Marinette no se atrevió a comunicarse con Adrián en todo el fin de semana, porque no sabía cómo abordar el incómodo asunto de las cosas que se habían dicho bajo la influencia de Ever After. Él tampoco la llamó, ni le envió ningún mensaje, para alivio de la chica. Aunque eso suponía que tendrían que hablar del tema en persona, cuando se vieran en el colegio.
Había aclarado las cosas dos veces con Cat Noir, como Ladybug y como Marinette, y todo había sido sorprendentemente sencillo. Pero, aunque había mejorado mucho su comunicación con Adrián en los últimos tiempos, aún le costaba expresarse con fluidez ante él. Y además, ambos habían descubierto que ella todavía estaba enamorada de él, a pesar de todo.
«Con un poco de suerte, no lo mencionará», se dijo a sí misma para animarse el lunes por la mañana, mientras caminaba hacia el colegio. Aunque quizá debería ser ella quien sacara el tema a colación, pensó de pronto. Después de todo, él le había confesado su amor hacía tiempo, y ella lo había rechazado. Si las cosas habían cambiado…, o incluso si no lo habían hecho…, él merecía saberlo, ¿verdad?
Iba tan distraída que apenas se fijaba en lo que sucedía a su alrededor. Y acabó, cómo no, chocando contra Adrián una vez más.
—¡Ay! —exclamó—. ¡Lo siento mucho!
Él la sostuvo con gentileza para que no cayera al suelo.
—Marinette, ¿estás bien?
—¡A-Adrián! Sí, estoy perfectamente, en realidad lo he hecho a propósito… ¡quiero decir…! No he chocado a propósito contra ti, es solo que te estaba buscando…, o sea, estaba pensando en que tenía que hablar contigo… y aquí estás, jeje —concluyó con una risa nerviosa.
Él ladeó la cabeza y la miró con curiosidad.
—¿Querías… hablar conmigo?
Ella se dio cuenta de pronto de que ya no estaba simplemente pensando en voz alta: acababa de compartir sus tribulaciones con el Adrián de carne y hueso. Se sintió tentada de responder cualquier cosa para eludir una conversación incómoda, pero optó por enfrentarse al asunto de una vez por todas. Inspiró hondo.
—Sí, verás…, sobre lo que pasó el viernes…, cuando fuimos afectados por…, el akuma…
No fue capaz de continuar. Se había puesto colorada y no se atrevía a mirarlo a los ojos.
Pero Adrián sonrió con simpatía.
—Ah, eso… No le des importancia, Marinette —respondió—. Todos hacemos cosas raras cuando estamos bajo el poder de un villano akumatizado. Es algo que no se puede evitar.
Ella alzó la cabeza con sorpresa.
—¿Tú crees? Entonces, ¿no te molesta que te dijera…?
Él negó con la cabeza.
—Si algún día tienes algo importante que decirme…, esperaré a que lo hagas… siendo tú misma. Y no voy a tomarme a pecho nada de lo que dijiste o hiciste entonces. Salvo que fuese algo que habrías hecho o dicho también en circunstancias normales, no sé si me explico.
Marinette sonrió, muy aliviada.
—Comprendo. Muchas gracias, Adrián.
La sonrisa de él se hizo más amplia.
—Para eso estamos, Marinette.
Entraron juntos en el colegio, aún sonriendo. Ella se sentía muy agradecida hacia su amigo por ser tan comprensivo.
Hasta un buen rato más tarde no terminó de asimilar lo que significaban sus palabras: «salvo que fuese algo que hubieses hecho o dicho también en circunstancias normales».
Él le había confesado que la quería, pero no solo durante el ataque de Ever After, sino también mucho antes, sin la magia de los akumas de por medio.
Pero Marinette no había reiterado sus sentimientos después, y se preguntó si Adrián había esperado que lo hiciese, en el fondo.
También pensó en que ella se había confesado a Cat Noir como Ladybug, antes y después de la batalla. Pero él no había vuelto a decir que la quería cuando habían hablado de ello «en circunstancias normales». En cambio, sí había reiterado ante Marinette su deseo de renunciar a un posible futuro junto a Ladybug.
«¿Por qué todo tiene que ser tan complicado?», se preguntó con un suspiro.
Se hizo el firme propósito de no volver a pensar en el tema. Pero no iba a ser tan sencillo.
Resultó que a lo largo del fin de semana había recibido un par de mensajes de Kagami, en los que ella le comentaba que hacía tiempo que no se veían, y que estaría bien encontrar un rato para quedar. Marinette le había respondido que sí, que estaba de acuerdo, pero no había concretado nada. Aquella tarde, no obstante, recibió una llamada de su amiga al salir del colegio.
—Hola, voy de camino para el entrenamiento de esgrima, pero acabo de darme cuenta de que me he dejado la bolsa de deporte en casa —dijo Kagami.
—¿Y? —preguntó Marinette, sin comprender a dónde quería ir a parar.
—Podría volver a casa a buscarla y llegar tarde… o simplemente no ir al entrenamiento —sugirió ella con una sonrisa juguetona—. ¿Tienes algo que hacer esta tarde? Podemos ir a tomar un zumo.
Marinette abrió la boca para rechazar la propuesta, pero entonces comprendió que, probablemente, Kagami tenía algo importante que contarle. Y dado que su amiga solía ser mucho más directa supuso, por la manera en que le costaba abordarlo, que debía de tratarse de un asunto delicado.
—Claro, Kagami, es una gran idea. ¡Te espero aquí!
La aguardó, por tanto, en la gran escalinata del colegio François Dupont. Instantes después, el elegante coche rojo de las Tsurugi se detuvo ante ella.
Kagami bajó y la saludó con una sonrisa. Llevaba la bolsa de deporte colgada al hombro, pero Marinette fingió que no se daba cuenta.
Fueron a una cafetería para merendar juntas, pero hasta que no les sirvieron sendos zumos y un plato de croissants para compartir, Kagami no se animó a hablar de lo que le preocupaba:
—Dime una cosa, Marinette…, y espero no ser indiscreta si lo pregunto, pero… ¿Adrián y tú estáis juntos?
Ella tardó un poco en responder.
—Pues…, no, lo cierto es que no lo estamos —confesó por fin.
Kagami parpadeó con cierta perplejidad.
—Pero a él le gustas un montón, ¿sabes? Le pregunté el otro día por ti y me dio a entender que te lo había dicho, pero no fue… muy específico sobre lo que le habías respondido tú.
Marinette bajó la cabeza, con las mejillas ardiendo de vergüenza.
—Le dije… le dije que no estaba interesada —confesó.
Kagami se quedó mirándola un momento, como si no diera crédito a sus oídos.
—Es una broma, ¿verdad?
—Sé que puede parecer extraño, y tendrías todo el derecho del mundo a molestarte conmigo —trató de explicarle ella—, pero es que… han pasado muchas cosas últimamente y… ya no pienso que Adrián y yo estemos hechos el uno para el otro.
—Es una broma —soltó Kagami, cada vez más estupefacta.
—Pues es la verdad —replicó Marinette con mayor firmeza—. Tú mejor que nadie sabes que las cosas entre nosotros nunca han fluido con facilidad. Si fuésemos compatibles, no lo haríamos todo tan complicado, ¿no crees?
—El problema no está en la compatibilidad, sino en tu forma de actuar.
—¿De verdad? Te recuerdo que estuve saliendo con Luka y todo fue bien.
—Pero ya no estáis juntos. ¿No erais compatibles tampoco?
Marinette inspiró hondo.
—¿A dónde quieres ir a parar, Kagami?
Ella desvió la mirada.
—¿Me contarías… qué te pasó el viernes, durante el ataque de Ever After? —Marinette abrió la boca para responder, pero no fue capaz de hacerlo—. Está bien, empezaré yo: me volví loca de preocupación por… Adrián —confesó Kagami—. Lo llamé al teléfono, le envié mensajes de texto y de voz, pero no pude contactar con él. Le pedí a Tatsu que me llevara de vuelta al colegio, donde lo había dejado apenas unos minutos antes, pero, cuando llegué, Adrián ya se había marchado. Estuve dando vueltas por París, buscándolo, hasta que me tropecé con Ever After. Ella me preguntó qué estaba buscando, y yo no quise contestarle. Así que… me transformó en sapo.
—Oh, no, Kagami, lo siento m…
Pero ella alzó la mano para interrumpirla, porque no había terminado. Clavó la mirada en los ojos azules de su amiga.
—¿Cómo te afectó el akuma a ti, Marinette? —volvió a preguntarle.
Ella inspiró hondo mientras pensaba cómo responder. Si le confesaba que, en efecto, seguía enamorada de Adrián, Kagami insistiría en que ambos debían estar juntos, y no podría entender por qué Marinette se empeñaba en negarlo. Pero ella no podía hablarle de Cat Noir.
—Es complicado —contestó al fin.
Detectó enseguida el gesto de decepción en la expresión de Kagami, y se sintió fatal por no poder sincerarse con ella.
—Yo no puedo estar con Adrián, pero está claro que tú sigues enamorada de él. Es eso lo que intentabas decirme, ¿no? —dijo en cambio.
Kagami se ruborizó.
—No estamos hablando de mí —protestó.
—En cambio, a mí me parece que, de las dos, tú eres la más interesada en él. ¿Me equivoco?
Kagami desvió la mirada.
—Eso no tiene importancia en realidad. Porque él no está interesado en mí de esa manera. Es de ti de quien está enamorado.
—Y yo estuve muy enamorada de él, pero… ya no. He comprendido que Adrián no es la persona con la que querría estar en un futuro… y sé que he pasado mucho tiempo soñando despierta con él, pero he descubierto que no es… lo que quería en el fondo.
De nuevo se le encogió el corazón al evocar lo que había vivido junto a Cat Noir durante la visión que les había regalado Darker Owl. Durante meses, había fantaseado con un posible futuro junto a Adrián. Y, no obstante, todos aquellos sueños le parecían ahora vacíos e infantiles, comparados con la plenitud y la felicidad que había sentido al tener la certeza… de que su compañero de aventuras era también su compañero de vida.
—A Adrián le gustabas mucho también —le dijo a Kagami, sonriendo—. De lo contrario, no habría salido contigo. Y fuiste tú quien decidió romper, ¿no es así?
—Sí. Porque comprendí que él… no se tomaba en serio nuestra relación —explicó Kagami con tristeza, bajando la mirada—. No tan en serio como yo, al menos. Cuando estábamos juntos… era como si su corazón estuviese en otra parte.
—Pero tú no has podido olvidarlo —constató Marinette.
—No —confesó Kagami en voz baja.
Marinette inspiró hondo.
—¿Sabes qué? Creo que vosotros dos merecéis una segunda oportunidad.
Ella alzó la cabeza para mirarla.
—¿Lo dices en serio?
Y Marinette comprendió de pronto de qué iba todo aquello: Kagami aún estaba enamorada de Adrián, pero no se atrevería a tratar de reconquistarlo por respeto a su amiga. Básicamente, le estaba pidiendo permiso para volver a intentarlo.
Le sonrió con cariño.
—Claro que sí, Kagami. Adrián y yo ya tuvimos una oportunidad y, por unas razones o por otras, no hemos sido capaces de empezar a salir juntos, a pesar de toda la gente que ha tratado de ayudarnos. Es verdad que hay un sentimiento entre nosotros, pero no lo hemos desarrollado al mismo tiempo, ni hemos podido conectar. En cambio, vosotros dos os lleváis muy bien. Creo que tú eres mucho más compatible con Adrián que yo. Lo he pensado siempre, de hecho. Desde la primera vez que os vi juntos.
Dado que aquello era estrictamente cierto, Kagami fue capaz de leer en la mirada de su amiga que hablaba totalmente en serio. Sonrió, mucho más aliviada.
—Si estás segura…
—Lo estoy —asintió ella—. Y espero de verdad que todo vuelva a funcionar entre vosotros dos, y que seáis felices juntos.
Se quitó un peso de encima nada más decirlo. Ever After le había demostrado que seguía enamorada de Adrián; pero, si finalmente él volvía a sentirse atraído por Kagami y los dos terminaban retomando su relación, Marinette no se sentiría tan culpable por haberlo rechazado. Ni seguiría preguntándose si aún tenía la posibilidad de elegir.
«Es lo mejor que podría pasar», pensó. En su futuro perfecto, Cat Noir la esperaría hasta que terminasen con la amenaza de Monarca, y entonces ambos revelarían su identidad secreta y podrían estar juntos… y Adrián no estaría solo, porque tendría a Kagami.
Las dos amigas se fundieron en un cariñoso abrazo. No volvieron a mencionar a Adrián el resto de la tarde, pero no hizo falta. Ya estaba todo aclarado entre ellas.
Más tarde, cuando Kagami regresaba ya a casa en el coche automatizado de su familia, se tomó un momento para hacer una llamada a través de su anillo Alliance. La imagen de Lila apareció en la pantalla.
—¡Kagami! —dijo con una falsa sonrisa—. ¿Cómo va todo? ¿Conseguiste hablar con Marinette?
—Sí, y tengo que decirte que estabas equivocada con respecto a ella. No está saliendo en secreto con Adrián. Parece que… ya no está interesada en él.
—¿De verdad? —Lila se las arregló para disimular su desconcierto sin perder la sonrisa—. Es extraño, pero supongo que es una buena noticia que haya conseguido superarlo por fin…
—No estoy tan segura —replicó Kagami—. A ella le gustaba mucho, y ahora él corresponde a sus sentimientos, así que… quizá sí deberían darse una oportunidad.
—O tal vez es solo que Adrián se ha dado cuenta por fin de que Marinette está interesada en él, y no quiere romperle el corazón. Es un chico muy sensible y considerado, ¿sabes?
—Demasiado, a veces —coincidió Kagami pensativa.
—Probablemente su interés por Marinette sea solo algo pasajero, ¿no crees? Si es verdad que a ella ya no le gusta de esa manera, él no tardará en volver a interesarse en ti. Después de todo, sois perfectos el uno para el otro.
—¿De verdad lo crees?
Lila asintió, aún sonriendo.
—Y estoy segura de que Marinette también se ha dado cuenta. No estuvo bien por su parte que intentara separaros, pero me alegro mucho de que por fin haya entrado en razón.
Kagami frunció el ceño.
—¿Que Marinette intentó… separarnos? ¿De qué estás hablando?
Lila desvió la mirada con gesto de preocupación, como si no estuviese segura de si debía decírselo.
—Bueno, no es un asunto agradable… y quizá sería mejor dejarlo correr…
—No, Lila, cuéntamelo. ¿Qué pasó con Marinette?
Lila fingió que dudaba antes de responder:
—Ella… estaba celosa de vosotros dos… y, mientras estuvisteis saliendo…, bueno, hablaba mal de ti delante de sus amigas… y también de Adrián. Es evidente que fue una fase, claro, porque ahora sois muy buenas amigas, ¿no es así? Y también que no estaba enamorada de Adrián en realidad porque, ahora que ha conseguido que él le haga caso, ella ya no lo quiere. Está claro que solo quiere llamar la atención, y que te tiene envidia porque no es tan perfecta como tú…
—Basta —cortó Kagami—. Estás muy equivocada. Marinette no es así.
Lila no insistió.
—Seguro que tienes razón —dijo con una suave sonrisa—. Después de todo, tú la conoces mucho mejor que yo…
Kagami ya no tenía ganas de hablar. Se despidió de Lila y cortó la comunicación.
Aún se sentía contenta y agradecida hacia Marinette por ser tan buena amiga; pero Lila había logrado sembrar la semilla de la duda en el fondo de su corazón.
Alguien llamó a la puerta de la habitación de Nathalie. Ella suspiró con cansancio y alzó la cabeza de la pantalla del ordenador.
—Adelante —indicó.
Gabriel Agreste entró en la habitación. Tenían pendiente una conversación desde hacía un par de días, y Nathalie lo sabía. Pero necesitaba tiempo para poner en orden toda la información.
Él se sentó en el borde de su cama.
—¿Y bien? —le preguntó—. ¿Alguna noticia sobre Marinette Dupain-Cheng?
Ella se centró de nuevo en los datos que había registrado en su ordenador.
—No se la vio con Cat Noir en ningún momento, señor —informó.
Gabriel frunció el ceño.
—¿Quieres decir que el poder de Ever After no la afectó? ¿O que no hay imágenes de ella con Cat Noir?
Ella no contestó enseguida. Había, de hecho, un vídeo de Marinette la tarde del ataque de Ever After. Había sido grabado por la pequeña cámara que Nathalie había hecho instalar secretamente en el semáforo de la calle de Marinette. Pero no mostraba lo que Gabriel esperaba.
—Hay imágenes de Cat Noir… besando a Ladybug —le recordó, sin responder a la pregunta.
—Sí. —La arruga de la frente de Gabriel se hizo más profunda—. Ya quedó claro que ambos fueron afectados por el poder de nuestra supervillana, con resultados… interesantes. Pero eso no es nuevo. Hace ya tiempo que sabemos que sienten algo el uno por el otro.
—Oblivio —asintió Nathalie, recordando.
—Pero el caso es que es obvio que ambos han decidido mantenerlo en secreto, o renunciar a su relación, o algo parecido, por el bien de su misión. Y es indudable que Cat Noir estuvo flirteando con Marinette, y que ella se sintió devastada cuando él la rechazó. Así que volveré a preguntarlo: ¿qué estuvo haciendo Marinette Dupain-Cheng el viernes por la tarde, durante el ataque de Ever After?
Nathalie suspiró. «Quizá esto sea algo bueno», pensó. «Si Gabriel comprende lo que hay entre ella y Adrián…»
Dudó un momento, porque no quería revelar los secretos del muchacho. Pero entonces recordó que él había intentado en varias ocasiones hablarle a su padre de Marinette.
De modo que volvió la pantalla del ordenador hacia Gabriel y le mostró la imagen que había en ella.
Adrián y Marinette, caminando muy juntos por la calle, justo por delante de la panadería de los Dupain-Cheng, abrazados, como si temiesen perderse el uno al otro.
Gabriel no dijo nada al principio, mientras asimilaba lo que veía. Después alzó la mirada para clavarla en Nathalie.
—¿Tú lo sabías? —le preguntó.
Ella desvió la vista, incómoda.
—Hace un tiempo que Adrián me dijo que… estaba enamorado de su amiga Marinette, sí. Pero que ella no estaba interesada en él de esa manera. Le pregunté si sabía si estaba saliendo con otro chico, pero me dijo… que no. Parece que ella se lo ha pensado mejor —comentó, señalando la fotografía de los dos adolescentes en la pantalla.
—Es decir… que Marinette está enamorada de mi hijo, y no de Cat Noir —murmuró Gabriel.
Parecía decepcionado, y Nathalie se sintió en la obligación de decir algo al respecto.
—Es una buena cosa. Adrián está muy ilusionado con esa chiquilla, y si ella corresponde a sus sentimientos…
Pero Gabriel negó con la cabeza.
—Mi hijo no puede salir con la hija de un panadero, Nathalie. Tengo planes más ambiciosos para él.
Ella se quedó mirándolo, sin dar crédito a sus oídos.
—¿Qué? Pero… ¡tienen catorce años! Están viviendo su primer amor. Si fuera…
—Habrá otros amores —cortó él con sequedad—. Adrián tiene que crecer y madurar, y aprender qué es lo que se espera de él. Por propia voluntad… o a la fuerza.
Nathalie apretó los labios, pero no dijo nada.
—Tendremos que encontrar otra manera de llegar hasta Cat Noir —prosiguió Gabriel—. Sigue enamorado de Ladybug, pero eso no nos ayuda en nada. Aunque, si ella siente lo mismo por él…
Siguió perorando, pero Nathalie ya no lo escuchaba. Tenía la mirada fija en el anillo que lucía en su dedo, y que el propio Gabriel le había confiado tiempo atrás.
