SOFÁS DE CABARET

Trois.


Cualquier idealismo, frente a la necesidad es un engaño.

Friedrich Nietzsche.

Maka comenzaba a creer que tenía algún tipo de maldición. Una muy específica con el matrimonio.

Ella no confiaba en la palabrería de los curas o los jueces mientras casaban a una pareja, mucho menos en todas esas promesas de amor llenas de esperanzas vacías. Ella sabía que cosas como el «felices para siempre», eran falacias de los cuentos fantásticos, los melodramas y la literatura que intentaban venderte una idea falsa del amor.

Por eso mismo, la palabra «casarse» le provocaba una aversión desmedida desde el rincón más cóncavo en su corazón. Porque lo había vivido de primera mano; una ruptura que terminaba con vínculos importantes.

Así que de inmediato arrugó la frente llena de molestia—. Disculpe. Si esto es una broma, no me parece en absoluto divertida —exclamó. Era ya bastante malo estar completamente sola en esta batalla como para soportar más dificultades debido a un personaje excéntrico sugiriendo sinsentidos.

El abogado observó su reacción. No tenía ni idea de lo que ponía su carta, el empleador le indicó entregarle el paquete sin explicaciones—. No, no es ninguna broma. Es bastante en serio —reiteró desconcertado—. Escuche, estoy aquí para defenderla de las acusaciones en su contra con todo mi conocimiento y habilidades, le garantizo libertad bajo mi palabra de honor —entonó con cierto aire heroico—. Desde hace tiempo conozco a la persona que busca protegerla y su juicio nunca es erróneo. Si él la creé inocente, entonces usted lo es. Si puedo ser honesto, yo no me involucro en causas perdidas.

Maka intuyó por la extraña petición de la carta, que la persona responsable era un hombre; oírlo referirse a un «él», la hizo mucho más curiosa sobre esa figura tras este abogado. Un tipo de presentimiento le llegó a la cabeza, quizá… ¿No la había abandonado a su suerte después de todo?

Pero ni siquiera la había visitado durante estos días. Su caso sin duda se habría vuelto visible en todo el país y el extranjero. El periódico con su historia debió estar en sus manos desde hacía mucho, si quisiera al menos visitarla, la lo habría hecho. Aunque nadie más llegaba a su cabeza, tampoco.

Para ser dolorosamente honesta, no tenía amigos cercanos ni los conocidos estarían dispuestos a arriesgarse a si mismos para salvarla. Nadie tenía tiempo o ganas de involucrarse en un caso de homicidio, esta verdad desató aún más su intriga—. Entonces puede decirmeel nombre de la persona que lo contrató ¿Cierto? ¿Cuándo lo puedo conocer?

El abogado no se inmutó dando su respuesta—. Mi empleador ha pedido un tiempo de anonimato por seguridad de ambos. Sin embargo, no debe preocuparse en absoluto, vendrá a conocerla cuando sea el momento propicio. Puedo aseverar que se trata de alguien confiable, no tiene que temer.

Ella estaba perdida ahora. No entendía porqué si alguien intentó ayudarla tuvo que estar en el anonimato, tenía una especie de reputación que cuidar o… ¿Era alguien peligroso? Ante el pensamiento, sus vellos se erizaron recordado las palabras de la carta. Si al principio tuvo esperanzas sobre esta persona, ahora estaba completamente cerrada a su ayuda— ¿Cómo podría confiar en alguien que no quiere darme su nombre? —hizo una pausa para dejar al otro ponderarlo—, creo que usted también sabe la respuesta. No necesita defender mi caso. Dígale a su empleador que no me interesa su ayuda, ni su ofrecimiento —dictaminó poniéndose de pie con audacia.

En su desesperación cualquier indicio de luz se vería prometedor; sin embargo, al crecer en un ambiente donde la traición se elevaba todos los días desde todas direcciones, aprendió a no confiar en cualquiera. Solo por extenderle una cuerda estando al borde del despeñadero, no significó que sus propósitos fueran buenos.

El abogado contempló cómo abandonaba los objetos previamente entregados, dando un sonoro suspiro. Había lidiado con muchas personas antes y este comportamiento indicaba que la chica no iba a ser demasiado fácil de convencer, al menos no sin ser un poco cruel con ella—. Señorita, espere un momento. Todavía tenemos un par de minutos para hablar. —A fortuna, él sabía ser un sinónimo de «elocuencia» cuando se lo proponía.

—No tengo más que decir. No quiero la ayuda de quien lo contrató si no está dispuesto a darme la cara —dudo unos segundos antes de continuar— ¿Quién me asegura que no es una mala persona?

—Considere que no será peor persona de los que irá a conocer en prisión. Créame. —Se cruzó de piernas, enganchando ambas manos entrelazadas sobre su rodilla destacada—. Usted seguramente no lo sabe por su ascendencia extranjera, pero si la sentencia decreta que es culpable, terminará siendo trasladada a un penal mixto.

La rubia abrió desmesuradamente los ojos. Lo último que despertaría su interés en el pasado, era saber la clase de vida de un reo. Sin embargo, la situación daba un giro de ciento ochenta grados cuando se enfrentaba a la actualidad ¿Cómo podría ser esto posible? Sintiendo qué su fuelle flaqueaba, se mordió el labio interior con incertidumbre.

El abogado inmediatamente se concentró en su estado de ánimo cambiante; aprovechando la oportunidad, la invitó a tomar asiento por segunda ocasión. Sin mayor escapatoria, ella terminó desplomándose como un globo cuyo aire fue liberado.

—Originalmente, mi empleador esperaba trasladarla a La Santé; por desgracia, solo el bloque A de la prisión está en funcionamiento. Lo que significa que alberga prisioneros exclusivos de Europa Occidental. Usted como estadounidense no tiene cabida ahí. La buena compañía que hubiera tenido con Arsène Lupin —intentó ser gracioso, pero a cambio obtuvo una mirada de indignación, carraspeó—. Ya que no se puede hacer su traslado a una prisión de mujeres, lo más probable es que termine en un penal mixto aquí mismo en París. Créame, esos lugares están repletos de vándalos en busca de prosélitos cuyos destinos dentro de esas paredes no son demasiado agradables. En especial para los contingentes femeninos.

Maka aspiró fríamente ante sus palabras. Imaginarse conviviendo con personas peligrosas de nuevo, le puso la piel de gallina.

—En el mejor de los casos, será acogida por las extranjeras que intentaron ingresar o salir con estupefacientes del país. Pero el cargo de usted podría garantizarle una cadena perpetua, son pocas las que tendrían el mismo futuro que el suyo —puntualizó clavando sus propias pupilas en los olivos de ella. Percibiendo el miedo instintivo—. ¿No considera que una condena para toda la vida, sin litigación previa, es un sacrificio bárbaro?

Maka se sintió acorralada. Era cierto que no quería ir a prisión por un homicidio imputado pero ¿A quién iba a pedir ayuda cuando estaba sola en el mundo? ¿Cómo podría contrarrestar la fuerza masiva del sicofante detrás de todo? Ella no sabía y finalmente sintió su temple resquebrajarse. Porque estaba asustada.

Por supuesto lo estaba. No era fácil mantenerse fuerte en medio de todas las acusaciones, sin embargo no tenía otra opción además de ser terca con ella misma para evitar hundirse en la desesperación. La inquietud sembrada con éxito en su mente empezó a roer sus nervios.

¿Debería acceder?

Después de todo, tendría que enfrentar a criminales de toda clase dentro de la prisión. A estas alturas ¿No era mejor lidiar con un desconocido a pesar de sus peticiones extrañas? El camino se bifurco para ella en dos tipos de desenlace. Uno era de sufrimiento seguro, mientras el otro se podría modificar dependiendo las variables. En esta coyuntura crítica, se aventuró.

—Si su empleador está dispuesto a escuchar una petición mía. Entonces tomaré su ayuda.

El abogado sonrió sin disimular el deleite por sus palabras—. Usted puede hacer la petición que desee y comunicaré sus palabras tan pronto salga de esta comisaría.

Ella se acomodó seriamente sobre la silla adoptando una expresión solemne. Si elegía a esta persona, necesitaba dejarse un camino libre. No iba a ceder a los disparates de un matrimonio si «él» esperaba cobrarse el favor de la forma más primitiva disponible.

À suivre…