Todos los personajes y la historia pertenecen a Kohei Horikoshi y Masashi Kishimoto
Después de visitar a Lee y a Hinata, Bakugo iba de camino a la torre del Hokage con la intención de no solo contarle a Minato la verdad acerca de su pasado, sino también con la intención de renunciar al examen chunin final de mañana.
Bakugo, pensativo, se encontraba mirando al suelo mientras caminaba. No se dio cuenta que alguien lo observaba con atención en la entrada del restaurante Barbacoa Q.
—Katsuki Bakugo, ¿verdad?—inquirió un ninja de Konoha, vestido con el peto verde característico de la aldea. Bakugo volteó el rostro en dirección a la voz y frunció el ceño, confundido. El ninja estaba encendiéndose un cigarrillo. —¿No me reconoces?.—Bakugo no contestó, simplemente se le quedó mirando en silencio.—Nos vimos en los exámenes preliminares de ascenso a chunnin. Soy el líder del equipo 10, Asuma Sarutobi. O lo que es lo mismo, soy el sensei de Ino, Shikamaru y Choji. Un placer.—extendió la mano para saludar a Bakugo, pero éste no movió un músculo. —Vaya, supongo que los rumores que tienes un carácter difícil son ciertos. Mi equipo y Sakura están ahí dentro.—señaló con el pulgar a su espalda.—Estamos de celebración por terminar el mes de entrenamiento. Los cuatro se han esforzado muchísimo y les he querido recompensar ese esfuerzo invitándoles a comer. Y hablando de recompensas, aún no te he dado las gracias por salvar la vida de Ino y Choji. Ven con nosotros. Puedes pedir lo que quieras. Yo invito.—
—En otra oca ...—cuando estaba por rechazar la invitación, una ventana del restaurante se abrió de golpe, asomándose por ella Ino.
—¡ASUMA-SENSEI! ¡ENTRA DE UNA VEZ Y PON ORDEN! ¡CHOJI SE LO ESTÁ COMIENDO TODO Y NO ESTÁ DEJANDO NADA AL RESTO!—gritó Ino con restos de comida en las comisuras de los labios, que aún no se había dado cuenta de la presencia del rubio ceniza.
—¡Comer barbacoa es una batalla, Ino!—se oyó del interior del restaurante la voz de Choji.
—Vaya lata ...—Bakugo reconoció la voz del heredero del clan Nara al instante.
—¡AAHHHH!—gritó Ino, enfurecida. —¡ASUMA-SEN ...!—en ese preciso momento se dio cuenta de que Bakugo estaba al lado de su sensei, mirándola con el rostro cansado. —¿Ba ... ku ..go? —tartamudeó Ino. Su rostro enrojeció al instante y se metió dentro, cerrando la ventana de golpe.
—¿Has dicho Bakugo?—oyó la voz de Sakura, el rubio ceniza. Sakura abrió la ventana que había abierto y cerrado anteriormente Ino y se asomó en ella. —¡Bakugoooo!—gritó emocionada y feliz la pelirrosa. Salió del restaurante a toda prisa y abrazó al rubio ceniza. Éste se dejó abrazar pero no devolvió el abrazo. Su mente seguía divagando por todo lo ocurrido durante el viaje con Jiraiya. La pelirrosa se separó y se dio cuenta que su compañero había perdido peso y ahora tenía unas pronunciadas ojeras.—Tienes una pinta horrible ...—dijo preocupada.
—Yo también me alegro de verte, frentona.—dijo con sarcasmo Bakugo.
—¿Qué te ha pasado?—preguntó Sakura, alarmada. Estudiando las expresiones faciales de Bakugo, se dio cuenta que algo no iba bien.
—...—Bakugo desvió la mirada, sintiéndose incómodo ante el escrutinio de su compañera de equipo.
—¿Por qué no mejor entramos y hablamos de todo ello con el estómago lleno?—propuso Asuma.
—Yo ...—intentó reusarse de nuevo Bakugo, pero lo interrumpió Sakura.
—Ni se te ocurra escaquearte. Necesitas comer algo, sino en el torneo de mañana acabarás desmayándote. —le sermoneó Sakura, cogiendo a Bakugo de la mano y arrastrándolo al interior del restaurante.
Sakura lo llevó hasta la mesa donde estaban esperando Shikamaru y Choji. Asuma, Sakura y Bakugo se sentaron a un lado de la mesa, teniendo enfrente a Choji, Shikamaru y el hueco libre de Ino.
—Qué flacucho y paliducho estás, Bakugo. —dijo Choji mientras engullía dos trozos de carne. Cogió un trozo más con los palillos de la barbacoa situada en el centro de la mesa y se lo ofreció a Bakugo.—Ten.—
—¿Choji Akimichi compartiendo carne?—dijo perplejo Asuma. —¿Es que el mundo se acaba y yo aún no me he enterado?—
—El mundo es una lata.—dijo Shikamaru, bostezando.
—A todo esto, ¿dónde está Ino?—preguntó Asuma, buscando con la mirada a su discípula pero sin hallarla por ninguna parte.
—Ella es la más latosa de todos. Se ha ido el baño. A saber lo que estará haciendo durante tiempo en el baño.—dijo Shikamaru.
—Con lo listo que eres, a veces no lo pareces, Shikamaru.—dijo Choji. Viendo que Bakugo no tenía intención de comerse el pedazo de carne que le había ofrecido, se lo zampó de un bocado.—¿No has visto la cara tan rara que tenía? Le habrá sentado mal la comida y se ha ido al baño a cagar.—
—Ahora qué lo dices, si es verdad que tenía una cara rara después de quejarse de Choji y ver a Bakugo. —meditó Shikamaru.
—¡NO ESTABA HACIENDO ESO, IDIOTAS!—gritó Ino, indignada que salía del baño. —Estaba maquillándome.—
—¿Y por qué estabas maquillándote?—preguntó Choji con la boca llena de carne.
—¿Eh? Pues ...—echó una rápida mirada a Bakugo, pero éste tenía la mirada perdida en la mesa.
—Eso.—Sakura fue la única que se percató del fugaz vistazo que le había dado.— ¿Por qué estabas maquillándote? O más bien debería preguntar, ¿por quién estabas maquillándote?—le picó Sakura con un tono burlón, olvidándose momentáneamente del estado de Bakugo para centrarse en rabiar a Ino.
—Yo ... yoo ...—el rostro de Ino volvía a adquirir la tonalidad del tomate.—¡Una dama no necesita motivo para estar arreglada! —se justificó alzando la voz. —Si quieres te doy un par de consejos para hacer parecer que tu frente no sea tan gigantesca. Aunque te advierto que aunque sea buena no hago milagros.—
—¡AAAHHHH!—gritó Sakura levantándose de la mesa.—¡YA LO CREO QUE NO HACES MILAGROS! ¡NI CON TODO EL MAQUILLAJE DEL MUNDO HAS CONSEGUIDO EVITAR PARECER UNA PUERCA!—
—¡RETÍRALO, MACROFRENTE!—Ino se acercó a escasos centímetros de la pelirrosa apuntando su nariz con el índice.
—¡TÚ PRIMERO, INO-PUERCA!—contestó Sakura, imitando a la rubia al señalarla con el índice también.
—Chicas, chicas ...—dijo Asuma, con una gota en la nuca por la incomodidad que estaba sintiendo. —No montemos un espectáculo, ¿vale?—
—Menuda lata, todos nos están mirando. —se quejó Shikamaru, apoyando sus manos en la nuca.
—Ñam, ñam, ñam.—asintió Choji, que no había parado de comer ni por un instante.
Las kunoichis se sentaron avergonzadas. Los siguientes minutos se las pasaron hablando de trivialidades (del entrenamiento, de anécdotas graciosas ...) mientras se acababan el banquete de carne pagado por Asuma. Todos menos Bakugo. El resto intentaba meterlo en la conversación, pero éste mantenía toda su atención en el plato. Pero a pesar de ello, apenas comía. Se pasaba casi todo el tiempo moviendo los palillos alrededor del plato.
La mente distraída de Bakugo reparó en la botella de sake medio llena a su izquierda que tenía Asuma. La cogió y rellenó un chupito.
—Estoooo, Bakugo.—Asuma miró confundido a Bakugo.—Eso que has cogido no es agua.—Bakugo no le contestó y se limitó a beberse su contenido. La confusión de Asuma aumentó al ver que Bakugo no emitía un gesto de asco o de molestia por el licor. El rubio ceniza volvió a rellenar el vasito ahora vacío. Asuma puso la mano encima del chupito antes que Bakugo pudiera beberse su contenido—¿Bakugo? ¿Qué estás haciendo?—
—Creía que habías dicho que podía pedir lo que quisiera, viejo.—dijo Bakugo, desafiando a Asuma con la mirada.
—Sí, pero ...—Asuma se llevó una mano a la nuca sin saber como actuar.
—¿Acaso mentías?—dijo Bakugo, de mal humor, entrecerrando aún más su fiera mirada.
—...—Asuma no contestó. Un sudor frío le recorrió la piel. —Este crío no se parece nada a mis alumnos...—pensó el jonnin.
El resto de la mesa se tensaron por la situación. En especial Ino y Sakura. La primera porque el mal presentimiento que sintió cuando se despidió del rubio ceniza hace tres semanas parecía que se había cumplido. La segunda porque el rostro cansado y de tristeza de Bakugo unido a este comportamiento más huraño de lo habitual le hacía pensar que algo malo había pasado en ese viaje
—¡Venga, venga! ¡Qué estamos de celebración por el mes de entrenamiento infernal que hemos padecido! ¡Alegrad esas caras!—intentó Ino alzar los ánimos, fingiendo una sonrisa.
—Ino, tiene razón. —Asuma aprovechó la oportunidad para enfriar el ambiente. —Hoy es un día excepcional así que ...—cogió 6 vasitos de la barra del restaurante y los rellenó con sake.—No se lo digáis a vuestros padres a no ser que me queráis muerto. Jajaja. —rió por su propia gracia. Fue el único—¡Brindemos por Ino y por Bakugo! ¡Para que tengan suerte en el torneo de mañana!—
Bakugo y Asuma fueron los únicos que se bebieron el contenido del vasito. El resto miraron a los vasitos como si fueran extraterrestres. Choji fue el primero que lo cogió. Lo olisqueó unos segundos.
—¡Puajj! ¡Esto huele fatal, Asuma-sensei!—protestó Choji. Pero quiso saber a que sabía así que tapándose la nariz se lo tomó.—¡Y sabe peor! ¡Está asqueroso!
—Jajaja.—rió Asuma por la reacción de su alumno. —Es normal que te sientas así la primera vez. Acabarás acostumbrándote. Pero esto ha sido una ocasión excepcional. Hasta que no seas mayor de edad no se te ocurra volver a beber alcohol. No es bueno para ...—Asuma detuvo su explicación al ver como Bakugo volvía a rellenar el vasito y bebérselo nuevamente de una. —Bakugo, creo que debería de parar de beber.—dijo de manera muy seria.
—Y yo creo que no.—replicó Bakugo, de mal humor.—Además, no creo que me deba tomar en serio los consejos de un ninja fumador. Te podría oler a más de 100 metros y eso que soy un gennin. No debes ser un ninja de élite que digamos—
—Mañana tienes un examen, Katsuki.—dijo Asuma, tapando el vaso de Bakugo para evitar que siga rellenándose el vasito de sake.
Bakugo miró con odio a Asuma. Apretó fuertemente la mandíbula.
—Por favor, chicos. Estamos de celebración. —intentó nuevamente apaciguar las aguas Ino. Choji y Shikamaru se intercambiaron miradas confusas.
—Bakugo ...—susurró Sakura, llevándose las manos al pecho.
—En primer lugar ...—Bakugo ignoró a las chicas y señaló con el índice a Asuma.—Ni se te ocurra volver a llamarme por mi nombre de pila.—le amenazó Bakugo.—La vieja bruja ludópata tiene un pase. Pero tú no te has ganado ese derecho y nunca lo tendrás. Y en segundo lugar, mañana no voy a participar en esa puto torneo de mierda. Así que déjame beber en paz y métete en tus putos asuntos.—con brusquedad apartó la mano de Asuma que tapaba el chupito y volvió a introducir el licor en su interior.
Asuma se quedó aún más perplejo de lo que ya estaba sin saber como reaccionar. El colmo para él fue como Ino se levantaba y daba un guantazo a las manos de Bakugo tirando el chupito al suelo, rompiéndose el vasito en decenas de pequeños cristales.
—¿Qué diablos te pasa, friki de las flores?—preguntó Bakugo, molesto.
—¿A mí? —dijo Ino, incrédula e indignada. —¿Qué te pasa a ti, Bakugo? —
