Todos los personajes y la historia pertenecen a Kohei Horikoshi y Masashi Kishimoto
A la mañana siguiente, Miró el reloj de su habitación y vio cómo marcaba las 7:23 de la mañana. En menos de 3 horas, comenzaría el examen final para ascender a chunnin. Aunque para el rubio ceniza el sentido del examen no era el mismo que para el resto de participantes. No le interesaba ascender a chunnin, sino descubrir la verdad de la matanza del clan Uchiha. La verdad del por qué Itachi mató a su madre adoptiva, Mikoto Uchiha. Y para descubrir la verdad debía ganar el torneo. El día anterior, Minato y él acordaron que si Bakugo se alzaba victorioso, el Hokage le contaría lo que ocultaba de esa fatídica noche. En caso contrario, sería el rubio ceniza el que le contaría la verdad de su pasado al Yondaime.
Kankuro, Temari, Gaara, Ino, Sasuke, Naruto y Neji eran los obstáculos que se interponían en su objetivo. Especialmente, Gaara, Neji, Sasuke y Naruto. Aunque, al despertar, Bakugo se dio cuenta de que su objetivo se había puesto más difícil. Bakugo se había despertado con resaca. No tan fuerte como la que tuvo en Underworld, pero le dolía bastante la cabeza.
Después de maldecirse a sí mismo por haber sido tan estúpido de beber tanto sake el día anterior, Bakugo intentó hacerse el desayuno. Pero al regresar de un largo viaje de más de 3 semanas, los alimentos que tenía en su casa estaban en mal estado.
—Hay que joderse ...—dijo Bakugo frotándose la sien.
Después de una rápida ducha, Bakugo decidió ir al Ichiraku para reponer calorías y conseguir que los efectos de la resaca disminuyeran. Allí estaba Teuchi preparando el desayuno para una pareja que se sentaba en la barra.
—¿Bakugo?—dijo Teuchi con una sonrisa. —Ayame me dijo que te había ido fuera de la aldea a entrenar. ¿Has vuelto hoy?—
—Ayer.—respondió Bakugo sentándose al lado de la pareja.
—¿Bakugo?—dijo esta vez uno de los dos clientes a su izquierda.— Por casualidad, ¿no serás Katsuki Bakugo?—
—¿Te conozco de algo?—preguntó Bakugo, volviéndose a llevar las manos a la cabeza para rebajar el dolor.
—No, pero es que eres uno de los participantes del torneo.—mostró un papel donde estaban las fotografías de los 8 participantes.—He dudado por un instante ya que en la foto no estás tan ... Mmm, como decirlo ...
—Demacrado. —completó la frase su novia. A Bakugo se le hinchó una vena en la frente.
—¡Exacto, cariño!—dijo el novio con una sonrisa. —¿Es que estás de ayuno o algo así? ¿Es parte de tu entrenamiento el perder kilos?—
—No.—dijo Bakugo con una sonrisa siniestra que heló la sangre a la parejita.—Lo que es parte de mi entrenamiento es patear el culo a bastardos tocapelotas como vosotros.—se crujió los nudillos de las manos haciéndole ver aún más terrorífico.
—Ehhh.—el hombre tragó saliva con dificultad. —Esto ... nosotros mejor nos vamos.—
—¿No queréis ayudarme a entrenar?—dijo Bakugo acercando su rostro al del hombre y agrandando la sonrisa. La parejita temblaba de miedo.
—Bakugo, ¿quieres hacer el favor de no aterrorizar a mis clientes?—dijo Teuchi, cruzándose de brazos. Estaba molesto con el rubio ceniza. Bakugo volteó la cabeza en dirección al dueño del Ichiraku.
—¡Corre cariño!—dijo la cliente, aprovechando la oportunidad y tirando de la camisa de su novio. Ambos corrieron como si fueran atletas olímpicos.
—Genial.—dijo con sarcasmo Teuchi.—Gracias a ti, he perdido dos clientes para siempre. No creo que se acerquen a menos de 500 metros de aquí en lo que les queda de vida. Es la octava vez que me haces perder a clientes, Bakugo—
—Bah. Ellos empezaron diciendo que estaba demacrado.—replicó Bakugo, otra vez el dolor de su cabeza hizo que se llevara de nuevo las manos a la sien.
—Pues no mentían.—Bakugo le miró con mala cara, pero, al contrario que con la parejita, Teuchi no se acobardó.—Dime Bakugo, ¿cuántos kilos has perdido desde la última vez que te vi? ¿5? ¿Tal vez 10?—
—Yo que sé.—respondió Bakugo. —Ha sido un mes de mierda. Ponme tu especialidad más picante, viejo.—
—Y yo que creía que habías venido aquí para saludar... Es raro que desayunes aquí, Bakugo. Normalmente cuando vienes es para comer o cenar.—dijo Teuchi, pero empezó a preparar el plato que le pidió Bakugo.— Y por cierto, ¿por qué te tocas tanto la cabeza? ¿Es que tienes migrañas?—
—Resaca.—le corrigió Bakugo.
—¿Resaca? —Teuchi abrió los ojos como platos.—¿A tan corta edad?—
—Ya te lo he dicho. Ha sido mes de mierda acompañado de decisiones de mierda.—se justificó Bakugo.
—Mmm...—Teuchi miró a Bakugo de manera compasiva.—En fin, supongo que la vida de un ninja deber ser aún más dura de lo que me imaginaba. Pero si tienes resaca no puedo cocinarte lo que me has pedido, Bakugo.—
—¿Eh? ¿Qué mierdas ...? ¿No eras tú el que decía que el cliente siempre tiene la razón?—dijo Bakugo, molesto.
—Pues en este caso no. A no ser que quieras irte por la pata abajo en mitad del torneo. (N/A: expresión que significa tener ganas de cagar.)—replicó Teuchi.
—¿Es que durante el tiempo que he estado fuera te has sacado el título de doctor, viejo?—dijo Bakugo, irónicamente.
—Todo buen cocinero que se precie debe conocer los efectos que producen sus comidas en sus clientes. —explicó Teuchi, ignorando el comentario burlón de Bakugo.—Algunos de mis clientes habituales vienen de resaca, como tú, una vez a la semana o cada dos semanas. Aunque tengo que decir que ninguno tan joven como tú. Los cereales, las frutas, el pan, el huevo y el pescado es lo mejor para la resaca. Sin embargo, durará unas cuatro horas el que te haga efecto y deje de dolerte la cabeza.—
—Mmm ... Supongo que es el karma por lo imbécil que me porté ayer el que tenga que pelear con dolor de cabeza.—dijo Bakugo, masajeándose de nuevo la sien.
—Existe una forma de que se te pase en menos de media hora, Bakugo. —dijo Teuchi, acariciándose la barbilla. Bakugo le miró con atención.—Un cóctel especial que preparo para casos excepcionales.—
—¿En serio?—dijo Bakugo, esperanzado.—Pues a qué estás esperando. ¡Hazme ese cóctel, viejo!—
—Te advierto que su sabor no es muy agradable.—dijo Teuchi rascándose la cabeza.—Es posible que te dé náuseas, incluso que acabes vomitándolo.—
—Creí que habías aprendido la lección cuando nos conocimos, viejo.—dijo Bakugo mostrando los dientes. —Nunca me subestimes.—
—Jajaja.—rió Teuchi.—¡Así se habla! ¡Marchando el cóctel especial!—Teuchi empezó a mezclar toda clase de ingredientes, especias y salsas de todos los colores.
—Esto ...—Bakugo ya no estaba tan confíado.—¿Estás seguro de lo que estás haciendo, viejo? No sé si pretendes curarme la resaca o matarme—
—Jajaja.—volvió a reír Teuchi.—¿Cómo voy a querer matar a mi cliente favorito? Además, si te pasara algo malo, Ayame no me lo perdonaría. Tú confía en mi, Bakugo.—
Unos minutos después, Teuchi terminó el cóctel. Éste tenía un color violeta y desprendía un terrible hedor.
—De un trago, Bakugo.—le ordenó Teuchi, acercando el vaso al rubio ceniza.
—...—Bakugo palideció. Lo olisqueó un momento y le entraron arcadas.—Creo que ya estoy bien, viejo.— mintió Bakugo.—Ya no necesito tu mejunje.—
—Venga, no seas cobardica. —Teuchi cogió del pescuezo a Bakugo y le hizo tragar el contenido violeta. Bakugo tosió incontrolablemente después de beberse el líquido.—¿A qué no ha sido para tanto, Bakugo?—
—¡Hijo de la gran puta! ¡Dijiste que el sabor no era muy agradable! ¡No dijiste nada de que sabía a mierda! ¡Coño, estoy seguro que si cago mierda líquida, ésta sabría mejor que lo que me acabas de dar!—gritó indignado Bakugo, reprimiendo las ganas de vomitar.
—¡Jajajaj!—Teuchi le dio unas palmadas en la espalda al rubio ceniza.—¡Qué exagerado eres, Bakugo!—
—Si muero, te juro que te acosaré como fantasma el resto de tu vida, puto bastardo ...—dijo Bakugo, llevándose la mano a la boca para evitar vomitar.
La puerta del local se abrió, entrando por ella Ayame que cargaba con bolsas llenas de comida.
—¡Papá! ¡Ya he vuelto del mercado!—anunció Ayame, mientras dejaba las bolas en una de las mesas del local. Una vez colocadas, miró alrededor del local en busca de su padre. Pero al primero que vio fue a Bakugo, que estaba de rodillas con las manos apoyadas en el suelo y con la cara blanca como la pared.—¿Bakugo?—
—Tu padre me ha intentado asesinar. —dijo Bakugo, poniéndose de pie a duras penas.—Tienes que saber que vives con un loco psicópata.—
—Jajajaja—volvió a reír Teuchi por el comentario de Bakugo
—¡Bakugo!—exclamó Ayame con una amplia sonrisa y fue a abrazar al rubio ceniza.
—Será mejor que te separes de mí. Es posible que acabe vomitándote encima, Ayame.—dijo Bakugo.
—¿Eh?—Ayame se separó y miró acusadoramente a su padre.—¡Papá! ¿Qué le has hecho a Bakugo?—
—Nada, hija. Ya sabes como es Bakugo, le encanta exagerar. Estaba enfermo y le he ayudado a ponerse bien.—explicó Teuchi.
—¡Primero! —le corrigió Bakugo.—¡No exagero! ¡Casi me matas, cabronazo! ¡Segundo! ¡No estaba enfermo! ¡Tengo ...!—Teuchi actuó rápido y le tapó la boca con su mano. Bakugo se puso rojo de furia por la acción de dueño del Ichiraku
—¡Fiebre!—completó la frase Teuchi con una mentira.
Bakugo arqueó una ceja. Su enfado se redujo considerablemente. Ahora estaba más confundido que enfadado.
—¡Ohh!—Ayame se llevó una mano a la cara, preocupada.—¿Podrás luchar, Bakugo?—
—...—Bakugo se desprendió de la mano de Teuchi.—¡Pues claro que podré luchar! ¡No tengo fiebre! ¡Tengo ...!—un fuerte codazo de Teuchi en el costado hizo que emitiera un quejido.—¿Pero qué cojones te pasa ahora, viejo psicópata?—
—¿Nos disculpas un segundo, hijita?—sin esperar a que Ayame respondiera, se llevó a Bakugo al fondo del local.—No le digas a Ayame lo de tu resaca.—le dijo en un susurro.—Ya está hecha un atajo de nervios por lo del torneo como para encima la preocupes más. Cuando acabe el torneo, le dices la verdad y el por qué has decidido ponerte a beber siendo tan joven. Pero hasta entonces, que esto quede entre nostros.—
Bakugo se quedó en silencio, reflexivo. No había tomado en consideración eso. Otro error al que sumar a la larga lista de errores que llevaba estos días.
—¿Qué estáis tramando allí atrás?—preguntó Ayame, molesta por sentirse de lado. Se acercó a ellos cruzándose de brazos.—¿Y bien?—
—Solo le estaba dando ánimos para su combate contra esa chica de la arena. Jeje.—rió Teuchi, nervioso. Ayame pasó de mirar a su padre para mirar a Bakugo.
—...—Bakugo asintió, llevándose la mano a la cara. No le gustaba mentir. Y en este mundo estaba siendo una acción muy recurrente en él.
Ayame no estaba muy convencida de la explicación de su padre, pero no le dio más vueltas. En su lugar, le tocó la frente a Bakugo para aproximarse una idea de si el rubio tenía mucha fiebre o poca.
—¿Eh? Pero si no tienes fiebre ...—dijo Ayame, confundida.
—¡Milagro! ¡Lo he curado!—dijo Teuchi, cada vez más nervioso porque se descubriera la mentira.
—...—Bakugo se dio cuenta que llevaba más de un minuto sin que le doliera la cabeza.—¡Hostia! ¡Tenías razón, viejo! ¡Ya no tengo reee ...fiebre!—rectificó a tiempo Bakugo. Ayame frunció el ceño y examinó el rostro de Bakugo, intentando averiguar que ocultaban su padre y él.
—¡Milagrooooo!—repitió su padre agarrando a su hija y zarandeándola por los aires.
—¡PAPÁAAAAAAA! ¡BÁJAMEEEEEEE!—gritó Ayame roja de vergüenza y estirando lo máximo posible su falda para evitar que se viera su ropa interior.
—¡Milagroooo!—insistió Teuchi, ignorando el ruego de su hija.
—¡PAPÁAAAAAAAAAA!—gritó Ayame, poniéndose aún más colorada.
—Te lo dije. Tu padre es un loco psicópata.—dijo Bakugo, encogiéndose de hombros.
