Todos los personajes y la historia pertenecen a Kohei Horikoshi y Masashi Kishimoto
—En primer lugar ...—Bakugo señaló con el índice a Asuma.—Ni se te ocurra volver a llamarme por mi nombre de pila.—le amenazó Bakugo.—La vieja bruja ludópata tiene un pase. Pero tú no te has ganado ese derecho y nunca lo tendrás. Y en segundo lugar, mañana no voy a participar en esa puto torneo de mierda. Así que déjame beber en paz y métete en tus putos asuntos.—con brusquedad apartó la mano de Asuma que tapaba el chupito y volvió a introducir el licor en su interior.
Asuma se quedó aún más perplejo de lo que ya estaba sin saber cómo reaccionar. El colmo para él fue ver cómo Ino se levantaba y daba un guantazo a las manos de Bakugo tirando el chupito al suelo, rompiéndose el vasito en decenas de pequeños cristales.
—¿Qué diablos te pasa, friki de las flores?—preguntó Bakugo, molesto.
—¿A mí? —dijo Ino, incrédula e indignada. —¿Qué te pasa a ti, Bakugo? ¡Llevas comportándote como un idiota toda la tarde! ¡Incluso más idiota de lo que sueles ser! ¡Y encima ahora vienes con qué abandonas! ¿Qué mosca te ha picado?—inquirió, enfadada
—No es asunto tuyo ...—respondió fríamente Bakugo.—Además, deberías estar contenta. Un rival menos que tienes en el torneo.—
—...—Ino se quedó unos segundos en silencio, dolida por el comentario del rubio. Pero el dolor fue sustituido por rabia. —¿Y qué hay de aquello de que querías convertirte en el Godaime? (N/A: el quinto maestro Hokage) ¿Cómo lo vas a hacer si renuncias al examen para ascender a chunnin?—
—Simplemente ha dejado de importarme una mierda convertirme en Hokage.—replicó Bakugo. Se llevó las manos a la sien. Empezaba a dolerle la cabeza por haber bebido tanto alcohol sin apenas ingerir alimentos.
—Ya veo. Sabía que eras un arrogante, un maleducado y un idiota, pero no sabía que eras un mentiroso.—dijo Ino, cruzándose de brazos.
—¡YO NO MIENTO!—gritó Bakugo golpeando la mesa con el puño. La suma de euforia provocada por el alcohol y el dolor de cabeza que sentía provocó que pagara con Ino su mal humor. Se dio cuenta de esto y bajó la voz, sintiéndose culpable.—¡Lo que pasa es que me he dado cuenta que este mundo está repleto de hijos de puta! ¡Hijos de puta como el tapón de la calabaza, el primo de la ojos raros o el cabronazo malnacido reptiliano! ¡Y lo peor de todo es que esos putos mierdas son extremadamente fuertes! ¡Y por culpa de bastardos como esos, el cejotas, la ojos raros y otras buenas personas sufren! No quiero seguir participando en ese circo.—
Bakugo agarró uno de los vasitos, que había cogido Asuma para brindar, y lo rellenó con sake sustituyendo el chupito que había sido destruido por Ino. Un silencio muy incómodo se apoderó de la mesa. El rubio ceniza bebió el contenido y volvió a rellenar el vasito.
—Y ya que me has acusado de mentiroso, voy a ser honesto contigo. Deberías seguir mi ejemplo. Neji te hará trizas al igual que hizo con la ojos raros. —dijo Bakugo sin mirar a Ino. Sus ojos estaban fijos en la botella de sake y en el vasito.
—No soy la misma de hace un mes. Me he esforzado muchísimo entrenando. —se defendió Ino.—Ganaré a Neji.—
—¡Ja!—lo que dijo sobre el esfuerzo y el entrenamiento enfureció a Bakugo. Rompió el chupito al agarrarlo con mucha fuerza. Después, miró directamente a los ojos.—¡¿Y qué que te hayas esforzado?! ¡La ojos raros seguro que también se ha esforzado muchísimo y mira dónde está ahora! ¡En el jodido hospital luchando por sobrevivir! ¿Y qué me dices del cejudo? ¡No conozco a nadie que se entrene tanto y el tapón sin cejas lo machacó sin piedad! ¡No tienes ninguna oportunidad contra esos monstruos!—
—...—Ino reprimió las lágrimas y miró con dureza a Bakugo. Le dio un tortazo con fuerza a la mejilla izquierda del rubio, dejándola roja.—Vete a la mierda, Bakugo. No vuelvas a dirigirme la palabra.—
Ino dio media vuelta y se fue del restaurante apretando los puños con fuerza.
—¡Espera Ino!—dijo Asuma levantándose de la mesa. Antes de perseguirla, echó la vista atrás en dirección a Bakugo.—Quería conocerte personalmente porque Kurenai, Kakashi y el Hokage hablan maravillas de ti. Debo ser un bicho raro, pero yo no encuentro nada maravilloso en ti.—
Asuma puso unos cuantos billetes de 500 Ryos encima de la mesa para pagar la cuenta y después siguió los pasos de su alumna. Choji, a pesar de que aún quedaba carne en la parrilla, también se levantó y se fue, en silencio.
Solo quedaban Shikamaru, Sakura y Bakugo. El primero se rascó la cabeza y se levantó, emitiendo un suspiro.
—Si Neji e Ino se enfrentaran mil veces, creo que Neji ganaría 999 de ellas.—dijo Shikamaru.
—Entonces me das la razón, cabeza de piña.—dijo Bakugo.—La friki de las flores debe renunciar.—
—Vaya lata... Yo no he dicho eso, Bakugo. —dijo Shikamaru, conteniendo otro bostezo.—He dicho que creo que Neji ganaría 999 de 1000 veces. Eso quiere decir que también creo que Ino tiene una posibilidad de ganar entre 1000. ¿Por qué debería renunciar si puede ser chunin?—
—¡Ah, bueno! ¡Eso lo cambia todo! ¡Si tiene 1 oportunidad entre 1000, entonces qué luche! ¡Y ya de paso que juegue a la lotería cuando le gane al ojos raros! ¡Seguro que le toca el primer premio!—dijo sarcásticamente Bakugo.—¡No me jodas, cabeza de piña!—
—Vaya lata ... —dijo Shikamaru emitiendo un largo suspiro.—Te creía más listo. El alcohol debe haberte atontado el cerebro.—Bakugo se enfureció, pero se mordió la lengua, dejando que continuara hablando Shikamaru.—Para ser chunnin, no solo se necesita fuerza. Se necesita liderazgo. Ino ha conseguido que unos cobardicas y perezosos como Choji y como yo entrenen de sol a sol todos los días durante este mes. Y eso lo ha conseguido no solo con amenazas e insultos. Que también los ha habido, no digo que no. Sino con la actitud que tenía al entrenar. Se la veía tan decidida y tan entregada al entrenamiento ... Nunca la había visto así. Nos contagió sus ganas. Incluso se tragó su orgullo y dejó que su máxima rival, Sakura, entrenara con ella. Así que te repito la pregunta, ¿por qué debería renunciar Ino si puede convertirse en chunnin?—
—¿Es qué no has escuchado una palabra de lo que he dicho, cabeza de piña?—contestó Bakugo con otra pregunta, molesto.
—Sí. —respondió Shikamaru.—¿Y tú?—Bakugo se quedó en silencio.—No sé si será en este examen o en el siguiente, o en el siguiente al siguiente de éste. Pero estoy 100% seguro que Ino se convertirá en chunnin. Es una líder y, a diferencia de ti, no es una cobarde.—Shikamaru no dijo nada más y se marchó al igual que habían hecho anteriormente sus compañeros.
Normalmente, si alguien se atrevía a llamar cobarde a Bakugo, ese alguien sufriría en sus carnes su infinita ira. Pero en esta ocasión, se quedó en el sitio, frunciendo el ceño mientras se masajeaba la sien.
—Bakugo ...—rompió el silencio Sakura, acercándose al rubio. —Ahora estamos solos tú y yo. Dime qué te ha pasado estas tres semanas que estuviste fuera de la aldea. Déjame ayudarte ... Déjame entenderte... Por favor—Bakugo miró un momento a Sakura, pero al instante miró a la mesa. Abatido. —Tú me ayudaste a levantarme esa noche después del combate de Ino. Déjame devolverte el favor. Somos compañeros de equipo. Quiero ayudarte. Por favor, Bakugo.—
—Yo no soy el que necesita ayuda, Sakura. —dijo Bakugo, con tristeza pensando en Hinata, en Lee y , sobretodo, en Uraraka.
El silencio volvió a reinar durante un par de minutos hasta que Sakura decidió romperlo de nuevo, probando otro enfoque.
—¿Sabes por qué quería que Sasuke y tú renunciarais en el examen preliminar?—Bakugo no contestó así que continuó hablando Sakura.—Porque tenía miedo. Miedo de que os hicierais más daño.—
—¿Y ahora no tienes miedo de eso, macrofrente?—dijo Bakugo con una sonrisa fingida.
—Sigo aterrada. Jiji—rió Sakura. —Por eso cuando has dicho que renunciabas ha habido una parte de mí que se ha aliviado. El miedo es un sentimiento horrible. Nos hace sacar lo peor que llevamos dentro. Y por eso has actuado tan cruelmente con Shikamaru, con Asuma y especialmente, con Ino. Porque tienes miedo. —
—¿Tú también estás de acuerdo con lo que ha dicho el cabeza piña? ¿Crees que soy un cobarde, frentona?—dijo Bakugo, girando un palillo por la mesa.
—Estoy de acuerdo con lo que ha dicho Shikamaru, pero no con lo de que eres un cobarde, sino con el resto que ha dicho. Tener miedo no te convierte en un cobarde. Te preocupa que a Ino le vayan a hacer daño. Eso no es malo. Lo malo es el haber pisoteado su esfuerzo y su ilusión. Al igual que hice yo cuando casi os obligo a Sasuke y a ti a renunciar. Ino es más fuerte de lo que piensas, Bakugo.—dijo Sakura. Luego le agarró una mano con las suyas. —Y aunque me dé un ataque de nervios por verte pelear, por favor, recapacita y lucha. Inspiras a los que te rodean para mejorar. Lee, Ino, Sasuke ... yo. No abandones. No dejes que el miedo arruine tu vida y tus sueños.—Sakura se despidió de él con un beso en la mejilla.
Bakugo se quedó a solas unos minutos que le parecieron horas. Reflexionando sobre todo lo que había pasado esa tarde. Finalmente, se levantó y emprendió el camino hacia la torre del Hokage. Cuando entró al despacho de Minato, esta vez sí que se encontraba allí el Yondaime revisando unos papeles. Antes de que Bakugo pudiera decir nada, Minato se le adelantó.
—Esta mañana, me ha llegado una carta muy extensa. —explicó Minato, sin dejar de revisar papeleo.—Estaba dentro de uno de los sapos de Jiraiya. Me ha contado con todo detalles vuestra aventura en la búsqueda de Tsunade. —dejó los papeles encima de la mesa y miró con compasión a Bakugo.—Lo sucedido con la niña bandida, la apuesta con Tsunade, tu entrenamiento, lo de tu compañera, lo que le hicieron los mercenarios, lo que les hiciste ... Siento mucho lo que te ha pasado. De verdad, que lo siento.—
—...—los recuerdos volvieron a Bakugo y con ellos, el nudo en la garganta que le impedía hablar.
—También me ha explicado que ibas contarme la verdad sobre tu pasado ...—continuó Minato.
—...—los recuerdos de la trágica noche desaparecieron momentáneamente y pudo aclararse la voz.—Sí. Y no solo eso, venía a decirte que renunciaba al examen de mañana.—Minato arqueó una ceja, sorprendido, pero antes de que el Hokage pudiera replicarle, Bakugo continuó hablando.—Pero hace nada me han dado un bofetón, tanto física como mentalmente, que ha hecho que me diera cuenta que me odiaría más a mí mismo de lo que ya lo hago si lo hiciera. Aún así, mi mente no está concentrada en el torneo de mañana. Uraraka, Orochimaru, Kabuto, esos mierdas a los que maté ... Necesito volver a ser yo. No puedo permitirme estar obsesionado con mis errores y con el pasado. Pero aunque sé que no debo, soy incapaz de salir de ese bucle sin ayuda. Necesito un impulso que solo puedes darme tú.—
—¿A qué te refieres, Bakugo?—preguntó Minato.
—Cuando vuelva Uraraka, pienso estar con ella hasta que se recupere. E intentaré por todos los medios posibles el regresar a mi hogar. Pero ... La noche de la matanza del clan Uchiha por parte de Itachi. La noche en que Itachi mató a Mikoto ...—explicó Bakugo.—Necesito pasar esa página de mi vida. Necesito que me digas la verdad de esa noche, Namikaze.—
—Bakugo ...—dijo Minato, con rostro culpable.
—Déjame terminar ... Me juré a mí mismo que me convertiría en Hokage para descubrir la verdad. Por Mikoto. Pero todo ha cambiado. Uraraka me necesita. No puedo dedicarle el tiempo que requeriría ser tu sucesor. Por eso ... Al igual que la vieja ludópata apostó su vuelta y este collar ...—dijo Bakugo, mostrando el collar del Shodaime de su cuello .—Ahora quiero que tú te apuestes tus secretos conmigo. Si gano el torneo de mañana me dirás la verdad de esa noche.—
—...—Minato se quedó pensando unos segundos.—¿Y si no ganas?—
—Te diré toda la verdad de mi pasado. Te diré porque Orochimaru está tan interesado en Uraraka y en mí.—
—Creía que venías hoy justamente a contarme eso.—replicó Minato, arqueando una ceja.
—Yo también. Pero he cambiado de idea.—dijo Bakugo.
—¿Y qué me hace pensar que si pierdes mañana no volverás a cambiar de idea y me vuelves a mentir?—cuestionó Minato.
—...—Bakugo se arrodilló en el piso.—Te juro que si mañana no logro vencer te contaré la verdad. Es más, si gano también te contaré la verdad, si considero que lo que ocultabas de la noche de la matanza del clan Uchiha tenía una justificación. Y no tienes por qué precuparte porque cuente tu secreto, me lo llevaré a la tumba. Te doy mi palabra. Solo quiero saber la verdad. Lo necesito.—
Minato se quedó unos minutos dando vueltas a su despacho, considerando la propuesta. Bakugo seguía arrodillado.
—Está bien. —dijo Minato. Bakugo alzó el rostro con los ojos brillantes.—Pero ...—Bakugo hizo una mueca.—Al igual que con tu apuesta Tsunade tendrás una limitación. Tsunade aún no te ha curado tus brazos así que tienes prohibido realizar explosiones de más de 1 metro de diámetro de potencia.—
—¡No me jodas, Namikaze! —dijo Bakugo, indignado.—¿Es que no sabes quienes son mis potenciales rivales? ¡El puto ojos raros, el tapón sin cejas, Sasuke ...! ¡Joder, seguro que tu hijo también debe ser bastante decente!—
—El mejor.—le rectificó Minato.
—¿Si piensas eso por qué me limitas? ¡Deja que luche con todas mis fuerzas!—exigió Bakugo.
—Porque me importas y no quiero que acabes manco. Y estoy seguro que ese es el mismo motivo por el que Tsunade también te limitó.—
—Tsk.—masculló Bakugo.—No te preocupes por mí, Namikaze. Estoy bien.—
—No es una negociación, Bakugo. ¿Lo tomas o lo dejas?—preguntó Minato extendiendo la mano.
—Puto bastardo.—Bakugo le dio la mano, aceptando la apuesta/trato. —Te advierto que cómo tu hijo llegue a la final le daré una paliza que no olvidará jamás.—
—Eso habrá que verse, Bakugo.—replicó Minato con una sonrisa.
