Todos los personajes y la historia pertenecen a Kohei Horikoshi y Masashi Kishimoto

Cuando Bakugo salió de la enfermería rumbo al estadio al escuchar una gran explosión, hubieron muchos detalles que le llamaron la atención: los cadáveres que llenaban el recinto, los espectadores durmiendo como si nada pasara, los shurikens y kunais sobrevolando por todas direcciones ... Pero lo más llamativo para él fue, sin duda, la barrera enorme y púrpura que emergía del tejado del edifico central del estadio. No podía saber a ciencia cierta quién había creado esa barrera. Pero su instinto le decía que era cosa de Orochimaru. Y rara vez su instinto le fallaba.

—Orochimaru ...—murmuró Bakugo con odio, haciendo chispas con sus manos. Voló en dirección a la barrera haciendo miniexplosiones.—Acabaré contigo y con tu jodido esbirro cuatro-ojos... ¡MUÉSTRATE OROCHIMARU!—

Cuando Bakugo estaba a escasos metros de la barrera púrpura un ANBU con capa blanca y máscara de gato y otros dos con la capa negra y máscara de zoro le detuvieron el paso.

—¡Apartad de mi camino, mascaritas!—dijo Bakugo temblándole algo la voz por el esfuerzo que estaba realizando para no tratar de matar a esa molestia que le impedía reencontrarse con su persona más odiada del mundo.

—Eres Katsuki Bakugo de Konoha, ¿verdad? Te he visto pelear contra el genio del clan Hyuga—dijo el líder ANBU capa blanca sin intimidarse por la agresividad mostrada por el rubio ceniza. Bakugo no contestó, se limitó en adoptar una posición de combate. Los compañeros capa oscuras del líder sacaron sus kunais ante la actitud del genin. —Bajad las armas. —ordenó el capa blanca a los otros dos.

—Pero ...—se mostró dubitativo uno de los ANBU capa oscuras.

—Él es un ninja de Konoha como nosotros. No es nuestro enemigo. Nuestro enemigo está ahí dentro reteniendo al Hokage y su hijo.—dijo el líder ANBU señalando al interior de la barrera. Los ojos de Bakugo se abrieron por la sorpresa y giró la cabeza instantáneamente hacia donde indicaba el ANbu, pero la barrera era muy espesa para discernir algo de tan lejos. Los capa oscuras ANBU finalmente obedecieron la orden de su líder y bajaron sus kunais.—Nosotros tampoco somos tu enemigo, chaval.—añadió el líder ANBU al ver que Bakugo seguía con una posición de ataque.

—Como no me dejéis en paz, lo seréis.—dijo Bakugo, llevándose la mano a la espalda olvidándose por un instante que no tenía a Deku consigo ya que se la había dejado clavada en la arena en su combate contra Neji.—Tsk.—masculló irritado. Hizo miniexplosiones.—Voy a entrar allí adentro. No lo volveré a repetir. Apartad de mi camino.—la helada mirada que les dedicó a los ANBU hizo estremecer a los dos capa oscuras, pero el líder seguía impertérrito.

—Esa barrera violeta que tienes en frente no es algo decorativo, chaval. Es una barrera formada por llamas púrpuras. Si la tocas te quemarás como le ha pasado hace un par de minutos a uno de mis compañeros. Sé que quieres ayudar al Hokage como nosotros. Pero ahora lo único que podemos hacer es esperar hasta que se debilite la barrera.—explicó el líder del escuadrón ANBU.

—¿Esperar? ¡Y un cuerno!—Bakugo se aproximó a la barrera a lo que los capa oscuras volvieron a interponerse. Bakugo, harto, estaba a punto de comenzar una batalla contra los ANBU. Pero al ver al ANBU capablanca frenar a sus compañeros, el rubio ceniza levantó una ceja extrañado.

—Dejadle.—dijo el líder ANBU.— No somos sus padres. Si quiere suicidarse después de haberle advertido que lo haga. —los ANBU capa oscuras se quitaron del camino de Bakugo.

Bakugo dejó de emanar chispas de sus manos y se acercó hasta quedar a escasos centímetros de la barrera. La examinó. Bakugo era impetuoso, pero no idiota. Había algo muy raro en esa extraña barrera. No quería comprobar que lo que decía el capablanca era la verdad con su propio cuerpo. Así que se arrancó un trozo de camiseta y la arrojó a la barrera. El trozo de camiseta ardió al instante de contactar con la barrera.

—Tsk.—masculló Bakugo, mordiéndose la lengua en el proceso.

—Te lo dije.—dijo el líder ANBU cruzándose de brazos.

Bakugo volteó la cabeza para fulminar al líder ANBU con la mirada. Luego volvió su atención a la barrera. Dio unos paso atrás para verla toda su superficie. Alzó el rostro hacia arriba. Tendría una altura de unos 50 metros, pero no era infinita. Decidió examinar toda la barrera a ver si había alguna apertura. Así que empezó a volar gracias a sus explosiones.

—¿Qué estás haciendo, chico?—quiso saber el líder ANBU cuando Bakugo ya se había alzado en el aire una decena de metros.

—¡Vosotros seguid ahí tocándoos los huevos! ¡Yo voy a entrar ahí sea como sea!—gritó Bakugo sin detenerse a mirar al ANBU capa blanca.

Bakugo siguió volando y ganando altura hasta que alcanzó el límite superior de la barrera. Voló unos metros más alto para darle perspectiva de la dimensión real de la barrera. La barrera tenía forma de prisma cuadrangular de unos 50 metros de alto y unos 30 metros de ancho y otros tanto de largo. Rodeó la barrera y se fijó que en la base del prisma, en sus esquinas había unos bultos que no podía reconocer desde tan alto.

Así que aterrizó y se colocó en una de las cuatro esquinas. Se acercó hasta el bulto. A pesar de la espesura de la barrera pudo reconocer que se trataba de una persona. Acercó su rostro para poder distinguir sus facciones. Se trataba de un adolescente con flequillo y pelo gris con un gran rollo en la espalda. Éste al sentirse observado alzó la mirada y sonrió con soberbia.

—¿Quién eres?—preguntó Bakugo. El adolescente de pelo gris no contestó y se limitó a ampliar su arrogante sonrisa.—Hijo de puta ... Deshaz esa puta barrera y puede que te deja vivir.—dijo Bakugo apretando los puños con rabia. El de pelo gris siguió callado mirando con diversión.—Joder ...—

Bakugo harto de perder el tiempo fue a otra de las cuatro esquinas. Y lo que vio le estremeció. En esta ocasión, el bulto era otro adolescente pero éste se trataba de uno de piel oscura, con pelo negro y largo atado con una coleta. Aunque lo más característico es que tenía 6 brazos. Pero lo que hizo estremecer a Bakugo no era que tuviera 6 brazos, era la bandana del sonido que portaba en la frente.

Ahora no había ninguna duda. Orochimaru estaba detrás de esta barrera púrpura con forma de prisma. El corazón le decía de tratar de volarle la cabeza a ese engendro, pero hizo caso a la razón y guardó las energías para más tarde. Hasta haber examinado toda la barrera e ir con todo en su punto más débil.

En la tercera esquina, estaba una chica de larga cabellera de color rojo que le recordó a la villana pelirroja que le hizo rejuvenecer 10 años. Esto le hizo cabrear aún más al rubio ceniza. Anotó mentalmente que si no encontraba ningún punto débil en la barrera, iría con toda su fuerza e ira a por ésta.

En la última esquina que le faltaba por ver, se encontraba un grandullón con el cabello naranja. Aunque a decir verdad estaba bastante calvo ya que solo contaba con tres grandes mechones en toda su cabeza. Uno en cada lateral y otro en la parte de arriba de su cabeza.

Para su desgracia, no notó ningún punto débil en toda la barrera. Cuando estaba por volver a la esquina de la pelirroja que tanto le recordaba a esa villana que tanto odiaba, oyó su nombre procedente de una voz que recordaba a la perfección que le heló la sangre. Giró la cabeza a su izquierda para comprobar que no se había vuelto loco por su deseo de venganza. Efectivamente era Orochimaru que sostenía a un inconsciente Naruto y lo tenía con un kunai rozándole el cuello. En frente se encontraba Minato con el rostro pálido

—¿Bakugo-kun? ¿Eres tú?—preguntó Orochimaru, relamiéndose con larga lengua. Minato volteó la mirada hasta encontrar el rostro de Bakugo. Las palmas de Bakugo y su labio inferior sangraron por las heridas que se estaba haciendo el rubio ceniza al apretar los puños con todas sus fuerzas y morderse el labio para controlarse y no ir directo a la barrera y arder en ella.—Me estoy volviendo viejo. Jeje. Por suerte dentro de muy poco voy a tener un cuerpo mucho más joven.—dijo Orochimaru mirando con excitación a Minato. Orochimaru se acercó al borde de la barrera, sin dejar de agarrar a Naruto, para estar más cerca de Bakugo y comprobar que se trataba de él.—¡Sí que eres tú, Bakugo-kun! ¿Me echabas de menos?—

Bakugo con los ojos inyectados e sangre sonrió como un desquiciado. Extendió las manos en dirección a la barrera que le separaba de esa persona que tantas pesadillas le había ocasionado

—¡NO SABES CUÁNTO, OROCHIMARU!—rugió Bakugo, concentrando todo su chakra y sudor en sus manos para crear la explosión más grande y potente de toda su vida.

—¡DETENTE, BAKUGO! ¡RECUERDA NUESTRO TRATO! ¡NO PUEDES USAR TUS EXPLOSIONES!—gritó Minato, para hacerse oír. La situación iba de mal en peor para el Hokage. Ya no solo se tenía que preocupar por su hijo, sino también de que no cometiera una locura Bakugo.

—¡El trato era que no podía hacer explosiones grandes durante el torneo! ¡Y me da a mí que el torneo ha terminado en el instante en que esta puta serpiente ha aparecido con sus esbirros causando el caos, Namikaze!—replicó Bakugo sin dejar de observar a Orochimaru. —Además aunque nunca descubra lo que ocultas, ahora mismo tu secreto ha pasado a segundo plano.

—Kukukuku.—rio divertido Orochimaru ante las últimas palabras. —No te enfades con el pobre Hokage, Bakugo-kun. Todos tenemos secretos que queremos ocultar, ¿verdad que sí Bakugo-kun?—añadió volviéndose a relamer con su larga lengua.

—Puto bastardo ...—murmuró Bakugo con odio. Un destello blanco comenzó a aparecer en las palmas de Bakugo que hizo alarmar a Minato.

—¡No le harás nada a la barrera! ¡Solo conseguirás herirte a ti mismo!—explicó Minato.

—¡Eso no lo sabremos hasta que lo intente!—toda la energía que contenía sus manos fue liberada en una explosión gigantesca. Fue tan gigantesca que el efecto del retroceso hizo que Bakugo saliera volando hacia atrás hasta chocar contra otro edificio del estadio que estaba a más de 50 metros de allí.—Joder ...—maldijo adolorido. La espalda le dolía por el furioso impacto contra el edificio, pero lo que más le dolían eran los brazos. Tanto dolor sentía que estaba apunto de llorar, sino lo hacía era por el odio y la adrenalina que le nublaba la mente y minimizaba el dolor. Casi al instante, con unas explosiones para impulsarlo volvió a estar en la esquina de la barrera donde se econtraban el gordito casi calvo del sonido, Orochimaru, Naruto inconsciente y Minato.

—¡IDIOTA! ¡TE DIJE QUE NO HARÍAS NADA A LA BARRERA!—gritó Minato, enfurecido y estresado por todo lo acontecido en estos últimos minutos. Y es que en efecto la barrera estaba como si nada.

—Cállate, Namikaze. No entiendes nada. Tengo que acabar con esa puta serpiente. Y para eso tengo que derribar esta jodida barrera. Aunque muera en el intento.—dijo Bakugo, jadeando por el esfuerzo anterior. Alzó de nuevo los brazos, pero éstos no le respondían bien. Los músculos estaban tensionados y agotados.—Vamos, joder. No me falléis ahora ...—susurró a sus brazos.

—Kukukuku.—rio de nuevo Orochimaru.—Por lo que veo, lo que me dijo Kabuto era cierto. Tus brazos no pueden soportar esas explosiones. Hice bien en no llevarte contigo. No me gustar experimentar con juguetes rotos.—se calló un instante para recrearse en el odio del genin. Era de las cosas que más le gustaban al sádico sannin.—Por eso abandoné a tu amiguita. —A Bakugo se le olvidó respirar al oír el último comentario de Orochimaru.—He oído que la cueva donde la retenía explotó. Me alegro que te hayas reencontrado con ella. Por cierto, ¿cómo se llamaba? Es que nunca me dijo su nombre a pesar del mucho tiempo que estuvimos juntos. Kukukuku.—

Bakugo bajó el rostro, con un cúmulo de emociones revoloteando en su interior. Todas ellas malas.

—¿De qué te serviría saber su nombre?—Bakugo preguntó de manera muy calmada aún con el rostro bajado.

Orochimaru alzó una ceja, extrañado. Los ojos carmesíes que tanto recordaba del rubio ceniza ahora parecían negros como la misma noche.

—¿Qué preguntas haces, ?—dijo sarcásticamente Orochimaru.— Para poder saludarla cuando nos volvamos a encontrar. Kuku ...—el sannin detuvo su característica risa al ver como Bakugo alzaba el rostro. Orochimaru alzó una ceja, extrañado. Los ojos carmesíes que tanto recordaba del rubio ceniza ahora parecían negros como la misma noche.

—¿Desde cuándo los muertos hablan, Orochimaru?—preguntó muy serio Bakugo. Parecía que otro ser se había apoderado del rubio ceniza. Lo dijo con tanta seguridad y calma que hizo que Orochimaru tragara saliva con dificultad.

—Este chico no es normal. .—pensó Orochimaru, por primera vez preocupado desde el inicio de la invasión.—Si dejo que crezca este cachorro, se transformará en una bestia que me clavará sus colmillos. Es una pena, quería jugar con él un poco más. Pero tengo que acabar con él ahora mismo—.