a su partida con Jiraiya, hacía casi tres semanas. Comprobó con dolor, que la heredera del clan Hyuga seguía postrada en la cama. Lo que tampoco cambió es que su sensei, Kurenia, estuviera a su lado haciéndole compañía. Ésta se dio cuenta de la presencia de Bakugo.

—Bakugo ...—el dolor que reflejaba la cara de Bakugo, hizo que Kurenai mal pensara y creyera que había fracasado en su misión. —Ya veo ... No tienes que sentirte mal, Bakugo... Has hecho lo que has podido.

—¿Eh?—Bakugo arqueó una ceja, confundido.—¿De qué demonios estás hablando, mujer?

—De tu misión de traer de vuelta a Tsunade-sama acompañado de Jiraiya-sama. No debes preocuparte. Seguro que hay alguna otra solución para curar a Hinata.—dijo Kurenai, intendado quitarle hierro al asunto, pero en su interior no tenía ni pizca de fe de que su alumna volviera a ser la de antes sin ayuda de Tsunade.

—¿Por qué clase de perdedor me tomas? Yo si prometo algo, lo cumplo.—dijo Bakugo, frunciendo el ceño.

—Un momento ... ¿eso significa que ...?—el corazón de Kurenai estaba a punto de salírsele del pecho.

—Eso significa que la vieja bruja ludópata estará aquí en menos de dos semanas.—le explicó Bakugo. Ante el rostro de confusión de Kurenai, tuvo que aclarar sus palabras. —Tsunade es la vieja bruja ludópata.—

—Gracias, Kami-sama ...—susurró Kurenai, juntando las palmas de sus manos a modo de oración. Eso molestó a Bakugo.

—¡Esto no ha sido gracias a un jodido Kami-sama!—gritó Bakugo, enojado. Kurenai se sorprendió por la ira repentina del rubio ceniza.—¡Kami-sama no existe, mujer! ¡Si existiera no permitiría que la ojos raros, el cejotas o ...!—se le formó un nudo en la garganta al recordar la barabarie cometida contra Uraraka que le impidió continuar con su crítica.

Al igual que lo que ocurrió con la secretaria de , se fue de allí sin decir ni una palabra.

—O espero que no exista. Porque como exista un Dios tan cruel ... Se las verá conmigo.—pensó Bakugo, apretando el puño con rabia.

Enfadado, subió un piso más del hospital y recorrió el pasillo del segundo piso para llegar a la habitación donde se encontraba Lee. Pero antes de llegar, una enfermera lo detuvo por el brazo.

—¿Dónde crees que vas con esas prisas, jovencito?—dijo la enfermera. Por si no lo sabías, esto. en un hospital.

—¿Es qué hoy es el día en qué todas las mujeres molestas de Konoha vienen a tocarme las naries?—dijo Bakugo con sarcasmo.—Aparta y déjame ver al cejotas.—

—¿Cejotas?—la enfermera meditó un segundo.—¿Te refieres a Lee? Vaya, hoy ha tenido muchas visitas ese chico. Primero su sensei con su compañera de equipo, luego dos chicas hermosas de tu misma edad. Puede que las conozcas una con el pelo rosa y otra con el pelo rubio ...—la poca paciencia que tenía Bakugo, estalló.

—¡Joder! ¡Aparte de ser molesta eres una jodida pesada! ¿Me vas a dejar verle o no?—dijo Bakugo con aún más mal humor de lo habitual.

—...—un tic nervioso se apoderó del rostro de la enfermera. Apretó el puño con fuerza y se mordió la lengua. —Por regla general, me encantan los niños. Tú eres la excepción que confirma la regla.—

—Pues por regla general las enfermeras son mujeres simpáticas y amables. Tú eres la excepción que confirma la regla.—contraatacó Bakugo, retándola con la mirada.

—¡Serás ...!—la lucha verbal que iba a producirse, se interrumpió por un grito de dolorproveniente de la habitación de Lee, que estaba a escasos metros de donde se encontraban la enfermera y Bakugo.

—¡Lee-kun!/¡Cejotas!—dijeron a la vez la enfermera y Bakugo, ambos con tono de preocupación.

Fueron corriendo a la habitación de Lee, éste se encontraba tumbado en el suelo, con el pijama del hospital y con el brazo izquierdo en cabestrillo, repleto de sudor y jadeando por el esfuerzo. Aunque no estaba totalmente tumbado en el piso, estaba en pose de realizar flexiones con una sola mano (su mano sana, la derecha).

—¡191 ...!—dijo Lee, mientras hacía una flexión muy lentamente. Las gotas de sudor de su frente, resbalaban por todo su rostro hasta la punta de su nariz golpeando el suelo como si de una gotera se tratara.

—¡Lee-kun!—dijo alarmada la enfermera, acercándose a Lee.

—¡Por favor, no me toques!—gritó Lee, sin voltear el rostro.—Por favor, no interrumpas mi entrenamiento. —¡192 ...! ¡193 ...!—

Lee no se había dado cuenta de la presencia de Bakugo. Estaba en una especie de trance para conseguir las 200 flexiones que se había propuesto, a pesar del dolor inhumano que estaba soportando por las heridas, aún no sanadas, infringidas por Gaara.

Bakugo se quedó en silencio, pero se sentía aún más enfadado consigo mismo y con el mundo por la escena ante sus ojos. Hasta que conoció a Lee, Bakugo creía imposible que alguien pudiera superarle en dedicación al entrenamiento. Pocas veces se equivocaba el rubio, per esa creencia fue totalmente errónea. Ahora lo que creía es que jamás conocería a alguien que se esforzara tanto como lo hacía Lee. ¿Pero y si Tsunade no podía curarlo? ¿Qué sería de su vida? Toda una vida dedicada a hacerse más fuerte tirada a la basura. ¿Por qué este mundo era tan injusto con las personas a las que más cariño tenía? ¿Qué clase de broma pesada estaba viviendo?

—¡194 ...! ¡195 ...!—imágenes de Neji, Gaara, Sasuke, Naruto y Bakugo se le venían a la mente entre flexión y flexión.—¡No me voy a dar por vencido aún! ¡196 ...! ¡197 ...! ¡198 ...!—recordó las palabras que le dijo su sensei tiempo atrás: No tiene sentido trabajar duro si no crees en ti mismo.— ¡199 ...! AAAAHHHHH—gritó de dolor—¡SÓLO UNA MÁS! —pero no pudo hacer la 200 ya que se desmayó por el esfuerzo.

—¡Lee-kun!—dijo la enfermera agachándose para levantar a Lee. —¡Niño, ayúdame a llevarlo de vuelta a la cama! —Bakugo obedeció sin rechistar y ambos lo levantaron y lo dejaron tumbado en la cama. —Me temo que hoy no va a poder recibir más visitas, Lee-kun. Debe descansar. Espero que lo entiendas. Ven a pasarte mañana.—

—...—Bakugo asintió sin decir nada y regresó sobre sus pasos.

Bakugo salió a paso muy lento del hospital. En su viaje de vuelta a Konoha, se había dado cuenta que sus prioridades parecían haber cambiado. La visita a Lee se lo confirmó.

Había perdido la motivación para luchar.

Había perdido la motivación para ganar.

Había perdido la motivación de ser un héroe.

Había perdido la motivación de ser un ninja.

Incluso había perdido sus deseos de venganza.

Lo había perdido todo... Todo, salvo la mínima esperanza que aún le quedaba de regresar a su mundo junto a Uraraka.

Así que cuando se dirigía de nuevo a la torre del Hokage para hablar con él, fue con la intención de no solo contarle la verdad acerca de su pasado, sino también con la intención de renunciar al examen final de mañana.