Todos los personajes y la historia pertenecen a Kohei Horikoshi y Masashi Kishimoto

Bakugo, se acercó al magullado y casi inconsciente Shikamaru. Éste solo podía ver con un ojo ya que la inflamación por los golpes le había cerrado el otro.

—¿Bakugo?—Shikamaru se sentía demasiado cansado para racionalizar lo que acababa de pasar.

—Estás hecho un asco, bostezos.—contestó Bakugo.—Si tienes fuerza para hablar que sea para decirme dónde están Sakura y Sasuke y el por qué te has separado de la frentona.—

Entre tanto, Kiba se había acercado a sus dos compañeros de promoción. Pero no llegó completamente a ellos, ya que se tuvo que detener al entrarle arcadas al ver tantos cadáveres, entrañas, sesos y extremidades desmembradas. Después de las arcadas, llegó el incontrolable vómito.

—¿Ese es Kiba?—preguntó Shikamaru, que veía todo borroso por la paliza recibida por los ninjas del sonido.

—¡Céntrate, bostezos!—dijo Bakugo colocándose a un palmo de él.—¡El tuerto de mi sensei me dijo que la frentona, su perro parlanchín y tú fuisteis en busca de Sasuke. ¿Qué ha sido de ellos?—

—... —Shikamaru miró a las nubes. Respiraba con dificultad.—Persiguiendo el rastro de Sasuke, el perro de Kakashi detectó que nos seguían un grupo de 9 personas. Alguien tenía que quedarse para despistarlos. Y ese alguien fui yo. No sé dónde ni en qué estado se encuentran ni Sasuke ni Sakura. Lo siento.—

—Es igual. Yo también he traído a un perro rastreador. —Bakugo se quedó mirando el cuerpo torturado de Shikamaru.—¿Puedes moverte?—preguntó. Pero fue una pregunta sin sentido. Sabía bien la respuesta. Vio a Shikamaru negar con la cabeza confirmando sus sospechas.—Tsk.—masculló.

Bakugo miró atrás donde aún estaba Kiba expulsando todo lo que había comido en el día y la noche anterior. Luego volvió a mirar a Shikamaru.

—No puedo dejar al bostezos aquí. Pero ...—pensó Bakugo, irritado.—Ya me cuesta cargar con Deku, el cara de perro y su chucho. Si además tengo que cargar otros 40 kilos de más, me retrasaré en ir en ayuda de Sasuke y la frentona. Es un tiempo demasiado valioso que no quiero desperdiciar. —se quedó maquinando posibles planes alternativos y solo vio una posibilidad.—Podría dejar a Deku aquí ... Pero ... ¿podré derrotar al tapón psicópata sin Deku? ... No lo creo. ¿Qué hago? ¿Dejar aquí tirado al bostezos o llevármelo conmigo e ir bastante más lento?—

Shikamaru estaba muy cansado, pero su inteligencia y astucia seguían muy despiertas. Comprendió al cabo de unos segundos lo que le rondaba la cabeza a Bakugo.

—Vete, Bakugo.—dijo Shikamaru. EL rubio ceniza interrumpió sus pensamientos y arqueó una ceja, confundido.—Si me llevas solo te retrasaré y puede que me toque volver a luchar. No quiero eso. Al fin y al cabo soy el cobarde número 1 de Konoha.—

—No es que sea de muy cobardes lo que acabas de hacer con estos 9, bostezos.—replicó Bakugo.

—Y mira para lo que ha servido. Para una vez que intento ser el héroe acabo así. —dijo Shikamaru, interrumpiéndose por un ataque repentino de tos con sangre.

—No puedo dejarte así ...—murmuró Bakugo, apretando los dientes.

—Me las apañaré. Vete, por favor.—dijo Shikamaru, limpiándose la sangre del rostro.—Ayuda a tus compañeros de equipo. Ellos te necesitan más que yo.—

—Yo me quedo con Shikamaru. —intervino Kiba, ya bastante recompuesto del horror presenciado. En parte lo decía para ayudar a su amigo, pero sobretodo lo deecía por alejarse de Bakugo. Después de ver como descuartizaba con su espada a 9 hombres adultos en un abrir y cerrar de ojos, Kiba sentía terror de su antiguo compañero de academia.

—Ni hablar.—repuso Bakugo con dureza. —Yo no hablo lengua perruna así que te vienes conmigo.—dijo alzando el puño

—Guau ...—ladró asustado Akamaru a su amo.

—Gulp...—Kiba tragó saliva con dificultad, incluso colocó las manos delante suyo ocultando el rostro para protegerse de un potencial ataque del rubio ceniza.

—¿Qué demonios haces, cara de perro?—cuestionó Bakugo, arqueando una ceja.

—¿Eh?—Kiba se puso rojo al haber actuado tan cobarde ante las palabras de Bakugo. —Nada, nada. AL menos déjame hacer un genjutsu para que no detecten a Shikamaru.—

—¿Tú sabes hacer eso, cara de perro?—preguntó Bakugo, no muy convencido de las habilidades de Kiba.

—¡Por supuesto que sí!—el terror de Kiba fue sustituido por ira al sentirse menospreciado.—Soy alumno de una de las mejores especialistas en genjutsus del mundo. ¿Qué esperabas? Mejor no me contestes.—dijo temiendo la respuesta del rubio ceniza. Después de unos cuantos sellos Kiba realizó un jutsu por el que Shikamaru adquirió la forma de hojas y musgo que sobresalían del tronco donde se apoyaba —Listo.—

—Joder. No eres tan inútil como pensaba—dijo Bakugo realmente impresionado. Luego recordó que Kurenai le debía un favor por ayudar a Hinata. Se cobraría ese favor.—¡Ahora en marcha, cara de perro!—Kiba se volvió a subir a la espalda de Bakugo.—¡Volveremos a por ti cuando derrote al tapón sin cejas, bostezos!—gritó al montón de hojas y musgos que se habían convertido para el ojo humano Shimaru.—¡No te alejes de los cadáveres o no podré encontrarte!—

Bakugo volvió a salir disparado con su quirk siguiendo las instrucciones de Kiba, dejando a solas a Shikamaru con los nueve cadáveres descomponiéndose.

—Vaya lata.—pensó Shikamaru.—Si salgo vivo de ésta le pediré a Kiba que me haga ver como una nube.—

De vuelta con Bakugo, Kiba y Akamaru, éstos seguían a un paso muy rápido gracias al quirk del rubio ceniza. Pero su alta velocidad por cada minuto que pasaba se reducía cada vez más. De esto se dio cuenta Kiba.

—¿Bakugo, te encuentras bien?—preguntó el heredero del clan Inuzuka, el sudor de la frente del rubio ceniza se intensificaba cada vez más.

—Sí.—mintió Bakugo.

Kiba no dijo más, para no enfurecerlo pero sabía que mentía. Un par de minutos después de persecución, Bakugo no controló bien su quirk y se chocó de frente contra el tronco de un grueso y viejo árbol. El impacto provocó que el árbol se astillara y que de la frente de Bakugo surcara, además de sudor, un hilillo de sangre. Cayó al suelo dañándose una costilla en el proceso

—¿Bakugo ...?—Kiba se bajó de la espalda del rubio y le tendió la mano para incorporarlo.

—Solo unos segundos.—jadeó Bakugo por el cansancio, ignorando la ayuda que le prestaba Kiba. —Solo necesito unos segundos de respiro.—

Bakugo se incorporó por su propio pie, pero al hacerlo sintió un mareo terrible que casi le devuelve de nuevo al suelo. Apoyó una mano en el tronco del árbol que había chocado para no caerse.

—¿Por qué me encuentro así de mal?—pensó Bakugo, respirando entrecortadamente.—Esta vez nada ni nadie me ha inyectado veneno. Entonces, ¿por qué?—

Entonces lo comprendió. Apenas le quedaba chakra.

Y es que desde que se tomó la píldora del soldado, había usado una gran cantidad de explosiones para romper la barrera de los cuatro del sonido.

Había peleado contra multitud de chunins y jonins para ayudar a Kakashi y Guy durante cerca de diez minutos

Había recorrido los bosques de Konoha a toda velocidad cargando a Kiba, Akamaru y Deku, y además en un estado de máxima concentración para esquivar todos los obstáculos a la vez que seguía las direcciones de Kiba.

Había realizado uno de sus ataques más poderosos con Deku para matar a los que estaban torturando a Shikamaru.

Y ahora seguía persiguiendo el rastro de Sakura y Sasuke portando más de 80 kilos a su espalda (45 de Kiba, 5 de Akamaru y 30 de Deku) sin descansar un minuto.

—Mierda. ¿Como voy a ayudar a Sasuke y la frentona si apenas puedo mantenerme en pie?. ¿Es esto todo lo qué puedo hacer?—maldijo Bakugo para sí mismo, sintiéndose muy pesimista. Sintió un pinchazo de dolor que le recorrió todo el cuerpo.—Joder, y encima empiezo a sentir los efectos de la píldora de soldado.—abrió los ojos como platos. Y echó una mirada atrás para observar a Kiba.—Un momento ...—

Un halo de esperanza recorría el alma de Bakugo. Se dio cuenta de qué debía hacer.

—Cara de perro, dime qué te en tus bolsillos o en tu portakunais guardas alguna de esas píldoras que usasteis tu chucho y tú en nuestro combate.—dijo Bakugo, tratando de recobrar el aliento.

—¿Eh?—exclamó Kiba, confundido.—Tengo 3. —

—Perfecto.—mostró los dientes Bakugo , limpiándose el sudor y la herida de la frente

Pero si lo que estás pensando es que me tome una para obtener la fuerza extra necesaria para sustituirte y cargarte hasta el rastro de Sakura y Sasuke, olvídalo. No funcionará. Ya te he dicho que si corro me mareo. Y la conmoción cerebral que me causaste en el combate con ese puñetazo no se curará con una píldora del soldado. —explicó Kiba.

—¿Quién ha dicho que la píldora vaya a ser para ti, cara de perro?—dijo Bakugo

—Akamaru, aún con la píldora, no tiene la fuerza suf ...—Kiba fue interrumpido por el rubio ceniza

—Tampoco es para el chucho ...—Bakugo tendió la mano.—Dame una.—

—¿Eh?—

—¡Te he dicho que me des una, puto sordo!—rugió Bakugo, haciendo retroceder a Kiba.

—Está bien. —dijo Kiba algo asustado. Luego cogió una de su portakunais y se la entregó a Bakugo. Éste se la tragó al instante.—Recobrarás el chakra, incluso aumentará tu capacidad de chakra y resistencia, pero tardará un par de minutos en hacerte efecto. Pero no todo es bueno. En este tiempo que falta para hacerte efecto, te advertiré de los efectos secundarios ...—

—Ya conozco los efectos secundarios.—le interrumpió de nuevo el rubio ceniza.

—¿Cómo es qué los conoces?—Bakugo se quedó mirando a Kiba sin decir nada.—Un momento ...—Kiba, a pesar del miedo se acercó hasta estar a escasos centímetros del rubio.—Tus pupilas están dilatadas, pero aún no ha podido hacerte efecto la píldora. Eso quiere decir ... —abrió los ojos alarmado.—¡Qué ya te has tomado una, hoy! ¡A los ninjas, en caso de usarlas, solo se les permite tomarse una píldora a la semana! ¡Tomarse más trae consecuencias terribles! ¡Si te tomas más...!—

—Si te tomas más de una píldora semanal los daños internos ocasionan que tu esperanza de vida se reduzca.—completó la frase Bakugo.—Te dije que conocía los efectos secundarios.—

—Y aún sabiéndolo has decidido tomarte dos en un solo día. —dijo Kiba con la voz temblorosa.—Estás loco ...—

Bakugo recordó la conversación última con Kakashi: ¡No hagas ninguna locura, Bakugo! Haré las locuras necesarias para salvar a mis amigos, Hatake

—Puede que lo esté. —dijo Bakugo. Unos segundos después, por fin notó como el flujo de chakra volvía a recorrer todo su organismo con la fuerza de una cascada.—Ya ha hecho efecto. En marcha, no quiero perder más tiempo.—Bakugo agarró al incrédulo Kiba y lo puso en su espalda sin apenas esfuerzo.—¿Ahora, por dónde, cara de perro?—