SOFÁS DE CABARET

Quatre.


Si se quiere ascender por cuestas empinadas, es necesario al principio andar despacio.

William Shakespeare.

—Entonces ella quiere convertir mi ayuda en una deuda. —Soul enfundó el vinilo entre sus manos, luego tomó otro LP intentando apaciguar la sonrisa de sus labios aunque sin éxito. Si dijera que no esperaba estos resultados, entonces no la conocería—. Dígale que si. Puede deberme primero, aunque pregunte qué clase de pago hará después —susurró como quien obtiene exactamente lo que quiere.

Desde el principio había planeado una estrategia para hacerla aceptar. Si simplemente le ofrecía ayuda con el pretexto de ser un préstamo, ella ni siquiera dudaría en negarse. Ahora que parecía idea suya estaría mucho más tranquila, no quiso someterla a demasiada presión en medio de la crisis que atravesaba.

—Claro —el abogado se limitó a obedecer—, Ah. Por cierto, con respecto a su paquete y su mensaje, fue imposible que la señorita Albarn se lo quedara. Lo traigo de vuelta por cuestiones con la comisaría. —Acto seguido, le ofreció el sobre y el estuche. Soul lo sujetó para depositarlo en el escritorio con suma delicadeza.

—¿Cómo va el discurso de litigación? —cuestionó el albino esta vez, preparando el fonógrafo detrás suyo.

—Mientras se puedan reunir las pruebas correctas, estaremos puliendo el primer alegato en la vista preliminar donde se presentarán los testigos y pruebas en contra de la señorita Albarn. Con lo conseguido, seguramente lograremos abrir un caso de investigación en lugar de que se le declare culpable.

—Bien. Tengo información nueva al respecto —sentenció señalando un sobre amarillo al borde del escritorio. Como una orden, el otro sostuvo el objeto entre sus manos; aunque sin abrirlo. Había servido suficientes años al joven «Eater» entendiendo que como su abogado, solo necesitaba prepararse para las vistas en los tribunales mientras todos los trabajos de investigación corrían a cargo del muchacho—. Es todo, puede retirarse —despidió Soul.

Una vez solo, depositó la aguja sobre el Long Play mientras su salón se inundaba con jazz. Se sirvió una nueva taza de café, contemplando el libro sobre su escritorio, era un texto avejentado cuyas páginas desprendían un peculiar aroma a lignina recordándole tanto a ella. Abrió sus páginas resultando en un recopilatorio de fotografías con pinturas acompañadas por textos; presumiblemente acertijos. Adelantó hasta la fotografía final que se dividía en mitades sobre dos páginas paralelas.

La pintura de una mujer ocultando su rostro tras la cortina de hebras rubias nacientes de ella, situada al marco amaderado de una ventana mientras afuera reina la primavera. Era una pintura sin duda exquisita y llena de trazos melancólicos, cuya nitidez se veía difuminada probablemente porque fue hecha a base de un recuerdo.

—Onni —llamó Soul cerrando el libro con suavidad. Tras su única palabra, un pequeño mayordomo de aspecto rudo se manifestó por la puerta del estudio.

—Señor.

—¿Las hermanas Thompson ya fueron arrestadas?

—Ayer por la tarde, deberían estar en la prisión a estas alturas.

—Haz que alguien lleve esto con Elizabeth. Recuérdale entregarlo a mi musa cuando llegue con ellas.

—Como ordene —aceptó el libro con ambas manos— ¿Algo más que desee?

—Cuando llegue el señor Star, hazlo pasar hasta mi despacho —indicó sumergiéndose en las trompetas del jazz.

La aludida en ese salón, estaba demasiado pensativa para decidir comer. Su mano sostenía la cuchara sobre el porridge mal preparado sin moverse, cavilando en las posibles respuestas de su futuro benefactor. Apenas tuvo oportunidad de hacer la sugerencia antes de que el tiempo de visita se agotara. Evitando poder indagar sobre esta persona en la que el abogado confiaba tanto.

No estaba segura sobre la reacción del empleador, aunque esperaba poder convencerlo de pagarle el favor de forma monetaria. No quería deberse a nadie con un tipo de pago incierto, no lo había hecho desde que dejó la vida con su padre cuando tenía dieciséis años, mucho menos deseaba condenarse con un desconocido. Solo quería tomar un poco de su ayuda prestada para salir del fango.

Su defensor tenía razón. Pasar el resto de la vida entre criminales por algo que no cometió, era peor que cualquier infierno; independientemente de lidiar con ellos de manera física, estaba el hecho de su reputación destruida. Había trabajado mucho para evitar que la sombra de su padre se posara sobre ella, oscureciéndole el camino. Iba a morder la línea de esperanza con todas sus fuerzas para salir de aquí.

Al mismo tiempo que ella se armaba de valor. La fuente de sus pensamientos se encontraba atendiendo al invitado del día, además uno de sus mejores amigos cabía decir. Sirvió un vaso de vodka ruso para ofrecerlo al joven de piel canela sentado a mitad de su sofá, quien alzó la copa simulando un brindis de agradecimiento—. No cabe duda de porqué no te gusta salir de fiesta, viejo. Escuchas música en un aparato para ancianos —se burló refiriendo al sonido analógico del fonógrafo.

Soul se limitó a sonreír y encogerse de hombros. Era una especie de placer hereditario, le encantaba el sonido de la aguja raspando contra los vinilos, le traía paz de forma inmediata. Nuevamente sorbió la taza de café tomando posición contra el filo del escritorio, permitiéndole la palabra a su acompañante.

—Bueno, dejando de lado tus gustos de abuelo. Quisiera saber lo que pasa con el asesino de Red Star —entonó para luego pulir el vodka sin respirar. Red Star era el nombre de nacimiento de Akane Hoshi, pariente directo del joven interlocutor. Nadie podría imaginar que el agente Hoshi, poseedor del récord sobre robos de arte frustrados en América, estaba ligado en sangre a un asesino a sueldo tan espeluznante como lo era Black Star.

—La mujer detenida es inocente —informó Soul con semblante inocuo, ministrando más licor en el vaso de su amigo.

—Eso ya me lo ha dicho el rayitas. Lo que quiero saber es dónde está el verdadero. No me dirás que después de todos estos días no sabes quién es.

—Ya hemos dado con el culpable, pero todavía no te lo puedo entregar.

—¿Por qué?

—Porque voy a enviarla a la cárcel primero.

El otro se sorprendió, durante largos años de amistad, a Soul no le había importado cómo o cuándo le gustaba ajustar cuentas contra sus enemigos. Desde que alguien aniquiló a uno de sus familiares, uno tan importante dentro de su esquema además, esa persona podría considerarse un cadáver ya mismo—. Venga. No andamos jugando Soul.

—Y no lo hago —respondió observándolo a los ojos. La certeza inamovible en los orbes rubí provocó el entrecejo arrugado de Black—. Han culpado a mi musa de haberlo hecho.

—¿Qué? —Black Star no tenía secretos con su mejor amigo, estaba al corriente en cuanto a la existencia de esa «musa», que trabajaba en La Petite Dame, donde mataron a su primo. Ahora entendía porqué sus informantes no consiguieron el nombre de la persona arrestada en la escena del crimen, aunque él estaba más que familiarizado tras oírlo—. ¿Maka Albarn? —el albino asintió. Entonces su amigo se largó a burlarse con carcajada limpia, sosteniendo su estómago después de un rato.

Soul meneó la cabeza dejándolo regodearse como le gustara. El jazz de fondo se apagó lentamente al igual que esa estridente risa, dejando en calma toda la estancia. El muchacho de cabello celeste suspiró dando fin a sus espasmódicos movimientos, cuestionando— ¿Quién es el desafortunado que no valora su vida?

Eater emitió dos palabras—. Shaula Gorgon.

À suivre…