Todos los personajes y la historia pertenecen a Kohei Horikoshi y Masashi Kishimoto

—Te toca, Bakugo-kun. ¿Cuéntanos tu secretito?—preguntó Orochimaru mirando divertido a Bakugo. Éste, en cambio estaba lo opuesto a divertido y no abrió la boca.—¡Qué aburrido eres Bakugo-kun! ¡Para que sea entretenido el juego de los secretos todos tenemos que jugar! Por suerte, yo sé tu secreto Bakugo-kun. Katsuki Bakugo es una de esas personas que es de otro mundo.—los ojos de Minato que ya estaban abiertos como platos por la revelación anterior se abrieron aún más.— Por desgracia, no he podido experimentar con él . Aunque sí que he tenido la fortuna de experimentar con algunos de sus amiguitos. Kukuku.—

Esa fue la gota que colmó el vaso para Bakugo. Las dudas se disiparon completamente y se tragó la píldora del soldado con rabia.

—¡OROCHIMARUUUU!—rugió Bakugo con ira sintiendo como recobraba el chakra perdido muy rápidamente.

Después de lanzarle una mirada furibunda a Orochimaru, le dedicó una de casi igual intensidad al ninja rellenito del sonido. Y es que Bakugo no iba a cometer el mismo error otra clave de atacar la barrera de llamas en cualquier parte. Había de atacar en el punto más débil que era justo en la esquina donde el alumno de Orochimaru se concentraba para mantener la barrera.

Lanzó una explosión con su mano izquierda, pero mucho menos potente que la que le había mandado rebotar al edificio de atrás. Tampoco iba a cometer ese error. Era mejor la estrategia que utilizó en el torneo de la U.A. contra Kirishima. Pequeñas explosiones pero constantes hasta que la defensa cayera.

Aunque había una diferencia con respecto al combate contra Kirishima. En esta ocasión las explosiones eran algo más potentes y no había un grito de SHINEEEE como antaño. Nada más abrir una brecha en la barrera mataría a ese medio calvo gordo ninja del sonido al instante. No tenía sentido anunciarlo.

Una explosión, dos, tres .. diez ... veinte ... cincuenta... Bakugo dejó de contar a partir de la cincuenta. El dolor en los brazos era tan terrible que le impedía concentrarse para hacer una operación tan sencilla como contar.

El genin corpulento de Oto al principio se sentía confiado, pero a medida que las explosiones aumentaban en frecuencia y potencia ya no las tenía todas consigo. La cara le chorreaba por el esfuerzo para mantener el jutsu de la barrera.

Era cuestión de tiempo que la barrera cayera. Pero, ¿que ocurriría antes: la destrucción de la barrera o de los brazos de Bakugo? Y es que en el proceso, diminutas, pero numerosas venas y capilares de los brazos del rubio ceniza reventaron. Una persona normal se habría detenido ya por sentido común ante tal dolor de sentir como te destruías por dentro. Pero Bakugo no era una persona normal. Y es que el dolor fue enmascarado por la satisfacción y adrenalina de sentir que la barrera cedía poco a poco.

Orochimaru mientras tanto se relamía, admirando la tenacidad del rubio y contento por su estupidez por facilitarle la tarea. Ese loco insensato cegado por la ira estaba gastando demasiado chakra. Y es que aunque finalmente quebrara la barrera de sus cuatro genins, Jirobo lo tendría fácil para matar al chico. Luego ordenaría a su alumno que levantara de nuevo la barrera.

—Bakugo, detente ...—dijo Minato, recuperándose del shock de la revelación de Orochimaru al ver al chico que tanto apreciaba romperse por el deseo de venganza. Pero el sonido de las explosiones eran más fuertes que su propia voz.—¡BAKUGO, DETENTE!—esta vez gritó para hacerse oír, pero Bakugo lo ignoró al verse tan cerca de su objetivo. Solo quedaban unos pequeños pasos más. —¡QUIERES HACERME CASO DE UNA PUTA VEZ Y DETENERTE DE UNA VEZ, JODER!—

Oir al Hokage blasfemar sorprendió tanto a Orochimaru como a Bakugo que dejó de usar su quirk por la impresión.

—Bakugo, vete por favor ...—imploró Minato mirándole directamente a los ojos.

Bakugo hizo una mueca y apretó los puños. Le entraron las dudas. La adrenalina del momento desapareció y el dolor acumulado le entró de repente causando que casi cayera al suelo. Fue como si le hubieran atropellado los brazos un camión.

—Namikaze ...—murmuró Bakugo, irguiéndose.

Orochimaru miró furioso a Minato. Le estaba fastidiando el plan. Bakugo se tenía que quedar aquí para poder matarlo. No quería perderlo de vista. Sin embargo, disimuló su furia y mostró una sonrisa al Hokage.

—¿Eso es todo lo que tienes que decirle, Minato-kun?—preguntó el sanin con la intención de retener a Bakugo el tiempo suficiente para que el Shukaku apareciera.—¿Es que no has oído lo que te acabo de decir? ¿No tienes nada que preguntar? —Minato se mantuvo en silencio ignorando a Orochimaru. La atención del Yondaime se mantenía en Bakugo. El sanin entendió que no tenía sentido seguir por ahí para conseguir su objetivo. Así que cambió de estrategia para retener al rubio ceniza.—Ya entiendo lo que pasa... No quieres contarle tu secreto a Bakugo-kun y por eso quieres que se marche , ¿eh? ¿Ah qué he dado en el clavo? Bakugo-kun, dile al Yondaime que es su turno de jugar al juego de los secretos. No es justo que se eche atrás ahora que sabe nuestros secretitos.—

Bakugo abrió la boca para arremeter contra Orochimaru, pero se calló al oír a Minato hablar.

—Te equivocas, Orochimaru. —replicó al instante Minato volteando la cabeza a Orochimaru.—Lo que le tenga que decir es entre él y yo. Tú no pintas nada. —luego volvió su atención al rubio ceniza.—Bakugo en atención a nuestro pacto voy a tener que cambiar las condiciones. —Bakugo miró a Minato con interés.—Te prometí que te contaría todo lo que sé si ganabas el torneo, pero el torneo se ha anulado. Así que te doy mi palabra que mañana, cuando acabe esta pesadilla, te invitaré a comer en el Ichiraku y nos sinceraremos. Pero no quiero que sea delante de esta serpiente.—

—Pero no ilusiones al pobre chaval, si para mañana ambos estaréis muertos kukuku.—rio Orochimaru y volvió a apretar el kunai en el cuello del inconsciente Naruto. —Perdón , los tres estaréis muertos. Me olvidaba de tu hijo Minato-kun. Kukuku.—

—...—Bakugo contuvo el impulso de arremeter contra Orochimaru y le ignoró centrándose en Minato.—Me has dado tu palabra, Namikaze.—Vio como Minato asentía.—Un verdadero hombre ...—

—...Jamás rompe su palabra.—terminó la frase Minato.—Ahora dame la tuya que mañana estarás aquí para escuchar mi historia.—Bakugo entendió a que se refería Minato, no debía dejarse matar aquella tarde. Asintió al instante y dio la espalda a Minato y Orochimaru.

—¿Es qué te has vuelto loco, Minato-kun?—Orochimaru trató a la desesperada retener unos minutos más a Bakugo.—En el caso improbable qué sobreviváis a esta tarde ¿Cómo vas a contarle los secretos de la aldea a alguien que no es de esta aldea? ¡Ni siquiera es de este mundo! ¿Y no te molesta que te haya mentido todo este tiempo?—

—Su pasado es indiferente para mí. Lo importante es el presente. Y él es un genin ...—Minato negó con la cabeza.—No. Es un chunin de Konoha.—Bakugo abrió los ojos, aún de espaldas a él, como platos al oír esto. —Y el deber de todo ninja, ya sea genin, chunin, jonin o miembro de los escuadrodes ANBU es proteger la aldea. ¡Bakugo! —éste volteó la mirada. —¡No hagas ninguna locura como la que acabas de hacer! —dijo refiriéndose a las explosiones de antes a pesar de su estado físico.— ¡Y si vas a hacer algo así que sea para ayudar a tus amigos o a la aldea! ¡No para saciar tu odio o por venganza! ¡No faltes a tu palabra, Bakugo!—

—Ni tu tampoco, Namikaze.—dijo con tristeza.— Ni tú tampoco.—repitió.—

—Ya te he dicho que tenemos una larga conversación pendiente tú y yo.—sonrió Minato para tranquilizar a BAkugo.— ¡Ahora vete ya y echa una mano a tus amigos y compañeros que están luchando por Konoha, Katsuki Bakugo!—

Katsuki Bakugo y Minato Namikaze se quedaron en silencio mirándose mutuamente unos segundos. No lo expresaron con palabras por miedo a que se hiciera realidad, pero ambos se despidieron mentalmente por si fuera la última vez que se veían. Uno con el miedo de perder a un chico que consideraba como su hijo. El otro con el de perder a la figura más parecida a un padre que había tenido en este mundo.

Bakugo les dio la espalda y empezó a acumular nitroglicerina en las palmas de sus manos.

—¡NOOOOOOOOOO!—gritó Orochimaru, tentado a ordenar a Jirobo que rompiera la barrera para ir tras Bakugo. Pero por mucho que tuviera a su hijo como rehén, seguía teniendo de oponente al Rayo Amarillo como rival. Así que se contuvo y no dio la orden.

Un par de lágrimas resbalaron del rostro de Bakugo cuando finalmente salió disparado como un cohete al centro del estadio donde ninjas de Konoha combatían en inferioridad numérica contra ninjas de Suna y Oto. Estaba tan distraído por el miedo a perder a su padre adoptivo que ni siquiera oyó el lamento de Orochimaru porque se escapara su presa de sus colmillos.