Todos los personajes y la historia pertenecen a Kohei Horikoshi y Masashi Kishimoto

—¡PAPÁAAAAAAA! ¡BÁJAMEEEEEEE!—gritó Ayame roja de vergüenza y estirando lo máximo posible su falda para evitar que se viera su ropa interior.

—¡Milagroooo!—insistió Teuchi, ignorando el ruego de su hija.

—¡PAPÁAAAAAAAAAA!—gritó Ayame, poniéndose aún más colorada.

—Te lo dije. Tu padre es un loco psicópata.—dijo Bakugo, encogiéndose de hombros.

Después de unos segundos de forcejeo entre Teuchi y Ayame, ésta se desprendió del agarre de su padre dándole un bofetón en el proceso .

—El milagro ha sido que por primera vez no he sido yo el que ha recibido el tortazo.—dijo Bakugo con una sonrisa maliciosa, viendo la mejilla roja de Teuchi.

—Cambiando de tema. ¿Has hablado con el Hokage, papá?—preguntó Ayame, aún molesta con su progenitor.

—Mmmm ... No.—respondió Teuchi, sintiéndose culpable.—Me daba vergüenza pedirle al Yondaime ese favor. No he tenido el valor para pedírselo. —

—¿Pedirle qué?—quiso saber Bakugo, arqueando una ceja.

—¡Papá! —protestó Ayame, ignorando la pregunta de Bakugo.—¡Me prometiste que lo harías!—

—¿Hacer el qué?—insistió Bakugo.

—Pero hija... Él es el Hokage y yo soy un simple dueño de un puesto de ramen. No quería molestarle por una tontería.—se excusó Teuchi, rascándose la cabeza.

—¿Queréis decirme de una jodida vez sobre qué estais hablando?—cuestionó Bakugo, muy molesto por sentirse ignorado.

—¡Para mi no es una tontería!—replicó Ayame, con lágrimas en los ojos por la impotencia que sentía.

—Hija mía... Lo siento ...—dijo Teuchi, bajando la cabeza.

—¡SUFICIENTE!—gritó Bakugo, golpeando con fuerza una mesa del restaurante. Y aún así mostró una gran contención ya que tenía ganas de explotar el local. Teuchi y Ayame voltearon el rostro en su dirección.—¡Por fin me hacéis caso! ¡Ya creía que me había vuelto invisible!—dijo con sarcasmo Bakugo.—¿Qué le tenías que pedir a Namikaze, viejo?—Antes de que pudiera contestar, se adelantó Ayame.

—Justo antes de que te marcharas de la aldea para entrenar, ¿recuerdas la última vez que nos vimos, Bakugo?—preguntó Ayame, avergonzada. Bakugo asintió, esperando que continuara la chica.—Te dije que en el torneo estaría en primera fila animándote. Pero no voy a poder verte.—explicó, entristecida.

—No comprendo. ¿Qué tiene que ver qué no puedas ver el torneo con el favor que le tenía que pedir tu padre a Namikaze?—preguntó Bakugo, confundido.

—Para entrar en el recinto donde se celebran los combates, necesitas un ticket de entrada. Esos tickets cuestan muchísimo dinero y nosotros no es que seamos ricos que digamos. Jeje.—explicó Ayame, con una sonrisa forzada y triste.—Así que como al Yondaime y a su hijo les encanta comer aquí, le pedí a mi padre que le pidiera al Hokage que nos consiguiera un par de entradas—

—¿Hay que pagar para ver los combates?—dijo Bakugo, indignado.—No sabía que el bastardo de Namikaze fuera una rata codiciosa.—

—No es codicia, Bakugo.—replicó Teuchi.—Piensa que la principal fuente de ingresos que tiene la aldea son las misiones que encarga la gente de todas partes del mundo a los ninjas. En períodos de guerra, las misiones abundan e incluso faltan ninjas para abarcar todas ellas. Pero en períodos de paz, como el que estamos actualmente, los ninjas no son tan necesarios. Hay muchas menos misiones, pero Konoha sigue teniendo muchos gastos. El alumbrado, la formación de ninjas, el mantenimiento de las armas, el alcantarillado de la aldea, etc. Por tanto, la aldea necesita obtener ingresos por estas vías. Y una de ellas es a través de los examenes de ascenso a chunin y a jonin que son muy populares entre la clase alta como la nobleza y los grandes comerciantes.—explicó Teuchi.

—No había pensado en eso, la verdad.—reconoció Bakugo, mesándose la barbilla.—Puto Namikaze, es que no tiene un pelo de tonto. Que listo es el muy cabrón.—

—Jajaja.—rió Teuchi. —Que forma más curiosa que tienes para halagar a la gente. Mezclas insultos y piropos.—

—...—Ayame no estaba tan risueña como su progenitor.—Siento no cumplir mi promesa, Bakugo.—dijo Ayame, mirando al suelo.

—Mmmm. No pongas esa cara, cocinitas.—intentó animarle Bakugo.—¿Qué tiene de divertido verme machacar a una pandilla de extras?—

—Je.—una sonrisa se le escapó a Ayame.—¡Dale una lección a esos extras!—

—¡Así se habla, cocinitas!—dijo Bakugo con otra sonrisa.

—¡Eso! ¡Tienes que ganar que he apostado 1.000 Ryos por tu victoria final! (N/A:equivale a 100 dólares o 100 euros) —dijo Teuchi, asintiendo fuertemente con la cabeza.

—¡PAPÁAAA!—gritó Ayame, otra vez enojada.—¡No tienes dinero para las entradas y sí que lo tienes para apostar!

—Bueno, es que las entradas eran mucho más caras ...—se justificó Teuchi, temeroso de que su hija le volviera a abofetear.

—¿Y por qué apuestas tanto dinero por Bakugo?—preguntó Ayame, cabreándose cada vez más.

—Gracias por la confianza, cocinitas.—dijo Bakugo con sarcasmo, rodando los ojos.

—No es que no confíe en ti, Bakugo. ¡Pero es que es mucho dinero y mi padre ni siquiera te ha visto pelear! A decir verdad, yo solo te vi pelear aquella vez contra esos niños matones y eso pasó hace más de 7 años. Y perdiste.—

—¡Eran muchos y me atacaron a traición los muy desgraciados! Puto narizotas y puto cuatro-ojos...—se defendió Bakugo.—Me pregunto que será de esos mierdas ...—pensó en voz alta Bakugo.

—Bueno, es verdad que no he visto pelear a Bakugo. Pero le he visto comer. Alguien que es capaz de comerse mi ramen más picante sin pestañear es digno para que deposite mi fe y mis ahorros.—dijo Teuchi, orgullos de haber apostado por Bakugo. —Además, las apuestas en esos torneos es otra de las grandes fuentes de ingresos que tiene la aldea. ¡Estoy colaborando en la economía de Konoha, hija mía!—

—Sí, claro ...—dijo Ayame, mirando con reproche a su padre.

—¡Joder, es verdad! —dijo Bakugo, recordando algo muy importante en relación al torneo. Empezó a rebuscar en su portakunais—Cocinitas, voy a darte un regalo. A ver si así se te cambia la cara de acelga que me llevas.—

—¡Bakugo!—gritó indignada Ayame por el insulto.

—Antes de que me des otro de tus famosos tortazos, mira esto.—dijo Bakugo, mostrándole un papelito de color azul.

—Esto es ...—dijo Ayame con la boca abierta.

—Una entrada para ver los combates. La secretaria de Namikaze me la dio antes de irme de aquí con el viejo pervertido. Creo que tenemos una cada uno de los que llegamos a los combates preliminares. Pero con tanta mierda que me ha sucedido estos días, se me había olvidado por completo.—explicó Bakugo.

—Pero ... ¿No la necesitarás tú para poder pasar?—preguntó Ayame, dubitativa.

—Mi jodida cara está estampada en los carteles que anuncian el torneo. No necesito un puto papel para que me dejen entrar.—replicó Bakugo.

—Pero ...—miró a su padre con indecisión, él también tenía muchas ganas de ir.

—Ve con él, hija. De todas formas alguien se tiene que quedar trabajando. Además, no me gustan las multitudes. Jajaja. —rió Teuchi, cruzándose de brazos.—Iros ya, que sino llegaréis tarde.—

—Ya has oído al viejo y encima yo odio la impuntualidad—dijo Bakugo cogiendo de la mano a Ayame y arrastrándola con él.—En marcha.—

Ambos jóvenes se marcharon a paso rápido dejando a Teuchi solo en la tienda.

—Hazles ver a esos ricachones lo mucho que vales, Bakugo.—dijo Teuchi al aire con una sonrisa.

Bakugo y Ayame llegaron a la entrada del recinto donde se celebraría el torneo en apenas unos minutos. El recinto estaba rodeado de chunins que controlaban el acceso y vigilaban que nadie entrara sin un ticket.

—Mostradme las entradas.—ordenó un chunin de Konoha que llevaba gafas oscuras. Ayame mostró la que le había regalado Bakugo minutos antes y la dejó pasar. Bakugo la siguió, pero el chunin le impidó el paso.—Sin entrada no puedes pasar, muchachito.—

—¿Pero tú eres gilipollas o qué cojones te pasa?—dijo Bakugo, con ganas de partirle la cara. Agarró un cartel que estaba tirado en el suelo.—¡Mira este puto cartel! ¿Quién cojones te crees que es éste?—preguntó señalando la foto suya.—¡Y la respuesta no es mi puto hermano gemelo! ¡Así que deja de actuar como un anormal y déjame pasar!—

—Pero ...—el chunin a pesar de superarle en rango, tragó saliva con dificultad por la agresividad del rubio.—Todos los participantes tienen entrada. Sin entrada yo no ...—

—Pues resulta que yo he perdido la mía porque soy casi tan subnormal que tú. Venga te espero aquí y les dices al público de allí dentro que mi combate no se va a disputar porque eres el mayor capullo de la aldea que tiene un palo metido en el culo.—dijo Bakugo, cruzándose de brazos.

—...—el chunin se quedó dudando unos segundos.—Pasa.—

Ayame que había visto la escena con tensión, suspiró de alivio. Bakugo y ella dejaron atrás al chunin.

—¿Hacía falta que te portaras de forma tan agresiva?—susurró Ayame al oído del rubio ceniza.

—Hacía falta. Ya has visto lo imbécil que era. Y encima el muy capullo se pone gafas de sol cuando está en la sombra. Hay que ser retrasado.—respondió Bakugo.

Dentro del recinto había otro control. Esta vez eran jonins. Y se aseguraban que los espectadores no entraban con armas. Solo lo tenían permitido los ninjas.

—Un momento. ¿Tú no eres uno de los participantes? ¿Katsuki Bakugo?—cuestionó uno de los jonins al verle.

—Menos mal. Ya empezaba a creer que todos mis superiores eran unos anormales.—dijo Bakugo.

—¿Perdón?—arqueó una ceja el jonin.

—¡Sí que lo es!—se apresuró a decir Ayame antes de que Bakugo iniciara otra guerra verbal.—Es Katsuki Bakugo.—

—Los participantes van directos a la arena. Sígueme.—ordenó el jonin a Bakugo.

—Jovencita, tenemos que registrarte.—dijo otro jonin a Ayame.

—Pero ...—Ayame miró a Bakugo.

—No te preocupes, cocinitas. Supongo que todos los perdedores de los combates preliminares estarán en la misma zona que indica el ticket. Busca a una chica que se llama Sakura Haruno. Es mi compañera. Así no estarás sola.—dijo Bakugo despidiéndose. Se dio la vuelta y fue tras el jonin que le había indica

—¡Pero no sé quien es esa Sakura!—protestó Ayame.

—No tiene pérdida. Tiene más frente que cabeza y tiene el cabello rosa.—indicó Bakugo.

—¡Suerte, Bakugo!—gritó Ayame para hacerse oír, ya que el rubio ya estaba bastante lejos de ella.

—¡Sería mejor que desearas suerte al resto de extras para que no acaben en el hospital cuando se enfrenten a mí!—gritó Bakugo sin voltearse.

Bakugo no escuchó la réplica de Ayame. Ya estaba entrando a la arena donde se celebrarían los combates. El jonin que le había acompañado se esfumó en una pantalla de humo volviendo a sus quehaceres.

Un jonin de Konoha que tenía un palillo en la boca estaba en pleno centro. A sus lados estaban el trío de hermanos de Suna, Ino, Neji y Naruto. Solo faltaba Sasuke.

—¿Dónde demonios está Sasuke?—pensó en voz alta el rubio ceniza.