Ladybug se había encaramado a lo alto de una chimenea y miraba a su alrededor angustiada, en busca de Cat Noir. Su rostro se iluminó con una amplia sonrisa cuando oyó la voz de su compañero tras ella.
—¡Milady!
—¡Gatito! —exclamó.
Saltó de la chimenea para reunirse con él sobre el tejado. Los dos se miraron un momento con emoción contenida y se fundieron en un fuerte abrazo.
—Estaba tan preocupada por ti… —suspiró ella.
—Yo también —murmuró él—. París es muy peligroso estos días, aunque cuentes con superpoderes.
—Tikki dice que hay un villano akumatizado, pero yo no lo he visto —dijo Ladybug, alzando la cabeza para mirarlo.
Cat Noir abrió mucho los ojos.
—¿De verdad? En ese caso, no tenemos tiempo que perder: hay que encontrar un lugar seguro para que puedas esconderte hasta que pase el peligro.
—¿Cómo dices? —se indignó Ladybug—. ¿Esconderme, yo? ¡Eres tú el que siempre se arriesga de forma estúpida! Y si crees que voy a permitir que te lances de cabeza al peligro sin pensarlo dos veces, como de costumbre, mientras yo me quedo a salvo, mirando… ¡estás muy equivocado!
—¡Pero tengo que protegerte! —protestó él—. Ese es mi trabajo: ser tu escudo para que puedas purificar el akuma y salvar el día al final, ¿no?
—Oh, ¿de verdad? ¿Y cómo esperas que derrote al villano si tengo que vigilar que tú no cometas ninguna estupidez?
—¿Y qué más da si lo hago? Lo importante es que tú estés a salvo, y de todas formas me traerás de vuelta después, ¿verdad?
Irritada, Ladybug clavó el dedo índice en el pecho de su compañero.
—¿Ves? ¡Ese es el problema, que tú das por hecho que siempre podré traerte de vuelta! ¡Y no se te ocurre pensar que, si fallo…, si caigo en la pelea, te perderé para siempre! Y esa idea me vuelve loca de preocupación. ¿Por qué no eres capaz de entenderlo?
Cat Noir se cruzó de brazos.
—Soy capaz de entenderlo, pero no lo acepto. Me da igual lo que me pase a mí. Lo único que me importa es que tú estés bien.
—¡Pero es que no puedo estar bien sin ti! —casi gritó ella.
—Ah, qué bonita pelea de enamorados —canturreó entonces una voz por encima de ellos.
Los superhéroes se sobresaltaron y se dieron la vuelta al instante. En lo alto de la chimenea a la que se había encaramado Ladybug momentos antes había una joven vestida de hada de cuento, con alas transparentes a su espalda, vestido vaporoso y un alto sombrero cónico en lo alto de la cabeza. Su rostro estaba oculto tras una centelleante máscara plateada, y blandía una varita con la que los apuntaba, amenazante.
—Tú… no eres Manon —murmuró Cat Noir, evocando a la Marionetista, otra hada siniestra a la que se habían enfrentado tiempo atrás.
—¡Soy Ever After! —chilló ella—. Y mi misión consiste en reunir a las parejas de amantes para que sean felices para siempre y coman perdices. ¡Para ello acabaré con todas las mentiras que les impiden estar juntos, y sus verdaderos sentimientos saldrán a la luz!
—Pero si nosotros… no estamos enamorados —tartamudeó el chico, confuso.
—Oh, pues es una lástima. Porque en ese caso… ¡os transformaré en sapos! —proclamó, alzando la varita.
Ladybug saltó de inmediato ante Cat Noir, usando su yoyó como escudo, para protegerlo de la amenaza.
—¿Qué estás haciendo? —soltó él, perplejo.
—Es evidente que no voy a permitir que te ponga un solo dedo encima —replicó ella—. ¡Vamos, corre a esconderte! Yo la distraeré.
—¿Qué? ¡De ninguna manera! Yo…
No tuvo ocasión de finalizar la frase. Ever After agitó su varita y lanzó una salva de rayos mágicos hacia ellos. Ladybug los detuvo todos con su yoyó, manteniéndose delante de Cat Noir para protegerlo.
—¿Quieres dejar de hacer eso? —protestó él—. ¡Estoy aquí para luchar a tu lado, no para esconderme detrás de ti!
—¡Oh, no, ni en broma! Voy a mantenerte a salvo aunque sea lo último que haga, ¿me has entendido?
—¡No vas a dejarme al margen otra vez!
—¡Si es lo que debo hacer para protegerte, lo haré!
—¡Silencio ya, los dos! —gritó Ever After, frustrada porque Ladybug seguía rechazando todos los rayos transformadores que le lanzaba—. Ya veo que queréis hacer las cosas a la manera difícil. ¡Influencia! —gritó, y en la punta de su varita se formó una enorme bola de energía.
—¡No! —murmuró Ladybug.
Ever After volteó la varita y arrojó contra ellos la energía acumulada. La violencia del impacto desbarató el escudo de Ladybug y los lanzó a ambos hacia atrás. Ladybug se vio cayendo de espaldas desde lo alto del tejado…
…Pero Cat Noir la recogió al vuelo y se la llevó de allí.
—¿Qué haces? —preguntó ella al ver que se alejaban de la villana—. ¡La batalla es en otra parte!
—Voy a ponerte a salvo, lo quieras o no —replicó él.
Ladybug se debatió entre sus brazos, pero él la sostenía con fuerza. Solo la soltó cuando ambos aterrizaron en un callejón, lejos de la villana. Ella se dio cuenta de que aquel era el mismo lugar en el que se había escondido con Adrián como Marinette, pero en aquel momento toda su atención estaba puesta en Cat Noir.
—Aquí estarás a salvo —estaba diciendo él—. Yo derrotaré a Ever After y luego tú podrás arreglar todo lo que haya destrozado.
—¿Qué? Pero ¿y el akuma?
—Lo destruiré con un Cataclysm, eso no es problema.
—¡Pero te puede convertir en sapo! Y Monarca le ha dado también el poder del Tigre, ¿no lo has visto? ¡Ni siquiera tu supertraje te hace invulnerable ante sus golpes!
—¡No me importa!
—¡Pero a mí sí me importa, gato cabezota! —gritó ella—. Porque te quiero y no soporto que te hagan daño, ¿por qué no eres capaz de entenderlo?
Él iba a replicar, pero se quedó perplejo de pronto ante aquella revelación.
—¿Me… quieres? —repitió, anonadado.
Ladybug estaba a punto de llorar de frustración.
—¡Por supuesto que sí! Y sé que tú ya no sientes lo mismo por mí, pero eso no impide que me preocupe, ¿sabes? Y que sufra cada vez que te hacen daño. Si no vas a dejar que te proteja, al menos no intentes impedir que pelee a tu lado.
—Pero es que yo también te quiero —murmuró Cat Noir—. Muchísimo. Y haría cualquier cosa por protegerte. Daría mi vida por ti. —Pestañeó, aún un poco confundido—. Ya lo he hecho varias veces, en realidad, pero no me arrepiento. Volvería a hacerlo mil veces más.
Ladybug ahogó un sollozo de emoción y se lanzó a sus brazos. Él la abrazó con fuerza.
—Te quiero —susurró ella. Qué bien sentaba poder decirlo por fin—. Te quiero —repitió, por si no había quedado claro.
—Te quiero —respondió él, sonriendo.
Ladybug le tomó el rostro entre las manos y lo besó en los labios. Cat Noir cerró los ojos y le devolvió el beso.
Y a pesar de todo el amor reprimido que habían estado acumulado los dos durante tanto tiempo, fue un beso mucho más tierno y dulce que pasional, como si ambos hubiesen recorrido un largo camino por separado, sabiendo de antemano que tarde o temprano acabarían por reunirse. Como si aquel fuese el único final posible, y los dos lo hubiesen sabido desde el principio.
Se abrazaron con fuerza, temblando. Ladybug apoyó la cabeza en el pecho de su compañero.
—¿Qué vamos a hacer ahora? —preguntó entonces, preocupada—. Si estamos enamorados y Monarca lo descubre, se aprovechará de ello para atacarnos.
—Podríamos renunciar a nuestros prodigios —sugirió entonces Cat Noir—. Buscar a otros portadores para que peleen contra él. Así podríamos ser… nosotros mismos. Y estar juntos.
Ladybug reflexionó. Sí, aquello era exactamente lo que había sugerido Heladiador, la noche en que había salido con Cat Noir como Marinette, y ambos habían descubierto que se gustaban, pero que su historia de amor tenía que terminar antes de comenzar.
No la inquietaba el hecho de que su compañero albergase sentimientos hacia Marinette también, porque ambas eran la misma persona. Si renunciaban a sus prodigios, por otra parte, podría revelarle su identidad por fin, y aquello ya no suponfría ningún conflicto para Cat Noir.
—También podemos darle los prodigios a Ever After y acabar con todo esto ya mismo —estaba diciendo Cat Noir—. Porque lo de encontrar otros portadores llevará tiempo, y mientras tanto tendremos que seguir peleando, y tú te pondrás en peligro…
—Es una gran idea —aprobó Ladybug—: Nos rendimos, entregamos los prodigios y podremos estar juntos y ser felices para siempre…
—Para siempre —coreó Cat Noir, con una amplia sonrisa.
«Para siempre…, para siempre…», resonó su voz en la mente de Ladybug, como un eco ominoso. Había algo que no terminaba de cuadrar. Todo aquel plan parecía demasiado sencillo y perfecto como para ser real.
Y demasiado conveniente para todos… y en especial para Monarca.
Y lo entendió.
Se separó de Cat Noir y lo miró a los ojos, angustiada.
—Oh, no, gatito —murmuró—. ¡Creo que nos ha vuelto a pasar: estamos bajo la influencia de un akuma!
Él frunció el ceño, sin entender.
—¿Qué? ¿Quieres decir que nada de esto es… real?
Ladybug miró a su alrededor. Ya no había nadie por las calles, porque todos se habían reunido con sus respectivas parejas para buscar un refugio seguro. Y los que no amaban a nadie o mentían acerca de sus sentimientos… habían sido transformados en sapos, que croaban y saltaban de un lado para otro, muy confundidos.
—Es real —respondió ella, despacio—. Creo que lo que sentimos el uno por el otro… es real. —No tenía ningún sentido negarlo a aquellas alturas—. Pero no estamos actuando con sensatez ahora mismo. Si el poder de Ever After consiste en reunir a las personas que se aman…, entonces nosotros…
No terminó la frase, pero Cat Noir asintió, comprendiendo.
—…Si nos amamos, lo único que querremos es estar juntos, y nos olvidaremos de los prodigios, y de pelear contra Monarca.
Ladybug suspiró.
—Pero es que lo único que deseo ahora mismo es estar contigo. Estoy cansada de luchar, de las responsabilidades, de tener que negar mis sentimientos una y otra vez. La única razón por la que sigo siendo Ladybug y no he renunciado todavía es porque tú sigues a mi lado.
—Milady… —susurró él, conmovido.
Ella se refugió entre sus brazos, y él la estrechó de buena gana.
—Si peleamos ahora y derrotamos a Ever After —dijo entonces Cat Noir—, ¿dejaremos de querernos después?
Era una pregunta lógica, y Ladybug comprendió que estaba recordando su experiencia con Darker Owl. Reflexionó.
—No lo creo —respondió por fin—. Pero volveremos a comportarnos con sensatez, supongo.
—Y eso significa… que renunciaremos a nuestros sentimientos por el bien de nuestra misión —completó él, apenado.
—Sí —susurró ella—. Y también es posible que todo lo que hemos hablado ahora… lo olvidemos después.
Cat Noir suspiró con resignación.
—Probablemente eso sea mejor que recordarlo y fingir que todo esto no ha pasado, supongo.
Ladybug alzó la cabeza para mirarlo. Y vio una profunda tristeza en sus extraordinarios ojos verdes, pero también un cariño tan intenso que la dejó sin respiración.
—Estoy preparado —dijo él—. Para renunciar a ti una vez más.
Los ojos de Ladybug se llenaron de lágrimas.
—Oh, gatito —musitó—. Definitivamente, no te merezco.
—No digas eso —sonrió él—. Sabes que mi corazón siempre será tuyo, de una manera o de otra.
Ella le devolvió la sonrisa. Se puso de puntillas para alcanzar sus labios, y ambos se besaron de nuevo, sabiendo, esta vez sí, que se trataba de otro beso de despedida.
—Bien, bien, bien —oyeron entonces la voz de Ever After por encima de ellos—. ¿Quién iba a decirlo? Al final resultará que no tengo que transformaros en sapos, después de todo.
«Esto… no es lo que esperaba», susurró la voz de Monarca en la mente de la villana. «Pero resulta de lo más interesante».
Cat Noir se separó de Ladybug con un grito de rabia.
—Estoy cansado de que juegues con nuestros sentimientos. ¿Me has oído, Monarca? ¡Esto se va a acabar, aquí y ahora! ¡Cataclysm!
—¡Cat Noir, no! —gritó Ladybug.
Pero él no la escuchó. Se abalanzó sobre Ever After, que trató de defenderse disparando rayos transformadores desde su varita. Sin embargo, aunque todos ellos lo alcanzaron, ninguno tuvo el menor efecto sobre el superhéroe.
Ella esquivó a duras penas el ataque de Cat Noir.
—¿Quieres jugar duro? Me parece bien —masculló entre dientes—. ¡Influencia!
Ladybug se arrojó sobre su compañero y lo apartó de la trayectoria de la explosión. Los dos rodaron por el suelo. Cat Noir se incorporó, aturdido, y echó un vistazo a su mano, todavía cargada con el poder del Cataclysm.
Ladybug se puso en pie, hirviendo de ira.
—¡No te atrevas a tocarle un solo bigote! —gritó—. ¡Lucky Charm!
Se encontró con una escoba entre las manos. Habría preferido algo más contundente en aquel momento, como una granada de mano o una ametralladora. Pero tendría que servir. Cruzó una mirada decidida con Cat Noir y ambos asintieron a la vez.
Después de aquello, Ever After ya no tuvo nada que hacer.
Cuando las mariquitas mágicas recorrieron París y todo regresó a la normalidad, incluyendo los sapos, que volvieron a ser personas, Ladybug y Cat Noir descubrieron que no habían olvidado lo sucedido, después de todo. Tras ser desakumatizada, Mélanie recibió una llamada de un tal Didier. Pero, ante la mirada sorprendida de los superhéroes, ella se limitó a rechazarla y a borrar el contacto de su Alliance.
—No siempre conseguimos nuestro final feliz de cuento de hadas, ¿verdad? —les dijo con una triste sonrisa.
Ladybug y Cat Noir cruzaron una rápida mirada, pero apartaron la vista de inmediato, ruborizados. La superheroína trató de consolar a Mélanie como siempre hacía con los akumatizados, le entregó uno de sus amuletos de protección y la despidió con una sonrisa comprensiva.
—Yo… me tengo que marchar —dijo entonces Cat Noir, incómodo—. Estoy… estoy a punto de transformarme.
A Ladybug le quedaban solo un par de minutos también pero, aún así, lo detuvo:
—¡Espera! Tenemos que hablar de esto. —Inspiró hondo. Podían fingir que no había pasado nada entre ellos, pero sabía por experiencia que solo les traería angustia y sufrimiento a los dos—. ¿Podemos vernos esta tarde… donde siempre, a la hora de siempre?
Él le dedicó una suave sonrisa.
—Claro. Hasta entonces, milady.
Desplegó su bastón y se alejó, saltando entre los tejados. Con una extraña angustia en el corazón, Ladybug lanzó su yoyó y se fue en dirección contraria.
Llegó a su casa justo cuando ya volvía a transformarse en Marinette y se dejó caer sobre la cama con un suspiro.
—Marinette, ¿estás bien?—le preguntó Tikki.
Ella le tendió una galleta, sonriendo con tristeza.
—No, Tikki —respondió—. Es todo un desastre. No tenía que haberle declarado mi amor a Cat Noir, eso solo complicará las cosas entre los dos. Además…, él ha dicho que todavía me quiere como Ladybug. ¿Crees que eso es posible?
—No lo sé, Marinette —respondió el kwami con prudencia.
—Aquella noche, cuando lo del heladero —rememoró ella—, me dijo que había dejado de amar a Ladybug porque era una carga demasiado pesada. Y porque… —evocó la frase exacta— «le hacía comportarse de la peor de las maneras». Como me pasa a mí con Adrián, ¿no? Pero eso no significa que yo ya no le quiera, solo… que he renunciado a mi amor por él. Por todo esto, y también por Cat Noir, y… —Se detuvo de pronto, porque acababa de acordarse de lo que había sucedido entre ella y Adrián cuando estaban bajo la influencia de Ever After—. Oh, no —murmuró horrorizada—. ¡Le he dicho que le quiero!
—Sí —asintió Tikki—. Y también os habéis besado. Dos veces.
Marinette se ruborizó.
—No, no me refiero a Cat Noir, sino… ¡a Adrián! Oh, no, Tikki, ¡es una catástrofe! ¿Qué voy a hacer ahora? ¿Cómo se lo voy a explicar? ¿Y qué va a pensar Cat Noir de mí si se entera?
El kwami no respondió, pero suspiró con resignación.
