SOFÁS DE CABARET.
Huit.
A partir de cierto punto no hay retorno. Ese es el punto que hay que alcanzar.
Franz Kafka.
El entorno se quedó totalmente quieto. Nadie esperaba que la joven recién ingresada hiciera algo como esto, aunque era comprensible. No tenía idea de a quién acababa de agredir.
Maka reagrupó su postura con ganas de escapar. No era estúpida, los guardias intervinieron para ayudarla y eso significaba que estas personas tenían peso sustancial dentro del penal. Había sido temeraria, lo admitía, pero nada la fastidió tanto como ser víctima de sus propios miedos.
Se mantuvo erguida dispuesta a caminar lejos, sin embargo, Gopher no tenía ninguna intención de dejarla ir. Con velocidad se levantó del piso; sujetándola por el cuello del enterizo, bufando mientras la hacia voltear— ¿Cómo te atreves? —Lanzó un puñetazo hacia el rostro de ella dispuesto a romperle la nariz. La chica apenas esquivó por un leve margen.
Aprovechando su desconcierto, se agachó aún más, logrando zafar su ropa del agarre. Gopher no podía creer que lo burlaron por segunda vez, giró los ojos para observar a Noah que llevaba un semblante ligeramente decepcionado, provocándole vergüenza e ira—. ¡Tú! —gritó llamando la atención de todos.
Maka sabía que estos eran problemas que no debía enfrentar con fuerza física. Porque a pesar de tener conocimiento y habilidad suficientes para lidiar con este tipo, el hecho era que había más en su bando mientras ella estaba completamente sola. La lógica dictaba que si decidían rodearla, era el fin.
Rápidamente empujó a Noah y el otro tipo rubio abriéndose camino, necesitaba un sitio donde ocultarse o al menos un lugar donde fuera menos accesible alcanzarla; desafortunadamente no era fácil de hallar desencadenando una persecución a lo largo de todo el patio.
Escuchó vítores que la animaban a seguir corriendo por su vida y carcajadas burlándose de su cobardía, más, ninguno quiso intervenir para ayudarla. Al llegar a la zona empastada del lugar, su suela derrapó ante la húmeda hierba provocando su colisión contra la misma. Sintió su peso caer sobre su mano sin piedad, dándole un agudo dolor.
Gopher no tardó en llegar a su lado para reírse con sorna—. Si no sabes correr. Mejor no lo intentes —escupió propinándole una patada en el abdomen. Su sonrisa llena de satisfacción.
Maka se retorció sujetando la zona herida, sintiendo dificultad para respirar observó la figura del otro casi tragada por la noche. Si iba a recibir una paliza, no quería que este tipo se fuera limpio; hábilmente conectó una patada en el talón del azabache haciéndolo besar el pasto. Ni siquiera dudó en lanzarse sobre él para llover puñetazos en su cara. Ignorando las punzadas alrededor de su pulgar, al menos quería decirles con esto, que no era alguien fácil de amedrentar.
El espectáculo asombró a todos, al grado de formar un círculo de gente para vigilar sus movimientos entre gritos animados. Maka apretó los dientes liberando una gran cantidad de fuerza en su siguiente puñetazo, provocando una hemorragia nasal a Gopher aunque ella también se autolesionó con ello. El joven se sintió repentinamente ahogado, empezando a toser hacia la izquierda.
Maka detuvo sus movimientos mientras apretaba los puños, al no sentir a ninguna persona acercándose decidió que era momento de parar, tampoco quería estar en la lista de mal comportamiento desde el día uno o ser la fuente de diversión del resto. Tomó impulso hasta quedar de pie, acunando su puño adolorido con la otra mano mientras se alejaba.
Por desgracia, ella olvidó una regla básica del combate callejero -y de cualquier tipo de guerra-: nunca dar la espalda a un enemigo que todavía puede moverse.
Gopher ignoró el torrente carmesí de su nariz, estirando el brazo hacia ella. Lo siguiente que supo Maka, fue la brutal fuerza con la que agarraron los cabellos de su nuca, dejando ardor por las hebras seguramente desprendidas. Intentó alcanzar la zona más fue en vano, la fuerza haló de ella hasta llevarla de espaldas contra el pastizal. Su cabeza impactó fuertemente, al grado de provocarle mareo. Sintiendo un peso estacionarse sobre su estómago, empezó a luchar por moverlo en medio de su aturdimiento.
El azabache estaba más que furioso, su nariz todavía goteaba salpicando el rostro, cabello y ropa de la rubia. Sus dedos largos envolvieron la garganta femenina con fuerza, imprimiendo especial presión sobre su laringe.
El obstáculo surtió efecto con rapidez, sin poder tragar o respirar, la desesperación se apoderó de su mente; ella intento patalear y alcanzar la cara de Gopher con las uñas pero sus brazos eran más cortos que los de él.
Su única opción era intentar aflojar el agarre, pero mientras más trataba de apartarlo, mayor fuerza aplicaba. Estaba a punto de desmayarse hasta que un destello color naranja atravesó su visión borrosa como un flash. Con las vías respiratorias libres una tos incontenible sobrevino al recuperar su aliento y color.
Gopher había apenas reaccionado para cruzar los brazos delante del pecho y cubrir su clavícula; la patada que recibió seguramente dejaría moretones. Al ser enviado a rodar, la sangre de su nariz llegó en una nueva hemorragia, se puso de pie en un salto llevándose el líquido rojo con la manga de su enterizo, al levantar la vista se encontró con un par de ojos azules penetrantes, llenos de advertencia y analíticos contra su próximo movimiento.
Por segunda vez las cosas quedaron quietas. La noche finalmente se cernió por completo sobre ellos, provocando sombras de diferentes direcciones por el alumbrado eléctrico, los guardias ya habían tomado posición en caso de que la tensión desencadenara en un nuevo combate. Fue divertido ver a la nueva reclusa haciendo todo por permanecer de pie, pero con las personas recién llegadas era una historia diferente.
Eran dos rubias que portaban el mismo uniforme que Maka, sin embargo emanaban cierta aura respetable, al menos dentro de todos los presentes, tenían mayor presencia. Maka fue apoyada por una de ellas mientras la otra se ponía de pie delante suyo en forma protectora.
— Are you all right? —le preguntó desde arriba. Aún con toses de por medio, la de ojos olivo se las arregló para asentir.
—Hazte a un lado. Esta pelea es entre ella y yo —estalló Gopher, apretando los dientes con rabia.
—Estás sangrando por la nariz ¿No crees que eso ya define un ganador?
Ante la afirmación, el azabache estuvo listo para empezar un nuevo ataque. Finalmente Noah se movió con su contingente para detenerlo—. Gopher. Es suficiente.
—Se-Señor Noah yo…
—Dije que es suficiente —cortó cualquier intención de protesta. Se acomodó la boina parándose a su lado y así encarar a la mujer—. Ha pasado tiempo, Elizabeth —saludó con una sonrisa.
—¿Por qué no llevas a tu amigo a la enfermería? Antes de que tenga graves consecuencias —ofreció ella relajando la postura. Enfundó las manos a los costados del overol sin dejar de mirarlos. Aunque el hombre era más alto y fornido que ella, no le tenía miedo.
Noah sonrió entre un suspiro; si no quería problemas verdaderos, tuvo que hacer caso a la invitación—. Gracias por preocuparte por él. Lo mismo diría de la chica a la que acabas de salvar —trató de sondear.
—Tengo negocios con ella. Estará bien.
—Entonces. Nos iremos primero —dicho esto, empezó a caminar lejos de ellas. Estando lejos su semblante adoptó un tono sombrío por el disgusto.
El rubio acompañante de Noah intentó sujetar a Gopher sin éxito; el mismo chico se sacudió el cabello en un gesto altanero mientras seguía al moreno. La multitud se fue dispersando entre susurros tras la partida del grupo. Algunos todavía echando ojeadas a Maka y las otras dos mujeres.
À suivre…
