—Entonces, ¿no vienes con nosotros a ver los fuegos artificiales este fin de semana? —preguntó Alya como quien no quiere la cosa.

—No, yo… no puedo salir —respondió Adrián—. Tengo clase de chino.

—¡Es una pena! Te echaremos mucho de menos, ¿verdad, Marinette? —respondió Alya, volviéndose hacia su amiga; ella desvió la mirada, un poco ruborizada—. Pero podemos hacer lo de la última vez. Con una videollamada…

—No hace falta, en serio —se apresuró a responder Adrián—. Te lo agradezco mucho, pero de verdad que voy a estar ocupado.

—Qué mal, tío —intervino Nino—. A ver si para el año que viene tu viejo se estira un poco y te deja salir, ¿no?

—Seguro que el año que viene será diferente —lo tranquilizó su amigo.

—Sí, y estaría bien que por una vez fuésemos los cuatro —añadió Alya—. Ya sabes… Nino y yo…, y tú y Marinette —insinuó.

—¡Alya! —protestó ella.

Dirigió a Adrián una mirada apurada, como pidiéndole disculpas por la indiscreción de su amiga, pero el chico negó con la cabeza con una sonrisa, dándole a entender que todo estaba bien.

No era exactamente culpa de Alya tampoco. Marinette no había llegado a contarle todo lo que había pasado entre ella y Adrián la tarde anterior. Y, por descontado, tampoco le había hablado de la visita de Cat Noir. Ni tenía la menor intención de hacerlo.

Se había acostumbrado a confiárselo todo a su mejor amiga, pero había entendido que, si quería que su acuerdo con Cat Noir funcionase sin ponerlos a ambos en peligro, debían guardar el secreto a toda costa.

Eso implicaba que, cuando le contara a Alya que había rechazado a Adrián —porque eso sí se lo diría, más pronto que tarde—, no tendría manera de hacerle comprender por qué lo había hecho. Por supuesto que lo quería todavía, en cierto modo. Y por supuesto que, cuando le había dicho que no podía estar con él, se debía a que tenía el corazón roto por Cat Noir y había decidido que lo mejor que podía hacer, por ella misma y por su misión, era renunciar por completo al amor hasta que su enemigo fuese derrotado.

Alya no lo comprendería. Seguiría intentando convencer a Marinette de que aceptara a Adrián, y el resto de sus amigos seguirían organizando planes locos para que ambos pudiesen estar juntos. Marinette, simplemente, no estaba en situación de explicarles por qué no podía ser.

Con la diferencia de que ahora, tras su intensa conversación con Cat Noir, su estado de ánimo había mejorado una barbaridad. Se había presentado en el colegio aquella mañana con una sonrisa que solo había desaparecido al cruzarse con Adrián y recordar de pronto que lo había rechazado la tarde anterior. Pero él parecía contento o, al menos, no especialmente deprimido. La había saludado con una tierna sonrisa, sin mencionar para nada su conversación ni presionarla de ninguna manera, como si simplemente fuesen buenos amigos y nada más, y ella se había relajado enseguida a su lado.

Naturalmente, al entrar en la clase juntos y de aparente buen humor, sus compañeros habían llegado a la conclusión equivocada. Marinette aún no había tenido la oportunidad de sacarlos de su error, pero Alya ya estaba planeando una doble cita, al parecer.

A nadie pareció sorprenderle que Adrián estuviera demasiado ocupado para ir a ver los fuegos artificiales con sus amigos. Pero a Marinette no le apetecía volver a ser la sujetavelas de Alya y Nino.

—Es posible que yo tampoco pueda ir, Alya —dijo—. Mis padres siempre tienen un montón de trabajo en la panadería por el 14 de julio. ¡Hay que hacer montones de macarons!

—Pero los fuegos artificiales son por la noche, Marinette —replicó ella con extrañeza—. La panadería está cerrada a esas horas.

—¡Pero hay que preparar los bollos, los pasteles y las baguettes para el día siguiente! Y no habrá habido tiempo de hacerlo durante el día porque… ¡estaremos muy ocupados!, jejeje —terminó con una risa nerviosa.

Alya se quedó mirándola, pensativa. Después echó un breve vistazo a Adrián, que contemplaba a Marinette con ojos tiernos… y creyó entender lo que pasaba.

—Muy bien, pues vosotros dos os pasaréis el 14 de julio cada uno en vuestra casa y sin veros para nada, ¿es así?

—Sí, exacto —respondieron los dos a la vez. Cruzaron una mirada y se echaron a reír.

—Claro —dejó escapar Alya, alzando una ceja con una sonrisa cómplice.

Marinette abrió la boca para asegurarle que lo que acababa de decir era estrictamente cierto. Pero se dio cuenta de que Adrián no parecía molesto en absoluto. Quizá no había captado la insinuación de Alya, o tal vez no le importara lo que ella pensara. En todo caso, se limitó a sacudir la cabeza y dejarlo pasar.


Después de clase, le contó a su amiga brevemente lo que había sucedido entre los dos la tarde anterior. Tal como había anticipado, a Alya le costó creerlo.

—¿Cómo que no estáis juntos? ¿Qué es eso de que lo has rechazado… por Cat Noir?

—¡Baja la voz! —la riñó Marinette—. No lo he rechazado por Cat Noir, no sé qué estás insinuando. Tengo el corazón roto por Cat Noir y no quiero más líos sentimentales, eso es todo.

—Pero… si has pasado un montón de tiempo enamorada de Adrián, y él ahora te corresponde. ¿Vas a dejarlo pasar sin más? —casi gritó Alya.

Marinette vaciló un breve instante. Pero se recordó a sí misma su misión como Ladybug y la promesa de un futuro junto a Cat Noir, y asintió con decisión.

—Tal vez simplemente no estemos destinados a estar juntos, Alya. Porque todo han sido problemas y malentendidos entre nosotros desde el principio. Nunca hemos estado enamorados al mismo tiempo, y eso quiere decir algo, ¿no? Quizá, con el tiempo, las cosas lleguen a funcionar entre nosotros de manera natural. Pero ahora no es el momento.

Alya bajó la cabeza, pensativa.

—Entiendo. Pero ¿y si pierdes definitivamente tu oportunidad con Adrián por no querer aprovecharla ahora?

El corazón de Marinette dejó de latir un breve instante.

—Correré el riesgo —se limitó a contestar.

Alya no podía comprender que, si había una oportunidad que no podía dejar pasar, era la de ser correspondida un día por Cat Noir. Adrián era el chico de sus sueños, pero su relación no podía igualar todo lo que había vivido junto a su compañero enmascarado. Si tenía que apostarlo todo a una sola carta, quería que fuese la suya. Aunque las posibilidades de vencer fueran mucho menores.

Alya quería seguir hablando del tema, pero Marinette se despidió de ella con cualquier excusa y volvió a casa corriendo.

Ya en su habitación, subió a la terraza y se apresuró a levantar uno de los maceteros para mirar debajo. El corazón se le aceleró al encontrar allí una nota doblada. Miró a su alrededor para asegurarse de que estaba sola y la tomó con dedos ligeramente temblorosos.

Aquel era el método de comunicación que había acordado con Cat Noir. Dado que no podían intercambiar los números de móvil ni los emails por seguridad, y tampoco era conveniente que los viesen juntos, habían escogido aquella maceta en concreto, que estaba en un rincón de la terraza y no se veía desde la calle, como «buzón de mensajes». Cat Noir ni siquiera tenía que detenerse mucho en el balcón para dejar allí cualquier nota. Y Marinette podía verla más tarde, sin necesidad de que ambos coincidieran.

La leyó con una sonrisa de oreja a oreja:

«¿Te apetecería ir a ver los fuegos artificiales este viernes con un buen amigo?», decía solamente.

No estaba firmada, porque no era necesario.

Marinette sonrió todavía más, con el corazón vibrante de emoción. Se apresuró a volver a entrar en su habitación. Resistió la tentación de conservar la nota para guardarla en su diario, y la rompió minuciosamente en pedacitos minúsculos que arrojó después a la papelera. Tomó un papel diferente para escribir su respuesta: «22:00», decía solamente. Dado que el espectáculo pirotécnico comenzaba a las once de la noche, supuso que eso les daría margen para encontrar un buen sitio desde el que contemplarlo y charlar un rato mientras esperaban. Tal vez ¿por qué no?, bien abrazados, para no enfriarse.

Marinette se sonrojó y sacudió la cabeza. «Solo somos amigos», se recordó a sí misma. Pero los amigos podían abrazarse, ¿verdad? ¿Y acurrucarse el uno junto al otro si hacía frío?

Bueno, eso quizá estaría un poco en los límites de lo «amistoso», tal vez. «Quizá los amigos que se conocen de muchos años y tienen mucha confianza sí podrían hacerlo», pensó ella. «Como Cat Noir y Ladybug».

Pero la noche de su próxima cita serían solo Cat Noir y Marinette.

—No es una cita —se recordó en voz alta con firmeza.

Tikki, que la había estado observando con curiosidad, alzó la cabeza para preguntarle:

—¿Vas a ir a ver los fuegos artificiales con Cat Noir, Marinette?

—¡Sí! —respondió ella con una sonrisa resplandeciente—. ¡Pero es un secreto! Y vamos solo como amigos.

—¿Y no podríais hacer lo mismo… como Cat Noir y Ladybug? —siguió preguntando el kwami—. Quiero decir… ¿no será peligroso que pases tiempo con él como Marinette? ¿Y si él termina por darse cuenta de que eres Ladybug?

Ella se rio.

—No creo que eso pase, Tikki. Después de todo, ni mis propios padres han descubierto que soy Ladybug.

—Pero ellos no conocen realmente a Ladybug. Mientras que Cat Noir sí que te conoce bien bajo tu otra identidad. Si se hace amigo tuyo… como Marinette… ¿no crees que acabará por atar cabos?

—Tendremos mucho cuidado, Tikki —le prometió ella.

Pero había varias razones por las cuales no podían hacer aquello como superhéroes. La primera era que Marinette no estaba segura de que su compañero aceptase una invitación de parte de Ladybug. No solo porque era obvio que era Marinette la persona con quien quería pasar la noche, sino también porque había estado evitando a la superheroína en los últimos tiempos. Todo estaba bien entre los dos, hasta donde ella sabía. No obstante, Cat Noir parecía querer limitar el tiempo que pasaba con Ladybug a su tarea como superhéroes y nada más.

Y porque, después de todo, si él se había enamorado de Marinette, ella quería mantener viva aquella llama. Aunque fuera peligroso en cierto modo, le parecía más sencillo que tratar de reconquistarlo como Ladybug. Entre otras cosas, porque ya no tenía valor para confesarle que la misma chica que lo había rechazado tantas veces estaba ahora perdidamente enamorada de él. Sentía que Cat Noir había sufrido tanto por Ladybug que ella ya no tenía derecho a esperar nada de él.

Algún día tendría que revelarle su identidad, sin embargo. Pero aún faltaba mucho tiempo para eso, y esperaba que las heridas de Cat Noir ya hubiesen sanado para entonces.

Salió de nuevo al balcón para colocar su nota bajo la maceta. Se sintió tentada de esperar por allí hasta que Cat Noir llegase a recogerla, cosa que, supuso, no tardaría en hacer, pues estaría pendiente de la respuesta de Marinette. Pero inspiró hondo y dio media vuelta para volver a entrar en la habitación, sin mirar atrás.

Bajó después a la panadería para saludar a sus padres. Estuvo un rato con ellos y, cuando volvió a subir para hacer los deberes, aprovechó para salir al balcón nuevamente.

Le bastó un rápido vistazo bajo la maceta para comprobar que su nota ya no estaba. Pero Cat Noir no había dejado ninguna otra en su lugar.

—Supongo que eso es un «sí» —murmuró, un poco desconcertada.


Pasó el resto de la semana entre inquieta y emocionada, ilusionada ante la perspectiva de poder pasar un rato a solas con Cat Noir y preocupada ante la posibilidad que él cambiase de idea en cualquier momento, como cuando había decidido unilateralmente que ellos dos no podían estar juntos… justo después de besarla. Pero no halló más notas bajo la maceta y, puesto que daba por sentado que el superhéroe no cancelaría su cita sin avisar, supuso que se presentaría sin falta a la hora acordada.

A lo largo de la semana tuvieron un par de alertas akuma, y Ladybug tuvo la oportunidad de reunirse con Cat Noir para enfrentarse al villano de turno. Nada demasiado complicado en ninguno de los casos, entre otras cosas porque el superhéroe estaba en su mejor momento, y a su compañera también le costaba menos centrarse ahora que había encontrado una manera de expresar su afecto por él.

El mismo viernes, que era festivo debido a las celebraciones del 14 de julio, un villano se dedicó a sembrar el caos en el desfile que avanzaba por los Campos Elíseos. Ni Ladybug ni Cat Noir estaban dispuestos a que Monarca les estropeara su gran día, por lo que se aseguraron de derrotarlo cuanto antes para que el alcalde no cancelara los fuegos artificiales en un ataque de pánico.

Marinette se apresuró a regresar a la panadería justo después. Lo que le había dicho a Alya para escaquearse de quedar con ella y con Nino era una media verdad. No tenía problema en salir por la noche, pero era cierto que sus padres tenían mucho trabajo ese día. Los ayudó a atender a los clientes hasta la hora de cerrar y, cuando se despidió de ellos, su madre le dijo:

—¿Vas a ir a ver los fuegos artificiales con tus amigos esta noche? Llévate una caja de macarons para compartirlos con ellos.

—Gracias, mamá, pero no voy a salir esta noche, estoy muy cansada. Sin embargo… —se le ocurrió de pronto—, ¿puedo llevarme la caja de todas maneras?

Sus padres cruzaron una mirada.

—¿Una caja para ti sola? A ver si te van a sentar mal… —dijo Sabine.

—Los racionaré, te lo prometo.

—Últimamente te has vuelto mucho más golosa. Está bien que hagas aprecio a nuestros dulces, pero no hay que abusar. También tienes que cuidar tus dientes…

—Lo haré, mamá —prometió Marinette, un poco mortificada. En realidad, era Tikki la culpable de que en los últimos meses hubiese tenido que asaltar las reservas de galletas y macarons de sus padres, pero eso era algo que no podía contarles.

Subió las escaleras dando saltitos, con la caja de macarons entre las manos. Se preguntó si sería apropiado llevarlos a su cita con Cat Noir. Como había compartido macarons con sus amigos en otras ocasiones, llegó a la conclusión de que sería probablemente una buena idea, y su gatito, que era casi tan goloso como Tikki, lo agradecería.


Cat Noir entró por la ventana de su cuarto en la mansión Agreste y se destransformó nada más caer al suelo.

—¡Otra misión cumplida con éxito, Plagg! —exclamó, de buen humor—. Y ahora, ¡a prepararse para nuestra cita con Marinette!

El kwami suspiró teatralmente.

—¿Estás seguro de que es una buena idea?

—Lo ideal sería poder salir con ella como Adrián, es verdad —admitió el chico—. Pero fui demasiado obtuso como para darme cuenta de que le gustaba, y luego encima me las arreglé para conquistarla también como Cat Noir, así que supongo que no hay mucho que pueda hacer al respecto… sin romperle otra vez el corazón, quiero decir. Además, oficialmente somos solo amigos. Vamos a ir a ver los fuegos artificiales y ya está.

—Vale, lo que tú digas. Pero, si al final…

Plagg no terminó la frase. El móvil de Adrián sonó de pronto, y el chico se apresuró a atender la llamada.

Era Nathalie.

—Adrián, ¿dónde estás? Ha habido una alerta akuma en los Campos Elíseos y tu guardaespaldas te ha perdido de vista.

Adrián se sintió culpable por el Gorila. Si seguía dándole esquinazo para transformarse cada vez que había una alerta akuma, su padre acabaría por despedirlo.

—Es que había mucha gente y nos hemos separado… Pero ya estoy en casa, Nathalie. Acabo de llegar.

—¿Ah, sí? Acércate a verme, entonces. Me gustaría hablar contigo.

Momentos después, Adrián entraba en la habitación de Nathalie. La mayor parte de las veces, ella estaba activa y caminaba sin problemas con la prótesis que le había proporcionado la madre de Kagami, pero en otras ocasiones se sentía demasiado cansada como para levantarse de la cama y trabajaba desde allí.

Aquel era uno de esos días. Adrián se sentó a su lado y la saludó con una sonrisa.

—Hola, Nathalie. ¿Qué es lo que pasa?

—Nada en particular —respondió ella, sonriendo también—. Es solo que he estado pensando que hace tiempo que no hablamos. ¿Cómo te va con esa chica que te gustaba? ¿Marinette?

Adrián se ruborizó y se frotó la nuca con una tímida sonrisa.

—Bien…, nos llevamos muy bien ahora. Hemos estado hablando.

—¿Sí? Te he visto muy contento estos días. ¿Le has dicho lo que sientes por ella?

—Sí, pero… En fin…

—¿No ha salido bien? —preguntó Nathalie con tacto. No quería presionar a Adrián, pero estaba muy pendiente de sus respuestas.

Adrián hizo una pausa, preguntándose hasta dónde podía contarle.

—Al parecer, ella estuvo enamorada de mí, hace tiempo —dijo con precaución—. Ahora ya no, pero… no he perdido la esperanza de volver a gustarle algún día. —Nathalie no dijo nada. Siguió prestándole atención con una sonrisa comprensiva, y Adrián sintió el impulso de seguir hablando—. Tuvimos una conversación muy sincera el otro día, y aclaramos muchas cosas. Y pude decirle lo que sentía, y ella… en fin, no se lo tomó demasiado mal. Ahora somos muy buenos amigos. Y podemos hablar de cualquier cosa, así que…

Nathalie inclinó la cabeza, pensativa.

—Comprendo —murmuró—. ¿Sabes si hay otro chico? Es posible que se haya enamorado otra vez.

—No, no, ella no está con nadie ahora mismo —se apresuró a aclarar Adrián—, y por eso tengo esperanzas. Creo que está un poco escarmentada del amor, y quiere tomarse un respiro.

—Comprendo —repitió Nathalie.

Frunció el ceño, reflexionando. Naturalmente, si Marinette estuviese enamorada de Cat Noir, no se lo contaría a Adrián ni a nadie más. O quizá sí, y el chico simplemente estaba siendo discreto al respecto.

—Bueno —concluyó al fin, colocando una mano sobre el hombro de Adrián, con una sonrisa—, parece que te lo has tomado bastante bien, ¿no?

—Sí, porque no me he rendido todavía —respondió él, animado—. Ella estaba enamorada de mí, ¿puedes creerlo? Pero nunca se atrevió a decírmelo. Ahora que hemos hablado al respecto y tenemos las cosas claras, quizá vuelva a mirarme de la misma manera, ¿no?

—Claro que sí —lo alentó Nathalie, aún sonriendo.

Se puso seria, sin embargo, en cuanto Adrián abandonó la habitación. Llamó entonces a Gabriel a través de su anillo Alliance.

—¿Alguna novedad? —preguntó él.

—Acabo de hablar con Adrián. Me ha contado que Marinette no sale con nadie ahora mismo. Que no está enamorada, ni de él, ni de ninguna otra persona.

Su jefe dejó escapar una carcajada.

—Por favor, tiene catorce años. Por supuesto que está enamorada —dijo con desprecio.

Nathalie apretó los dientes, pero no dijo nada.

—¿Y qué hay de Cat Noir? ¿Lo has visto cerca de la casa de los Dupain Cheng?

—Por ahora solo ha pasado por allí un par de veces de forma casual, cuando estaba de patrulla. Pero no se le ha visto por la panadería ni en el balcón de Marinette.

—Sigue vigilando la casa. Cuando estuve a punto de akumatizar a Marinette el otro día noté un gran dolor y frustración en ella. Pero esas emociones negativas han desaparecido, y me niego a pensar que haya olvidado a Cat Noir tan deprisa. Algo pasa, Nathalie.

Ella estaba de acuerdo.

—El comportamiento de Ladybug y Cat Noir así parece sugerirlo, Gabriel. Ya es muy evidente que él ha dejado de cortejarla. Incluso las webs de cotilleos lo han comentado.

—Interesante.

—Encontraremos su punto débil —le prometió ella—. Y a través de él, llegaremos también hasta Ladybug.

«No nos queda mucho tiempo», pensó.


—Entonces, ¿qué me pongo? —se preguntó Marinette, muy nerviosa—. ¿Me visto para la ocasión o llevo ropa normal?

—Yo creo que deberías vestirte como cuando quedas con tus amigos, Marinette —aconsejó Tikki.

—Sí, claro, eso suena lógico. No hace falta ponerse de punta en blanco para ver a Cat Noir, jajaja. ¡Ya sé! ¡Puedo ir en pijama! Como cuando… —se interrumpió. De pronto no le parecía buena idea llevar la misma ropa que la noche de su cita romántica truncada, cuando ambos se habían besado—. No, mejor no —decidió—. Aunque, si llevo la ropa de siempre, corro en riesgo de que alguien me reconozca… ¿No tendría que ir disfrazada? ¿Con bigote y con el pelo recogido? ¡Puedo ser Marino otra vez!

Tikki se quedó mirándola con cierta perplejidad.

—Sería muy extraño —reconoció Marinette—. Sin embargo…

Se le había ocurrido una idea. Rebuscó en su armario hasta encontrar unos pantalones negros y una sudadera con capucha del mismo color. Era ropa cómoda y muy discreta.

—Alya se convirtió en Rena Furtiva cuando no quería que nadie la viese —le explicó a Tikki—. Y su traje cambió de color. Como nosotros vamos a salir de noche, he pensado que iré mejor camuflada si voy de negro. Como Cat Noir —añadió de pronto—. No es que me vaya a vestir para ir a juego con él —se apresuró a aclarar—. Es solo por razones prácticas. Y por prudencia.

—Me parece bien, Marinette, pero si no te das prisa, llegarás tarde. ¡Son casi las once!

—¡Ay, no!

Marinette se cambió de ropa a toda prisa y se miró en el espejo por última vez. Pensó en dejarse el pelo suelto, pero enseguida cambió de idea. «Es más práctico llevarlo recogido», se recordó.

Echó un vistazo a la caja de los macarons para asegurarse de que no la olvidaba. Y justo entonces oyó unos suaves golpes en el cristal de la ventana.


NOTA: Aunque no lo parezca, sí que tengo una trama pensada. Avanzaré despacio porque voy a tener bastante trabajo estos meses, pero esta historia va a seguir. Vaya que si va a seguir.

NOTA 2: ¡Felices fiestas a todo el mundo! :)