Cuando sonó el despertador al día siguiente, Marinette ya tenía los ojos abiertos. Estaba segura de haber dormido algo a lo largo de la noche, pero solo a ratos, apenas disfrutando de un sueño ligero y poco reparador. Alargó la mano para apagar el despertador con un suspiro.

—¿Marinette? —oyó la voz de Alya desde abajo—. ¿Estás despierta?

Aquella pregunta era perfectamente pertinente, teniendo en cuenta que Marinette solía apagar el despertador de un manotazo para seguir durmiendo a pierna suelta sin darse por aludida.

—Sí —respondió ella a media voz.

—¿Estás con ánimos para ir a clase? —siguió preguntando Alya—. Si no, les puedo decir a tus padres que no te encuentras bien.

Ella acarició por un momento la idea de quedarse en la cama todo el día. Desde luego, no se sentía con fuerzas ni ánimos de enfrentarse al mundo, después de todo lo que había sucedido la noche anterior. No obstante, suspiró otra vez y respondió:

—Sí. Sí, claro. Enseguida bajo.

—¿Estás segura?

—Sí —repitió ella, con mayor firmeza.

El único aspecto positivo de su insomnio había sido todo el tiempo que había tenido para pensar. Y las decisiones que había tomado después de lo que había aprendido aquella noche.

Se incorporó de la cama, dispuesta a enfrentarse al mundo. Al fin y al cabo, había cosas de las que no podía seguir huyendo. Y conversaciones que no podía seguir retrasando.


Adrián se dirigía al colegio, muy nervioso. También a él le había costado mucho dormir. La noche anterior había vivido momentos muy intensos junto a Marinette…, incluso se habían besado, y teniendo en cuenta que ella llevaba varios días rehuyéndolo, aún se sentía como en una nube, a pesar de cómo habían terminado las cosas entre los dos.

«Tal vez aún tenga alguna oportunidad con ella, como Adrián», se repetía. «Estuvo enamorada de mí una vez, y también le gusto como Cat Noir, así que… ¡quizá no haya dos sin tres!». Estaba decidido a decirle claramente lo que sentía, para que ella supiese que tenía la puerta abierta, si alguna vez cambiaba de idea y volvía a mirarlo con buenos ojos. Lo que habían vivido los dos la noche anterior había sido maravilloso, pero también muy raro, como si fuese un extraño sueño. Después de todo, al despertar seguirían siendo Adrián y Marinette. Y Cat Noir, el superhéroe, desaparecía cuando ya no había ningún peligro, discreto como la noche. Así debía ser.

«No tendría que haberme relacionado con ella con la máscara puesta», pensaba Adrián. «Al final, eso solo acaba complicando las cosas».

Marinette acabaría olvidándose de Cat Noir, por supuesto. Al fin y al cabo, ella ya había estado enamorada de él, y luego había empezado a salir con Luka, y después se había enamorado del propio Adrián, al parecer. Así que podía volver a pasar (aunque, si ambos podían ahorrarse la fase de Luka, casi que mejor, pensó el chico sin el menor remordimiento).

Estaba aún dándole vueltas al asunto cuando tropezó en la puerta del colegio con la propia Marinette.

—Ah…, disculpa.

—No, discúlpame tú a mí… ¡Ah!, Adrián —exclamó ella, ligeramente sobresaltada.

Él le sonrió con cierta timidez. Sabía que ella se ponía nerviosa con facilidad, por lo que había aprendido a esperar con paciencia a que se calmara. Pero, además, ahora sabía también que ella había estado enamorada de él. Y no pudo evitar contemplarla, maravillado, como si la viera por primera vez.

Marinette le devolvió una sonrisa cansada.

—Lo siento, creo que te he pisado —dijo con resignación, y sin tartamudear lo más mínimo—. Estaba en las nubes, como de costumbre.

—No pasa nada —sonrió él. Fue entonces cuando se dio cuenta de que ella estaba muy seria y muy pálida, y que sus preciosos ojos azules estaban marcados por oscuras ojeras—. ¿Te encuentras… bien? —le preguntó en voz baja.

Ella le dirigió una larga mirada, como si estuviese pensando en lo que debía responderle.

—¡Marinette! —la llamó entonces Alya, sobresaltándolos a ambos—. ¿Te espero o voy entrando ya?

Adrián dio por sentado que la chica se apartaría de él para reunirse con su amiga; pero, ante su sorpresa, Marinette se limitó a responder:

—Sí, adelántate. Yo aún tardaré un poco.

Alya le dirigió una sonrisa comprensiva y enfiló escaleras arriba. Adrián se volvió para mirar a Marinette, aún sin poder creer lo que estaba pasando. Ella bajó la vista y se recogió un mechón de cabello detrás de la oreja con cierta timidez.

—No he dormido muy bien —confesó—. Con todo lo que pasó anoche…

—¿Anoche…? —repitió Adrián, con el corazón latiéndole con fuerza.

La noche anterior, Marinette había salido con Cat Noir, los dos habían coqueteado y se habían besado… (¡se habían besado! Aún sentía mariposas en el estómago cada vez que lo recordaba), pero al final habían decidido que no podían salir juntos, porque él era un superhéroe y ella no conocía su identidad.

Y seguía sin conocer su identidad, se recordó a sí mismo. Así que, obviamente, no podía estar hablando de eso.

—André, el heladero, fue akumatizado otra vez, y destruyó mi casa —le contó ella—. Claro que Ladybug lo arregló todo después, pero, aún así…

—Ah. Ah, es verdad. Lo siento mucho. No la habrá tomado contigo otra vez, ¿verdad? —preguntó, sabiendo la respuesta de antemano.

Marinette suspiró.

—Pues sí, en cierto sentido. ¿Por qué me odia tanto? —se quejó—. Van ya tres veces que se enfada conmigo y ni siquiera entiendo por qué. Te juro que no voy a volver a tomar uno de sus helados en la vida —concluyó, frunciendo el ceño.

Adrián le sonrió con simpatía.

—Yo tampoco lo comprendo —le dijo con sinceridad—. Quiero decir… que no entiendo cómo podría existir en el mundo alguien capaz de odiarte, Marinette.

Ella alzó la mirada hacia él, sorprendida por la intensidad de sus palabras. Los ojos verdes de Adrián estaban tan repletos de cariño que ella no pudo ignorarlo más.

—Bueno, Lila y Chloé me odian —le recordó con una sonrisa.

—No te odian —replicó él—. Solo te envidian, porque ni aunque viviesen un millón de vidas podrían llegar a ser la mitad de extraordinarias que tú.

Marinette se quedó sin palabras. Adrián quiso tomarlo como una buena señal, y continuó, algo nervioso:

—Escucha…, hay algo que me gustaría decirte. Sé que estos días estás muy ocupada, y que probablemente este no sea el mejor momento, pero…

—No —cortó ella—. O sea, no es el mejor momento, porque ahora tenemos clase y todo eso, pero…, sé que tenemos que hablar. —Tragó saliva y desvió la mirada con cierta tristeza—. Hace tiempo que me he dado cuenta de que tienes algo que decirme…, y siento mucho no haber sido capaz de encontrar un rato para escucharte.

—No pasa nada —se apresuró a responder él—. Puedo esperar, si tú no quieres…, o no puedes…

Marinette sacudió la cabeza.

—Podemos hablar después de clase, si te viene bien —propuso—. No hay problema por mi parte.

—Ah —respondió Adrián, un poco sorprendido—. No, no, por la mía tampoco. Desde que no soy modelo tengo mucho más tiempo libre. Muchas gracias, Marinette.

Ella le sonrió con dulzura, pero no respondió.


El día se les hizo muy lago a ambos. Alya, consciente del estado de ánimo de su amiga, no se apartó de ella ni un momento, y Adrián no hizo ademán de acercarse tampoco. Pero se miraban de reojo de vez en cuando, y sonreían. El gesto del chico estaba repleto de cariño; la sonrisa de ella, en cambio, tenía un punto de melancolía.

Después de la última clase, la señorita Bustier entretuvo a Adrián unos minutos más para comentar con él su última redacción. El chico, nervioso, miró de reojo a Marinette. Pero ella le indicó por señas que lo esperaba fuera.

Cuando, un rato más tarde, Adrián salió del aula, todos sus compañeros se habían marchado ya. Tal como le había dicho, Marinette lo aguardaba fuera, sentada en un banco, garabateando en su cuaderno de bocetos. Adrián se acercó a ella en silencio. La chica estaba tan perdida en sus pensamientos que no lo oyó llegar. Él echó un breve vistazo al cuaderno por encima de su hombro, y sonrió al ver que ella había llenado la página de esbozos de Cat Noir en distintas posturas.

—Veo que eres una fan —comentó Adrián, sobresaltándola—. Perdona, te he vuelto a asustar.

—No, no, es solo que… estaba distraída. ¿Que decías? —preguntó con una sonrisa forzada, cerrando el cuaderno con presteza.

Adrián lo señaló con un gesto.

—Hablaba de… los dibujos. De cierto superhéroe —dejó caer, alzando la ceja con una sonrisa.

Ella se ruborizó y negó con la cabeza.

—Solo son… dibujos —murmuró en voz baja.

Se apresuró a guardar el cuaderno en la mochila, sin atreverse a sostenerle la mirada. Adrián sorprendió una expresión de profunda tristeza en su rostro mientras lo hacía, y se arrepintió de haber intentado bromear sobre el tema.

—Escucha, si no te encuentras bien…, o no te sientes con ánimos…, podemos hablar otro día —le dijo—. No me importa, de verdad.

—No, no, no pasa nada —insistió ella—. ¿Vamos? —lo invitó, señalando la puerta con una sonrisa.

Caminaron juntos en silencio hasta el parque de la plaza de los Vosgos y tomaron asiento en uno de los bancos. Adrián inspiró hondo, preguntándose por dónde empezar. Había ensayado aquella conversación un millón de veces en su mente pero, ahora que Marinette estaba a su lado, dispuesta por fin a escucharle, sentía que se había quedado en blanco.

Se volvió para mirarla. Parecía triste y cansada, sí, pero a él le parecía preciosa de todas maneras. Evocó el momento en que le había entregado aquella rosa en su balcón, y ella, a diferencia de Ladybug, la había aceptado enseguida y se la había puesto detrás de la oreja para adornarse el cabello con ella. Recordó la forma tan dulce en que, un rato más tarde, le había hecho saber que quería besarlo. El corazón se le aceleró. Su mirada se dirigió sin querer a los labios de Marinette, curvados en una suave sonrisa, y deseó poder besarlos otra vez. Apartó la vista, ruborizado.

—Yo… —empezó. Se aclaró la garganta y lo intentó de nuevo—: Hace… hace ya un tiempo que nos conocemos, ¿verdad? Y al principio éramos solo compañeros de clase, pero ahora… podríamos decir que somos amigos…, ¿no?

Ella se quedó mirándolo un momento, descolocada. Él prosiguió:

—Yo al menos te considero mi amiga…, una de mis mejores amigas, en realidad. Una de las personas más importantes en mi vida. Y querría creer…, me gustaría pensar…, que yo también soy importante para ti, en cierto modo.

La sonrisa de ella se ensanchó.

—Claro que sí, Adrián —le dijo, colocando una mano sobre la del chico—. Por supuesto que eres mi amigo. Y una de las personas más importantes en mi vida. Eso… no lo dudes nunca.

Adrián sonrió también. Se frotó la nuca con cierta timidez antes de continuar.

—Lo que quería decirte…, en realidad…, es que recientemente me he dado cuenta de que ya no eres solo una amiga para mí. Que lo que siento por ti…, es más profundo. —Inspiró hondo y alzó la cabeza para mirarla a los ojos—. Me gustas mucho, Marinette. Como… algo más que una amiga, quiero decir. Creo… creo que me he enamorado de ti.

Ella no dijo nada, al principio. Se limitó a mirarlo, con sus ojos azules cargados de afecto y una profunda tristeza.

—Oh, Adrián —suspiró por fin.

—Tengo… tengo la sensación de que hoy no es el mejor día para decirte esto —añadió él, inseguro—. Pero, ahora que ya lo he hecho…, no volveré a molestarte con este tema. Ni siquiera tienes que responder nada ahora, solo… quería que lo supieras.

Pero Marinette sabía que le debía una respuesta. Le tomó la mano y se la oprimió con afecto.

—Lo había imaginado —dijo en voz muy baja—. Es decir, Alya me había dicho que estabas interesado en mí, y que tal vez…, tal vez… O sea, sospechaba que querías declararte, aunque no estaba segura…, y por eso te evitaba. Lo siento muchísimo.

Adrián sonrió tristemente.

—Me vas a dar calabazas, ¿verdad? —adivinó.

—Sí…, no, o sea, yo… —Marinette se detuvo para ordenar sus pensamientos. Inspiró hondo y cerró los ojos un instante, y cuando los abrió estaba lista para enfrentarse a él—. Yo estuve muy enamorada de ti —le confesó—. Durante mucho tiempo. Pero nunca me atreví a decirte nada, y ahora…

—…¿ya es demasiado tarde? —completó él.

—Sí…, es decir, no. No, no lo sé. —Marinette enterró el rostro entre las manos—. Me he enamorado de otra persona —le reveló—. Creo que todavía tengo sentimientos por ti, pero a este otro chico…, lo quiero muchísimo, de una manera muy especial. Y creo que a él le gusto también, pero lo nuestro…, es complicado, y ayer decidimos…, o sea, él decidió… que no podemos estar juntos. Pero a pesar de todo no puedo dejar de pensar en él, y en estas circunstancias… no me imagino con otra persona. Aunque esa otra persona fueses tú —concluyó en voz muy baja.

—Lo entiendo —murmuró él.

—Lo siento, Adrián.

Marinette se secó los ojos de forma automática. Se le habían llenado de lágrimas en algún momento, pero no se había dado cuenta.

—Si todavía sientes algo por mí… —se atrevió a insinuar el chico—, a mí no me importaría esperarte. Todo el tiempo que necesites.

Marinette suspiró.

—Si me hubieses dicho esto hace unas semanas…, me habrías hecho la chica más feliz del mundo. Pero han pasado demasiadas cosas desde entonces, y yo ya no soy la misma persona. Es posible que algún día consiga olvidarlo, no lo sé. Pero no puedo garantizarte que para entonces siga sintiendo lo mismo por ti. Y no tiene sentido que me esperes. Ni yo tengo derecho a pedírtelo.

—Aún así, estoy dispuesto a hacerlo. Ojalá me hubiese dado cuenta antes —murmuró—. De lo que sentías por mí, de lo que siento… por ti. Lamento mucho haber llegado demasiado tarde.

—No es culpa tuya. Tuve muchas ocasiones de decírtelo y nunca me atreví. Solo… hacía planes complicados que nunca llegaban a nada, tropezaba con todo y tartamudeaba sin ser capaz de decir nada con sentido… Y mírame ahora: ya puedo hablar contigo como una persona normal. ¡Hurra! —exclamó sin alegría.

—¿Eso es algo bueno… o malo? —preguntó Adrián, inseguro.

—Es bueno porque creo que por fin nos estamos comunicando, que las cosas fluyen bien entre nosotros.

Adrián asintó.

—Eso es definitivamente bueno —dijo—. Me gusta mucho hablar contigo, Marinette.

Y no lo decía por decir. Ella tenía razón en que siempre habían tenido problemas para comunicarse. En cambio, cuando se relacionaban como Cat Noir y Marinette, todo era muy diferente. Entonces ambos se entendían muy bien, hablaban de cualquier cosa, incluso de sentimientos que no compartían con nadie más. A pesar de la máscara, y de que en teoría apenas se conocían.

El chico empezaba a comprender que, si Marinette no conseguía conectar con Adrián, se debía a que lo que sentía por él le impedía comportarse con naturalidad. Así que el hecho de que ahora estuviesen manteniendo aquella conversación con tanta facilidad solo podía significar una cosa.

Marinette había llegado a la misma conclusión.

—Y es malo, supongo —añadió—, porque creo que eso se debe… a que ya no estoy enamorada de ti. —Frunció el ceño, pensativa—. O a que ya no te veo como algo más que a un amigo.

—Porque estás enamorada de otra persona —concluyó él.

—Eso es —asintió ella.

Hubo un breve silencio entre los dos. Pero no fue un silencio incómodo, sino más bien una pausa para asimilar todo lo que estaban descubriendo.

—Siento mucho que te hayan roto el corazón —dijo Adrián entonces.

Marinette negó con la cabeza.

—Eso es lo de menos —respondió—. Puedo asimilar que la otra persona no sienta lo mismo por mí. Pero saber que nos gustamos… y que, a pesar de eso, no podemos estar juntos…, es lo peor de todo.

Volvía a tener los ojos húmedos, y se los secó con cierta rabia.

—Y ni siquiera pude decirle lo que sentía. Una vez más, no fui capaz de expresarme con claridad, y se marchó creyendo que yo… Y ya no tendré otra oportunidad de confesárselo, porque…

No fue capaz de continuar. Hundió la cara entre las manos y se echó a llorar.

Adrián la contemplaba con el corazón hecho pedazos. Sabía que él era el causante de su sufrimiento, pero no podía consolarla. No sin la máscara, al menos.

No obstante, no soportaba verla así. De modo que decidió dar un paso adelante.

—Estoy seguro de que tendréis otras ocasiones de hablar —le dijo con suavidad, colocando una mano sobre su hombro—. Y que Cat Noir no va a desaparecer de tu vida sin más.

Ella se tensó al oír aquellas palabras y alzó la cabeza para mirarlo con los ojos muy abiertos.

—¿Cómo…? ¿Quién…? —balbuceó—. ¡Oh! Ha sido por los bocetos, ¿verdad?

Él negó con la cabeza, sonriendo, y le tendió el teléfono. Marinette contempló con estupor el vídeo que se reproducía en la pantalla. En él salían ella y Cat Noir riendo, bailando y haciendo el tonto delante del puesto de los helados.

—Es de anoche —dijo Adrián con suavidad—. Después de lo que me has contado, solo he tenido que sumar dos y dos.

Marinette gimió, mortificada, y volvió a enterrar la cara entre las manos, roja como una cereza.

—No termino de acostumbrarme a que cualquiera pueda grabarte por la calle y subir el vídeo a internet en menos de dos segundos.

—¿Me lo dices o me lo cuentas? —sonrió Adrián.

Ella no respondió. Tras un incómodo silencio, el chico continuó:

—Entiendo que es una situación complicada. Tú no conoces su identidad, y él no puede mostrar sentimientos por ninguna chica, o la pondría en peligro.

Marinette desvió la mirada.

—Ya lo sé —murmuró—. Pero no puedo evitar sentir lo que siento. Y por eso, y por otras cosas, Monarca estuvo a punto de akumatizarme ayer —le reveló con una triste sonrisa; Adrián se sonrojó ligeramente al recordar cómo había la había salvado entonces—. Y sé que no podemos estar juntos, pero aún así… duele. Duele muchísimo.

Se echó a llorar otra vez, y Adrián la abrazó, en un torpe intento por consolarla. De pronto se le había ocurrido que, dado que ella seguía sufriendo por todo aquel asunto, Monarca podía tratar de akumatizarla de nuevo.

—Lo siento de verdad —le dijo, apenado—. Ojalá pudiese hacer algo para ayudarte.

Podía, naturalmente. Podía transformarse en Cat Noir y plantarse esa misma noche en su balcón, y confesarle lo mucho que la amaba, y al diablo con la identidad secreta y con todas las precauciones que debía tomar para proteger su prodigio y a sus seres queridos.

Podía, pero no debía.

La estrechó entre sus brazos, deseando con todo su corazón que las cosas fuesen diferentes entre los dos. Había dado por sentado que Marinette no amaba realmente a Cat Noir, sino que se había sentido deslumbrado por él, como cualquier otra fan del superhéroe…, o del propio Adrián.

Pero ella estaba sufriendo de verdad. ¿Hasta qué punto lo quería? ¿Sería posible que se hubiese enamorado de él… en serio?

Sacudió la cabeza. «No me conoce, no sabe que soy yo. No es posible».

—Te importa mucho, ¿verdad? —le preguntó sin embargo, con suavidad.

—Muchísimo —respondió ella con voz ahogada—. Ojalá hubiese sido capaz de decirle cuánto. Ojalá tuviese la oportunidad de amarlo como él merece.

Adrián tragó saliva, conmovido. De pronto, Marinette pareció darse cuenta de lo que estaba haciendo, porque se separó de él y se secó los ojos, azorada.

—¡Lo siento mucho! —se disculpó—. Tú me has abierto tu corazón y aquí estoy yo, hablándote de mi amor por otro chico…

—¡No pasa nada! —se apresuró a responder él—. No pasa nada, Marinette, de verdad. Te agradezco mucho que confíes en mí, aunque sea para hablarme de tus sentimientos por otra persona, porque yo nunca he sabido qué te pasa por la cabeza… quiero decir que siempre has sido un misterio para mí, y me alegro de que puedas hablar abiertamente conmigo por fin… como con un buen amigo —concluyó con una sonrisa—. Siento mucho que lo estés pasando mal. Ojalá pudiese ayudarte. Pero, si no puedo hacer nada…, al menos me gustaría estar a tu lado para apoyarte. Es lo que tú me enseñaste, ¿te acuerdas? Que a veces…, simplemente la compañía de las personas que te quieren puede hacer que te sientas un poco mejor, aunque se trate de un problema sin solución.

Ella sonrió también entre lágrimas. No obstante, un destello de obstinación iluminó sus ojos.

—Tiene que haber una solución —murmuró—. Siempre la hay. O, al menos, eso es lo que dice Ladybug, ¿no?

Adrián sonrió.

—Sí —respondió—. Eso es lo que dice Ladybug.

Se quedó mirándola en silencio, con emoción contenida. Marinette estaba, en efecto, muy afectada por la forma en que había terminado su brevísimo romance con Cat Noir. No era simplemente el disgusto de una fan que sabe que su ídolo está fuera de su alcance. El dolor de Marinette era muy real.

¿Sería posible que su amor lo fuese también?

Sacudió la cabeza. «No pienses cosas raras, Adrián. No puede ser, y punto. Ella no sabe quién es Cat Noir en realidad. Y no puedes confundirla ni ponerla en peligro para cortejarla tras la máscara».

No obstante, no podía dejarla así. Tenía la sensación de que, para ayudar a Marinette, no le bastaría con ser simplemente Adrián. Si había metido la pata como Cat Noir, si le había hecho daño sin pretenderlo, tenía que solucionarlo.

Acompañó a Marinette hasta su casa, y ella le dio las gracias con una débil sonrisa.

—Siento todo este drama —le dijo, un poco avergonzada—. Supongo que no era lo que esperabas cuando planeaste declararte, ¿verdad?

—Un poco sí, en realidad —admitió él—. No es que tuviera idea de lo que había pasado, pero sí me di cuenta de que estabas triste. —Sacudió la cabeza—. Por un lado me sabe mal haber venido a molestarte con mis sentimientos precisamente hoy, pero por otro… me alivia haber podido decirte lo importante que eres para mí. Y que sepas que puedes contar conmigo siempre, para lo que necesites. Como amigo —especificó—, mientras tú lo prefieras así.

—Gracias, Adrián —sonrió ella.

Se abrazaron con cariño.

—Cuídate mucho —le susurró él al oído—. Si me necesitas para cualquier cosa, para hablar, para desahogarte o lo que sea… no dudes en llamarme, ¿vale? Yo estaré ahí para escucharte.

—Gracias —repitió Marinette.

Adrián se quedó mirándola mientras subía las escaleras de su casa. Tenía la impresión de que ella no lo llamaría para no molestarlo, pero él necesitaba volver a abrazarla, quedarse a su lado hasta asegurarse de que se encontraba mejor.

—Es una mala idea —opinó Plagg, adivinando lo que pensaba.

—No puedo dejarla sola —replicó él—. Ya que le he roto el corazón, al menos me gustaría ayudarla a recomponer los pedazos. Antes de que Monarca intente akumatizarla otra vez.

Plagg suspiró, pero no dijo nada.


NOTA: Bueno, pues esta es mi continuación de "Elation/Exaltation", terminada unas horas antes de que se estrene oficialmente "La decisión de los kwamis" y envíe la historia en una dirección distinta. Este capítulo es 100% Adrinette, pero es el primer paso para la "vía Marichat". Espero que os guste y gracias por leerlo :).