—Bueno, y entonces, ¿qué debería hacer? —planteó Marinette—. ¿Le cuento a Cat Noir lo que he averiguado… o no?

Tikki permaneció un momento en silencio, pensativa. Marinette sabía que su kwami conocía la verdadera identidad de Cat Noir, pero no podía decirle que ella la conocía también.

Y el caso era que, si sus sospechas eran ciertas…, el padre de Adrián…, de Cat Noir…, era su enemigo: Hawk Moth, Shadow Moth, Monarca o como pretendiera llamarse: Gabriel Agreste. Sin duda Tikki comprendía también que la situación era muy delicada. Y, aunque Marinette no pudiese hablar abiertamente de ello con su kwami, necesitaba su consejo al respecto.

—Quizá deberíamos investigar un poco más —dijo Tikki por fin—. Para estar seguras del todo. Al fin y al cabo, ya sospechaste de Gabriel Agreste una vez, ¿no?

—Sí, y Cat Noir y yo fuimos a su casa para confirmarlo, y descubrimos que había sido akumatizado. Muy convenientemente, ahora que lo pienso. —Inclinó la cabeza, reflexiva—. No debemos precipitarnos esta vez. Si el señor Agreste es Monarca, estará sobre aviso después de lo del dron. Y si Cat Noir y yo acudimos a su casa… quizá vayamos directos a una trampa.

—¿Qué vas a hacer entonces, Marinette?

—Seguiré investigando, pero con discreción. Como Marinette, y no como Ladybug. Y dejaré pasar un tiempo hasta que baje la guardia y se confíe.

—Parece sensato —aprobó Tikki.

—Sin embargo… ¿crees que debería… hablarlo con Adrián? Si su padre es Monarca… ¿crees que es posible que él no lo sepa?

Marinette sabía con certeza que Adrián no tenía ni idea. Porque él era también Cat Noir, y ella confiaba ciegamente en él. Si su gatito hubiese descubierto la verdadera identidad de su enemigo…, no se lo habría guardado para él. Aunque se tratase de su padre. Aunque…

A su memoria regresó de nuevo el recuerdo de Cat Blanc, de su alma torturada, del profundo dolor que se adivinaba en su voz.

«No puede ser Gabriel Agreste», pensó de pronto. «Ni siquiera él sería capaz de hacerle algo así a su propio hijo».

¿…O tal vez sí?

La voz de Tikki la devolvió a la realidad.

—Tus padres no saben que eres Ladybug —estaba diciendo el kwami—, así que es posible que la familia de Monarca no conozca su identidad secreta tampoco.

Estas palabras hicieron pensar de nuevo a Marinette. En efecto, sus propios padres no conocían su secreto, pero habían estado a punto de descubrirlo alguna vez. Si llegaran a hacerlo, no sería particularmente grave, salvo por el hecho de que podrían ponerla en peligro si alguna vez los akumatizaban.

No obstante, si era Gabriel Agreste quien descubría la identidad secreta de su hijo…

Se estremeció. Debía ponerle sobre aviso. Como Adrián o como Cat Noir… él debía saberlo. Para estar preparado ante lo que pudiese suceder.

Cada día que pasaban juntos bajo el mismo techo, comprendió Marinette, y con un padre tan controlador como era Gabriel Agreste, la identidad secreta de Cat Noir estaría más y más en riesgo.

—¿Entonces crees que… debería decírselo? —planteó.

Cruzó con su kwami una mirada de incertidumbre. Puesto que Adrián era Cat Noir, por supuesto que debería hacerlo, y eso lo sabían las dos. Pero, como en teoría Marinette no estaba al tanto de su identidad secreta, tal vez aquella no fuese una información que debiera compartir con un civil. Aunque se tratase del hijo de Gabriel Agreste.

—Imagina que no se lo digo —prosiguió Marinette—, y resulta que su padre es Monarca, y Cat Noir y yo lo derrotamos…, y Adrián se entera por la tele. ¿No crees que le hubiese gustado saberlo… antes? ¿Cómo podría mirarlo a la cara después, teniendo en cuenta que yo lo sabía y no se lo dije?

—Él no tiene por qué enterarse de que tú lo sabías, Marinette.

Pero no era cierto, y ambas eran muy conscientes de ello, aunque no pudiesen hablarlo abiertamente. Cuando Monarca fuese derrotado, Ladybug y Cat Noir se revelarían mutuamente sus identidades secretas… y entonces él descubriría todo lo que ella le había ocultado.

—En todo caso —prosiguió Tikki—, antes que nada deberíamos confirmar que el padre de Adrián es Monarca. Porque ¿y si se lo dices y resulta que no es él?

Marinette inclinó la cabeza, pensativa.

—Nos vendría muy bien que Adrián lo supiera, la verdad —comentó—. Nos ayudaría a investigar.

—Pero, si estás equivocada, lo harás sufrir sin necesidad.

—Eso es verdad —admitió Marinette, recordando lo serio y callado que había estado Cat Noir el día en que se habían enfrentado por primera vez al Coleccionista—. ¿Crees que tampoco debería contárselo a Cat Noir? Por si resulta que es otra pista falsa.

Tikki vaciló. Obviamente, compartir sus sospechas con Cat Noir equivalía a hacerlo con Adrián. Y ese era el principal problema.

—No lo sé —confesó por fin—. Es todo muy complicado.

—Sí que lo es —murmuró Marinette.

Lo más sensato era esperar hasta estar segura. Pero necesitaba a Cat Noir…, a Adrián…, para investigar a Gabriel Agreste, y no quería hablar del tema con él hasta tener la certeza de que se trataba de la identidad secreta de su enemigo. Por otra parte, si estaba en lo cierto… Adrián estaba en peligro. Y ella debía actuar cuanto antes para ponerlo a salvo. Pero… ¿y si se precipitaba y lo echaba todo a perder?

—No sé cómo debo actuar —concluyó, preocupada.


De modo que hizo lo que siempre hacía cuando necesitaba consejo y no sabía a quién acudir, especialmente desde que no podía contar con el maestro Fu. Aquel fin de semana había quedado con sus amigos para escuchar un concierto de Kitty Section; seguro que encontraría un momento para hablar con Luka.

Cuando llegó al barco de los Couffaine, todo el mundo estaba ya allí, pero el concierto aún no había empezado. Marinette se acercó a Luka y empezó a decirle algo sobre las pegatinas que había diseñado para la banda…, pero él la conocía demasiado bien.

—¿Estás segura de que es de eso de lo que quieres hablarme? —le preguntó.

Momentos después, estaban a solas en la habitación de Luka.

—Es complicado —empezó ella, mientras él la escuchaba pulsando suavemente su guitarra—. Resulta que he descubierto algo importante acerca de alguien… y no sé si decírselo o si… guardármelo para mí. Porque, si se lo digo…, sé que le hará daño, pero si se entera por otra persona… de que yo lo sabía y no se lo dije…, será peor aún.

Luka permaneció unos instantes en silencio, pensativo.

—No sé si entiendes lo que quiero decir —añadió Marinette, un tanto nerviosa—. Creo que lo he liado todo más. A lo mejor nunca te ha pasado nada parecido…

—¿Descubrir un secreto importante acerca de alguien, y no saber si contarle que lo sabía? —Los ojos azules de Luka se clavaron en los de Marinette—. Sí que me ha pasado.

—¿Y qué hiciste? —preguntó ella con curiosidad.

Luka tardó un poco en responder.

—No le dije nada —contestó al fin—, porque era algo que se suponía que yo no debía saber. Así que actué… como si no lo supiera en absoluto.

Marinette se quedó sin respiración. Había pretendido preguntarle acerca del secreto de Gabriel Agreste, sin darle datos concretos, por supuesto; pero, de alguna manera, la respuesta de Luka parecía encajar más con el otro secreto que ella guardaba para sí misma, y que no había compartido con nadie: el de la verdadera identidad de Cat Noir.

—Pero… ¿y si algún día esa persona se entera… de que yo ya lo había descubierto? —siguió preguntando.

Luka se encogió de hombros.

—Ya cruzarás ese puente cuando llegues a él. ¿No te parece?

Marinette bajó la cabeza con un suspiro.

—Ojalá fuese todo tan sencillo.

Los dedos de Luka se detuvieron sobre las cuerdas de su guitarra.

—¿No lo es? —preguntó con delicadeza.

Ella hizo una pausa, pensando en cómo plantear la cuestión sin dar demasiados detalles.

—No se trata solo de nosotros dos —empezó—. El secreto que he descubierto… no tiene que ver con… la persona de la que te hablo, sino con alguien que le importa mucho. Si lo descubre también… se le romperá el corazón. Pero tarde o temprano se enterará, y quizá no de la mejor manera posible, y no sé si eso… será peor aún.

—Comprendo. Intentas protegerlo.

Marinette se cubrió la cara con las manos.

—No sé si voy a ser capaz de protegerlo de esto, Luka —murmuró.

Él colocó una mano sobre su hombro.

—Estoy seguro de que sí. Y también estoy seguro de que, decidas lo que decidas, Adrián sabrá que lo hiciste con la mejor intención, y de que de ningún modo pretendías hacerle daño.

—Pero eso no… ¡un momento! Yo no he hablado de Adrián en ningún momento, no sé por qué… —empezó a balbucear; pero se detuvo al ver que Luka le sonreía con simpatía, y suspiró—. No le cuentes lo que te he dicho, por favor. Sería peor aún.

—Sé guardar secretos —le aseguró él.

Marinette se quedó en silencio, abatida, y Luka preguntó con suavidad:

—¿Va todo bien… entre vosotros dos?

Ella volvió a la realidad.

—¡Sí, sí, sin problemas! Somos muy buenos amigos, ¿no te lo han dicho?

—Juleka me ha comentado que os lleváis muy bien ahora. Pero no estáis… juntos, ¿verdad?

—¿Juntos… como pareja, dices? —Marinette dejó escapar una risa nerviosa—. Definitivamente no —le aseguró. Pero había enrojecido un poco, y Luka se quedó mirándola, suspicaz—. ¡Muchas gracias por la charla! —se apresuró a añadir ella, con cierta precipitación—. Me ha venido muy bien para aclarar las ideas. ¡No sé qué haría yo sin ti!

Y le estampó un beso en la mejilla.

—Ya sabes dónde encontrarme —replicó él, sonriendo.

Marinette se despidió de él, dispuesta a reunirse con los demás en la cubierta. Pero se cruzó en la escalera con Adrián, que bajaba cargado con su teclado.

—¡Hola, Marinette! —la saludó él.

—¡Hola, Adrián! —respondió ella.

La escalera era demasiado estrecha para los dos, y se quedaron atascados, con el teclado de por medio. Cruzaron una mirada de circunstancias y se rieron de buena gana mientras intentaban deshacer el embrollo.

—Estamos atascados —dijo Marinette, aún sonriendo—. Qué tontería, ¿verdad?

—No pasa nada. Te ayudaré —respondió él, colocando una mano sobre la de ella.

Marinette no retiró la mano. Se quedó mirando a Adrián con una sonrisa cargada de cariño, y se sorprendió al comprobar que él la miraba del mismo modo.

Por supuesto que había algo entre los dos. Él lo sabía, aunque no pudiese decírselo, porque a sus reuniones secretas acudía como Cat Noir. Y ella no volvería a sentirse nerviosa junto a Adrián, porque nunca se había sentido así con Cat Noir, porque confiaba ciegamente en él, y ahora sabía que ambos eran la misma persona.

Y estaban enamorados, aunque no lo pudiesen mostrar en público.

—Gracias —dijo solamente.

Y, con un movimiento perfectamente sincronizado, los dos se movieron, cada uno en un sentido diferente, y se separaron sin mayor complicación.

—Te veo luego —dijo Marinette con suavidad.

Él asintió con una sonrisa y se quedó mirándola con ternura mientras se alejaba, hasta que la perdió de vista.

Entonces se acercó a Luka, que los había estado observando a ambos con una media sonrisa.

—Hola, Luka. Necesito hablar contigo, porque creo que mi teclado no funciona bien. Hay una tecla que da problemas.

—¿Estás seguro de que es de eso de lo que quieres hablarme? —replicó él, sonriendo.

Instantes después estaban los dos sentados, el uno frente al otro, y Luka le estaba prestando toda su atención.

—Creo que Marinette está un poco rara estos días —empezó Adrián—. Últimamente nos llevábamos muy bien, habíamos empezado a conectar, como verdaderos amigos, pero ahora… está mucho más seria y pensativa. Como si guardase un secreto que no puede compartir conmigo.

—¿Y eso te preocupa? —preguntó Luka.

Adrián negó con la cabeza.

—Ella no tiene por qué contármelo todo, claro, pero… tengo miedo de que sea un paso atrás. Le ha costado mucho confiar en mí, sentirse cómoda conmigo, y ahora que parecía que lo estábamos superando… No sé, la verdad. Tampoco quiero presionarla porque temo estropearlo todo.

—A mí me parece que te tiene mucho aprecio —comentó Luka con prudencia.

Adrián se sonrojó un poco y se frotó la nuca con una sonrisa tímida.

—¿Sí, tú crees? Ella también es… muy importante para mí.

—Pero vosotros sois amigos, ¿no es así? Solo amigos, quiero decir.

Adrián enrojeció todavía más y abrió mucho los ojos.

—¡Sí, sí, por supuesto! Solamente amigos y nada más. —Hizo una pausa, dubitativo, ante la sabia sonrisa de Luka—. Es decir… yo hablé con Marinette hace unas semanas y le dije… que la quería… como algo más que como amiga, pero ella… no estaba interesada —concluyó, desviando la mirada.

Luka lo miró con sorpresa.

—¿De verdad?

—Sé que yo le gustaba, hace tiempo —siguió explicando Adrián—, pero no me di cuenta entonces, y creo que ella se cansó de esperarme. O quizá ahora no sea el mejor momento, no sé. En todo caso, desde que hablamos del tema nos llevamos mucho mejor, sin situaciones incómodas ni malentendidos, y además no he perdido la esperanza de que cambie de opinión algún día, así que… estoy contento con la situación. O lo estaba, hasta que he empezado a notarla distante.

Luka frunció el ceño e inclinó la cabeza, pensativo.

—Comprendo —murmuró.

Pero lo cierto era que había muchas cosas que se le escapaban. También él se había dado cuenta de que todo fluía mucho mejor entre Adrián y Marinette. Que había una complicidad especial entre ellos, que hacía que le recordasen, más que nunca, a Ladybug y Cat Noir. Había dado por sentado que por fin habían sido sinceros el uno con el otro acerca de sus sentimientos, y que Marinette se había decidido a aceptar las atenciones de Adrián. Pero, si él estaba en lo cierto, y ella lo había rechazado…

Sacudió la cabeza. Aún había muchas cosas que no entendía acerca de Marinette. Pero él mismo, meses atrás, había cometido también el error de no confiar en ella. Y, ahora que sabía con certeza que Marinette no guardaba secretos sin una buena razón, estaba más que dispuesto a impedir que Adrián tropezase en la misma piedra.

—Quizá ella necesite un poco de tiempo —sugirió—. Para asimilarlo todo. Es verdad que vuestra relación está cambiando, pero yo no me preocuparía mucho: estoy convencido de que le importas muchísimo. No sé si como amigo o como… algo más. Pero eso… solo el tiempo lo dirá.

Adrián sonrió, mucho más aliviado.

—Gracias, Luka. Ya me siento mucho mejor.

—Ya sabes dónde encontrarme —respondió él, también sonriendo.

Adrián se despidió de su amigo con un abrazo y fue a reunirse con Marinette en la cubierta. Se sentaron el uno junto al otro mientras esperaban a que comenzara el concierto, y él tuvo la sensación de que, tal como había dicho Luka, había una complicidad especial entre los dos. Marinette le dirigió una dulce sonrisa, y su mirada estaba tan llena de cariño que Adrián se quedó sin aliento. Con el corazón acelerado, se preguntó si sería posible que ella se estuviese volviendo a enamorar de él.

Por otro lado, las cosas entre Cat Noir y Marinette iban mejor que nunca. Ninguno de los dos parecía haber cambiado de idea acerca de su acuerdo, y ella se mostraba más que dispuesta a seguir esperándolo, hasta que su enemigo hubiese sido derrotado y él estuviese en condiciones de revelarle su identidad. Lo cual significaba que todavía estaba interesada en iniciar una relación con el chico que se ocultaba tras la máscara, fuera quien fuese. Adrián tenía la esperanza de que ella no se lo tomaría a mal, cuando lo descubriese. Porque Luka tenía razón: a pesar de su expresión seria y pensativa, su actitud distante y sus extraños silencios, Marinette parecía tenerle mucho cariño. Ahora que lo pensaba, desde que se sentaban juntos en clase iban también juntos a todas partes. Casi como si ya fueran pareja, pensó de pronto. Por supuesto, no iban nunca de la mano (esto era algo que ni siquiera hacían como Cat Noir y Marinette), pero se esperaban el uno al otro para salir al patio o para ir al comedor, hablaban de todo y hacían los deberes juntos, en los ratos libres.

¿Qué pasaría si Marinette se enamoraba de Adrián otra vez? ¿Se lo diría a Cat Noir? ¿Le confesaría que ya no quería esperarlo más? ¿Qué sucedería entonces con sus «citas-secretas-para-hacer-solo-cosas-de-amigos»?

Quizá era eso lo que le pasaba a Marinette, pensó. Tal vez empezaba a tener dudas. Puede que hubiese comenzado a creer que tendría que elegir, y no qué hacer ni cómo planteárselo a Cat Noir.

La contempló, apenado. Nada deseaba más que poder decirle quién era él en realidad, para que Marinette no tuviese que sufrir por culpa de su doble identidad.

Ella se dio cuenta de que la miraba, y colocó una mano sobre la de él, sobresaltándolo ligeramente.

—¿Te encuentras bien? —le dijo—. Te has puesto serio de repente.

—Sí, sí, no es nada. Es solo que…

—¿Va todo bien… en casa? —le preguntó ella de pronto—. ¿Con… con tu padre? —añadió tras un instante de vacilación.

Él la miró con cierta sorpresa.

—Sí, sí, va todo… bien. Mejor que de costumbre, de hecho. Mi padre está intentando cambiar, ¿sabes? Y quiere que pasemos más tiempo juntos. Hasta hace tortitas para el desayuno.

—¿De verdad? ¡Me alegro mucho!

Pero, aunque sonreía, le dirigió una extraña mirada, entre triste y preocupada.

—¿Algo… va mal? —le preguntó Adrián con inquietud.

—No, no, no es nada —se apresuró a responder ella—. Aunque…

—¿Sí?

—Si alguna vez tienes algún problema, o necesitas hablar con alguien… sabes que puedes confiar en mí, ¿verdad?

—Claro —respondió él, un poco perplejo—. Pero ¿a qué viene eso ahora?

Marinette se encogió de hombros.

—A nada en concreto. Es que a veces tengo la sensación de que, en todo este tiempo…, nunca he sido capaz de decirte cómo me sentía y, ahora que parece que ya no tengo ese problema…, supongo que necesito compartir todo esto contigo. Lo importante que eres para mí, quiero decir. Como amigo —se apresuró a aclarar, aunque se había ruborizado un poco.

—Como amigo —repitió él, y alzó una ceja con picardía, sonriendo.

Ella se sonrojó todavía más.

—E-eso he dicho —reiteró.

Adrián se echó a reír sin poderlo evitar, y Marinette se rió también de buena gana. Él la contempló con cariño. Era estupendo que pudiesen hablar de todo, poder ser amigos, sin más. Era lo que más echaba de menos de estar enamorado de Ladybug, de hecho. No que no pudiesen ser amigos, porque sin duda lo eran, sino saber se trataba de su mejor amiga, de la persona en quien más confiaba, y que, si algún día ella llegase a corresponderlo, su relación sería sólida como una roca, porque se conocían muy bien y habían pasado muchísimas cosas juntos. Era algo que, hasta hacía poco, le había faltado con Marinette. Desde el momento en que se había dado cuenta de que tenía sentimiendos hacia ella, había lamentado que no tuviesen la misma confianza que él había desarrollado con Ladybug.

Pero ahora eso estaba cambiando. Y Marinette no solo se mostraba cómoda y relajada junto a su alter ego superheroico, sino también con el propio Adrián, sin máscara.

«Todo saldrá bien», se repitió a sí mismo.

Y ya no siguió pensando en el tema, porque el concierto estaba a punto de empezar.

Las cosas se torcieron, no obstante, porque el productor musical Bob Roth se presentó en el barco para ofrecer un nuevo contrato a Kitty Section. Y después estuvieron a punto de akumatizar a Luka, y luego el propio Bob fue akumatizado, y Adrián tuvo que correr a transformarse en Cat Noir para enfrentarse a él.


—¿Tú lo sabías? —le preguntó Cat Noir a Ladybug aquella noche, mientras contemplaban juntos la torre Eiffel iluminada—. Que Luka conocía nuestras identidades, quiero decir.

—No tenía ni idea —confesó ella—. Lo he descubierto esta misma tarde, cuando él mismo me ha explicado por qué era importante que Disco de Oro no lo encontrara.

Cat Noir se estremeció.

—Podría habérselo dicho a Monarca, sin quererlo —murmuró—. Y ni tú ni yo lo sabíamos. ¿Crees que puede haber más gente por ahí… que conozca nuestras identidades… y no nos lo haya dicho? —preguntó, inquieto.

Ladybug le dirigió una larga mirada.

—Espero que no —dijo por fin—. El caso de Luka es diferente, porque él… era Viperion y tenía el poder de retroceder en el tiempo. Por eso nos descubrió. Pero nosotros somos muy cuidadosos, en general, ¿no te parece? Es muy improbable que lo sepa nadie más.

—Se me hace extraño pensar que haya otras personas que conozcan mi identidad secreta —dijo él—. Porque solo el maestro Fu lo sabía, y él ahora ya no está. —Hizo una pausa y continuó, pensativo—: Me hubiese gustado hablar con Luka una vez más, antes de que se marchara. Aunque solo fuera porque es la única persona que me conoce con máscara y sin ella.

«No es la única, gatito», pensó Ladybug, pero no lo dijo en voz alta.

Se estremeció. Todos sus cálculos y todos sus planes se basaban en el hecho de que las identidades secretas de ambos estaban a salvo, por el momento. Pero hasta aquella misma tarde no había tenido la menor idea de que Luka las conocía. Y había estado a punto de ser akumatizado.

Cat Noir tenía razón. Daban por sentado que nadie más lo sabía, pero ¿y si no era así?

«No puedo perder más tiempo», se dijo. «Tengo que atrapar a Monarca, antes de que él nos descubra a los dos… y, especialmente, a Adrián».


NOTA: ¡Hola de nuevo! En primer lugar me gustaría pedir disculpas por este largo silencio. He tenido mucho trabajo estos últimos meses y he querido centrarme en él, sin distracciones, y por eso no he podido seguir escribiendo este fanfic. Soy consciente de que no lo lee mucha gente, ¡pero no tengo intención de abandonarlo! Voy a seguir escribiéndolo hasta el final, pase lo que pase. La buena noticia es que ya estoy casi de vacaciones y podré escribir más a menudo, así que no tendréis que volver a esperar dos meses para leer la continuación. ¡Lo prometo!

La historia, como veis, seguirá paralela a los sucesos de la quinta temporada, pero al mismo tiempo desarrolla una trama diferente. Con más revelaciones, vaya :). Ahora que casi todos los episodios están disponibles, y se pueden ver en orden, yo también podré avanzar con la historia de una forma más fluida. ¡Muchas gracias por vuestra paciencia!